10 de septiembre de 2019

Mil batallas...




Empatía, esa palabra que muchos conocen, de la que algunos saben el significado y que muy pocos ponen en práctica… Ella, en la mayor de las medidas, siempre trataba de ejercerla, trataba por todos los medios ponerse en el lugar de esa persona, que no suplantar su dolor, ni hacerse la protagonista, muchos confundían la empatía con ser el muerto del entierro y… No juzgar a los otros, no confundir, no emitir juicios gratuitos, nadie nunca sabe que tormenta interior tiene el otro, que una persona sonría no es señal de que este feliz, que una persona pueda parecer que lo tiene todo no tiene porque ser del todo cierto. Todos podemos tener nuestros demonios dentro, estar luchando en silencio, tratando de evitar que otros sufran por nuestra culpa. Nadie está en los zapatos de nadie, no sabemos lo que realmente hace que una persona actúe como lo hace, conforme pasan los años uno atesora una cantidad de vivencias que conforman su personalidad, y ahí muchos miedos que se quedan atascados y que acaban por formar una maraña compleja en la que están atrapados.
Ella era otro cúmulo de vivencias, de miedos, de inseguridades, durante años se las había pasado batallando, ahora quizá había aprendido a manejar todo aquello, ahora tenía la ilusión de que no todo siempre va a ser igual y aunque la vida le diese otro golpe se levantaba dispuesta a seguir en la lucha, todo llegaría, en el momento oportuno, cuándo tuviese que llegar, ella continuarían sonriendo, con la esperanza de que volvería a enamorarse, tendría esa lugar que siempre soñó, seguiría contando con pocos pero grandes amigos y que su salud pues seguiría ahí, con sus taritas, pero…  Ella quería vivir así, claro que muchos días lloraría, se escondería y volvería a hacerse mil preguntas, pero todo aquello también formaba parte del proceso. Por eso ella no juzgaba y trataba de empatizar, ella siempre viviría y dejaría vivir y le daría al otro la libertad de actuar y equivocarse, siempre entendiendo, obvio que fallaría, es eso, nunca sabemos del todo como actuar, si incluso a veces se equivocaba con ella misma.
Unos días atrás había recibido la notica, unos días atrás volvía a escuchar esa palabra, unos días atrás esa maldita enfermedad había vuelto a hacer acto de presencia en su familia y había sido duro, mucho, e iba a ser duro, lo sería, para ella, para su familia y sobre todo para esa mujer a la que la vida no había tratado de forma muy justa, una mujer que fue fuerte y que ahora pues se había llenado de miedos, de inseguridades y de preguntas sin respuesta, porque esa palabra, esa enfermedad es de las que paralizan… Y ella pues, ella trataría de empatizar, de estar ahí para dar una mano, una palabra de aliento, arrancar una sonrisa y fabricar recuerdos, porque no sabía que otra cosa hacer, más que estar. Y por más que tratase de ponerse en su pellejo obvio que no podía llegar al fondo, ni decirle lo que tenía que sentir y cómo sentirlo. Le dolía la reacción de otros, le costaba digerir que su forma de ser fuese así, pero es eso, no todos tienen la capacidad de empatizar, de priorizar lo importante.
En una semana se libraba la primera batalla, ella estaría ahí, en segunda línea, con su arco y su flecha, dispuesta a ayudar y a dar lo que le fuese requerido, no podía hacer más, no era su lucha, por desgracia no podía evitarla, pero era eso, si podía cubrir espaldas… Esa mujer muchas veces la acurrucó en sus brazos, la ayudo a levantarse, juntas habían reído muchas veces y hecho maldades… Esa mujer había sido fuerte mucho y la vida ahora le volvía a pedir que fuese así, de una forma muy jodida, mucho, pero…



28 de agosto de 2019

La vida cuesta...




Se le empezaban a agotar las sonrisas, las esperanzas, el creer que realmente todo iba a cambiar… Su vida era un constante si pero no… Nunca nada era lo que parecía, nunca nada parecía materializarse y estaba agotada, lo estaba…  En ese año ni las vacaciones habían funcionado, septiembre se le echaba encima e iba más pedida que nunca, con la certeza de que iba a suspender en todas las asignaturas y le había puesto ganas y empeño, pero… Era eso, un continuo desgaste de fuerzas, una ilusión fugaz, como las estrellas. Quizá es que ella se equivocaba al pedir y era eso, no tenía que pedir destellos, sino la felicidad completa, al menos algo que se le pareciera. Que una de las áreas de su vida funcionase, al menos una, no que estaba rodeada de arenas movedizas por todas partes… Ni salud ni dinero ni amor, todo pendía de un fino hilo, que amenazaba con romperse, de un momento a otro, por más que ella se inventase formas para mantenerlo.

Como decía la canción quería querer creer, pero cada vez le costaba más y encima para una extraña creyente de karmas y destinos, qué le decía que es que en esta vida le había tocado pagar y no recibir… Ella no era perfecta, eso era algo que sabía y tenía claro, poseía mil y un defectos, como muchos, como todos… Pero aún así, aunque muchos lo creyesen también sabía ver sus partes buenas, las escondía en muchas ocasiones, sí, lo hacía, salir herida era uno de sus mayores miedos, vivía con su coraza, con sus pinchos, en alerta… A eso le habían enseñado los años, porque ella no siempre fue así, la vida la había vuelto desconfiada, mucho, de más… A pocos les dejaba ver parte de lo que se escondía detrás de esas capas, incluso lo hacía con ella misma, se negaba a seguir escarbando… Para bien y para mal…

Aunque para muchos su buena memoria fuese un don, lo cierto es que para ella era un pozo incierto e infinito, que la mayoría de las veces solo la hacía retraerse aún más… Su jodida imaginación, su innata fantasía, culpables de hacerla creer que sí, que los sueños se cumplen y que todo aquello que su mente le proyectaba algún día sería cierto, pero acaso no le habían demostrado los años que al final era al contrario, que ella soñaba sí, pero vivir era más cercano a una pesadilla… Que no, que no podía quejarse, que los había perores, que sí, que hasta ahí llegaba, pero…  Lo que cansaba eran eso puntos de luz fugaces, semejantes a los de un faro, ahora sí, ahora no, ahora parece que sí, pero no, oscuridad otra vez… Nunca terminaba de llegar al puerto, encallaba en el primer apagón… Y aunque se empeñaba en reflotar lo cierto era que cada vez sus fuerzas eran las menos…  Y no se consideraba una persona pesimista, que tampoco optimista, ella se basaba en los hechos, en su experiencia, no, eso no era pesimismo, era una realidad, y deseaba que fuesen sus fantasías las que se materializaran, pero… Ella ponía el empeño, las ganas, trataba de hacer todo lo que estuviese en su mano, pero si aquello tampoco funcionaba qué más podía hacer…

Doce días atrás parecía que ya sí, pero ahí estaba ese contrato sin señal, diez días atrás ahí estaba ese destino caprichoso, perpetrando encuentros casuales, pero nada, todo agua de borraja, nunca agua de mayo, que es con la que ella soñaba… Y ella seguiría enseñando su piso, esperando esa señal, en forma de ingreso, seguiría creando momentos, acudiendo a “citas” donde al final no sonase la canción que esperaba, porque ella era así, valiente a toro pasado, pero también una soñadora, que espera que en algún momento ocurra ese final de película moñas y todo, al fin, sea como una vez lo soñó…  El problema era ese, que cada vez tenía menos fuerza, que se le terminaban las sonrisas, incluso las de sus ojos, que volvía a ser una niña perdida, una mujer perdida, sin rumbo, sin isla dónde naufragar, sin playa en la que encallar, sin puerto dónde atracar… A la deriva… 





21 de agosto de 2019

El universo tiene un plan...





La sombra de las higueras, el discurrir del río, la quebrantada paz por el ir y venir de la gente. Algún perro que se acerca a beber a la orilla. Una mañana de domingo lejos de la ciudad…

—¿Tú podrías explicarme lo que acaba de ocurrir?
—Que menos mal que yo no me mareo en el asiento de atrás.
—Serás cabrona rubia, no, en serio, tú que conclusión sacas de todo esto, porque yo no sé qué pensar, que maquiavélico plan tiene el universo para mí, osea, que no me he encontrado con él en la puerta del Damajuana, que eso sería lógico, pero esto, es que no entiendo nada, que puñetera paranoia es esta, a ver, es que…
—Ya, si te entiendo, si es todo muy surrealista, la verdad, si es que parecía que había ido a buscarte, era una sopa de charco cuando llegó al bar.
—Es que es eso, quién coge y se planta a las dos de la tarde de un domingo de agosto para hacer una ruta, pero claro, es que pensar en esa idea me dejaría aún más descolocada, vamos que no sé, que por un lado es eso, a qué juega el destino conmigo, que vale, que no me lo he encontrado en la otra punta del mundo, que vale, que estamos a 60 kilómetros, pero mira, es que tu sabes lo rebuscadita que soy, una hora después de yo poner que estábamos ahí, zas, pero es que no puedo pensar eso, entiendes, no puedo, no puedo volver a comerme la cabeza, no puedo creer eso, porque es del todo ilógico. Él sabe de sobra lo que hay, sabe que sigo pillada, así que… Obviamente no me voy a montar una película otra vez, ya no, si esto hubiese pasado hace tres años yo estaría bailando en un pata, ahora sin embargo tengo una bola en la garganta que no puedo tragar.
—No, pero en serio, parecía que le iba la vida por sentarse delante, que poco más y se mete con el coche hirviendo.
—Y dale, eso te ha dejado marcada, no en serio y a que venía soltarme eso de yo en Granada tengo mis cosas, hostias, vale, me lo creo, pero por qué me cuentas eso, para que me quemen los celos, para que no me haga ilusiones, a ver, que yo las ilusiones me las dejé hace mucho por el camino y celos, qué gana poniéndome celosa.
—Tú dijiste lo de que te habías ido con un colega
—Ya, ¿y? A ver que si supiera como fue la aventura no sé qué pensaría, si supiese el porqué me fui y lo que pretendía con aquello, joder, que obvio eso no lo voy a soltar, pero… Vamos que… Y a ver, que yo soy libre, que estoy harta de la clausura y lo sabes, que yo me quiero dar la oportunidad de olvidar y enamorarme y… Joder es que así no hay manera, que me largo un fin de semana a desconectar y zas, ahí lo llevas, como siempre. Y eres testigo, cada vez que digo ya, aparece.
—La verdad es que sí gorda, que ahí llevas razón. Pero vamos que cuando yo le he soltado lo de la casualidad ha puesto una cara… Y después con lo de las ex, que sabía que te lo iba a contar…
—Es que es eso, vienes y me cuentas que te vas a Granada a llamar a una ex con la que acabaste como el culo, en serio, es que lo flipo, y que si lo del relato y que no todo lo que se escribe es por alguien… Que me han dado ganas de decirle, pues tú no, pero yo sí, soy así de idiota, la mayoría de las cosas que he escrito en estos años van por ti… Incluso a día de hoy hasta está publicado, con dedicatoria, pero vamos que tonto no es, que él lo sabe.  No entiendo nada, en serio, no lo entiendo, si yo supiese que le molo a alguien no haría las cosas así, no me lo encontraría y le contaría todo eso, coño que eso duele. Que ganas me han dado de decirle que fuésemos a las Salinas del Prado del Rey y ale, me bañase en sal.
—Trata de calmarte, no le des más vueltas, si es que ha sido todo muy raro, si es que, qué te digo, que menos mal que ha pasado ahora, porque ya no es lo mismo, ya hace mucho que dejaste de hacerte ilusiones. Pero es que no falla, en cuanto dices ahora sí, aparece, es que es, eso casualidad o plan perverso del universo.
—Es una putada, eso es lo que es, porque joder, mira si esto fuese a ser por algo, osea, si es un plan para decirme espera, yo sigo esperando, me da igual, como dice la canción valdrá la pena, pero es que no es así, ya no puedo creer que sea por eso, ha pasado mucho tiempo, demasiado y es que, joder, que yo no puedo evitar sentir lo que siento, si lo sentí desde el minuto uno en que lo vi, pero también sé que tengo que avanzar, que yo ahora quiero pensar en mi nueva casa, en vivir, en dejar atrás el pasado de una buena vez, pero lo veo y todo se va a la mierda otra vez, en serio, la que se va a ir de Jerez voy a ser yo…
—No te dejo, ni de coña vamos, te mato…
—Oye, así tienes casa fuera y seguro que voy a verte más, que tú ya sabes que a mi conducir en ciudad no me gusta pero en carretera sí, que ya hasta le he cogido el gusto a esto de la sierra, en nada ya voy como loca por las curvas… Que por cierto el otro día me descojoné en Twitter, que decían que uno folla como conduce…
—Claro, eso explica lo de tu colega, que no tenía carné.
—Eso mismo pensé yo, mira que somos brutitas.
—El puntito cabrona siempre, gordita.
—Pues sí, el día que perdamos el humor, malo, pero es que uff, a ver cómo digiero todo esto, que es eso, que al menos ya no me tomo las cosas igual, pero no puedo evitar que todo esto me parezca muy injusto a ratos, porque es que, no puedo evitar pensar que es él y encima eso, el destino parece empeñado en no sacarme de mi idea… Y no es justo, no, no lo es, porque yo tengo mucho que dar y quiero hacerlo, creo que ya nos lo merecemos, que llevamos ocho años solas, que en eso nos entendemos demasiado bien y pesa, tú sabes que pesa…
—Anda, venga, ya, vamos a tomarnos algo, ahora que hemos regresado a Jerez y a la realidad, pongamos el broche.
—Sí, yo quiero un copazo, un gin tonic, de Tanqueray, si es que… Putas casualidades… En fin…

Y eso, que desconozco el plan del universo, no entiendo las señales, me he acostumbrado a vivir de hechos, no de casualidades, y a ellos me aferro…  Y el único hecho que existe es el de que…



19 de agosto de 2019

A la orilla del río...




Tumbadas en aquellas hamacas ambas miraban las estrellas en busca de destellos fugaces de felicidad, de alguna manera ellas pensaban que por una vez todo parecía irse poniendo en su lugar y que después de ocho años al fin les tocaba ver deseos cumplidos, lo peor de sus vidas había pasado y era el momento de encontrar respuesta, consuelo y recompensa por aquel pasado que finalmente empezaba a quedar atrás. Con su vista clavada en el cielo formulaban deseos y pedían respuestas, un resplandor las hacía estallar en carcajadas, y si realmente era cierto que de una vez las cosas les iban a salir como querían, como merecían, porque las dos tenían claro que sí, que de todo se aprende, que de no haber pasado por todo aquello no serían las mujeres que eran, pero era eso, estaban cansadas de aprender a base de palos, sus espaladas estaban los suficientemente machacadas ya… Ocho años y medio compartiendo viaje en distinto vagón pero en un mismo tren, seis pared con pared, como decían, ambas saboreando sinsabores, recomponiendo el corazón, pero juntas, con esas vidas paralelas… Y bromeaban con eso de que sí, de que por fin parecía que todo iba encajando, que al fin veían luz al final del túnel. Y sí era verdad de que ese año al fin iba a ser su año… Les costaba creerlo, pero querían hacerlo, porque por una vez después de tanto tiempo el cielo les gritaba que sí, aunque fuese en esperanzas en forma de estrella fugaz.  Y por eso, porque ya le tocaba desvelarse con risas y no con llantos, aunque nunca hubiesen perdido el sentido del humor… Ellas habían compartido muchas noches de desahogo, de miradas perdidas, de preguntas sin respuesta… Y entre risas se consolaban diciendo aquello de que el día que todo fuese bien no se lo iban a creer… Y recordaban momentos, días, sucesos, años… Cada una en sus zapatos sí, pero…

Aquellas horas, algo más de cuarenta y ocho, dos días… Habían sido el principio del comienzo, para una porque al fin se había atrevido a hacer una escapada sola, para la otra porque, de rebote, después de tanto al fin iba poder empezar de cero en otro punto de la ciudad. Sí, nada más llegar a aquel pequeño paraíso, tan lejos y tan cerca de sus rutinas, había llegado la noticia y aún andaba asimilando eso que ya parecía ser un hecho. Mirando las estrellas era fácil soñar…  Y por una vez esos sueños parecían hacerse realidad.

El último día habían planeado ir más allá, una semana antes una de ellas se había quedado con las ganas de meterse en aquel río en el que de niña tanto disfrutó, al que tanto cariño le tenía, todo lo que le devolviese a su infancia era especial y aquellas frías y cristalinas aguas lo eran.  Y  en su orilla, decretaron que de una vez todo lo anterior quedaba allí, que ahora tocaba mirar al frente y dejar ir, que todo lo fluiría como discurrían aquellas aguas y que estas arrastraban finalmente los miedos… Aquel baño llegaba cuando tenía que llegar y con quien tenía que llegar, ellas lo sabían, ellas se entendían…

Y sí, tocaba volver al punto de partida, pero eso, volvían renovadas… Para una que aquella mochila se rompiese, justo al dejar aquel rinconcito que habían hecho suyo, fue de alguna manera otra señal, era de lo poco, quizá lo único, que conservaba de él y era eso, había llegado el momento de dejar atrás, ya no solo pesados equipajes, también livianas mochilas… Y aunque ella no lo supiese alguien más estaba haciendo aquel viaje, alguien con quién se encontraría poco después, alguien que ella después llevaría a su punto de partida… Alguien con el que deseaba recorrer mil y un caminos, de ida de vuelta, aunque él no lo supiese… Pero ese alguien le contó que tenía otros lugares a los que ir y otras cosas con las que encontrarse… Y de alguna forma volvió a no entender las jugadas del destino… 

Tendría que volver a la orilla del río…




Y esta va por ellas...




13 de agosto de 2019

Asignaturas pendientes...



Estaba claro, no, ya no era la misma, había cambiado, más de lo que ella misma creía, más de lo que llegó a suponer. No, jamás se hubiese imaginado actuando así, sin pensar, dejándose llevar y arriesgando… En el fondo ella sabía que era algo que tenía que pasar, pero llevaba años posponiéndolo. Ella intuía que aquello quedaría en lo que había quedado, una deuda saldada, de alguna forma adquirida durante años, algo que de alguna forma siempre estuvo ahí, latente, pero que nunca se llegaba a materializar, a hacerse real… Ahora lo era, ya había pasado y el resultado era lo de menos, lo importante era eso, que se había liberado de aquella asignatura pendiente, ahora ya estaba del todo libre de equipaje. Y quizás fuese una forma fría de verlo, más cuando de por medio estaba una amistad de años, pero… La Vega de hacia unos años no hubiese sido capaz de actuar como lo había hecho, ni abandonándose a oscuras entre unas sabanas blancas ni largándose a desayunar sola porque era lo que le apetecía. No, obvio que no, pero la Vega que ahora era sí, esa si había sido capaz de aceptar una proposición sin pensar y sin culpas, porque ella era libre y como tal ejerció esa libertad, la de besar y la de marcharse sin hacer ruido.

No podía negar que se había sorprendido a sí misma, para bien, obvio, pero sí, se había sorprendido, porque por primera vez había sido capaz de reivindicar su derecho a elegir… No le importó el que pudiesen pensar de ella, no, al fin había actuado con la libertad de una mujer que no se avergüenza de ser como es… Y ya iba siendo hora… No, por una vez no iba a esconderse, ni se iba a privar de lo que quería hacer, porque al fin y al cabo allí no había compromisos y ella tampoco estaba dispuesta a asumirlos, y sí, le había tocado fingir, pero lo había hecho en su propio beneficio, aunque sabía que era de las que no sabía fingir y que a buen entendedor… Pero le daba igual, eso la sorprendía, pero es que le daba igual, y le resultaba extraño, porque era una nueva faceta de ella, algo que siempre ansió y que por fin conseguía. Y sí de algo estaba molesta era de la actitud de él, sí, a ver, ella no le reprochaba lo sucedido antes, le reprochaba el después, el no saber afrontar, esa frialdad, ese pasotismo, ese escudarse y esconderse tras un partido de (puto) fútbol, ella ya había vivido eso, no, no estaba dispuesta a pasar por otra igual, no a sus años, no a los de él… Con cierta edad hay cosas que se pueden entender, a otras no, a otras se supone que somos lo suficientemente adultos como para hablar, y si no se habla pues se da a entender… Lo que no vale son otras cosas, por eso mismo, porque ya somos mayorcitos. Pero eso, lo que había pasado, ese estúpido velo era demasiado denso… Ella no iba a forzar nada, pero tampoco iba a actuar de una forma que le dejase un mal sabor de boca… Y todo hay que decirlo, aquel desayuno a solas y ese paseo matutino le habían hecho sentir más viva que nunca, más ella que nunca.

Estaba cansada de aparentar, de fingir, de no ser ella, de tratar de agradar, llevaba mucho evitando ser así. En esos días se desprendió del todo de aquello, nunca más, nunca… Ella era como era, lo que era, para bien o para mal, y sabía estar sola, disfrutaba de esa soledad y cada vez menos miedos hacían nido en ella… Se había atrevido con aquella carretera de sierra, qué más podía pedir tras catorce años de carné… Y en parte lo hizo por él, pero sin saberlo la beneficiada había sido ella, ahora ya tenía nuevas formas de huir, sitios nuevos en los que perderse…

Para ella aquellos días serían una nueva enseñanza, lo esencial seguía en pie, al menos para ella, él seguiría siendo ese amigo de años y ya… Para ella esa deuda estaba saldada, en ese aspecto se había pasado página y no volvería a hacerse mención… Amistad, punto y final… Y todo estaba bien…  Lo verdaderamente importante ella lo tenía claro, demasiado claro, para bien o mal, era eso, su parte estaba clara…


Curiosamente días después otra parte, otra que parecía normal, volvió a hacer "acto de presencia" y era eso, ella su parte la tenía clara, demasiado clara… Su soledad y ella, no había más… Y una estúpida esperanza, sí, muy estúpida, de que todo aquello era necesario para llegar a su verdadero tren… A ese vagón al que realmente pertenecía….


(canción moñas hortera, que... Pues eso...Benevolencia)




4 de agosto de 2019

Salitre...





Había pasado un año desde que por fin diese el paso, no había dejado que llegase el aniversario sin lanzarse a volver a hacerlo, esta vez solo daba para irse a unos cuantos kilómetros de su ciudad, pero eso bastaba. El mar, las puestas de sol, las risas, los desayunos con vistas, las cervezas con olor a sal, merecía la pena, claro que la merecía y cumplían sus funciones, hacerla olvidar y desconectar, renovarse o morir… Y es que como decía la canción: En la orilla del mar es más fácil soñar…
Lo había conocido allí, en Conil de la Frontera, una noche, de esas que no esperas mucho, la última que pasaría allí. La tercera, la vencida…  La cola del servicio tuvo la culpa, el descaro de su amiga, la extraña timidez de ella… Y él parecía normal, así lo creyó Antía.

—Tía, que mucho tatuaje del principito y lo que quieras pero… Que si las canciones, que si aquella peli que me dejó cogida, era eso, parecía normal, es más, si me apuras pensé que era aún más moñas que yo.

—Ya, si es que, yo también lo creí, lo mío no es hacer de Celestina, cada vez lo tengo más claro. No doy una.

—Que tú no das una, la que no da una soy yo, que llevo dos en un año, por no hablar del de siempre, en serio, con lo tranquila que yo vivía cuando iba a mi bola. Estoy aburrida, es que cada vez tengo más claro que no merece la pena.

—A mí me lo vas a contar, que mira mi última historia.

—Sí, ahí la trotaconventos fui yo y vaya que también me lucí.

—Ya, pero si el problema es ese, que de primeras parecen normales, es con el paso de los días que te das cuenta de que están fritos de la cabeza.

—Y no eso, encima con complejo de microondas, que mucho calentar pero… Es que mi cara al ver la foto, con destello de estrellas incluido, osea, pero chaval qué me estás contando,  que tenemos edad suficiente como para follar sin compromiso, no para hacer el imbécil por whatsapp. Y encima me pide una foto mía… En serio…

—Se la quería machacar a tu costa.

—Encima, y va y me lo da a entender… Perdona, mira haz lo que te de la gana, pero a mí no me lo cuentes, no, si no me vas a implicar del todo, a ver cómo te explico que yo soy de una tierra en la que se dice que si no se toca no se ve… Y que estamos solo a 60 kilómetros, chaval.

—Ya, es que, qué te digo, si vamos de una en otra, el más pintao te la da y cuánta más cara de tonto, peor… Se te quitan las ganas, yo ahora mismo mi vida, mi curro y a la mierda todo.

—Ya, si es que… Pero es triste, mucho, ver a lo que han relegado las historias, yo sigo pensando que me quedé anclada en otra época… Y a ver, que llevo el tiempo suficiente sola como para saber que mejor así que mal acompañada, pero, no sé, alguna parte estúpida de mí quería seguir confiando en que algún día encontraría a un ser semejante.

—Yo he tirado la toalla, la verdad, como que paso… Él que no se acojona frente a un compromiso, es todo lo contrario y cuando te das cuenta hasta pretende prohibirte que hagas topless en la playa… Y encima el problema eres tú, mucho decir que quieren mujeres con carácter y al final, todos buscan una mala versión de la sumisa Eva. En el fondo yo creo que se acojonan ante tías como nosotras.

—Pues mira, yo es que no pienso cambiar y menos a estas alturas de mi vida, que me basto y me sobro, que por bonito que fuese tener un cuerpo al que abrazar, una ya sabe lamer sus propias heridas… Cosas como estas lo único que hacen es que me den ganas de volver a cerrar las puertas, volver a aquello de A fuego…  Y en el fondo, sé que, inconscientemente, lo he hecho…

—Pues sí, a disfrutar a nuestra manera y mira, que como dices, que mejor sola, que total, el mercado está fatal y para ir dando bandazos y alimentando decepciones pues… Amazon ofrece una gran variedad de amigos a los que no hay que dar explicaciones y solo te producen alegrías, y también hay muchas ofertas de pilas…

—Me lo dices o me lo cuentas, la mejor de mis inversiones en los últimos tiempos… Pero, aún así, me duele haber llegado este punto, pero he dejado de sentir, en serio, yo ya no tengo ilusiones, y da miedo y es extraño, como dice la canción… No hay más miedo del que se siente cuando ya no sientes nada… Y como dice otra canción, No hay un corazón que valga la pena… Y sinceramente creo que ya ni el mío…


Antia se creyó de nuevo aquello de que igual había encontrado a un raro, que aquellas dos semanas de conversaciones eran el preludio de algo, creyó que se estaban molestando en conocerla, pero… No, todo resultó como con el del portazo…  Una falacia, otra más… Y obvio, cada vez dolía menos, en este caso porque él además era casi un desconocido y no un supuesto amigo de años… Pero, de alguna forma era eso, otro arañazo… Nunca fue demasiado confiada, o quizá sí, pero ya no, ahora eso de confiar era para ella casi un imposible, por mucho que necesitase hacerlo, pero…  Ese cactus cada vez tenía menos flores y más espinas…





1 de agosto de 2019

Esperando su tren...





Penélope seguía allí, con su mochila de piel negra, sentada en aquel solitario banco del andén. Observaba las vías, el ir y venir de los trenes, aún no se había decidido por ninguno, o sí, aquel que la llevase hasta Ulises, pero no llegaba, igual no existía...Y en silencio fumaba un cigarro, miraba al cielo y suspiraba. ¿Dónde estás? A ratos deseaba abandonar aquel lugar, agarrar su maleta, cargada de pasado y volver a regodearse en él. Sabía que era una mala decisión, tenía que enseñarse a no seguir mirando hacia atrás, no de la forma en que lo hacía, no dejando que el miedo a sus fracasos empañases sus triunfos.

La habían jodido, sí, de alguna forma lo habían hecho, pero tenía que creer que todo aquello no era más que una enseñanza y no una alerta. Ella no creía en eso de que todos fuesen iguales, aunque sus últimas experiencias así quisieran hacérselo ver, cierto es que estaba cansada de todos aquellos que se marcharon con una promesa de vuelta cosida a sus labios y no volvieron, pero el tiempo había demostrado que era mejor así. Todo aquello pasó y la había llevado a ser la mujer que era, durante años necesito una soledad no compartida, reencontrase consigo misma, conocerse, volver a retomar todo aquello que la hacía feliz y que por agradar a otros abandonó. Estaba cansada de que la quisieran a medias, incompleta, ella era como era y punto. Con sus defectos y virtudes, con sus manías, con sus despistes y su mal humor en las mañanas. Y ella siempre quiso así, ella de alguna forma siempre respetó al otro, salvo cuando se veía ahogada en ellos, cuando le cortaban las alas y sus ganas de volar se acrecentaban. Al final de cada relación, al analizar, siempre veía que ella había dejado atrás su esencia, le había tocado moldearse y que estúpidamente lo había hecho y era algo de lo que de alguna manera se culpaba. Eran tres las relaciones con algo de peso que llevaba a sus espaldas, seguía idealizando aquella cuarta, la del primer amor, ahí no dejaba de ser una niña descubriendo el amor. Hacía tiempo que se deshizo de las fotos que la devolvían a todo aquello, mirarlas era no reconocerse y ella no soportaba eso. Aún seguía desconcertándose cuando al mirarse en el espejo el reflejo no era el esperado.

Aquellos años de soledad eran comparables a una montaña rusa, arriba, abajo, en un busco-me constante, ahora sentía que debía abandonar aquella frenética atracción, el trayecto había terminado, la sirena sonó y sin saber cómo se había visto sentada en aquella estación, lejos ya de aquel extraño parque de atracciones. A cada lado una maleta, una eso, cargada de pasado, otra hecha de presente, de su yo, de ese que había logrado encontrar, pulir y reivindicar. Y permanecía aferrada a las dos, cargada de miedo, soltar era difícil, mucho. No olvidaría, eso nunca, olvidar ya se sabe, es volver a repetir historias, tenía muy claro que eso no iba a ocurrir, pero aún así, estaba paralizada en la acción de dar un paso más, de terminar de mostrarse frente a alguien y de que la quisieran así, tal como era, un poco hada chalada, pero de buen corazón. Existiría ese Ulises que la comprendiese, que estuviera dispuesto a huir hasta Ítaca, a naufragar en Ávalon…  ¿Estaba dispuesta ella? Miedo, esa era la única y maldita respuesta, inseguridad. No, ella no era una cobarde, es un poco valiente a toro pasado quizás.

Estaba allí, en aquella estación, viendo las horas pasar en el reloj, a sabiendas de que ese vértigo innato en ella le impedía lanzarse a ese tren, que llegaba con retraso… Vértigo, le daba vértigo, necesitaba que una mano la agarrase, era eso, que alguien entrelazara sus dedos a los suyos y le dijese salta, atrévete, ya veremos que encontramos. A muchos les extrañaba eso de ella, que a pesar de su vértigo siempre se subiese a las atracciones más altas, pero esas siempre la sujetaban, se aferraba a aquellas correas y cerraba los ojos, para después abrirlos y disfrutar de la experiencia… Una mano, un empujón, un tú puedes, un podemos… Que ese Ulises entendiese que ese miedo a las alturas era algo de lo que no había logrado desprenderse, pero que estaba dispuesta a correr el riesgo de precipitarse al vacío… Un vacío que por una vez no devorase a su Penélope.


Sacó de su bolso las agujas de punto y comenzó a tejer… Aún quedaban horas hasta el atardecer.



30 de julio de 2019

Con viento de levante...




El hada Chalada alzó la vara sagrada, a la par que estornudaba un par de veces.

Chiflada comenzó a cantar, Colgada tocó palmas y Pirada hizo sonar su guitarra.

Olía a hierba, de esa que te hace soñar o reír de más…

El momento de invocar al Dios de la Locura había llegado, provocarían un tornado y miles de pesadillas esa noche.

Cantaron y cantaron…Sueño contigo, qué me has dado... Las hojas de suelo se empezaron a agitar…

La vara centelleó...

A unos 15 kilómetros, dentro de una caravana, la colega de La Toto fue la primera víctima de aquel maligno ritual.



Objetivo 24: Utiliza una de estás dos imágenes
Objeto 17: Un tornado

Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí

Y enlaza con el de @RJRandom_ que es muy genial y que puedes leer aquí

PEGATINA









  • 25 de julio de 2019

    Tenía que decírtelo...




    Aquel lugar olía a jazmín, al fondo, se podía ver como este trepaba presuroso por la pared, como tratando de alcanzar el cielo, parecía un lugar custodiado por las hadas, por eso lo había elegido. Celine había cumplido con su parte, no se había disfrazado para la ocasión. Estaba nerviosa, hacía años que no tenía una cita, había perdido la sana costumbre de enamorarse, estaba asalvajada, así se definía. Pero estaba dispuesta a arriesgarse, a contarle toda esa vida que había llevado junto a sus pensamientos, la que había fabricado para los dos, que a ratos no era del todo perfecta, porque ella ya tenía claro que no todo eran rosas, así que añadió alguna que otra espina y creó algo que se ajustase a la realidad, a lo poco que se conocían y a lo mucho que se desconocían. No, no había querido idealizarlo, eso hubiera sido torpe por su parte, ya había cometido ese error muchas veces.
    Apenas cuatro mesas estaban ocupadas, ella se sentó junto a la fuente, el ruido del agua apaciguaría su ansiedad, el tic tac del reloj de quien espera. Se encendió un cigarro y pidió una cerveza al camarero. Había acudido medía hora antes, por saltarse su propia norma de la que siempre llega tarde, en ese tiempo lograría montarse su discurso, aún no tenía muy claro por dónde empezaría, ni tampoco como encajaría él todas esas fantasías de quinceañera que en alguna ocasión también se había permitido tener. Sí, a veces estaba un poco loca, contaba con que él supiese eso, su tornillo fugado era algo que no podía esconder, pero aún así ella sabía que merecía la pena, lo suyo a veces era pura fachada, una coraza que se había fabricado con los años. Él decía ser un erizo, ella se definía como cactus, pero había llegado el momento de florecer, de mostrarse libre y sin máscaras, tenía que jugársela, porque no quería perder, esta vez no, ya estaba cansada de hacerlo. Resoplaba, mientras mil frases volaban de una punta a otra de su cabeza, no había reproches, no podía haberlos, no sería justo para ninguno de los dos. Sí, habían pasado más de tres años desde que ella se quedase colgada de su mirada, de aquella extraña tarde en que él irrumpió en aquella librería, con esa pose de casando y perdido. Ese era el tiempo que ella llevaba montándose historias en su cabeza llena de pajaritos. En el fondo no sabía que es lo que se le hacía tan difícil, solo tenía que ser sincera, asumir que sí, que a veces pues la había sacado de sus casillas, que odiaba esa manía suya de no contestar, de no decir, de no aparecer… Pero no, es que no iba a hacer eso, porque era absurdo, todos tenemos una forma de ser y hacer y ella era a la primera que le molestaba infinitamente que le dijesen como pensar y actuar. La certeza de que él la comprendería quería adueñarse de su cuerpo, tenía que dejarla entrar. Al fin y al cabo él era otro junta letras como ella, aunque sus estilos fuesen tan diferentes. Debía de reconocer que su forma de escribir la había eclipsado, fue una de las razones que la hicieron perder el norte, eso, y que tocase la guitarra, aunque él dijese que lo hacía fatal, aún así, quería que tocara para ella, solo para ella… Tendría que frenar su humor, su ironía y su sarcasmo, sabía que todo aquello podría confundirlo, mil veces le pasaba que la malinterpretaban y no podía permitirse el lujo de que eso pasara, no esa tarde, no cuando por fin la vida le daba la oportunidad de expresar lo que durante tanto tiempo había callado. Aunque en el fondo llevaba tres años gritando a los cuatro vientos que estaba algo más que pillada de él. Incluso una noche se lo dijo a él, así, a bocajarro, porque a veces soltaba las cosas sin pensar, él se había quedado callado, qué podía decirle. Hablaba de más, lo sabía, muchas veces era una bocazas, pero, es que la descolocaba, lo hacía, siempre que lo veía su mundo se ponía del revés y ella tenía que frenar el impulso de colgarse de su cuello, de su vida. Y es que era raro, porque a la vez él le daba una extraña calma, al tenerlo al lado sentía como si estuviese dónde tenía que estar, con quién tenía que estar, como si él siempre hubiese estado ahí, de alguna forma. Era eso, eso fue lo que ocurrió aquella tarde de febrero, que creyó reconocer en él lo que siempre había buscado, aún si haber escuchado su voz. Que era otra de las cosas que le gustaban de él, cuántas noches recordando a oscuras su voz… Su acento.
    Sí, él había tardado tres años en aceptar aquella invitación, pero eso qué más daba, hay veces en que tenemos la vida desordenada y ya se sabe, nadie quiere que vean sus rincones oscuros, a ratos todos desaparecemos y estamos en otro momento y ella lo sabía porque también lo había vivido, y quizá perdió algunos trenes, pero quizás esos trenes no eran el adecuado y la vida le hizo el favor de no desviarla de su trayectoria. Este tren había llegado con el retraso que exige el reordenar la vida, a ella le había pillado en una estación de paso, curiosamente, pero todo daba igual, tomaría su mano y volvería al vagón que le correspondía. El que les correspondía, quería viajar con él, dejarse llevar, eso sonaba bien, demasiado bien… Pero lo harían, correrían el riesgo, ya sabían viajar solos, habían aprendido a hacerlo. Era capaz de recrear escenas, ahí estaban los dos, en las idas y las vueltas, enganchados a sus libros, ajenos al mundo, cada uno en un lugar, pero juntos, caminando en paralelo. Sabía que tenían gustos parecidos, música, libros, arte… Ella se sabía muy pez en muchos temas, pero para ella el saber no ocupaba lugar, quería que él le contase historias, que le descubriese cosas nuevas, confiaba en que ella también pudiese aportarle cosas a él. El amor para ella era un poco así, un hacerse mejores personas el uno al otro, respetar espacios, manías… La había jodido muchas veces, sí, lo había hecho, pero para algo le servían los años, muchos, pocos, los que tenía… La vida consiste en no hacer a los demás lo que uno no quiere para sí mismo. El amor es la libertad de ser dos, sin dejar de ser uno… Que decía una frase manida, pero cierta. Le diría eso, que serían libres…Juntos, pero libres. Sin querer cambiar esencias...
    Estaban a punto de dar las 7 en el reloj, hacía calor, pero corría un suave viento de poniente que lo aliviaba. Resopló, inspiró, acarició aquella alpha tatuada en su muñeca, él sería su omega. Aparecería, como ya lo hizo aquella tarde en que no confirmó y aún así apareció, y ella en uno de sus impulsos irracionales le puso los cascos y entonces hizo suya esa canción y cada vez que la oía le recordaba a él… Esa que dice que tú y yo pudimos ser… Ahora seríamos, sí, ahora que todo fluye… Ahora era el momento, ese día había llegado, ese café, esa cita pospuesta tres años atrás, ahora empezarían a conocerse más y a desconocerse menos. Tenía esa esperanza… Miraba de soslayo a la puerta, él tampoco se habría disfrazado para la ocasión…

    Llamó al camarero, pidió la cuenta, le dejó un euro de propina en el plato, apagó el cigarro con fuerza y abandonó el local al filo de las siete y cinco… Aunque él no lo supiese, ella seguía inventando citas, momentos, recuerdos… Mientras, seguiría esperando en sus estaciones de paso…



    Objetivo 20: Haz un escrito sobre una cita que sea un desastre.

    Objetos 7 y 4: Una letra del alfabeto griego y una criatura mitológica.

    Este relato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí

    31 de mayo de 2019

    Máxima audiencia...



    Laura apretó los puños. Un sudor frió recorría su espalda, contenía la respiración. Notaba el aliento del peso de la ley sobre la nuca. Sabía lo que iba a ocurrir y todo por una maldita foto. No, lo realmente maldito era ese mundo en que vivía. Estaba cansada de ver, como si de anuncios publicitarios se tratase, la vida de todos sus convecinos. Esa podrida sociedad los impulsaba a mostrar al detalle cada uno sus movimientos. Solo ella y los de su asociación luchaban contra esas normas que se habían establecido en la era de La Vida Escaparate.

    — ¿Qué pretendías hacer con esta foto? —Preguntó el miembro del Consejo de Publicaciones.
    —Es un recuerdo, algo personal, la tomé con mi vieja Polaroid.

    Esa hija de puta la había vendido, esa que cada tarde, a través de su canal de YouTube, le mostraba al mundo su aparente vida feliz.

    Laura fue condenada al exilio, una cámara vigilaba cada uno de sus pasos y retransmitía sus miserias al País. Ese tipo de programas eran de máxima audiencia.




    Objetivo 8: Escribe un relato distópico

    Objeto 23: Una vieja foto o Polaroid.

    Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí

    Y enlaza con el de @Gemaseelie pincha aquí

    PEGATINA 


    26 de mayo de 2019

    A mi luna...



    Hoy cumples tu primera década, a veces te cuento que llegaste al mundo por cesárea, porque tu mamá gatuna, Micaela, estaba enferma, así que necesitó la ayuda de Rafa, el que sigue siendo tu veterinario; y al que sé que le tienes manía. Tu mamá Micaela era increíble, a pesar de todo ella supo cuidaros a ti y a tus hermanas, incluso un día os salvó del ataque de otro gato. Aún la recuerdo, cargando contigo y con Lola, era preciosa. A tu hermana Kitty solo la he visto en fotos, se parece a ti, a Lola la veo cada vez que voy a casa de la tita Natalia, ella se parece más a mamá Micaela, tú y Kitty a papá, uno de los gatos de Andrés. Hace diez años, cuando naciste, yo estaba a escasos días de operarme de la espalda, te han tocado dos mamás con taras, pero tú lograste que las dos sacásemos fuerzas, a Micaela para criarte y a mí para llegar a dónde estoy hoy.

    No fue hasta el 4 de julio que te conocí, en ese tiempo, pues eso, me operaron, me “recuperé" y cumplí los 31. Aún recuerdo aquella tarde, hacía un calor de mil demonios, llegué a casa de la tita Natalia y allí estabais las tres. Ya te escribí hace algunos años que, aunque amante de los animales, no me terminaba de convencer el hecho de tener un gato, pero también te escribí que lo nuestro fue un amor a primera vista. Desde el primer momento en que te vi supe que teníamos que estar juntas, obvio que no me imaginaba todo lo de después, pero quizá tú instinto felino si supo verlo y por eso te acercaste a mí. Me costó, eso también te lo escribí, pero logré convencer a Migue para traerte a casa, igual yo también intuía algo y no lo sabía… Fue el 7 de julio el día elegido, te recuerdo perdida por la casa, asustada, escondida debajo del sofá… El día en que no encontraste la arena y… Tu agobio, tus maullidos… Aquel tubo de cartón que te encantaba, la primera siesta juntas, las noches en que me despertaba sobresaltada y salía a buscarte pensando en que te podía haber pasado algo… Las tardes en que te acurrucabas debajo de la bandeja del portátil y te dormías en mi falda. La primera noche que Migue y yo no pasamos en casa y que tú nos recriminaste a base de maullidos a la vuelta, por no hablar del primer viaje… Te pasaste horas sin mirarme… Y jamás olvidaré aquel día en que la pesadilla volvió y tú te subiste a la silla y, de la nada, me empezaste a acariciar la cicatriz.

    Recuerdo aquel febrero, poco más de año y medio después de tu llegada, cuando nos quedamos las dos solas… Tú me ayudaste a seguir, a levantarme cada día, ya lo habías hecho durante la eterna baja, cuando la incapacidad, cuando el desamor… Tú fuiste la pieza clave en esos años, lo sigues siendo… Aquella noche dejé la puerta del cuarto abierta y tú te viniste a dormir conmigo… Me conoces, sabes que no me acostumbro a dormir sola… Y sabes también que te extraño cuando no vienes, pero que te respeto… Porque tú me has enseñado eso, a amar y querer sin depender, respetando espacios, bueno, quizá más que enseñar me diste la razón, yo no estoy hecha para otro tipo de amores, tú viniste a abrirme los ojos…  Yo quiero querer y que me quieran como a los gatos… Y por eso tú y yo nos entendemos y por eso Leo, a ratos, nos desquicia, porque él es medio perro xD. 

    Tú y yo conectamos desde el primer momento, sé que nos reconocimos, somos difíciles las dos, ariscas, nos mostramos desconfiadas, pero si nos conquistan, si pasan el filtro, somos amor… Tú eres así, te cuesta acercarte a la gente, pero una vez te ganan es para siempre… La única diferencia es que tú cada vez eres más sociable y yo no, quizás tenga que fijarme más en ti, pero me cuesta, mucho, cada día un poco más…

    Luna, son diez años de tu vida, casi diez en esta casa, diez años que hemos compartido. Han sido diez años difíciles, mucho, con muchas subidas y bajadas; incluso tú has pasado por malos momentos y ahora, como yo, tienes heridas de guerra… Y te puedo decir que, de esos diez años, ha sido de las peores semanas que he pasado y mira que… Pero el hecho de perderte me daba pánico, porque no sé qué sería de mí sin ti… Y sé que… Pero… No era el momento, no lo era y no lo fue… Ahora ya eso pasó, como pasó aquella primera pelea con Leo y como pasó la segunda, menos mal… Y es que, por mucho que tú seas mi ojito derecho, él es único y… Os necesito a los dos. Tú eres la paz y la sonrisa y él la risa y la “desesperación”…  El yin y el yang.

    Una década mi bichina, una cuarta parte de mi vida, pero sin duda los años que más me han enseñado y más me han cambiado… Y tú has estado ahí, tú has sido mi compañera, mi luz, mi apoyo… Te debo tanto… Y lo importante es que sé que me quieres, que a pesar de todo, de los malos ratos, de las subidas y bajadas, tú no sientes que contigo haya fallado, porque me lo dicen tus miradas, me lo dice esa patita que se aferra mi mano, esos ojos que me buscan cuando despierto…

    Gracias Luna, gracias, tú supiste verme, yo supe verte… Juntas llegaremos a ser nuestra mejor versión.  

    Que, como a mí, tu nana siempre te acompañe. Te quiero mi pequeña. 




    22 de mayo de 2019

    El secreto...





    Cada tarde repetía el mismo ritual; abría la cancela, atravesaba el camino, empujaba la puerta, bajaba los escalones, suspiraba y se sentaba junto a ella.  Muchas veces no sabía por dónde empezar a contarle todo lo acontecido en su día, se le hacía difícil explicarle ciertas cosas, pero no le importaba, al final las palabras terminaban por salir, aunque fuesen en forma de recuerdo.

    —No sé si te acuerdas del fin de semana que pasamos con tus primos en Conil. Recuerdo lo bien que te quedaba aquel pareo de flores y mira que tú nunca fuiste muy amante de los estampados, pero lo cierto es que te sentaban de maravilla. Bueno, lo que te decía, ese día estaba molesta, mi jefe se había empeñado en que fuese yo la que presentase el escrito pendiente ese lunes, pero por más que le dije que tenía planes no hubo forma, al final vosotros bajasteis al chiringuito y yo me quedé trabajando en el apartamento. Nunca te lo dije, pero os vi, no sé porque te confieso esto ahora, pero es algo que me ha machacado durante años. A eso de las doce decidí cortar y bajé hasta el paseo para ver si os encontraba. Tú te habías dejado el móvil y las chicas no contestaban, así que me dediqué a dar vueltas por los alrededores del chiringuito, y al no localizaros entré.

    Oyó un ruido en el exterior que hizo que se sobresaltara, debía ser en jardinero, Miguel era un buen hombre, a veces también se pasaba un rato de charla con él, le gustaba oír sus historias, de cómo a su abuelo no lograron cogerlo durante la dictadura y de cómo se había pasado más de 30 años viviendo en una cabaña en las montañas, junto a otros cuatro compañeros, a los que sus mujeres, por turnos, les llevaban comida cada seis días, comida que apena les daba para dos.“Ellos lograron escapar, pero sabe Alicia, siempre vivieron como si no lo hubiesen hecho”. Ella asentía, le apretaba el hombro para calmarlo y se despedía de él. Aquella tarde no subió, no era el momento, tenía que terminar de soltar la retahíla que tenía programada. Además, después había quedado con Sergio, su chico, y aún tenía que arreglarse... 


    —A ver, María, yo no es que quiera remover mierda ahora, sé que debo olvidarlo, que todo aquello lo vi sin querer, porque no, ni tú ni yo queríamos que pasase, vamos tú más bien pensaste que no lo vería, pero lo hice. Nos conocemos desde niñas, siempre has sido igual, no es algo que pueda reprocharte, pero aquella noche fue distinto. La verdad es que no sé cómo me pude contener cuando llegaste al apartamento, eran cerca de las seis de la mañana y tu cara bien podría haber servido para un desfile de zombis. No lo entendí, supongo que era por el sueño acumulado, pero me faltaron las fuerzas para cruzarte la cara. Te libraste por muy poco.


    Pasaban diez minutos de la hora acordada y Sergio empezaba a impacientarse, no entendía la manía de su chica de ir a hablar con María, cada día, como si fuese a servir de algo. Miraba a un lado y a otro esperando verla aparecer, bien podría andar los metros que los separaba, pero no le apetecía, permanecería allí, junto a la puerta de la Capilla. El aire olía a una extraña mezcla de flores, a tierra mojada. Al menos la paz lo envolvía todo. Lo jodido es que estaba a punto de anochecer y empezaba a refrescar. Sacó el móvil y le hizo una perdida a Alicia.


    —Lo más curioso de todo sabes qué es, que tú de pequeñas siempre me zurrabas a mí, te daba igual quién estuviese delante. Recuerdo con nitidez una tarde, en la plazoleta, que sin venir a cuento tu mano impactó sobre mi brazo, así por las buenas. Cuando te pedí explicaciones te limitaste a encogerte de hombros y reírte. En el fondo no sé cómo te he soportado muchas cosas, quizás por la costumbre o porque de alguna forma te quiero. Espera, déjame terminar, es que de verdad, siempre has sido una puñetera egoísta, ni siquiera cuando tuviste la certeza de que el informe médico era definitivo fuiste capaz de contar la verdad. Me mentiste. ¡Maldita sea! María, me dijiste que todo estaba bien. Pero bueno, ya que más da, a lo que yo he venido hoy es a contarte que te vi, que aquella noche te vi y es algo que a pesar de todo no puedo perdonarte, a pesar de lo pasado esa espina está ahí, bien clavada. María, ¿cómo pudiste? ¿Cómo? Y, ¿por qué? A ver, es que por más que he intentado hallar la explicación…


    Sergio fumaba un cigarro tras otro, apretaba los puños, bufaba. Miguel se acercó a él con el gesto preocupado.
    —¿La señorita Alicia está por aquí?
    —Eso me dijo.
    —Ahh, yo es que no la vi, pensé que hoy igual no vino. Yo ya terminé por hoy, si le apetece un café, hay un bar ahí, justo en la esquina.
    No gracias Miguel, supongo que estará al caer. Igual mañana me mudo aquí, porque con este frío que estoy pasando— El jardinero sonrió extraño y se despidió de él. Sergio volvió a hacerle otra llamada perdida a su chica.


    —Menuda hija de puta eres, en serio, jamás te perdonaré todo aquello… No tienes ni idea del daño que me hiciste, de las ganas que me dieron de cometer una locura, contra ti, contra mí, contra el mundo. Pero mira, la vida te la devolvió, siento decirte que mereces estar dónde estás, ahí, pudriéndote en este puto cementerio, en este puto mausoleo que tus padres te construyeron. A ti, solo para ti, para la buena de María, qué  engañados los has tenido siempre a todos, a tus padres, a tu familia y a mí, decías ser mi mejor amiga. Amiga, esa palabra a ti se te quedaba grande, tú nunca quisiste a nadie, más que a ti misma. Cobarde, eres una puta cobarde, así, muerta como estás, crees tener el derecho a que te lloremos, yo no voy a llorarte, ¡te enteras! Yo no voy a hacerlo, porque te vi…


    María abrió un ojo, después el otro, movió con cuidado la mano, notaba un extraño hormigueo.
    —¿Dónde coño estoy? —se preguntó al notar que apenas podía mover nada más. Oyó la voz de Alicia, su tono de reproche, sus insultos. Entonces fue consciente de que estaba encerrada en un ataúd. Joder, no era un sueño, había muerto de verdad. Comenzó a golpear con fuerza, a gritar desesperada.
    —¡Ábreme! ¡Joder! ¡Sácame de aquí! —había resucitado, pero como hacérselo saber a Alicia.


    —Es que incluso ahora me parece oírte, quejándote, dando órdenes, tengo tu insoportable voz de niña tonta metida en mis oídos. Púdrete, púdrete de una vez ahí dentro, deja de meterte en mis sueños, en mi vida… Te vi, María, te vi y es algo que nunca podré superar… Deja de gritar joder, no puedes estar viva, deja de hacer ese ruido, deja de dar golpes ¡MUÉRETE DE UNA VEZ! Y déjanos vivir…


    Sergio irrumpió en el mausoleo y se encontró a Alicia, gritando cual posesa, tratando de descorrer la piedra del nicho. Tras la misma se oían otros gritos. No entendía nada de lo que allí sucedía, pero al agudizar el oído, no tuvo dudas, era la voz de María, la que parecía venir desde allí. Sin dudarlo se dispuso a ayudar a su chica.   Abrieron la caja y se encontraron a María vivita y coleando, medio asfixiada y con una leve cianosis. Alicia bufó, levantó la mano y le estampó a su amiga un puñetazo en la cara. La nariz de María, inmediatamente,  comenzó a sangrar

    —¡Hija de puta! Te vi.




    Objetivo 9: Utiliza un cementerio como escenario para un relato.

    Objetos 6 y 34: Un informe médico y una resurrección.

    Este relato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí





    6 de mayo de 2019

    Gris...




    Ella siempre dijo que no tenía grises, era de blancos y negros, de morados, verdes y a ratos algo de azul, pero grises no. No le iban los términos medios, saltaba de un extremo a otro, así llevaba funcionando desde siempre, desde que se recordaba.

    Pero aquella tarde era gris, lo era, y allí, en otra ciudad del viento, esta vez de poniente, fumaba, bebía y tomaba fotografías de aquel paisaje, cargado de veleros. Su deseo, escapar en uno de ellos. Perderse, alejarse, no mirar atrás, olvidar, dejar anclado solo el pasado, ese que no terminaba de soltar. Pero todo era gris, el día era gris y ningún rayo de sol venía a calentarla. Se sentía fuera de lugar, extraña, como un pulpo en un garaje, le dijo a sus amigas. Sola, hacía mucho que no se sentía así de sola, de perdida. Llevaba meses a la deriva y lo sabía, el hecho de estar allí, frente a un mar enjaulado entre pantalanes, como lo estaba ella, sirvió para acrecentar esa sensación de vacío, de desgaste, de cansancio, de días vacios y de su no historia, de una vida que de alguna forma no sentía como suya.
    Y podía parecer egoísta, quién no lo es, tenía el mismo derecho que cualquiera a quejarse, estaba cansada de escuchar eso de hay quien está peor, sí, cierto, pero también los había que estaban mejor. Ella estaba ahí, en una zona gris, donde no quería estar, sintiéndose ese ser que va a un evento solo y todos tratan de hacer que encaje con otro ser solo, como si eso fuese a arreglar algo, como si eso fuese algo relevante. Ella necesitaba bastante más en común que el simple hecho de que fueran los solteros de un lugar.
    Y quizás fuese el hecho de que su mente y su cuerpo así de golpe no tuviesen nada en que pensar, nada que hacer, llevaba meses, semanas acumulando stress, cosas pendientes y ahora de pronto el trabajo estaba hecho y de nuevo se enfrentaba a la realidad sin excusas. Y la realidad es que estaba allí, sintiéndose muy lejos de todo, sin nadie que agarrase su cintura, ni sus hombros, alguien que la ayudase a no colapsar. Ella sola se sobraba y se bastaba, pero aquella tarde, gris, no, a esa hora y en ese lugar no y echó de menos aquello que la vida le obligaba a olvidar.
    Y a su mente venía alguien que días antes también había decidido ser gris, porque era gris y no verde, un gris que ella tampoco tendría. Ese gris que se sentaba a su lado pero que estaba tan lejos. Y no quería pensar, pero pensaba y llevaba meses queriendo olvidar pero no olvidaba. Y de alguna forma recordó aquella noche, en aquella casa de la sierra, casi seis años atrás, donde se dejó ir, donde tocó fondo y de alguna forma había cambiado, sí, lo había hecho, pero tenía la misma necesidad de dejarse ir, pero no podía, ni debía y tampoco estaba su otro Enrique sonando por el MP3 y susurrando “Desde el rompeolas me acuerdo de ti”… No era el momento ni el lugar, pero quería soltar, dejar de sentirse vacía, dejar de sentir que no sentía nada.
    Llevaba años sabiendo que ese día iba a llegar y lo había hecho, era una caja de fósforos empapada, sin remedio… Fuerte sí, hecha a la soledad también, pero también fría, incrédula, acorazada… Y era una parte de ella con la que no terminaba de encajar. No, ella nunca fue un ser social, ni la típica chica agradable, sí, siempre fue cactus, pero no siempre mostró como carta de presentación sus espinas, no siempre atacó antes, no siempre le costó el dar un beso o un abrazo… Ahora le costaba, mucho, demasiado, cada vez aguantaba menos que la rozasen… Pero a la vez anhelaba un abrazo gris, un beso gris… Ahora era del todo un equilibrio desequilibrado.
    Hilvanaba un día tras otro, pero como tales, esos hilvanes no cumplían la función de dejar nada perfectamente cosido a su vida. Un destello, nimio aunque fuese, de felicidad, algún tipo de estabilidad dentro de toda esa maraña. Salud, dinero, amor… Todo iba del revés… Y por fuerte que era, por amante de la soledad que fuese, algo echaba en falta… Se hacía vieja de repente… Y podía teñir sus canas, maquillar sus arrugas y pintarse una sonrisa, pero nada lograba recomponer ese gris que no quería y que la mantenía rota por dentro.  No era el gris que soñaba, no, su gris estaba frente a ella, en aquel cuadro, junto a ella en esas fotos… Tan cerca y tan lejos… Y no podía negar que sentía toda aquella historia como algo injusto y cada vez entendía menos las cosas, pero era difícil de explicar, mucho… Y como una idiota volvía a mirar aquella imagen y volvía a perderse… Era como si siguiese teniendo quince putos años… Igual de torpe, de tímida y tonta… Anclada en un historia que no era tal… Pero en algo había cambiado, un año atrás si tuvo valor para decir: Me gustas… Y un gris silencio es lo que obtuvo por respuesta.
    Se recompondría, sabía que lo lograría y olvidaría y lograría verlo como lo que era, pero ella siempre necesitó tiempo, era lenta, se tarda en llegar de un extremo al otro, cuesta atravesar los grises…

    Como gris era esa tarde, ese cielo y ese nombre que en un susurro pronunció frente a ese mar, cargado de veleros, que la estaban llevando a otro tiempo y a otra ciudad…

    ((moñada al canto))