Empatía,
esa palabra que muchos conocen, de la que algunos saben el significado y que muy
pocos ponen en práctica… Ella, en la mayor de las medidas, siempre trataba de
ejercerla, trataba por todos los medios ponerse en el lugar de esa persona, que
no suplantar su dolor, ni hacerse la protagonista, muchos confundían la empatía
con ser el muerto del entierro y… No juzgar a los otros, no confundir, no
emitir juicios gratuitos, nadie nunca sabe que tormenta interior tiene el otro,
que una persona sonría no es señal de que este feliz, que una persona pueda
parecer que lo tiene todo no tiene porque ser del todo cierto. Todos podemos
tener nuestros demonios dentro, estar luchando en silencio, tratando de evitar
que otros sufran por nuestra culpa. Nadie está en los zapatos de nadie, no
sabemos lo que realmente hace que una persona actúe como lo hace, conforme
pasan los años uno atesora una cantidad de vivencias que conforman su
personalidad, y ahí muchos miedos que se quedan atascados y que acaban por
formar una maraña compleja en la que están atrapados.
Ella
era otro cúmulo de vivencias, de miedos, de inseguridades, durante años se las
había pasado batallando, ahora quizá había aprendido a manejar todo aquello,
ahora tenía la ilusión de que no todo siempre va a ser igual y aunque la vida
le diese otro golpe se levantaba dispuesta a seguir en la lucha, todo llegaría,
en el momento oportuno, cuándo tuviese que llegar, ella continuarían sonriendo,
con la esperanza de que volvería a enamorarse, tendría esa lugar que siempre
soñó, seguiría contando con pocos pero grandes amigos y que su salud pues
seguiría ahí, con sus taritas, pero… Ella quería vivir así, claro que muchos días
lloraría, se escondería y volvería a hacerse mil preguntas, pero todo aquello
también formaba parte del proceso. Por eso ella no juzgaba y trataba de
empatizar, ella siempre viviría y dejaría vivir y le daría al otro la libertad
de actuar y equivocarse, siempre entendiendo, obvio que fallaría, es eso, nunca
sabemos del todo como actuar, si incluso a veces se equivocaba con ella misma.
Unos
días atrás había recibido la notica, unos días atrás volvía a escuchar esa
palabra, unos días atrás esa maldita enfermedad había vuelto a hacer acto de
presencia en su familia y había sido duro, mucho, e iba a ser duro, lo sería,
para ella, para su familia y sobre todo para esa mujer a la que la vida no
había tratado de forma muy justa, una mujer que fue fuerte y que ahora pues se
había llenado de miedos, de inseguridades y de preguntas sin respuesta, porque
esa palabra, esa enfermedad es de las que paralizan… Y ella pues, ella trataría
de empatizar, de estar ahí para dar una mano, una palabra de aliento, arrancar
una sonrisa y fabricar recuerdos, porque no sabía que otra cosa hacer, más que
estar. Y por más que tratase de ponerse en su pellejo obvio que no podía llegar
al fondo, ni decirle lo que tenía que sentir y cómo sentirlo. Le dolía la
reacción de otros, le costaba digerir que su forma de ser fuese así, pero es
eso, no todos tienen la capacidad de empatizar, de priorizar lo importante.
En
una semana se libraba la primera batalla, ella estaría ahí, en segunda línea,
con su arco y su flecha, dispuesta a ayudar y a dar lo que le fuese requerido,
no podía hacer más, no era su lucha, por desgracia no podía evitarla, pero era
eso, si podía cubrir espaldas… Esa mujer muchas veces la acurrucó en sus
brazos, la ayudo a levantarse, juntas habían reído muchas veces y hecho
maldades… Esa mujer había sido fuerte mucho y la vida ahora le volvía a pedir
que fuese así, de una forma muy jodida, mucho, pero…










