13 de junio de 2023

Sueños...

 


Los sueños a veces son solo eso, sueños, algo que sucede de forma involuntaria, que de alguna forma te marca pero que una vez despiertas desaparece. Ella no sabía vivir sin soñar, sin imaginar, ese mundo color violeta en que todo fluyese, donde la ansiedad no existiese, pero era solo eso, un sueño, uno más, otro más.

La noche anterior sin ni siquiera haber dormido le tocó despertar de uno de ellos, sí, cierto era que hacía meses que ella de alguna forma había roto con esa parte de su pasado, que había soltado el globo, pero algo en su, estúpido, interior seguía aferrada a esa idea de que era él, de que más tarde o más temprano sería él, porque a pesar de todo no había sido capaz de sacar de su memoria aquella tarde en la que lo vio llegar con retraso y despistado a aquella librería.

Recordaba ese momento, lo vivía una y otra vez, de forma nítida, como si estuviese sucediendo en ese mismo momento. Recordaba la primera vez que oyó su voz, como al escucharlo leer se supo perdida, algo había cambiado en ella. Su mirada no paraba de desviarse hacía aquel desconocido que de pronto se le hacía tan suyo. Y él dictaba mucho de ser aquel tipo de chico en el que ella siempre se fijaba, no era su tipo, no así de primeras, pero… Era eso, algo había cambiado al verlo…

Recordaba aquella otra clase en que él estuvo a su lado, los nervios, la negación, ella no quería sentir, no, no quería, a qué venía fijarse en él, ella, la de la coraza, la que nunca llevaba el corazón encima.

Después vino la ausencia, la incertidumbre, el asumir que no volvería a verlo y que era lo mejor…

Pero no, aquello no terminó allí.

Fueron seis años extraños, de idas, de venidas, de parece que sí, pero es no, de mensajes sin responder, de encuentros inesperados, de citas que no se dan pero que se dieron, de charlas, de llantos… Aquel libro conjunto…

Recordaba como en aquel junio de 2016 ella deseó que él no volviese a Jerez al curso siguiente, aquel agosto en que supo que volvía, aquel abril de 2017 en que él le contó que se afincaba allí, se acababa de comprar un piso en el centro, como ella todo aquello lo interpretó como señales del destino y como el destino terminó por decirle que no.

Recordaba como en aquel agosto de 2022, en mitad de una depresión, terminó aquella “relación” de la misma forma que trató de iniciarla, con un email, en ningún caso recibió respuesta.

Y recordaría siempre aquel junio de 2023 en que supo que se marchaba, que él volvía a su tierra, ahora, ahora que de alguna forma ella ya había vivido aquellos seis años, que sentía haber perdido en un puto sueño, sueño que él, de alguna forma, también alimentó en aquellos “paseos de perro”, con aquellos chicharrones y un libro de Ian McEwan, con aquella aparición en mitad de El Bosque, en un pasado agosto de 2019, con tanto y con nada…

Se iba, él se iba, aunque ella ya lo hubiese dejador ir meses atrás, pero ahora se iba de verdad, se iba del todo y ya las calles quedaría vacías, él ya no volvería a fotografiarlas, a teñirlas de blanco y negro y… Se iba, ya no es que se hubiese pasado página, es que el libro se cerraba, y era de tapa dura.

Ya nunca será aquella hora, a esas horas, ya no lo volvería ver cruzar la plaza y su corazón no volvería a latir… Aunque él nunca lo sepa.