JEREZ 2019
Camino por esa sombría calle de mi
tierra, es mi favorita, a pesar de que el sol rara vez la toca y traspasa esas
jacarandas que empiezan a teñir de malva y pringue el suelo. Es mi calle,
algunos lo saben y yo, principalmente, lo sé, y guardo de ellas tantas
estampas, como la de un Jueves Santo con la luna llena filtrándose ente las
ramas o la de un lunes insulso en la que lo vi paseando con otra. Adoro esas
aceras y eso nada va a cambiarlo.
En esa calle hay una tienda cargada de
misterio, de intrigas, de suposiciones… Su escaparate está cubierto de polvo,
de objetos obsoletos, antiguos, desfasados… Pero es mi tienda, porque ella me
da la oportunidad de hacer lo que muchos quisieran, lo que tantos desean…
Entro y voy directa a esa Olivetti del fondo,
la que siempre espera paciente mi regreso… Sus teclas oxidadas impedirían a
muchos hundirlas hasta el fondo, mecanografiar en un blanco papel una letra… He ahí la cuestión, ella es tan mía como yo suya, anduvimos mucho tiempo sin
encontrarnos hasta que una tarde de otoño lo hicimos y juntas emprendimos este
incierto e increíble viaje… Mi máquina del tiempo…
ROMA AÑO 0
Acabo de cumplir mis treinta años al
servicio de las Vestales, hasta ayer mismo estuve instruyendo a un nuevo grupo
de jóvenes, que cuentan con apenas diez años,
en la ardua tarea de mantener el fuego del hogar encendido. Tengo casi
cuarenta años y desde que era una niña he sido sacerdotisa en este sagrado
templo. Recuerdo con nitidez el día que llegué al mismo, el miedo, las dudas; me
habían separado de mi familia, prendido de un árbol y yo no entendía bien el
por qué. Fueron duros los primeros tiempos, demasiadas normas y obligaciones,
echaba de menos los paseos por el atrio junto a mi madre, el llanto de mis
hermanos demandando cuidados. Mis manos temblaban al portar el fuego. Después,
todo se fue haciendo fácil, una bella rutina, una armónica relación con mis
hermanas.
Desde Jerusalén llegan noticias del
nacimiento de un Mesías, dicen que viene a salvar el mundo, aquí en el templo
obviamos tales hechos, además, a pesar de nuestra posición, no dejamos de ser
mujeres. En poco se tendrá en cuenta nuestra opinión al respecto, dicen que
nació del vientre de una virgen, como vírgenes permanecemos nosotras.
El día de mi decisión ha llegado, el
problema es que aún no la he tomado, soy libre de marcharme, casarme, crear mi
propio hogar, mi fuego único. Mi cabeza y mi corazón se contradicen, estoy
hecha a estas paredes, a la soledad y el sosiego, la calma y la paz… Pero mi
corazón me grita que corra a sus brazos, que nos dé la oportunidad de avivar
una nueva llama de amor. Me recuesto, la imagen de Marco late en mis sienes y
cierro los ojos, sin saber que estos nunca más volverán a abrirse…
JEREZ 2011
Cuando regreso del viaje, Óscar, el dueño,
sonríe, nunca me pregunta de dónde vengo, ni qué parte de mi vida he visto,
siempre ha sido discreto. Fue él quien, cuando crucé aquella puerta, me guió
hasta ella, sin palabras me dijo que nos estaban esperando.
GRANADA 1491
Camino por los jardines de esta fortaleza
que corona la ciudad, el agua corre por las acequias, la luna se despunta por
el horizonte, corre una fría brisa y clavo, mientras suspiro, la vista en las
estrellas. Tengo miedo de que me descubran, pero debo correr el riesgo. Me apresuro
hasta la puerta del Arrabal, con suerte el guardia estará dormido, como de
costumbre, y yo aprovecharé sus ronquidos para salir. Otras veces he podido
huir a través de los túneles, pero las últimas nieves impiden el paso a las
salidas. Alzo mi vista hacía el adarve, veo la oscura figura del durmiente, Ala
una vez más bendice mi huída. Una vez fuera, árboles y arbustos me ayudan a
ocultarme hasta llegar a mi destino.
La brisa arrecia, ahora es un viento
helado el que se me mete en el cuerpo y me cala hasta los huesos, me sujeto con
fuerza el velo que cubre mi rosto, casi he llegado, el corazón me empieza a
latir desbocado. Me siento a esperarlo en esa enorme piedra, que cada siete
días es testigo de nuestros amores.
Lo veo venir, está nervioso, me cuenta
que su Reina, a la que llaman La Católica, espera en Santa Fe la entrega de
Granada, el plazo dado está a punto de expirar y se rumorea que Boabdil tendrá
que marchar a las Alpujarras. Sé que no me miente, he escuchado entre cortinas
los reproches de mi Sultana Aixa hacía su hijo, pronto todos tendremos que
partir.
Me aferró a su cuerpo y él me abraza con
fuerza, las lágrimas empiezan a caer desbocadas por mi rostro, me aparta el
velo y me besa. Ha llegado el momento de
escapar juntos.
Veo el reflejo de la luna en la hoja de
la espada, el cuerpo inerte de Gonzalo cae a mis pies.
Mis huesos chocan con las piedras de la
Torre de la Cautiva.
JEREZ 2017
Hay veces que tardo semanas en volver a
la tienda, descubrir mi pasado me llena de incertidumbre y miedo, pero a la vez
siento una enorme curiosidad. En numerosas ocasiones he sentido la conexión al
visitar ciertos lugares, ahora sé el porqué de la misma. No, no estaba loca, yo
estuve allí. En alguna ocasión me siento a charlar con Óscar, le cuento que ese
día he estado en el Castillo Sforza, que trabajo como dama de la Princesa
Beatrice, que ese día ha invitado a la corte al Maestro Leonardo. Ensimismada
le explico cómo lo vi esbozar bocetos de sus grandes obras y cómo,
posteriormente, también oí sobre el encargo de Il cenacolo y al
hablar con él revivo aquel episodio en el que posé para Bernini. Él me escucha
paciente.
FLORENCIA 1555
Me llamo María de Médici, en los libros
de historia contarán que fallecí de malaria, como lo hicieran mis hermanos y mi
madre, pero no, no fue así. Soy la primogénita de Cosme I de Médici y Leonor de
Toledo, en esa época Duque de la Toscana. Pasé mi infancia en el Palazzo Vecchio,
hasta que mis padres decidieron fijar su residencia en el Palazzo Pitti. No
llegaré a ver muchas de las grandes obras que mi padre aportó a mi ciudad
natal, mis huesos descansarán en el Arno, junto a esa galería y bajo ese
corredor que lo uniría con el que fuese mi hogar. Si bien pude disfrutar de
aquellos jardines, en los que me sentaba a contemplar el silencio de las
estatuas de piedra que lo poblaban.
Apenas hacía unos días que había cumplido
los 15 años, era una cálida tarde de abril y la primavera empezaba a esbozar
trazos en los arboles y flores del Jardín, fue entonces que lo vi, primero me
azoré, nunca antes había visto el torso desnudo de un hombre, el sudor perlaba
su frente y sus brazos daban forma a aquellos setos del mirador. Después supe que
me había enamorado, mi estomagó dio un vuelco y agitada corrí a esconderme.
Estuve allí, agazapada, espiando cada uno de sus movimientos durante lo que
pareció una eternidad, hasta que su ojos me descubrieron y me supe perdida.
Paolo y su padre, Tonino, vivían en una
pequeña casa a las afueras del Palazzo, su hermano Carlo trabajaba en las
caballerizas. Su madre había muerto siendo él un niño. En el tiempo que duró
nuestra relación clandestina le enseñé a leer, juntos recorrimos la obra de
Dante, Petrarca, yo era su Beatriz, su Laura…
Y le descubrí a Garcilaso, poeta español, herencia de mis raíces
españolas por parte de madre. Paolo amaba el arte, admiraba la obra de
Boticelli, Miguel Ángel, Brunelleschi. Su baja posición social le impedía
estudiar, yo me convertí en su amante profesora. Él me enseñó a huir de
Palazzo, a despistar a mi dama de compañía, para así recorrer juntos las calles
de Florencia.
La suerte y el destino nos regalaron algo
más de un año de amores a escondidas, de caricias primeras, de besos y risas.
Hasta aquella tarde en que recibí la noticia de la proximidad de mi matrimonio
con Alfonso II de Este, con el que se había concertado mi casamiento años
atrás. Esa misma noche Paolo y yo nos fugamos juntos, nos descubrieron a pocos
metros del Ponte Vecchio. Mis viejas ropas no ocultaron mi rostro a los ojos de
mi padre y sus guardias.
Primero saltó él. Después lo hice yo. Las
heladas aguas del río hicieron el resto.
De ti nada dijeron, de mi que fallecí de
malaria un 19 de noviembre en la vecina Livorno.
JEREZ 2013
Hay cosas que trato de negarme, pero sé
que es inútil. La primera vez que me senté frente a aquella maquina empecé a
escribir por inercia y sucedió. En cada uno de mis viajes descubro una nueva
reencarnación y me cuesta aceptar el hecho de poseer ese don. Excepto Óscar,
nadie más sabe de todo aquello, bastante tengo con ser la loca de los gatos
como para ahora ser también la loca de los viajes en el tiempo, que arrastra un
extraño karma. No fue fácil recordar mi historia con François caído en plena
revolución francesa. Ni vernos morir en el incendio que arrasó Londres, durante
días, en el siglo diecisiete, cuando acabábamos de
volver de Roma.
EN OTRO TIEMPO Y EN OTRA CIUDAD 2030
Hace años que la tienda cerró, hace años
que Óscar nos dejó, pero sobre mi escritorio reposa la vieja Olivetti, rara vez
la uso, solo cuando quiero tranquilizarnos, mostrarte nuestro futuro, el tuyo y
el mío.
No fue fácil, no, no lo fue, aún recuerdo
el día en que te conocí, el miedo que sentí, volvías a ser tú, ese mismo
rostro, con otro nombre, con otra edad, pero eras tú y lo sabía. Te había visto
tantas veces a lo largo de mis vidas, en tantas épocas, tan distinto pero tan
igual, siempre tú. Y todo mi cuerpo tembló y todos esos miedos que durante
años, al no encontrarte, perdí volvieron y aunque todo me empujaba a ti yo me
propuse huir. ¿Qué nos separaría esta vez? Cómo contarte que tú y yo nos
casamos en Sevilla y que la tuberculosis te llevaría, como a mi primo Gustavo.
O que mientras una banda de Jazz animaba la noche, nosotros tomábamos whisky de
contrabando en el Chicago de los años 20, cómo decirte que esa noche recibimos
una mortal paliza en un oscuro callejón. Me tomarías por loca si te explicase
que durante la Segunda Guerra Mundial tú y yo vivíamos en el barrio judío de
Cracovia, que al llegar a Auschwitz no volví a verte más. Y que siendo dos
adolescentes nos acribillaron a balazos cuando tratábamos de cruzar el Muro. Tú
y yo estábamos abocados al fracaso, nuestra historia llevaba años en un extraño
bucle, está vez nos salvaría, tenía que hacerlo.
Durante años luché con mis sentimientos,
por mucho que estos me empujasen a tratar de llamar tú atención. Me dolía el
hecho de que tú no me hubieses reconocido, a menudo me veía tentada de arrástrate
hasta aquella tienda y mostrarte la verdad, sabía que tú, de tomar mi mano,
verías lo mismo que yo, éramos por destino.
No, no podía dejarme llevar por mi
egoísmo y un día tomé la firme determinación de alejarme, tenía que romper ese
karma, salir del bucle. Dejarnos libres.
Fue el viento de levante el que me hizo
regresar a la tienda de Óscar, volver a sentarme y atreverme a hacer lo que
nunca antes.
Y sucedió, nos vi, tal como éramos en ese
presente y seguí tecleando y ahí apareció nuestro futuro.
Y entonces abandoné aquella tienda y
corrí por aquella calle, en contra del viento, y llamé a tu puerta y tú abriste
y nunca más se cerró, nunca más la cerramos.
¿Qué son cruzar veintiún siglos de tiempo
por amor?
Objetos 1 y 36: Una espada o daga de cristal y Una estatua de piedra.
Este relato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí
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Y mi pegatina de Marzo


