28 de marzo de 2019

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JEREZ 2019

Camino por esa sombría calle de mi tierra, es mi favorita, a pesar de que el sol rara vez la toca y traspasa esas jacarandas que empiezan a teñir de malva y pringue el suelo. Es mi calle, algunos lo saben y yo, principalmente, lo sé, y guardo de ellas tantas estampas, como la de un Jueves Santo con la luna llena filtrándose ente las ramas o la de un lunes insulso en la que lo vi paseando con otra. Adoro esas aceras y eso nada va a cambiarlo.
En esa calle hay una tienda cargada de misterio, de intrigas, de suposiciones… Su escaparate está cubierto de polvo, de objetos obsoletos, antiguos, desfasados… Pero es mi tienda, porque ella me da la oportunidad de hacer lo que muchos quisieran, lo que tantos desean…
Entro y voy directa a esa Olivetti del fondo, la que siempre espera paciente mi regreso… Sus teclas oxidadas impedirían a muchos hundirlas hasta el fondo, mecanografiar en un blanco papel una letra… He ahí la cuestión, ella es tan mía como yo suya, anduvimos mucho tiempo sin encontrarnos hasta que una tarde de otoño lo hicimos y juntas emprendimos este incierto e increíble viaje… Mi máquina del tiempo… 


ROMA AÑO 0

Acabo de cumplir mis treinta años al servicio de las Vestales, hasta ayer mismo estuve instruyendo a un nuevo grupo de jóvenes, que cuentan con apenas diez años,  en la ardua tarea de mantener el fuego del hogar encendido. Tengo casi cuarenta años y desde que era una niña he sido sacerdotisa en este sagrado templo. Recuerdo con nitidez el día que llegué al mismo, el miedo, las dudas; me habían separado de mi familia, prendido de un árbol y yo no entendía bien el por qué. Fueron duros los primeros tiempos, demasiadas normas y obligaciones, echaba de menos los paseos por el atrio junto a mi madre, el llanto de mis hermanos demandando cuidados. Mis manos temblaban al portar el fuego. Después, todo se fue haciendo fácil, una bella rutina, una armónica relación con mis hermanas.
Desde Jerusalén llegan noticias del nacimiento de un Mesías, dicen que viene a salvar el mundo, aquí en el templo obviamos tales hechos, además, a pesar de nuestra posición, no dejamos de ser mujeres. En poco se tendrá en cuenta nuestra opinión al respecto, dicen que nació del vientre de una virgen, como vírgenes permanecemos nosotras.
El día de mi decisión ha llegado, el problema es que aún no la he tomado, soy libre de marcharme, casarme, crear mi propio hogar, mi fuego único. Mi cabeza y mi corazón se contradicen, estoy hecha a estas paredes, a la soledad y el sosiego, la calma y la paz… Pero mi corazón me grita que corra a sus brazos, que nos dé la oportunidad de avivar una nueva llama de amor. Me recuesto, la imagen de Marco late en mis sienes y cierro los ojos, sin saber que estos nunca más volverán a abrirse… 



JEREZ 2011

Cuando regreso del viaje, Óscar, el dueño, sonríe, nunca me pregunta de dónde vengo, ni qué parte de mi vida he visto, siempre ha sido discreto. Fue él quien, cuando crucé aquella puerta, me guió hasta ella, sin palabras me dijo que nos estaban esperando. 



 GRANADA 1491

Camino por los jardines de esta fortaleza que corona la ciudad, el agua corre por las acequias, la luna se despunta por el horizonte, corre una fría brisa y clavo, mientras suspiro, la vista en las estrellas. Tengo miedo de que me descubran, pero debo correr el riesgo. Me apresuro hasta la puerta del Arrabal, con suerte el guardia estará dormido, como de costumbre, y yo aprovecharé sus ronquidos para salir. Otras veces he podido huir a través de los túneles, pero las últimas nieves impiden el paso a las salidas. Alzo mi vista hacía el adarve, veo la oscura figura del durmiente, Ala una vez más bendice mi huída. Una vez fuera, árboles y arbustos me ayudan a ocultarme hasta llegar a mi destino.
La brisa arrecia, ahora es un viento helado el que se me mete en el cuerpo y me cala hasta los huesos, me sujeto con fuerza el velo que cubre mi rosto, casi he llegado, el corazón me empieza a latir desbocado. Me siento a esperarlo en esa enorme piedra, que cada siete días es testigo de nuestros amores. 
Lo veo venir, está nervioso, me cuenta que su Reina, a la que llaman La Católica, espera en Santa Fe la entrega de Granada, el plazo dado está a punto de expirar y se rumorea que Boabdil tendrá que marchar a las Alpujarras. Sé que no me miente, he escuchado entre cortinas los reproches de mi Sultana Aixa hacía su hijo, pronto todos tendremos que partir.
Me aferró a su cuerpo y él me abraza con fuerza, las lágrimas empiezan a caer desbocadas por mi rostro, me aparta el velo y me besa.  Ha llegado el momento de escapar juntos.
Veo el reflejo de la luna en la hoja de la espada, el cuerpo inerte de Gonzalo cae a mis pies.

Mis huesos chocan con las piedras de la Torre de la Cautiva. 



JEREZ 2017

Hay veces que tardo semanas en volver a la tienda, descubrir mi pasado me llena de incertidumbre y miedo, pero a la vez siento una enorme curiosidad. En numerosas ocasiones he sentido la conexión al visitar ciertos lugares, ahora sé el porqué de la misma. No, no estaba loca, yo estuve allí. En alguna ocasión me siento a charlar con Óscar, le cuento que ese día he estado en el Castillo Sforza, que trabajo como dama de la Princesa Beatrice, que ese día ha invitado a la corte al Maestro Leonardo. Ensimismada le explico cómo lo vi esbozar bocetos de sus grandes obras y cómo, posteriormente, también oí sobre el encargo de Il cenacolo y al hablar con él revivo aquel episodio en el que posé para Bernini. Él me escucha paciente. 



FLORENCIA 1555

Me llamo María de Médici, en los libros de historia contarán que fallecí de malaria, como lo hicieran mis hermanos y mi madre, pero no, no fue así. Soy la primogénita de Cosme I de Médici y Leonor de Toledo, en esa época Duque de la Toscana. Pasé mi infancia en el Palazzo Vecchio, hasta que mis padres decidieron fijar su residencia en el Palazzo Pitti. No llegaré a ver muchas de las grandes obras que mi padre aportó a mi ciudad natal, mis huesos descansarán en el Arno, junto a esa galería y bajo ese corredor que lo uniría con el que fuese mi hogar. Si bien pude disfrutar de aquellos jardines, en los que me sentaba a contemplar el silencio de las estatuas de piedra que lo poblaban.
Apenas hacía unos días que había cumplido los 15 años, era una cálida tarde de abril y la primavera empezaba a esbozar trazos en los arboles y flores del Jardín, fue entonces que lo vi, primero me azoré, nunca antes había visto el torso desnudo de un hombre, el sudor perlaba su frente y sus brazos daban forma a aquellos setos del mirador. Después supe que me había enamorado, mi estomagó dio un vuelco y agitada corrí a esconderme. Estuve allí, agazapada, espiando cada uno de sus movimientos durante lo que pareció una eternidad, hasta que su ojos me descubrieron y me supe perdida.
Paolo y su padre, Tonino, vivían en una pequeña casa a las afueras del Palazzo, su hermano Carlo trabajaba en las caballerizas. Su madre había muerto siendo él un niño. En el tiempo que duró nuestra relación clandestina le enseñé a leer, juntos recorrimos la obra de Dante, Petrarca, yo era su Beatriz, su Laura…  Y le descubrí a Garcilaso, poeta español, herencia de mis raíces españolas por parte de madre. Paolo amaba el arte, admiraba la obra de Boticelli, Miguel Ángel, Brunelleschi. Su baja posición social le impedía estudiar, yo me convertí en su amante profesora. Él me enseñó a huir de Palazzo, a despistar a mi dama de compañía, para así recorrer juntos las calles de Florencia.
La suerte y el destino nos regalaron algo más de un año de amores a escondidas, de caricias primeras, de besos y risas. Hasta aquella tarde en que recibí la noticia de la proximidad de mi matrimonio con Alfonso II de Este, con el que se había concertado mi casamiento años atrás. Esa misma noche Paolo y yo nos fugamos juntos, nos descubrieron a pocos metros del Ponte Vecchio. Mis viejas ropas no ocultaron mi rostro a los ojos de mi padre y sus guardias.
Primero saltó él. Después lo hice yo. Las heladas aguas del río hicieron el resto.

De ti nada dijeron, de mi que fallecí de malaria un 19 de noviembre en la vecina Livorno. 



JEREZ 2013

Hay cosas que trato de negarme, pero sé que es inútil. La primera vez que me senté frente a aquella maquina empecé a escribir por inercia y sucedió. En cada uno de mis viajes descubro una nueva reencarnación y me cuesta aceptar el hecho de poseer ese don. Excepto Óscar, nadie más sabe de todo aquello, bastante tengo con ser la loca de los gatos como para ahora ser también la loca de los viajes en el tiempo, que arrastra un extraño karma. No fue fácil recordar mi historia con François caído en plena revolución francesa. Ni vernos morir en el incendio que arrasó Londres, durante días, en el siglo diecisiete, cuando acabábamos de volver de Roma.



EN OTRO TIEMPO Y EN OTRA CIUDAD 2030

Hace años que la tienda cerró, hace años que Óscar nos dejó, pero sobre mi escritorio reposa la vieja Olivetti, rara vez la uso, solo cuando quiero tranquilizarnos, mostrarte nuestro futuro, el tuyo y el mío.
No fue fácil, no, no lo fue, aún recuerdo el día en que te conocí, el miedo que sentí, volvías a ser tú, ese mismo rostro, con otro nombre, con otra edad, pero eras tú y lo sabía. Te había visto tantas veces a lo largo de mis vidas, en tantas épocas, tan distinto pero tan igual, siempre tú. Y todo mi cuerpo tembló y todos esos miedos que durante años, al no encontrarte, perdí volvieron y aunque todo me empujaba a ti yo me propuse huir. ¿Qué nos separaría esta vez? Cómo contarte que tú y yo nos casamos en Sevilla y que la tuberculosis te llevaría, como a mi primo Gustavo. O que mientras una banda de Jazz animaba la noche, nosotros tomábamos whisky de contrabando en el Chicago de los años 20, cómo decirte que esa noche recibimos una mortal paliza en un oscuro callejón. Me tomarías por loca si te explicase que durante la Segunda Guerra Mundial tú y yo vivíamos en el barrio judío de Cracovia, que al llegar a Auschwitz no volví a verte más. Y que siendo dos adolescentes nos acribillaron a balazos cuando tratábamos de cruzar el Muro. Tú y yo estábamos abocados al fracaso, nuestra historia llevaba años en un extraño bucle, está vez nos salvaría, tenía que hacerlo. 
Durante años luché con mis sentimientos, por mucho que estos me empujasen a tratar de llamar tú atención. Me dolía el hecho de que tú no me hubieses reconocido, a menudo me veía tentada de arrástrate hasta aquella tienda y mostrarte la verdad, sabía que tú, de tomar mi mano, verías lo mismo que yo, éramos por destino. 
No, no podía dejarme llevar por mi egoísmo y un día tomé la firme determinación de alejarme, tenía que romper ese karma, salir del bucle. Dejarnos libres.
Fue el viento de levante el que me hizo regresar a la tienda de Óscar, volver a sentarme y atreverme a hacer lo que nunca antes.
Y sucedió, nos vi, tal como éramos en ese presente y seguí tecleando y ahí apareció nuestro futuro.
Y entonces abandoné aquella tienda y corrí por aquella calle, en contra del viento, y llamé a tu puerta y tú abriste y nunca más se cerró, nunca más la cerramos.


¿Qué son cruzar veintiún siglos de tiempo por amor? 



Objetivo 11: Narra la aventura de alguien que viaja en el tiempo.

Objetos 1 y 36: Una espada o daga de cristal y Una estatua de piedra.

Este relato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí

Y mi pegatina de Marzo 


Sed gris



La sala es gris y oscura, la luz apenas se palpa. Yo permanezco inmóvil en mi lugar, junto a una lata de sardinas caducada que en algún momento tratará de saciar un hambre acumulada. Mi único consuelo es saber que ellas precisan de mí para aliviar su sed.

Noto el miedo en la madre, la incertidumbre, la nostalgia y el anhelo en la hija, como esa mujer trata de forma insistente calmar a su pequeña. Es consciente del peligro, de lo que las acecha. Pero no quiere perder la esperanza, no a ojos de su niña.

Noto el temblor y el estruendo, ya vienen, todo se tambalea, la cría entona la cuenta atrás... La puerta se quiebra y ellos entran.

Caigo de la estantería y me rompo en mil pedazos, cubriendo el suelo de agua.

Me ahogo en mi mismo, extraño final para un botijo… Y para el mundo.


Objetivo 1: Haz que el protagonista sea un botijo o un objeto maldito. 

Objetos 9: Una lata de conservas caducada. 

Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí

Y enlaza con el de @Bluekamille pincha aquí


13 de marzo de 2019

El arroz...




     A mí no se me pasó el arroz, se me pasaron las ganas… Que es distinto.

Esa fue la respuesta que le dio Claudia a su compañera de trabajo. Seis días de retraso y seis días extra de hormonas gobernando su vida. Su tranquilidad esa, que embarazada tenía clarísimo que no estaba… De no existir esa certeza se habría hecho convertido en Spiderman y escalaría por las paredes, pero no, ese no era el caso… Para ella un embarazo a esas alturas de su vida sería, como se dice, un jarro de agua fría… Era eso, ella ya no se veía en esa tesitura y por mucho que años atrás el ser madre fuese un anhelo, ya no, ya su proyecto de vida era muy distinto y era eso, las ganas no existían… Ella ya había adoptado el papel de tita, a quien Dios no le da hijos el Diablo le da sobrinos…  Ella soñaba con viajar, con descubrir, con sus ratos de no hacer nada, con leer, salir y entrar… Con una vida para ella… Una orgullosa madre de gatos, que le decían unos, la loca de los gatos para otros… Pero hijos no, ya no… Y estaba harta de las frases hechas, de oír eso de que una mujer sin hijos… Harta, muy harta… Como de otras muchas cosas… Es que ella, para muchos o para los que fuese, era un espécimen raro, sin pareja, sin hijos…  ¿Y? A ella siempre le gustaron los niños, ella durante muchos años quiso ser madre, pero… Era eso, su vida había tomado otro rumbo…

Era curioso, pero ese año parecía que había “epidemia” Había perdido la cuenta de cuánto “Huevo Kinder” había a su alrededor, más o menos cercano, pero era eso, parecía que se habían puesto de acuerdo… Y ella, al ver a sus amigas luciendo bombos solo pensaba en lo feliz que sería malcriando… Pero ya no sentía ese extraño recelo que pudo sentir en el pasado, es que no, ya no se veía… Y no solo por el hecho de no tener pareja, es que de tenerla, quizá las ganas fueran, de ser posible, aún menos…

Pero era eso, decir aquello, expresar ese sentimiento, era como que… Y estaba eso, harta de etiquetas, de cosas que por ser mujer debes de querer siempre… Lo típico ¿no? Como lo lógico es estar en pareja y buscar un hombre que te solucione la vida y también le cansaba eso… Ella jamás necesitó a un “hombre”… Si un compañero… Y tampoco era necesidad… Era más bien un sueño o un anhelo… Ella sabía arreglar enchufes, cambiar bombillas, pintar paredes, colgar cuadros… Sí, ella no tenía fuerza para hacer ciertas cosas, pero se las ingeniaba…  Es más, ella disfrutaba más montando un mueble que haciendo de comer… Pero en esta nuestra sociedad, pues ya se sabe…

Es más de una ocasión le había tocado escuchar que su “soledad” se debía a eso, a que destilaba independencia, suficiencia… Incluso el que ser inteligente también la hacía espantar a los “hombres”… Ella entonces se encogía de hombros y… Si aquellas cosas eran las culpables de su “soledad” pues… Sola seguiría… Era eso, no necesitaba de un “hombre”… De estar con alguien a su lado esa persona tenía que tener claro que ella era así… Pero claro, es que un “hombre”, parece ser, es lo que se debe necesitar… Lo de buscar una persona que te aliente, que te acompañe en tus aficiones, que te enseñe o te descubra otras, que te tome de la mano, que ría o llore contigo, que te abrace, que te ayude a corregir defectos, compartir una libertad, un espacio común y un espacio propio, una vida paralela y otra perpendicular, una fidelidad no forzada… Eso, eso para qué sirve… Eso es, es síntoma de lo rara que eres y de lo sola que te vas a quedar… Pues nada…. Tiremos de refrán… Mejor solos que…. Pues eso, es que ella “hombres” tuvo, incluso marido… Y ahora se le había antojado un compañero, ya ves… Si es que… Vaya antojos y encima sin estar embarazada… Telita…

Y ya la rehostia era cuando le decían que ella qué iba a saber… Pues a ver, algo de experiencia, a ratos equipaje, tenía… De algo tenía que servir lo vivido y los años… No solo para crear miedos… Y sí, ahí no podía negar que el miedo si fuese el culpable de alguna cosa, pero… El miedo, la costumbre, la zona del confort, el pensar y si otra vez es lo mismo… Y contra eso si luchaba, porque que aquello gobernara su vida o impidiese algo pues si le pesaba…  Justo un año antes ella abrió una puerta y recibió un portazo… Y fue una historia jodida, mucho, por muchas cosas… Y le jodía, porque le costó mucho dar aquel paso, porque quizá de no haber dado ahora no estaría así, acurrucada en miedos que ya perdió y que sin ser consciente volvieron…  Porque un año después analizaba y… ¿Qué le enseñó aquello? Nada, porque ella siempre se dijo que ideologías tan distintas malo… Pero si se creyó esa amistad, ese interés, esos consejos de la gente… Y al final… Su miedo se acrecentó, es lo único que tenía claro, su desconfianza se hizo demasiado grande… Era eso, podía ser eso, lo que la hiciese abrazar esa “soledad” en la que vivía… Pero…

Y no estaba sola…Y a su vez lo estaría hasta que las distancias no se cubriesen…



4 de marzo de 2019

Con lo amargo...



Te acostumbras a vivir con un continuo sabor amargo en el paladar, te acostumbras a vivir con el dolor crónico de las secuelas que te quedaron hace ya diez años, te acostumbras a ganar a veces y a perder otras tantas, te acostumbras a todo, el hombre es un animal de costumbres, siempre lo he dicho, siempre lo he pensado. Lo más difícil quizá sea acostumbrase a ser feliz con las cargas que arrastramos, con las decepciones, con los sueños que no se cumplen, quizá lo difícil sea eso, aprender que todo forma parte de la vida, que los años pasan y que si no te aferras a la costumbre de superar nunca te acostumbrarás a vivir.

Nos acostumbramos a sentir culpa, la hacemos parte de nosotros, nos acostumbraos a nuestros miedos y llega un momento en que no somos capaces de superarlos, llega un momento en que te acostumbras  a no querer enfrentar las cosas y te ciegas… Te acostumbras a irte, a los amores no correspondidos, a la falta de empatía, es fácil acostumbrarse a lo malo, a culpar al destino…

Nos acostumbramos a fabricar corazas, a mirar para otro lado, a ocultar sentimientos…

La fuerza de la costumbre…

Y te acostumbras a mentirte, a protegerte, a huir…

Y te acostumbras sin ser consciente, con el paso de los años vas arrastrando costumbres hasta que un día, sin saber ni cómo ni cuándo, esas costumbres te golpean la cara y ya es tarde, al menos eso piensas, al menos eso te dice la costumbre…

Te acostumbras a que te vean como la persona que en el fondo no eres, a esa que tú mismo fabricaste, a modo de escudo, a modo de armadura… Pero un día alguien, así de la nada te desmonta el personaje y te suelta esa verdad que ocultas, alguien que sin conocerte te ha conocido, ha sido capaz de traspasar esa barrera permanente con la que te has acostumbrado a vivir…

Y entonces te sientes desnudo, desprotegido y a eso no estás acostumbrado… Y te agobias al pensar cuántos más sabrán la verdad, a cuántos estás expuesto, porque esa verdad te hace tan vulnerable y tienes miedo de que te hieran, de que sepan la realidad, porque ese no es el papel que habías elegido…

Tú, que creías que nadie veía eso, que todos te tenían por una persona fuerte, valiente,  decidida, segura de sí misma, independiente, pasota, fría… Te acojonas al ver que alguien ha descubierto tu talón de Aquiles y te dice a bocajarro que dejes esa pose de perdonavidas, de dura, de intocable…

Pero es que te habías acostumbrado a vivir así, has querido acostumbrarte a eso, porque todo resultaba más fácil, porque así no te herían o fingías que no lo hacían… Porque tú te has acostumbrado a llorar en silencio, a la soledad, a no contar, a ponerte caretas de sonrisas y dar consejos que no te aplicas. Porque tú has aprendido a bailar con las llamas de tu infierno y así todo resulta mejor, porque eres un alma del averno, pero sabes que allí se vive mejor… El cielo está demasiado alto y tú de siempre has tenido vértigo…

Aquella tarde te sentiste interrogado, él sabía cómo hacerlo, era su profesión y quizá por eso supo descubrir tus mentiras, sin apenas conocerte… Pero lo cierto es que puso sobre la mesa una serie de hechos probados que no supiste como rebatir, porque eran la verdad, tú verdad y te quedaste sin palabras y quisiste defenderte, pero en el fondo sabías que estabas perdido…

Y un día te sientas frente al ordenador y cuentas todo aquello, pero no lo cuentas, porque no, no vas a dejar por escrito toda la verdad, porque te has acostumbrado a contar lo que quieres contar, porque aún crees que sí, que puedes seguir ocultando, porque de no ser así…

Aquella persona te dijo que tu problema era el ser demasiado transparente, el problema de esta sociedad es pensar que todos ocultamos algo y utilizas a tu favor eso, el que muchos no serán conscientes de esa transparencia, nos hemos acostumbrado a pensar mal… Y esa es tu ventaja, que solo los que se paran a rascar, o los que te quieren, sabrán que no eres tan complicado, ni tan oscuro, ni tan… Eres lo que eres y en el fondo es fácil verlo, tu personaje es débil, mucho, pero no todos tienen la capacidad de descubrirlo y eso te da la fuerza para seguir jugando a ser él…


Seguirás llevando las Ray-Ban, esas que caracterizan al personaje… Para ocultar las miradas de unos ojos que hablan…