13 de marzo de 2019

El arroz...




     A mí no se me pasó el arroz, se me pasaron las ganas… Que es distinto.

Esa fue la respuesta que le dio Claudia a su compañera de trabajo. Seis días de retraso y seis días extra de hormonas gobernando su vida. Su tranquilidad esa, que embarazada tenía clarísimo que no estaba… De no existir esa certeza se habría hecho convertido en Spiderman y escalaría por las paredes, pero no, ese no era el caso… Para ella un embarazo a esas alturas de su vida sería, como se dice, un jarro de agua fría… Era eso, ella ya no se veía en esa tesitura y por mucho que años atrás el ser madre fuese un anhelo, ya no, ya su proyecto de vida era muy distinto y era eso, las ganas no existían… Ella ya había adoptado el papel de tita, a quien Dios no le da hijos el Diablo le da sobrinos…  Ella soñaba con viajar, con descubrir, con sus ratos de no hacer nada, con leer, salir y entrar… Con una vida para ella… Una orgullosa madre de gatos, que le decían unos, la loca de los gatos para otros… Pero hijos no, ya no… Y estaba harta de las frases hechas, de oír eso de que una mujer sin hijos… Harta, muy harta… Como de otras muchas cosas… Es que ella, para muchos o para los que fuese, era un espécimen raro, sin pareja, sin hijos…  ¿Y? A ella siempre le gustaron los niños, ella durante muchos años quiso ser madre, pero… Era eso, su vida había tomado otro rumbo…

Era curioso, pero ese año parecía que había “epidemia” Había perdido la cuenta de cuánto “Huevo Kinder” había a su alrededor, más o menos cercano, pero era eso, parecía que se habían puesto de acuerdo… Y ella, al ver a sus amigas luciendo bombos solo pensaba en lo feliz que sería malcriando… Pero ya no sentía ese extraño recelo que pudo sentir en el pasado, es que no, ya no se veía… Y no solo por el hecho de no tener pareja, es que de tenerla, quizá las ganas fueran, de ser posible, aún menos…

Pero era eso, decir aquello, expresar ese sentimiento, era como que… Y estaba eso, harta de etiquetas, de cosas que por ser mujer debes de querer siempre… Lo típico ¿no? Como lo lógico es estar en pareja y buscar un hombre que te solucione la vida y también le cansaba eso… Ella jamás necesitó a un “hombre”… Si un compañero… Y tampoco era necesidad… Era más bien un sueño o un anhelo… Ella sabía arreglar enchufes, cambiar bombillas, pintar paredes, colgar cuadros… Sí, ella no tenía fuerza para hacer ciertas cosas, pero se las ingeniaba…  Es más, ella disfrutaba más montando un mueble que haciendo de comer… Pero en esta nuestra sociedad, pues ya se sabe…

Es más de una ocasión le había tocado escuchar que su “soledad” se debía a eso, a que destilaba independencia, suficiencia… Incluso el que ser inteligente también la hacía espantar a los “hombres”… Ella entonces se encogía de hombros y… Si aquellas cosas eran las culpables de su “soledad” pues… Sola seguiría… Era eso, no necesitaba de un “hombre”… De estar con alguien a su lado esa persona tenía que tener claro que ella era así… Pero claro, es que un “hombre”, parece ser, es lo que se debe necesitar… Lo de buscar una persona que te aliente, que te acompañe en tus aficiones, que te enseñe o te descubra otras, que te tome de la mano, que ría o llore contigo, que te abrace, que te ayude a corregir defectos, compartir una libertad, un espacio común y un espacio propio, una vida paralela y otra perpendicular, una fidelidad no forzada… Eso, eso para qué sirve… Eso es, es síntoma de lo rara que eres y de lo sola que te vas a quedar… Pues nada…. Tiremos de refrán… Mejor solos que…. Pues eso, es que ella “hombres” tuvo, incluso marido… Y ahora se le había antojado un compañero, ya ves… Si es que… Vaya antojos y encima sin estar embarazada… Telita…

Y ya la rehostia era cuando le decían que ella qué iba a saber… Pues a ver, algo de experiencia, a ratos equipaje, tenía… De algo tenía que servir lo vivido y los años… No solo para crear miedos… Y sí, ahí no podía negar que el miedo si fuese el culpable de alguna cosa, pero… El miedo, la costumbre, la zona del confort, el pensar y si otra vez es lo mismo… Y contra eso si luchaba, porque que aquello gobernara su vida o impidiese algo pues si le pesaba…  Justo un año antes ella abrió una puerta y recibió un portazo… Y fue una historia jodida, mucho, por muchas cosas… Y le jodía, porque le costó mucho dar aquel paso, porque quizá de no haber dado ahora no estaría así, acurrucada en miedos que ya perdió y que sin ser consciente volvieron…  Porque un año después analizaba y… ¿Qué le enseñó aquello? Nada, porque ella siempre se dijo que ideologías tan distintas malo… Pero si se creyó esa amistad, ese interés, esos consejos de la gente… Y al final… Su miedo se acrecentó, es lo único que tenía claro, su desconfianza se hizo demasiado grande… Era eso, podía ser eso, lo que la hiciese abrazar esa “soledad” en la que vivía… Pero…

Y no estaba sola…Y a su vez lo estaría hasta que las distancias no se cubriesen…



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