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A mí no se me pasó el arroz, se me pasaron las
ganas… Que es distinto.
Esa fue la respuesta que le dio Claudia a su compañera de
trabajo. Seis días de retraso y seis días extra de hormonas gobernando su vida.
Su tranquilidad esa, que embarazada tenía clarísimo que no estaba… De no
existir esa certeza se habría hecho convertido en Spiderman y escalaría por las
paredes, pero no, ese no era el caso… Para ella un embarazo a esas alturas de
su vida sería, como se dice, un jarro de agua fría… Era eso, ella ya no se veía
en esa tesitura y por mucho que años atrás el ser madre fuese un anhelo, ya no,
ya su proyecto de vida era muy distinto y era eso, las ganas no existían… Ella
ya había adoptado el papel de tita, a quien Dios no le da hijos el Diablo le da
sobrinos… Ella soñaba con viajar, con
descubrir, con sus ratos de no hacer nada, con leer, salir y entrar… Con una
vida para ella… Una orgullosa madre de gatos, que le decían unos, la loca de
los gatos para otros… Pero hijos no, ya no… Y estaba harta de las frases
hechas, de oír eso de que una mujer sin hijos… Harta, muy harta… Como de otras muchas
cosas… Es que ella, para muchos o para los que fuese, era un espécimen raro,
sin pareja, sin hijos… ¿Y? A ella
siempre le gustaron los niños, ella durante muchos años quiso ser madre, pero…
Era eso, su vida había tomado otro rumbo…
Era curioso, pero ese año parecía que había “epidemia” Había
perdido la cuenta de cuánto “Huevo Kinder” había a su alrededor, más o menos
cercano, pero era eso, parecía que se habían puesto de acuerdo… Y ella, al ver
a sus amigas luciendo bombos solo pensaba en lo feliz que sería malcriando…
Pero ya no sentía ese extraño recelo que pudo sentir en el pasado, es que no,
ya no se veía… Y no solo por el hecho de no tener pareja, es que de tenerla, quizá
las ganas fueran, de ser posible, aún menos…
Pero era eso, decir aquello, expresar ese sentimiento, era
como que… Y estaba eso, harta de etiquetas, de cosas que por ser mujer debes de
querer siempre… Lo típico ¿no? Como lo lógico es estar en pareja y buscar un
hombre que te solucione la vida y también le cansaba eso… Ella jamás necesitó a
un “hombre”… Si un compañero… Y tampoco era necesidad… Era más bien un sueño o
un anhelo… Ella sabía arreglar enchufes, cambiar bombillas, pintar paredes,
colgar cuadros… Sí, ella no tenía fuerza para hacer ciertas cosas, pero se las
ingeniaba… Es más, ella disfrutaba más
montando un mueble que haciendo de comer… Pero en esta nuestra sociedad, pues
ya se sabe…
Es más de una ocasión le había tocado escuchar que su “soledad”
se debía a eso, a que destilaba independencia, suficiencia… Incluso el que ser
inteligente también la hacía espantar a los “hombres”… Ella entonces se encogía
de hombros y… Si aquellas cosas eran las culpables de su “soledad” pues… Sola
seguiría… Era eso, no necesitaba de un “hombre”… De estar con alguien a su lado
esa persona tenía que tener claro que ella era así… Pero claro, es que un “hombre”,
parece ser, es lo que se debe necesitar… Lo de buscar una persona que te
aliente, que te acompañe en tus aficiones, que te enseñe o te descubra otras,
que te tome de la mano, que ría o llore contigo, que te abrace, que te ayude a
corregir defectos, compartir una libertad, un espacio común y un espacio
propio, una vida paralela y otra perpendicular, una fidelidad no forzada… Eso,
eso para qué sirve… Eso es, es síntoma de lo rara que eres y de lo sola que te
vas a quedar… Pues nada…. Tiremos de refrán… Mejor solos que…. Pues eso, es que
ella “hombres” tuvo, incluso marido… Y ahora se le había antojado un compañero,
ya ves… Si es que… Vaya antojos y encima sin estar embarazada… Telita…
Y ya la rehostia era cuando le decían que ella qué iba a saber…
Pues a ver, algo de experiencia, a ratos equipaje, tenía… De algo tenía que
servir lo vivido y los años… No solo para crear miedos… Y sí, ahí no podía
negar que el miedo si fuese el culpable de alguna cosa, pero… El miedo, la
costumbre, la zona del confort, el pensar y si otra vez es lo mismo… Y contra
eso si luchaba, porque que aquello gobernara su vida o impidiese algo pues si
le pesaba… Justo un año antes ella abrió
una puerta y recibió un portazo… Y fue una historia jodida, mucho, por muchas
cosas… Y le jodía, porque le costó mucho dar aquel paso, porque quizá de no
haber dado ahora no estaría así, acurrucada en miedos que ya perdió y que sin
ser consciente volvieron… Porque un año
después analizaba y… ¿Qué le enseñó aquello? Nada, porque ella siempre se dijo
que ideologías tan distintas malo… Pero si se creyó esa amistad, ese interés,
esos consejos de la gente… Y al final… Su miedo se acrecentó, es lo único que
tenía claro, su desconfianza se hizo demasiado grande… Era eso, podía ser eso,
lo que la hiciese abrazar esa “soledad” en la que vivía… Pero…
Y no estaba sola…Y a su vez lo estaría hasta que las
distancias no se cubriesen…
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