4 de marzo de 2019

Con lo amargo...



Te acostumbras a vivir con un continuo sabor amargo en el paladar, te acostumbras a vivir con el dolor crónico de las secuelas que te quedaron hace ya diez años, te acostumbras a ganar a veces y a perder otras tantas, te acostumbras a todo, el hombre es un animal de costumbres, siempre lo he dicho, siempre lo he pensado. Lo más difícil quizá sea acostumbrase a ser feliz con las cargas que arrastramos, con las decepciones, con los sueños que no se cumplen, quizá lo difícil sea eso, aprender que todo forma parte de la vida, que los años pasan y que si no te aferras a la costumbre de superar nunca te acostumbrarás a vivir.

Nos acostumbramos a sentir culpa, la hacemos parte de nosotros, nos acostumbraos a nuestros miedos y llega un momento en que no somos capaces de superarlos, llega un momento en que te acostumbras  a no querer enfrentar las cosas y te ciegas… Te acostumbras a irte, a los amores no correspondidos, a la falta de empatía, es fácil acostumbrarse a lo malo, a culpar al destino…

Nos acostumbramos a fabricar corazas, a mirar para otro lado, a ocultar sentimientos…

La fuerza de la costumbre…

Y te acostumbras a mentirte, a protegerte, a huir…

Y te acostumbras sin ser consciente, con el paso de los años vas arrastrando costumbres hasta que un día, sin saber ni cómo ni cuándo, esas costumbres te golpean la cara y ya es tarde, al menos eso piensas, al menos eso te dice la costumbre…

Te acostumbras a que te vean como la persona que en el fondo no eres, a esa que tú mismo fabricaste, a modo de escudo, a modo de armadura… Pero un día alguien, así de la nada te desmonta el personaje y te suelta esa verdad que ocultas, alguien que sin conocerte te ha conocido, ha sido capaz de traspasar esa barrera permanente con la que te has acostumbrado a vivir…

Y entonces te sientes desnudo, desprotegido y a eso no estás acostumbrado… Y te agobias al pensar cuántos más sabrán la verdad, a cuántos estás expuesto, porque esa verdad te hace tan vulnerable y tienes miedo de que te hieran, de que sepan la realidad, porque ese no es el papel que habías elegido…

Tú, que creías que nadie veía eso, que todos te tenían por una persona fuerte, valiente,  decidida, segura de sí misma, independiente, pasota, fría… Te acojonas al ver que alguien ha descubierto tu talón de Aquiles y te dice a bocajarro que dejes esa pose de perdonavidas, de dura, de intocable…

Pero es que te habías acostumbrado a vivir así, has querido acostumbrarte a eso, porque todo resultaba más fácil, porque así no te herían o fingías que no lo hacían… Porque tú te has acostumbrado a llorar en silencio, a la soledad, a no contar, a ponerte caretas de sonrisas y dar consejos que no te aplicas. Porque tú has aprendido a bailar con las llamas de tu infierno y así todo resulta mejor, porque eres un alma del averno, pero sabes que allí se vive mejor… El cielo está demasiado alto y tú de siempre has tenido vértigo…

Aquella tarde te sentiste interrogado, él sabía cómo hacerlo, era su profesión y quizá por eso supo descubrir tus mentiras, sin apenas conocerte… Pero lo cierto es que puso sobre la mesa una serie de hechos probados que no supiste como rebatir, porque eran la verdad, tú verdad y te quedaste sin palabras y quisiste defenderte, pero en el fondo sabías que estabas perdido…

Y un día te sientas frente al ordenador y cuentas todo aquello, pero no lo cuentas, porque no, no vas a dejar por escrito toda la verdad, porque te has acostumbrado a contar lo que quieres contar, porque aún crees que sí, que puedes seguir ocultando, porque de no ser así…

Aquella persona te dijo que tu problema era el ser demasiado transparente, el problema de esta sociedad es pensar que todos ocultamos algo y utilizas a tu favor eso, el que muchos no serán conscientes de esa transparencia, nos hemos acostumbrado a pensar mal… Y esa es tu ventaja, que solo los que se paran a rascar, o los que te quieren, sabrán que no eres tan complicado, ni tan oscuro, ni tan… Eres lo que eres y en el fondo es fácil verlo, tu personaje es débil, mucho, pero no todos tienen la capacidad de descubrirlo y eso te da la fuerza para seguir jugando a ser él…


Seguirás llevando las Ray-Ban, esas que caracterizan al personaje… Para ocultar las miradas de unos ojos que hablan…



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