31 de mayo de 2019

Máxima audiencia...



Laura apretó los puños. Un sudor frió recorría su espalda, contenía la respiración. Notaba el aliento del peso de la ley sobre la nuca. Sabía lo que iba a ocurrir y todo por una maldita foto. No, lo realmente maldito era ese mundo en que vivía. Estaba cansada de ver, como si de anuncios publicitarios se tratase, la vida de todos sus convecinos. Esa podrida sociedad los impulsaba a mostrar al detalle cada uno sus movimientos. Solo ella y los de su asociación luchaban contra esas normas que se habían establecido en la era de La Vida Escaparate.

— ¿Qué pretendías hacer con esta foto? —Preguntó el miembro del Consejo de Publicaciones.
—Es un recuerdo, algo personal, la tomé con mi vieja Polaroid.

Esa hija de puta la había vendido, esa que cada tarde, a través de su canal de YouTube, le mostraba al mundo su aparente vida feliz.

Laura fue condenada al exilio, una cámara vigilaba cada uno de sus pasos y retransmitía sus miserias al País. Ese tipo de programas eran de máxima audiencia.




Objetivo 8: Escribe un relato distópico

Objeto 23: Una vieja foto o Polaroid.

Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí

Y enlaza con el de @Gemaseelie pincha aquí

PEGATINA 


26 de mayo de 2019

A mi luna...



Hoy cumples tu primera década, a veces te cuento que llegaste al mundo por cesárea, porque tu mamá gatuna, Micaela, estaba enferma, así que necesitó la ayuda de Rafa, el que sigue siendo tu veterinario; y al que sé que le tienes manía. Tu mamá Micaela era increíble, a pesar de todo ella supo cuidaros a ti y a tus hermanas, incluso un día os salvó del ataque de otro gato. Aún la recuerdo, cargando contigo y con Lola, era preciosa. A tu hermana Kitty solo la he visto en fotos, se parece a ti, a Lola la veo cada vez que voy a casa de la tita Natalia, ella se parece más a mamá Micaela, tú y Kitty a papá, uno de los gatos de Andrés. Hace diez años, cuando naciste, yo estaba a escasos días de operarme de la espalda, te han tocado dos mamás con taras, pero tú lograste que las dos sacásemos fuerzas, a Micaela para criarte y a mí para llegar a dónde estoy hoy.

No fue hasta el 4 de julio que te conocí, en ese tiempo, pues eso, me operaron, me “recuperé" y cumplí los 31. Aún recuerdo aquella tarde, hacía un calor de mil demonios, llegué a casa de la tita Natalia y allí estabais las tres. Ya te escribí hace algunos años que, aunque amante de los animales, no me terminaba de convencer el hecho de tener un gato, pero también te escribí que lo nuestro fue un amor a primera vista. Desde el primer momento en que te vi supe que teníamos que estar juntas, obvio que no me imaginaba todo lo de después, pero quizá tú instinto felino si supo verlo y por eso te acercaste a mí. Me costó, eso también te lo escribí, pero logré convencer a Migue para traerte a casa, igual yo también intuía algo y no lo sabía… Fue el 7 de julio el día elegido, te recuerdo perdida por la casa, asustada, escondida debajo del sofá… El día en que no encontraste la arena y… Tu agobio, tus maullidos… Aquel tubo de cartón que te encantaba, la primera siesta juntas, las noches en que me despertaba sobresaltada y salía a buscarte pensando en que te podía haber pasado algo… Las tardes en que te acurrucabas debajo de la bandeja del portátil y te dormías en mi falda. La primera noche que Migue y yo no pasamos en casa y que tú nos recriminaste a base de maullidos a la vuelta, por no hablar del primer viaje… Te pasaste horas sin mirarme… Y jamás olvidaré aquel día en que la pesadilla volvió y tú te subiste a la silla y, de la nada, me empezaste a acariciar la cicatriz.

Recuerdo aquel febrero, poco más de año y medio después de tu llegada, cuando nos quedamos las dos solas… Tú me ayudaste a seguir, a levantarme cada día, ya lo habías hecho durante la eterna baja, cuando la incapacidad, cuando el desamor… Tú fuiste la pieza clave en esos años, lo sigues siendo… Aquella noche dejé la puerta del cuarto abierta y tú te viniste a dormir conmigo… Me conoces, sabes que no me acostumbro a dormir sola… Y sabes también que te extraño cuando no vienes, pero que te respeto… Porque tú me has enseñado eso, a amar y querer sin depender, respetando espacios, bueno, quizá más que enseñar me diste la razón, yo no estoy hecha para otro tipo de amores, tú viniste a abrirme los ojos…  Yo quiero querer y que me quieran como a los gatos… Y por eso tú y yo nos entendemos y por eso Leo, a ratos, nos desquicia, porque él es medio perro xD. 

Tú y yo conectamos desde el primer momento, sé que nos reconocimos, somos difíciles las dos, ariscas, nos mostramos desconfiadas, pero si nos conquistan, si pasan el filtro, somos amor… Tú eres así, te cuesta acercarte a la gente, pero una vez te ganan es para siempre… La única diferencia es que tú cada vez eres más sociable y yo no, quizás tenga que fijarme más en ti, pero me cuesta, mucho, cada día un poco más…

Luna, son diez años de tu vida, casi diez en esta casa, diez años que hemos compartido. Han sido diez años difíciles, mucho, con muchas subidas y bajadas; incluso tú has pasado por malos momentos y ahora, como yo, tienes heridas de guerra… Y te puedo decir que, de esos diez años, ha sido de las peores semanas que he pasado y mira que… Pero el hecho de perderte me daba pánico, porque no sé qué sería de mí sin ti… Y sé que… Pero… No era el momento, no lo era y no lo fue… Ahora ya eso pasó, como pasó aquella primera pelea con Leo y como pasó la segunda, menos mal… Y es que, por mucho que tú seas mi ojito derecho, él es único y… Os necesito a los dos. Tú eres la paz y la sonrisa y él la risa y la “desesperación”…  El yin y el yang.

Una década mi bichina, una cuarta parte de mi vida, pero sin duda los años que más me han enseñado y más me han cambiado… Y tú has estado ahí, tú has sido mi compañera, mi luz, mi apoyo… Te debo tanto… Y lo importante es que sé que me quieres, que a pesar de todo, de los malos ratos, de las subidas y bajadas, tú no sientes que contigo haya fallado, porque me lo dicen tus miradas, me lo dice esa patita que se aferra mi mano, esos ojos que me buscan cuando despierto…

Gracias Luna, gracias, tú supiste verme, yo supe verte… Juntas llegaremos a ser nuestra mejor versión.  

Que, como a mí, tu nana siempre te acompañe. Te quiero mi pequeña. 




22 de mayo de 2019

El secreto...





Cada tarde repetía el mismo ritual; abría la cancela, atravesaba el camino, empujaba la puerta, bajaba los escalones, suspiraba y se sentaba junto a ella.  Muchas veces no sabía por dónde empezar a contarle todo lo acontecido en su día, se le hacía difícil explicarle ciertas cosas, pero no le importaba, al final las palabras terminaban por salir, aunque fuesen en forma de recuerdo.

—No sé si te acuerdas del fin de semana que pasamos con tus primos en Conil. Recuerdo lo bien que te quedaba aquel pareo de flores y mira que tú nunca fuiste muy amante de los estampados, pero lo cierto es que te sentaban de maravilla. Bueno, lo que te decía, ese día estaba molesta, mi jefe se había empeñado en que fuese yo la que presentase el escrito pendiente ese lunes, pero por más que le dije que tenía planes no hubo forma, al final vosotros bajasteis al chiringuito y yo me quedé trabajando en el apartamento. Nunca te lo dije, pero os vi, no sé porque te confieso esto ahora, pero es algo que me ha machacado durante años. A eso de las doce decidí cortar y bajé hasta el paseo para ver si os encontraba. Tú te habías dejado el móvil y las chicas no contestaban, así que me dediqué a dar vueltas por los alrededores del chiringuito, y al no localizaros entré.

Oyó un ruido en el exterior que hizo que se sobresaltara, debía ser en jardinero, Miguel era un buen hombre, a veces también se pasaba un rato de charla con él, le gustaba oír sus historias, de cómo a su abuelo no lograron cogerlo durante la dictadura y de cómo se había pasado más de 30 años viviendo en una cabaña en las montañas, junto a otros cuatro compañeros, a los que sus mujeres, por turnos, les llevaban comida cada seis días, comida que apena les daba para dos.“Ellos lograron escapar, pero sabe Alicia, siempre vivieron como si no lo hubiesen hecho”. Ella asentía, le apretaba el hombro para calmarlo y se despedía de él. Aquella tarde no subió, no era el momento, tenía que terminar de soltar la retahíla que tenía programada. Además, después había quedado con Sergio, su chico, y aún tenía que arreglarse... 


—A ver, María, yo no es que quiera remover mierda ahora, sé que debo olvidarlo, que todo aquello lo vi sin querer, porque no, ni tú ni yo queríamos que pasase, vamos tú más bien pensaste que no lo vería, pero lo hice. Nos conocemos desde niñas, siempre has sido igual, no es algo que pueda reprocharte, pero aquella noche fue distinto. La verdad es que no sé cómo me pude contener cuando llegaste al apartamento, eran cerca de las seis de la mañana y tu cara bien podría haber servido para un desfile de zombis. No lo entendí, supongo que era por el sueño acumulado, pero me faltaron las fuerzas para cruzarte la cara. Te libraste por muy poco.


Pasaban diez minutos de la hora acordada y Sergio empezaba a impacientarse, no entendía la manía de su chica de ir a hablar con María, cada día, como si fuese a servir de algo. Miraba a un lado y a otro esperando verla aparecer, bien podría andar los metros que los separaba, pero no le apetecía, permanecería allí, junto a la puerta de la Capilla. El aire olía a una extraña mezcla de flores, a tierra mojada. Al menos la paz lo envolvía todo. Lo jodido es que estaba a punto de anochecer y empezaba a refrescar. Sacó el móvil y le hizo una perdida a Alicia.


—Lo más curioso de todo sabes qué es, que tú de pequeñas siempre me zurrabas a mí, te daba igual quién estuviese delante. Recuerdo con nitidez una tarde, en la plazoleta, que sin venir a cuento tu mano impactó sobre mi brazo, así por las buenas. Cuando te pedí explicaciones te limitaste a encogerte de hombros y reírte. En el fondo no sé cómo te he soportado muchas cosas, quizás por la costumbre o porque de alguna forma te quiero. Espera, déjame terminar, es que de verdad, siempre has sido una puñetera egoísta, ni siquiera cuando tuviste la certeza de que el informe médico era definitivo fuiste capaz de contar la verdad. Me mentiste. ¡Maldita sea! María, me dijiste que todo estaba bien. Pero bueno, ya que más da, a lo que yo he venido hoy es a contarte que te vi, que aquella noche te vi y es algo que a pesar de todo no puedo perdonarte, a pesar de lo pasado esa espina está ahí, bien clavada. María, ¿cómo pudiste? ¿Cómo? Y, ¿por qué? A ver, es que por más que he intentado hallar la explicación…


Sergio fumaba un cigarro tras otro, apretaba los puños, bufaba. Miguel se acercó a él con el gesto preocupado.
—¿La señorita Alicia está por aquí?
—Eso me dijo.
—Ahh, yo es que no la vi, pensé que hoy igual no vino. Yo ya terminé por hoy, si le apetece un café, hay un bar ahí, justo en la esquina.
No gracias Miguel, supongo que estará al caer. Igual mañana me mudo aquí, porque con este frío que estoy pasando— El jardinero sonrió extraño y se despidió de él. Sergio volvió a hacerle otra llamada perdida a su chica.


—Menuda hija de puta eres, en serio, jamás te perdonaré todo aquello… No tienes ni idea del daño que me hiciste, de las ganas que me dieron de cometer una locura, contra ti, contra mí, contra el mundo. Pero mira, la vida te la devolvió, siento decirte que mereces estar dónde estás, ahí, pudriéndote en este puto cementerio, en este puto mausoleo que tus padres te construyeron. A ti, solo para ti, para la buena de María, qué  engañados los has tenido siempre a todos, a tus padres, a tu familia y a mí, decías ser mi mejor amiga. Amiga, esa palabra a ti se te quedaba grande, tú nunca quisiste a nadie, más que a ti misma. Cobarde, eres una puta cobarde, así, muerta como estás, crees tener el derecho a que te lloremos, yo no voy a llorarte, ¡te enteras! Yo no voy a hacerlo, porque te vi…


María abrió un ojo, después el otro, movió con cuidado la mano, notaba un extraño hormigueo.
—¿Dónde coño estoy? —se preguntó al notar que apenas podía mover nada más. Oyó la voz de Alicia, su tono de reproche, sus insultos. Entonces fue consciente de que estaba encerrada en un ataúd. Joder, no era un sueño, había muerto de verdad. Comenzó a golpear con fuerza, a gritar desesperada.
—¡Ábreme! ¡Joder! ¡Sácame de aquí! —había resucitado, pero como hacérselo saber a Alicia.


—Es que incluso ahora me parece oírte, quejándote, dando órdenes, tengo tu insoportable voz de niña tonta metida en mis oídos. Púdrete, púdrete de una vez ahí dentro, deja de meterte en mis sueños, en mi vida… Te vi, María, te vi y es algo que nunca podré superar… Deja de gritar joder, no puedes estar viva, deja de hacer ese ruido, deja de dar golpes ¡MUÉRETE DE UNA VEZ! Y déjanos vivir…


Sergio irrumpió en el mausoleo y se encontró a Alicia, gritando cual posesa, tratando de descorrer la piedra del nicho. Tras la misma se oían otros gritos. No entendía nada de lo que allí sucedía, pero al agudizar el oído, no tuvo dudas, era la voz de María, la que parecía venir desde allí. Sin dudarlo se dispuso a ayudar a su chica.   Abrieron la caja y se encontraron a María vivita y coleando, medio asfixiada y con una leve cianosis. Alicia bufó, levantó la mano y le estampó a su amiga un puñetazo en la cara. La nariz de María, inmediatamente,  comenzó a sangrar

—¡Hija de puta! Te vi.




Objetivo 9: Utiliza un cementerio como escenario para un relato.

Objetos 6 y 34: Un informe médico y una resurrección.

Este relato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí





6 de mayo de 2019

Gris...




Ella siempre dijo que no tenía grises, era de blancos y negros, de morados, verdes y a ratos algo de azul, pero grises no. No le iban los términos medios, saltaba de un extremo a otro, así llevaba funcionando desde siempre, desde que se recordaba.

Pero aquella tarde era gris, lo era, y allí, en otra ciudad del viento, esta vez de poniente, fumaba, bebía y tomaba fotografías de aquel paisaje, cargado de veleros. Su deseo, escapar en uno de ellos. Perderse, alejarse, no mirar atrás, olvidar, dejar anclado solo el pasado, ese que no terminaba de soltar. Pero todo era gris, el día era gris y ningún rayo de sol venía a calentarla. Se sentía fuera de lugar, extraña, como un pulpo en un garaje, le dijo a sus amigas. Sola, hacía mucho que no se sentía así de sola, de perdida. Llevaba meses a la deriva y lo sabía, el hecho de estar allí, frente a un mar enjaulado entre pantalanes, como lo estaba ella, sirvió para acrecentar esa sensación de vacío, de desgaste, de cansancio, de días vacios y de su no historia, de una vida que de alguna forma no sentía como suya.
Y podía parecer egoísta, quién no lo es, tenía el mismo derecho que cualquiera a quejarse, estaba cansada de escuchar eso de hay quien está peor, sí, cierto, pero también los había que estaban mejor. Ella estaba ahí, en una zona gris, donde no quería estar, sintiéndose ese ser que va a un evento solo y todos tratan de hacer que encaje con otro ser solo, como si eso fuese a arreglar algo, como si eso fuese algo relevante. Ella necesitaba bastante más en común que el simple hecho de que fueran los solteros de un lugar.
Y quizás fuese el hecho de que su mente y su cuerpo así de golpe no tuviesen nada en que pensar, nada que hacer, llevaba meses, semanas acumulando stress, cosas pendientes y ahora de pronto el trabajo estaba hecho y de nuevo se enfrentaba a la realidad sin excusas. Y la realidad es que estaba allí, sintiéndose muy lejos de todo, sin nadie que agarrase su cintura, ni sus hombros, alguien que la ayudase a no colapsar. Ella sola se sobraba y se bastaba, pero aquella tarde, gris, no, a esa hora y en ese lugar no y echó de menos aquello que la vida le obligaba a olvidar.
Y a su mente venía alguien que días antes también había decidido ser gris, porque era gris y no verde, un gris que ella tampoco tendría. Ese gris que se sentaba a su lado pero que estaba tan lejos. Y no quería pensar, pero pensaba y llevaba meses queriendo olvidar pero no olvidaba. Y de alguna forma recordó aquella noche, en aquella casa de la sierra, casi seis años atrás, donde se dejó ir, donde tocó fondo y de alguna forma había cambiado, sí, lo había hecho, pero tenía la misma necesidad de dejarse ir, pero no podía, ni debía y tampoco estaba su otro Enrique sonando por el MP3 y susurrando “Desde el rompeolas me acuerdo de ti”… No era el momento ni el lugar, pero quería soltar, dejar de sentirse vacía, dejar de sentir que no sentía nada.
Llevaba años sabiendo que ese día iba a llegar y lo había hecho, era una caja de fósforos empapada, sin remedio… Fuerte sí, hecha a la soledad también, pero también fría, incrédula, acorazada… Y era una parte de ella con la que no terminaba de encajar. No, ella nunca fue un ser social, ni la típica chica agradable, sí, siempre fue cactus, pero no siempre mostró como carta de presentación sus espinas, no siempre atacó antes, no siempre le costó el dar un beso o un abrazo… Ahora le costaba, mucho, demasiado, cada vez aguantaba menos que la rozasen… Pero a la vez anhelaba un abrazo gris, un beso gris… Ahora era del todo un equilibrio desequilibrado.
Hilvanaba un día tras otro, pero como tales, esos hilvanes no cumplían la función de dejar nada perfectamente cosido a su vida. Un destello, nimio aunque fuese, de felicidad, algún tipo de estabilidad dentro de toda esa maraña. Salud, dinero, amor… Todo iba del revés… Y por fuerte que era, por amante de la soledad que fuese, algo echaba en falta… Se hacía vieja de repente… Y podía teñir sus canas, maquillar sus arrugas y pintarse una sonrisa, pero nada lograba recomponer ese gris que no quería y que la mantenía rota por dentro.  No era el gris que soñaba, no, su gris estaba frente a ella, en aquel cuadro, junto a ella en esas fotos… Tan cerca y tan lejos… Y no podía negar que sentía toda aquella historia como algo injusto y cada vez entendía menos las cosas, pero era difícil de explicar, mucho… Y como una idiota volvía a mirar aquella imagen y volvía a perderse… Era como si siguiese teniendo quince putos años… Igual de torpe, de tímida y tonta… Anclada en un historia que no era tal… Pero en algo había cambiado, un año atrás si tuvo valor para decir: Me gustas… Y un gris silencio es lo que obtuvo por respuesta.
Se recompondría, sabía que lo lograría y olvidaría y lograría verlo como lo que era, pero ella siempre necesitó tiempo, era lenta, se tarda en llegar de un extremo al otro, cuesta atravesar los grises…

Como gris era esa tarde, ese cielo y ese nombre que en un susurro pronunció frente a ese mar, cargado de veleros, que la estaban llevando a otro tiempo y a otra ciudad…

((moñada al canto))