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8 de febrero de 2023

Máscaras...


 


Un nuevo febrero, de nuevo tocaba cubrir su rostro tras una máscara de carnaval… Era algo tan normal que ya se había hecho rutina, lo normal, lo de siempre, al menos esta vez no venia huyendo de una puto mes de enero, quizá esta vez debió quedarse ahí, en ese que a la mayoría se les hacía eterno, cuesta arriba… Para ella, sin embargo ese enero había sido distinto, nuevo, especial, inesperado, pero…  Ahí estaba de nuevo febrero, que aunque había querido empezar bien pronto la hizo volver a colocarse esa puta máscara.

Era aquella la puta gota que venía a colmar el vaso, ese vaso que ya creía que había rebosado el marzo pasado. Qué cojones, más, necesitaba, ¿qué?

La vida le había demostrado que era mejor permanecer en su caparazón, es su rincón de paz, debería haber hibernado, como siempre dijo, no salir de la madriguera y ocultarse lejos del mundo, donde nada, ni nadie, pudiese herirla. Era como era, no había más.

Cansada de más, era eso, estaba cansada de más y por muchas sesiones de psicóloga que llevase a sus espaladas, lo cierto es que, nada había cambiado. Ella seguía siendo aquella niña perdida, esa mujer perdida. que buscaba refugio bajo las sábanas de aquel ciruelo. 

Debía aprender a brillar con luz propia, a no esperar halagos, porque al igual que las mofas, estos venían con doble intención. Unos venían a joder su ego y los otros a engañarlo, tenía que aprender a quererse de verdad a no buscar  nada más allá de ella misma.

Si jugaba a ser perfecta mal, si se mostraba a corazón abierto peor. Era tan transparente que…

Como decía aquella canción, siempre era la misma función…

Pero aprendería, claro que lo haría, ya se había superado con aquellos cuatro sobresalientes, sus mejores notas desde la EGB y lo había hecho ella solita y solita también tendría los ovarios para hacer de aquel 2023 ese año distinto que llevaba años soñando…

Yo me mí conmigo…





28 de septiembre de 2022

La noche más larga... Otis



Mi defecto, raro que sea virtud, es que me “enamoro” a primera mirada, no, no a primera vista, a mi me hace falta un cruce de miradas, ya sea con una persona, una ciudad, una cosa y en este caso, un animal… Me enamoré de ti desde que vi aquellos ojos recelosos, aquel bigote dibujado, tu miedo, mi miedo, es eso, llegaste a mi casa para quedarte, me bastaron dos minutos para saberlo…

Un año, Otis, un año sin ti y… Es eso, sé que muchos no entienden, que solo os ven como animales, mascotas, que sé yo… Yo lo único que sé es que te echo de menos cada día, a cada rato, que a veces se me sigue escapando tu nombre, que he tenido que cambiar cosas de casa para evitar “verte”… Me haces falta, mi niño, mucha falta, tus topetazos en la noche, tu cabecita reposando junto a la mía…

Tú me enseñaste lo que es un gato, lo dije, digo y diré, Luna y Leo llegaron a casa a “mesa y mantel”, gatos sí, pero… Tú no, tú venías de la calle, tú venías de buscarte la vida, de no separarte de tu madre, de ver morir a tus hermanas, de refugiarte de lluvias y días de calor en el asfalto… Tú venias con 4 o 5 vidas consumidas… Y sí, tuvimos la suerte de encontrarnos, de que llegases a casa de manos de tu madrina, de que pronto te hicieras amo y señor de mi cama, de que encontrases en Leo tu compañero de travesuras, pero conmigo era distinto… Yo me tuve que ganar tu cariño, yo te dejé tu espacio, ambos aceptamos los limites y… Es eso, un día ya tu cabeza se restregó sin miedo sobre mi mano y yo me sentí  feliz por tocar ese lunar de tu oreja, por sentir tu ronroneo junto a mí… Paciencia y amor…

Un año Otis, un año… Y no olvidaré nunca aquella eterna madrugada, aquel amanecer en el que asumí que te me ibas, el momento en que… Un año, mi pequeño… Pero a pesar de todo estoy agradecida, porque a ambos nos dio una oportunidad la vida, a ti la de conocer el cariño de un hogar, a mí, eso, la de ser digna del cariño de un gato…

Tu madrina y yo siempre dijimos que naciste con alas, por eso quizá volaste demasiado pronto… Hace un año te empeñaste en ir más allá del arco iris y… Te echo de menos, mucho, demasiado, cada día y tus hermanos, cada uno a su forma, sé que también, vamos Leo aún te busca…

 Dejaste tu huella y tu bigote en nuestros corazones, pequeño Majarotis… 


 

12 de agosto de 2022

Esta soy yo...


 En mi último escrito hablaba de que hacía 4 meses que me había petado el coco, ya van para casi 5, pero aquí estoy, mi explicación para las personas que me quieren es que esto no es como hace 11 años. Yo hace 11 años  ”estaba” en mitad del mar (y nado fatal) y mi intención era echarme piedras y hundirme, yo ahora "estoy", otra vez, en mitad de ese mar pero buscando flotadores, manguitos, chalecos salvavidas, no, no estoy bien, pero quiero estarlo, porque a día de hoy me quiero y sé quien me quiere y por mí y por ellos yo voy a salir de esto.

Soy muy consciente de lo que me pasa y sé en lo que fallo, no es un error de ahora, no, no lo es, yo he utilizado el alcohol como vía de escape desde que lo descubrí. Mi hermano os puede contar aquel día en que yo me aferré a un botella de Whisky y… Nunca más lo he vuelto a probar, sé que tengo ese problema y sé dónde me puede conducir y no, no me voy a dejar, esta vez no, porque tengo muy claro que quiero seguir flotando, aunque yo adoré el mar y le tengo mucho respeto, me hicieron tenerle miedo, y…

Está costando, me está costando y más cuando hay gente que me dice, pues yo te veo muy morena, tú no paras, que “buenas vacaciones”, en serio, yo el año que viene les hago un TODO INCLUIDO, como los de la paguita por la pierna, lo invisible es eso, invisible, pero hay ojos que… Y a esos ojos que saben ver que yo no estoy de vacaciones, que yo no tengo una super paguita, para esos VOY A ESTAR, aunque sobre todo estoy POR MÍ.

Ayer la psicóloga me felicitó, después de muchas sesiones, me voy superando, claro que estoy mejor, pero… Sí, me sigue doliendo que las personas a las que quiero me juzguen, a eso todavía no he aprendido, a la gente que me critica, a esas me las paso por el Arc del triomf y ya está, pero, sí, necesito alguna palmada en la espalda.

Llevo sin fumar desde el domingo, ya de antes me estuve educando, estoy mal, pero es algo que tengo que hacer y que para mí ahora mismo es como llegar a la luna, lo demás, poco a poco, no me puedo forzar, esto es una carrera de fondo…

Y eso, es un día más, pero un día menos…

GRACIAS A LA VIDA Y GRACIAS A LOS QUE SÓIS Y ESTÁIS…

(Esta canción es de hace muchos años este grupo no era de los “míos” pero la canción sí)

TODO LO QUE FUI ES LO QUE SOY (EN ESENCIA) y ESTA SOY YO…



5 de junio de 2022

Entre fronteras...

 


Hace un mes y poco me atreví  a mandar un escrito a un concurso, no tenía esperanzas ni de ganar ni de quedar entre los 48 finalistas, simplemente me apunté a ese reto como un reto a mí misma… Llevaba demasiado tiempo sin escribir nada, mi cabeza estaba, y en parte está, bloqueada, hace tiempo, sin darme cuenta, empecé a abandonar los hábitos que me rescataban del mundo y… No era consciente de que mi cabeza me estaba dando una señal de alarma y… Ahora es mi psicóloga la que me pide que escriba y yo le digo que no, que no me gusta lo que escribo, lo que pienso, lo que siento, pero debo hacerlo… Sé que voy  salir de este pozo, que muchos no conocen ni entienden, es lo que tienen las enfermedades invisibles, pero no me voy a parar a pensar en eso, yo me quedo con esas personas que están, por las que merece la pena estar aquí, aunque yo ahora no le vea mucho sentido a nada, pero es eso, por mí y por ellos me agarro a la vida… Aquella noche me reté, me sentí orgullosa de mí, fui capaz de escribir algo y además me tuve que ceñir a un número de palabras, yo hubiese escrito más, mucho más… Y no, no he vuelto a escribir desde entonces, pero este escrito me sirvió para saber que aunque ahora no me guste lo que veo en el espejo, aunque ahora siento que soy yo sin serlo, que me asusta lo que escribo, sé que más tarde o más temprano volveré, mis ojos volverán a sonreír y me reconoceré frente al cristal….

Dejo aquí ese escrito que para mí sin ganar nada fue todo un premio… Y eso, para mí hubiese dado para más…Quizá algún día me documente a conciencia y…


ENTRE FRONTERAS

 

Apenas 48 horas antes de la que sería conocida como la operación Sonderaktion Krakau, un joven Klaus Paulsen conversaba con su mentor y profesor de literatura, el señor Chrzanowski; en los pasillos de la Universidad Jaguelónica.  Nada hacía presagiar todo lo que tras aquel golpe acontecería en la vida del muchacho.

Klaus viajó a Cracovia en la primavera de 1937, con un pasaporte falso, dos mudas, algunos billetes y dos libros. Sus padres, comerciantes de origen judío; alertados por amigos y confidentes, se las arreglaron para que su hijo cruzara la frontera y se labrase un porvenir lejos de esa Alemania, estos fueron arrestados por la Gestapo apenas unos meses después. Su hijo no volvió a saber de ellos.

Klaus llegó a su pequeño apartamento pasadas las 8 de la tarde, era noche cerrada, hacía frío, pero aún así sudaba y su respiración era agitada. Greta se lanzó a sus brazos y lo cobijó en su pecho. Toda la ciudad era consciente de aquel brutal acto que unas horas antes se había llevado a cabo en la Universidad. Lo había visto todo, se había librado por apenas minutos, algunos de sus compañeros no habían corrido la misma suerte. Klaus lloró durante más de 48 minutos sobre el cálido regazo de Greta.

Greta y Klaus se conocieron a principios de 1938, en las inmediaciones del Castillo de Wawel, ella corría apresurada por la calle cuando tropezó contra un bordillo, fue la mano de Klaus la que impidió que cayese al suelo. Si lo hizo su carpeta, que portaba algunos de sus bocetos. Klaus se agachó a recogerlos y se los entregó. Fue un roce a primera vista, una caricia a primera mirada. Ambos olvidaron sus tareas pendientes, a dónde se dirigían, sin más comenzaron a caminar, hasta llegar a los márgenes del Vístula; tomados de la mano. Meses más tarde Greta dibujaría aquel primer beso junto al río. 48 días después de darse el sí quiero, estallaría la guerra.

Tras la ocupación de Cracovia, las carreras de Klaus y Greta se vieron truncadas, él comenzó a trabajar en un quiosco de prensa y ella, ejercía de criada de una influyente familia de alemanes que se había instalado en la ciudad. Ambos siguieron luchando contra el régimen, eran miembros de grupos en la sombra que ansiaban la liberación del yugo Nazi. Pasaban los días fingiendo ser leales a esas personas que les había robado la libertad, debían tratar de pasar desapercibidos, sobrevivir. Por las noches se organizaban en grupos para tratar de sacar a amigos y conocidos de la ciudad, aquellos que habían sido marcados con una estrella, aquellos que, al contrario que ellos; no habían negado sus raíces. Greta contenía las lágrimas mientras le servía el té a Frau Möller, al entrar al salón la había oído comentar con Frau Haas, como su esposo había dado orden de arrestar a un vecino del barrio de Stare Miasto, un pobre tendero del que otro vecino había hecho correr la voz de su pertenecía a la resistencia. Al escuchar el nombre, Greta tuvo la sensación de que su corazón se paraba. Dyzek era un buen hombre, alguien que jamás haría daño a nadie, ella misma le compraba el pan cada mañana, sabía que no estaba metido en nada, su único pecado era tener una hija a la que protegía y de la que un mal hombre se había encaprichado.

Greta se acurrucó en el sofá al llegar a casa, aquella noche no tuvo fuerzas de acudir a la reunión, el miedo invadía su cuerpo, la angustia y la ansiedad eran cada vez mayor. Llegaban noticias de cómo miles de judíos eran trasladados a campos de concentración, se empezaba a hablar de exterminios, de columnas de humo que se alzaban a pocos kilómetros de distancia, chimeneas que esparcían al cielo las cenizas de tantos y tantos inocentes. Apretó los puños, lloró hasta quedarse dormida, no oyó a Klaus llegar.

Klaus la toma de la mano, ella lleva un vestido rojo con pequeñas flores blancas y una rebeca de hilo, hace una temperatura anormal para esa época del año y el cielo está de un azul radiante. Llevan saliendo seis meses, sus padres aprueban la relación, Klaus es buen estudiante, le queda poco para graduarse como profesor de Literatura, se gana la vida dando clases a chicos por las tardes, tiene dinero ahorrado y la hace feliz. Ella empieza a temblar cuando ve que su rodilla se posa sobre la hierba, de su bolsillo saca una pequeña caja de madera. La respuesta es sí. Aquel recuerdo vuelve a su cabeza aquella noche en forma de sueño. Greta sonríe al despertar, esa mañana el cielo está igual de azul que aquella tarde, Klaus aún duerme. Ella se levanta sigilosa y prepara café. Klaus la abraza por la espalda y besa su mejilla. —Han arrestado a señor Dyzek, tú y yo sabemos que él no estaba metido en nada, la cosa se está poniendo fea, Klaus, mucho peor de lo que creemos, no sabes las cosas que se oyen en casa de los Möller. Tenemos que irnos Klaus, a saber si no seremos los siguientes, no podemos tener la certeza de que no terminaran delatándonos, tengo miedo —.  Aquel día Klaus debió hacer caso a las palabras de su mujer.

En 1942 Klaus ingresó en la universidad, erigida de forma clandestina a espaldas del régimen, concluyó sus estudios y se licenció finalmente como profesor, pasando a formar parte del claustro de la misma. Greta había renunciado a su trabajo en casa de los Möller, estaba embarazada de 4 meses. Cada noche esperaba a Klaus escondida tras las cortinas, temía el día en que no lo viese doblar la esquina de la calle. Los meses pasaban y la guerra seguía. Se acariciaba el vientre y soñaba que todo terminaba, que su hijo crecería en un lugar de paz, lejos de la muerte, lejos de las nubes de polvo gris.

El pequeño Paulsen nació a los 48 días de morir su padre. En un pequeño apartamento al oeste de Berlín. Su madre le puso Edel, que significa noble. Pesó 3,200 Kg y midió 48 cm.

 

***

 

En junio de 1961 Edel terminaba los estudios superiores, iba a cumplir 18 años y su madre estaba orgullosa de él. Decían que se parecía mucho a su padre, aunque tenía los ojos negros de su madre. Era un chico despierto, respetuoso, no recordaba nada de la guerra, su madre tampoco le hablaba de ello, lo único que le repetía una y otra vez era que no se metiese en líos de política. La tensión entre las dos alemanias era palpable, él no compartía abiertamente ninguno de los ideales, en eso hacía caso a su madre. Seguían viviendo en el mismo apartamento en el que nació. Sabía por Mina que su padre había muerto en un campo de concentración, que fue descubierto una noche en una reunión ilegal y que su madre logró escapar escondida en el furgón de un vecino; en un pequeño cubículo de apenas metro y medio, oculto bajo el asiento trasero, cruzó la frontera. Mina los había acogido y dado un hogar. Mina era hermana de una compañera de trabajo de su madre en casa de los Möller.

A mediados de mes, Edel volvió a casa, iba acompañado de Elba, su novia desde hacía un año. Se conocieron en la escuela superior, ella cursaba su primer curso y Edel acababa de comenzar el último. Ella corría alegre por los pasillos, acompañada de sus amigas, cuando se topó de frente con aquellos ojos negros, tan oscuros como la noche, tanto que ella, creyó incluso, ver alguna estrella. Edel la agarró por los hombros y la miró de forma seria, le ponían nervioso aquellas chiquillas alocadas, no soportaba esa bobería que caracterizaba a las novatas. Pero entonces unos ojos azules, como el mar, lo hicieron naufragar. Fue un roce a primera vista, una caricia a primera mirada. Desde aquel día no se separaron, él la ayudaba con los deberes, le daba clases de matemáticas, que a Elba se le habían atragantado; a pesar de la notoria diferencia de edad, Edel descubrió en ella a una chica madura, con grandes valores, fuerte y con carácter, la mujer con la que deseaba casarse y tener hijos en un futuro. Greta adoraba a su nuera, muchas tardes hacían juntas un bizcocho, mientras Edel jugaba al fútbol con sus amigos. En otras ocasiones acudían juntas a clases de pintura o al club de lectura, su hijo refunfuñaba entre dientes, exigiendo su compañía. Elba era, como su nombre decía, una pequeña duendecilla alegre que se había colado en el hogar de los Paulsen para llenarlo de vida y alegría. Greta tenía en ella esa hija que tanto deseó tener con Klaus. Esa tarde, al llegar a casa, ambos encontraron a Greta muy seria, miraba al televisor y suspiraba. Los rumores de una frontera de hormigón resonaban en el aire.

El 8 de julio Edel llega a casa de los Weber con un gran regalo, su chica cumple 15 años. Una llorosa Elba lo recibe en la puerta, se lanza a sus brazos y él deja caer el paquete al suelo. La noticia lo deja noqueado, incapaz de reaccionar, ella llora desconsolada, ambos son incapaces de entender lo que sucederá, tienen miedo, no pueden separarlos, no pueden estar lejos el uno del otro, Edel necesita el mar, Elba ama la noche. El 13 de julio los Weber se mudan a su casa de Berlín este, a escasos metros de los abuelos y tíos de Elda. La tensión entre los gobernantes es palpable, son muchos los que huyen de la zona oriental, salvo ellos, que regresan a su origen, a su parte de la ciudad. Klaus llegó a casa borracho, corrió las cortinas y se dejó ir entre las sabanas.

La mañana del 13 de agosto, Greta abrió la ventana, a escasos 100 metros un muro separaba a Alemania en dos, un muro que llenaba de orgullo a los que gobernaban al otro lado de la frontera y de vergüenza a personas como ella, que siempre lucharon por la libertad. Greta murió 48 meses antes del 9 de noviembre de 1989.

 

***

Edel escribió en la pizarra un poema de Wislawa Szymborska, una poeta polaca que a su padre le hubiese gustado conocer y de la que él admiraba su obra. Ese poema lo ayudaba a evocar el recuerdo de Elba, aquel Amor a primera vista[i], un amor que estaba destinado a suceder, que embarcaría a dos desconocidos en una historia eterna, como debió ser la de él y ella. El timbré hizo volver a Edel al presente, a esa mañana fría de noviembre; le dijo a sus alumnos que hicieran un comentario de texto para la próxima clase. Edel abandonó el edificio y se dirigió a su coche, estaba nervioso, soplaban vientos de cambio, todo hacía presagiar que pronto aquella frontera, que partía en dos su vida, iba a caer. Con las manos en los bolsillos anduvo hasta el aparcamiento, se metió en el coche y encendió la radio, sonaba Where the Streets Have No Name de U2, aquella canción se decía hablaba de Belfast, para Edel, esas calles sin nombre eran las que ocultaban el paradero de Elba. Arrancó el coche y puso rumbo a su casa, un luminoso apartamento en la novena planta de un moderno edificio, lejos del muro, lejos de la frontera, lejos de la casa que lo vio nacer y lo viese “morir” aquella mañana en que ella se fue.

Edel se sirvió una cerveza, se encendió un cigarro y apartó el plato con los restos de la cena, de lejos se oían murmullos, revuelo en las calles, hizo oídos sordos, el día estaba cerca, pero no tenía porque ser esa noche, precisamente esa. A sus 46 años se sentía viejo, sí, había logrado llegar alto en su vida, ser ese hombre de provecho que su madre deseaba, había tenido algún que otro escarceo con mujeres, pero permanecía soltero, a la espera; cuando la gente comenzó a huir del Berlín este meses atrás, cuando aquella frontera con los países vecinos había sido mancillada, él espero durante días su vuelta. Una anciana Mina estaba alertada por sí una bella mujer de ojos color mar iba a aquel viejo apartamento a buscarlo, pero eso no había sucedido. Edel tenía fama de huraño, de ermitaño, durante 28 años su vida entera había estado al otro lado de ese muro de hormigón. Encendió la televisión, una imagen impactó de lleno en sus pupilas, cambio varias veces de canal, todos lo mismo.

Edel cruzó Berlín oeste en cuestión de 20 minutos, según se acercaba al muro la gente aumentaba, gritos de euforia, lluvia de champán y rosas, una frontera hecha escombros, gente cruzando, abrazos, besos, reencuentros. Y a escasos 100 metros unos ojos color mar.

El pequeño Paulsen fue concebido 48 días después de la caída del muro.

 

***

Edel lleva 48 días ingresado en el hospital, a sus 77 años su vida vuelve a estar condicionada por las fronteras. Después de dos meses de confinamiento, vinieron los meses de hospital, apenas si se aguanta en pie, pero ya ha pasado lo peor, según dicen los médicos, aunque también le repiten que no debe confiarse, que el virus es traicionero. Él no se resigna a marcharse de este mundo encerrado entre cuatro paredes frías y sin gracia. Elde está dispuesto a luchar. Son las seis, se asoma a la ventana y allí están, puntuales a su cita. Elba, sus ojos destacan por encima de la mascarilla, siguen invitándole a naufragar en ellos. Su hijo Klaus y Heidi, su nuera, que está embarazada de ocho meses. Se saludan, se mandan besos, se gritan pero no se oyen, una frontera de cristal silencia los te quiero, pero los sienten, los palpan. 

La pequeña Greta Paulsen nació 48 días después de que su abuelo venciera al covid.



[i] El poema al que me refiero fue publicado en 1993, el adelantarlo en el tiempo es una licencia que me he permitido para explicar la historia de Edel y Elba.

 


7 de febrero de 2022

Una invitación a la nada... (el todo)

 


Aquella mañana de marzo se cumplían siete años desde que María abrazase la libertad, fue otra mañana de sábado, quizás algo más gris, en la que salió de casa sin aquel símbolo de unión eterna, dejaba su dedo anular desnudo y se lanzaba a la aventura de encontrarse a si misma. La primavera volvía a estar a la vuelta de la esquina, la hibernación quedaba atrás. Los naranjos ya exhalaban su dulce olor a azahar y ella quería dejarse llevar por el mismo. La escena era la misma, salvo por aquel gesto de quitarse el anillo. Atrás habían quedado aquellos siete años, con sus subidas y bajadas, con sus adicciones, insomnios y ansiedades, no fue sencillo sentirse libre, deshacerse de creencias, culpas, complejos, prejuicios. Lo había hecho, sí, se sentía orgullosa por ello, aunque pudiese conservar ese innato equilibro desequilibrado, se sentía estable, en paz, feliz.

Aquella mañana, como aquella otra, tan distinta pero igual acudía a un festival, como sensación anclada en ella estaba el miedo, siete años atrás a lo desconocido, en esta ocasión a lo conocido. Arrastraba desde hacía tanto aquel sentimiento que ya se había convertido en costumbre, el dolor de lo común pasa desapercibido, apenas se siente, pero está, araña a pesar de todo. Verlo, de nuevo iba a verlo, lo sabía, de nuevo tocaba hacerse la fuerte, la valiente, de nuevo volvía a soñar que esta vez sería diferente, que quizás ese día si se diese, algo dentro de ella no perdía la esperanza. Desde que lo conoció algo en su interior le dijo es él, después, con el paso de los meses, los años, se acostumbró a eso, a que no era. Se lanzó a otras aventuras y otros brazos, con no muy buen fin y también se acostumbró. El estar sola no era un problema, ella siempre amó la libertad, la soledad, la independencia, gracias a eso se había conocido, había sacado su esencia y ahora era ese tipo de mujer del que se sentía orgullosa.

María volvió a salir de casa, como aquel otro día, con ganas de vivir, de nuevos comienzos, con la firme convicción de dejar atrás el pasado y dar un paso nuevo al futuro. Esta vez llevaba además la dicha de la celebración, de lo que ya había logrado. Era la misma mujer de siete años atrás pero diferente, al igual que las paredes que la cobijaban. Otro logro más, un hogar, uno suyo, para ella, a su medida.

Llegó a aquel parque, acompañada de su amiga, pidieron sendas cervezas y se situaron junto a un árbol, que le serviría de apoyo a su espalda, y entonces lo vio. Ahora ya era capaz de mantener la calma, controlaba su corazón, su respiración, era un amor de costumbre, ella se entendía. Saludó a un par de conocidos antes de que sus miradas se cruzasen, entonces ella levantó su mano y el la cerveza. Ya estaba, ya había sucedido y ahora quedaba el seguir disfrutando del momento. Era también consciente de que no podía evitar que sus ojos se desviasen hacía él, alguna vez se tropezó con los suyos, entonces María respiraba y mantenía la calma. Y así permaneció hasta que lo vio acercarse a donde ella se encontraba.

¿Y si es hoy? Pensó.

Y sí, fue, pero no fue lo que ella siempre deseó, no fue lo que ella quería, pero quizá fue lo mejor, porque al igual que siete años atrás había tenido el coraje de romper lazos esa mañana, en un gesto se partieron otros. Decía el protagonista de una de sus series favoritas algo así como que uno no ve las señales hasta que no está preparado para hacerlo. El había tenido gestos similares muchas veces, pero después ella de alguna forma le daba la vuelta a la tortilla y se aferraba a otros, de alguna forma siempre lo justificó. Sin embargo, aquella mañana no, aquella mañana lo vio todo distinto, palpó desprecio, saboreó su ego, pero no le dolió, no lo hizo, porque ella se sentía en paz, no era ella la que jugaba a alimentar su autoestima a costa de una persona. No entendía su actitud, nunca lo había hecho, pero estaba clara, él simplemente se nutría del amor que ella le profesaba, siempre fue así, pero nunca lo vio, hasta ese momento en que él la invitó a la nada, buscando una invitación a algo, para después huir y esconderse, para volver a ocultar la mirada. El gesto heroico de un cobarde.

No volvió a dejar que sus ojos lo buscasen, no, ya no más. Ella era consciente de los amores correspondidos, pero no iba a permitir que nadie le mostrase una falsa cara del amor, de la amistad, de la confianza. Ella nunca llegaría a conocerlo, aceptaría que por mucho que hubiese proyectado sus sueños en él estos no se harían realidad, pero estaba el consuelo, la esperanza, la certidumbre de que llegarían otros, de que había otros, de que era libre y de que se único pecado había sido enamorarse. Ella no necesitaba de satélites para quererse, sus ojos no requerían de luz ajena para brillar… Él, en el pecado llevaría la penitencia…

Aquella mañana se encendió un faro para ella y se apagó uno para él.




24 de septiembre de 2021

Tiempo de otoño...

 



Puede que esté de moda que te guste el otoño, puede…  Lo cierto es que para mí siempre fue mi estación, a escritos de hace años me remito. Me gustan los colores del otoño, las sensaciones que desprende, esa lluvia que lo riega, ese olor tan suyo, tan mío. Busco el refugio del otoño, su nostalgia y anhelos, promesa de un tiempo mejor, como dice la canción.

Hace tiempo escribí sobre la carencia de besos, de pieles, sobre el miedo a olvidar, a no saber tocar… No, nada de eso se olvida, el instinto sigue ahí, la urgencia de los cuerpos, pero hay algo que si he olvidado, algo que ya no sé si existe o si volveré a vivir… Quizá me equivoqué al lanzar mi moneda al aire, puede que no fuese clara en mis necesidades, puede que no sepa realmente lo que quiero, ni a que le temo. Sé que huyo, sé que no lo pongo, ni me lo pongo fácil, vivo anclada en mi otoño cuando alguna parte de mí ansia florecer como la primavera. Me enredo en silencios, en lo no complicado para no complicarme, en lo que no quiero para tener lo que quiero o creo querer. Sé que me lanzo a la suicida tarea de besar bocas cargadas de mentira, de besos por la espalda que esconden traiciones, de brazos que sé que no desean agárrame, porque quiero perderme en el calor de las sábanas de una cama compartida y seguir siendo dueña de mis mañanas. No, no me olvidado de besar, de tocar, me he olvidado de sentir, me he acostumbrado a ser impar.

A pesar de todo mi cabeza sigue anclada a ti, es como si con el paso de los años hubieras hecho nido, vivo con la costumbre de verte y no verte, de que te cueles en mis sueños, con la manía de compararte con todos, de repetirme todo aquello que no soporto de ti, de recrearme en todo aquello que admiro, en todo eso que a día de hoy sigo sin conocer. Vivo sabiendo que no serás para mí y eso de alguna forma me da paz, me da la seguridad de que no tendré que ceder. Puede que me cuelgue de un imposible por temor a lo posible o puede que me engañe a mi misma para no reconocer lo que realmente siento y quiero. Desde que te conocí, desde el primer instante, se encendió en mi la alarma del peligro, tú no lo sabes, pero vivo en mi coraza desde aquella tarde, miedo, es así, me diste miedo, me sigues dando miedo y a día de hoy cada vez que te veo tengo que luchar conmigo misma, a veces sé que bajo la guardia y… No sé, la verdad no lo entiendo, he tratado de hacerlo… Cuando te conocí yo creía en muchas cosas en las que hoy no creo: destino, fe… No sé, durante mucho tiempo creí ver señales, durante mucho tiempo creí que todo sería cuestión de eso, de tiempo… pero… Lo escribí, ya te lo escribí, no sé lo qué me pasó y a día de hoy sigo sin descifrar el acertijo. El problema soy yo, que en el fondo sueño con vivir todo eso que dibujo en mis fantasías y a la vez sé que yo no significo nada para ti. Y no te marchas, nunca terminas de marcharte y te aseguro que lo he intentado, he logrado que no duelas, he logrado que no me importe, he logrado estar a tu lado en modo colega, pero no logro no seguir creyendo que…

En estos años he tratado de rellenar carencias con la nada, con historias que sabía no llegarían a ninguna parte, como tampoco llega la nuestra, son todo historias que no existen, unas las invento, otras las busco, pero al final sigo en el mismo camino, al final siempre busco la soledad. No puedo pretender escribir y que se entienda, no me entiendo ni yo, tengo claro lo que no quiero, pero ¿Acaso tengo claro lo que quiero? En estos años he aprendido a decir que NO, a darme prioridad, a regalarme tiempo por y para mí, a quererme, a ser feliz… La cara oculta es que todo eso ha hecho que me recluya aún más en mi misma, a que mi flojera me impida dar pasos, me sigue faltando constancia, valiente a toro pasado. Si mi yo de antes necesitaba seguridad a la hora de dar un paso, el de hoy simplemente no lo va a dar aunque haya señales luminosas, sí, he perdido muchos miedos, otros se han hecho guarida. En estos años he cometido pequeños actos de valentía, contigo, con otros, todos con los mismos resultados, NADA, todos con las mismas consecuencias, NADA. Pero claro, que sabe nadie, puede que lo que para mí es un mundo para otro es algo cotidiano… Soy consciente de que aparento lo que no soy, tengo muy claro lo que quiero aparentar, lo que quiero esconder, tengo muy claro cuál es el fin, pero de alguna forma también sé que de ese modo quizá nunca sepa si buscaba algo distinto a lo que ahora tengo. Sé lo que sueño y como lo sueño y de alguna forma quiero eso o nada, MI NADA, que es mucho, mi todo, mi zona de confort y sé también que seguiré dejándome llevar por los impulsos, que volveré a cometer actos “suicidas” de los que sé que no saldré herida y sí con una nueva enseñanza, actos que me reafirmaran una vez más en mis nuevas creencias, que me apoltronaran más en mi soledad. No sé cuál será mi último acto de rebeldía… Puede que haya escuchado demasiado el último de Robe y me haya acostumbrado a vivir en un sueño de ventanas y puertas abiertas, sé que de tenerte delante... Pero sé que mezclo dos cuartos movimientos…

De alguna forma soy una adicta feliz, de alguna forma sigo llenado mis días con canciones, letras y sueños…  Me fumaré mis mañanas escribiendo historias que me pasaron, poniéndolas en bocas de otros; historias de desamor, historias de engaños, de verdades, de destinos… Quizá algún día las palabras lleguen a su receptor, sea quien sea, y vuelva a sentir  lo que no sé si quiero sentir y plasmar otro tipo de realidad…




6 de septiembre de 2021

Viento a favor...

 


Misma ciudad, misma hora… Una de esas tardes de septiembre, en la que los días van perdiendo fuerza y las noches avanzan rápidas. El viento de levante empieza a desprender las hojas de los árboles, anunciando la proximidad de un nuevo otoño, cargado de ocres y amarillos, de olor a castañas… Sopla el viento del este, con fuerza, ese viento que a muchos hace perder la razón y que da sobrenombres a pueblos de costa que se mecen en él… El verano apura los minutos, las horas, los recuerdos de amores pasados…

Sopla el viento y levanta, a su antojo, una falda estampada de flores, su dueña se aferra a ella con fuerza y mira hacia los lados en su deseo de no haber sido vista. Una ráfaga arranca de las manos de un niño un globo color rojo, este lo observa alejarse, en el cielo, con los ojos tristes y el labio encogido; María cierra los ojos y se deja acariciar por él, después se acurruca en el pecho de su madre. La camiseta favorita de David está a punto de desprenderse del tendedero, su chica llega a tiempo de salvarla. Gabriela se encuentra lejos de todo, cerca del mar, ve la arena correr detrás de las olas y espera la llegada de Sofía, ya son cuatros los años que juntas bailan a su son. Viento de levante, viento rebelde, que a unos los lleva al huir al fin del mundo y a otros, quizá, a tomar trenes que jamás pensaron que llegarían a coger. Un remolino de hierba recién cortada sirve de pasatiempo a un gato, cansado de vivir panza arriba. Sopla el viento de levante mientras Luisa agarra las cortinas, estas quieren escapar tras las rejas…  Sopla a favor de todos aquellos que sueñan, en contra de los que permanecen quietos… Sopla y lleva en él un susurro, imperceptible para los demás, que se filtra en los oídos de su receptor, que de súbito siente crecer en él las ganas de buscarla, de correr a su casa y llamar a su puerta, de decirle que él también soñó con ella… El viento sigue su curso y un cúmulo de nubes precipita el atardecer. Miguel mira por la ventana, del despacho, quedan cinco minutos para salir a la calle y fingir que vuela. Una pluma se balancea nerviosa y cae al suelo, alguien se agacha y la recoge, tomándolo como una buena señal. Pompas de jabón huyen, en la alameda, de un grupo de críos que pretenden hacerlas estallar. Los acordes de una guitarra se enredan en él y escapan presurosos a reunirse con ese tímido canto que Vega entona desde su solitario sofá. Caprichoso el viento se cuela entre los rizos de Clara, en ese momento Pedro la inmortaliza en una instantánea, que acabará enmarcada en el salón de su apartamento. Sopla el viento cargado de anhelos, Natalia abre una cerveza, sale al patio… una noche anduvieron juntos con el viento de testigo… Y se deja llevar, lejos, muy lejos, donde se borran los recuerdos, donde no habitan.

Sopla el viento, a esa hora, tan igual y tan distinta a aquella otra. Nada iba a peor, era eso, dejar que soplase a favor, quizá quede ese último esfuerzo, ese estar en el lugar adecuado, no volver a dejar escapar la oportunidad…  Está cerca el momento…

Soplaba el viento, aunque tú no lo sepas, silbando una melodía… “Cuando tú andas cerca queda en suspenso la gravedad”.

25 de abril de 2021

El último día...


 

El último día que amanecimos juntos anunciaban tormenta. Aquel domingo cierto fue que despertó cubierto de grises, pero a eso de las diez de la mañana el sol le ganó el pulso y echó por tierra todas las previsiones. 

Tú te levantaste antes que yo, como siempre y yo me había vuelto a despertar sobresaltada en la noche, tú apaciguaste mi grito en tu pecho, meciste mi ansiedad y me devolviste a los bazos de Morfeo. Ya te habías tomado el primer café y echado de comer a la gata, cuando yo irrumpí en el salón aún con los ojos medio pegados y el pelo revuelto.  Me conocías lo suficiente, de más, y sin hablarme te limitaste a besar mi frente y a llenar una taza para mí, otra para ti y a preparar un par de tostadas. Desayunamos juntos y en silencio, en el patio, yo en mi cabeza le iba dando forma a la poda que necesitaba el jazmín, tú revisabas Twitter. De fondo se oía al vecino preparar una de sus clases, a su perro ladrar, quizá pidiendo comida y de la nada una bandada de cigüeñas cruzó el cielo, en mi mente inventé la idea de que aquello era una señal de buena suerte y te miré. Tú seguías con la cabeza metida en el móvil, esperando el momento en que mis neuronas se despejasen y me atreviese a hablar. Di el último bocado al pan y te anuncié que me iba a poner el tinte, tú me dijiste que después, aprovechando el cambio de tiempo, podríamos ir de ruta. Te morías de ganas por estrenar la cámara de fotos que te había regalado por tú cumpleaños. Yo acepté encantada, me apetecía ver el mar.

El último día que pasamos juntos mis pies se bañaban en salitre, mientras tú, cámara en mano, buscabas luces, planos y perspectivas, yo me empeñaba en escapar del objetivo, tú me lanzabas fotos a traición. Yo me tiré en la arena, tú seguiste fotografiando el ir y venir de las olas, yo me sumergí en las páginas de un libro. Cuando el hambre y la sed volvieron decidimos ir caminando por la orilla, nos cruzamos con una familia. El niño torpemente, ayudado por su padre, trataba de hacer volar una cometa, tú volviste a pulsar el disparador, inmortalizando el momento en que esta alzó el vuelo. La suerte de estar en la hora precisa y el momento exacto.

El último día que paseamos junto al mar yo me quemé los hombros y tú me volviste a recordar esa mala costumbre de no contar con el blanco de mi piel y los primeros rayos de sol que se posan sobre ella. Llegamos al chiringuito, de lejos se veía el faro, ese que tú sabías que a mí me obsesionaba desde niña, te había contado muchas veces los veranos que pasé en un camping cercano. Y que aquel día, nuevamente, tú lo habías fotografiado para mí. Era una imagen del mismo tomada dos años atrás, en otra mañana de abril, la que presidia él salón de casa; pero esa era obra mía. Nos tomamos un par de cervezas y compartimos un tartar de atún, arreglamos el mundo, hablamos de nuestro próximo viaje. Llevábamos tanto planeando esa escapada, pospuesta tiempo atrás por la pandemia. Al final de alguna forma aquello jugó a nuestro favor, habíamos encontrado vuelos más baratos y un mejor alojamiento junto al Castillo de Edimburgo, pasaríamos unos días allí, los suficientes para que las piedras se tatuaran en las suelas de nuestros zapatos. Habíamos diseñado una ruta, en coche, que pasaría por toda Escocia, montaña y playas, yo fantaseaba con la posibilidad de ver Ávalon, tú con el Lago Ness, después unos días en Glasgow y vuelta a casa. Ahora apenas faltaban tres meses para que al fin alzáramos juntos el vuelo y me parecía mentira.  Un par de cervezas más, una dorada y una lubina, un nuevo arreglo al mundo, otra charla vana, una escucha furtiva a la conversación de la mesa de al lado y dos cafés después, decidimos regresar. Te dije que me debías una puesta de sol, tú hiciste el gesto de anotarla en tu mano. A mí de la nada me asaltó el deseo de fumar, llevaba diez meses sin hacerlo, los mismos que sin mascarilla. No quise decirte nada. 

En ese último camino de regreso nos inundó la pereza de cada domingo por la tarde, íbamos en silencio, tú de vez en cuando acariciabas mi mano, que yo apoyaba a conciencia en la palanca de cambio, otras eran tus dedos los que se escapaban sobre mi pierna, yo te miraba y sonreía, anunciando la llegada a casa. Esa última vez que nos enredamos entre sábanas oímos de pronto el cielo estallar y el olor de la tierra mojada de las plantas del patio. Al final acertaron, esa lluvia cayó en la hora precisa y el momento exacto. Nos dimos una ducha, tú le diste un último repaso al juicio, en este caso declarado ya culpable de que ese lunes tuvieses que madrugar y hacerte recorrer doscientos kilómetros. Te miraba allí, concentrado y pensaba en cuanto envidiaba esa capacidad de no dejarte llevar por los nervios, sabía de lo complicado del caso, incluso te había ayudado en alguna transcripción. Yo, sin embargo, siempre parecía dejarme ganar por la ansiedad y el estrés, eras tú el que lograba equilibrarme. La gata llegó reclamando atención y yo aproveché para llevármela a la cocina y darle su premio del día, después me puse a preparar la cena.

La última película que vimos juntos, acurrucados con la manta del sofá, era una de esas que yo había visto cien veces y te había hecho ver a ti unas ochenta, habíamos acabado por adorarla los dos y en cada nueva visión siempre encontrábamos algún detalle o entendíamos alguna escena de forma diferente a la vez anterior. Nos acostamos a eso de las doce, apenas te daba tiempo a dormir cinco horas, tu cabeza se posó sobre la almohada y al instante yo noté tu respiración calmada, sumida en el sueño. Yo me quedé mirando al techo, luchando contra el insomnio, no recuerdo a qué hora mis párpados agotados cayeron vencidos.

El último beso que me diste fue a oscuras, mientras yo dormía.

 

 

Mañana hará un año de aquella última vez, es otro domingo de abril, no he vuelto a esta playa, a este lugar desde entonces. Esta mañana, al despertar, en mi despertar, me decidí a descargar aquella tarjeta en el ordenador… Mi pelo, color violín, compitiendo con el azul del mar… Olas estrellándose contra las rocas… La torpes manos de un niño y una cometa…  He caminado por la orilla, mojado mis pies en salitre, sentado en aquella terraza y pedido una cerveza. Al ir al coger el libro me he dado cuenta de que lo he perdido, se me caería en el carril que va al faro, cuando saqué la botella de agua… Pienso en quién lo encontrará, en que quizá de ahí surja una historia de cómo fue a parar un libro allí, en una hora precisa y un momento exacto...  En que qué tipo de persona desalmada deja tirado algo en mitad de la nada y es capaz de no mirar atrás… Marcando así otra hora precisa y otro momento exacto que no se eligió.

Me encendí un cigarro, me puse las Ray-Ban , iba a esperar el atardecer… Y me asaltaron las ganas de llorar.




30 de marzo de 2021

Mi Mariquilla...



¿Sabes qué pasa abuela? Que de alguna forma algo de mí también se fue contigo, que desde aquel 29 de octubre siento que esa niña que luché por mantener viva en mi interior se hizo grande sin querer y ya nada puede ser igual. Es que venía arrastrando mucho, abuela, mucho, pero este lugar en el que ahora habito, y que deseé que conocieras, hizo más leve la travesía… Pero lo cierto es que esa pandemia, de la que juntas “bromeamos” la última vez que te vi en la cama, en la tuya, ya me había hecho mella… Tú siempre quisiste para mí un amor, un buen novio, pero no llegó, abuela, tampoco sé si llegará y, para ser sincera, casi que me da igual… Sí, abuela, todo ese tiempo quizá hubiese sido más fácil con un compañero a mi lado, alguien que como a mí, y a tantos, nos hubiese costado afrontar las noches, el ser capaz de leer un libro o salir a la calle, sin sentir que estas te devoraban… Sí, abuela, es cierto que eché de menos uno rostro en la mañana, un apoyo, un poder abrazar, pero sabes qué pasa, que aun así nada hubiese cambiado, lo que esta pandemia me robó, de lo que el confinamiento me privó, no hubiera sido distinto, porque me quitó de estar contigo, porque te me fuiste el año en que menos te vi, en el que menos disfruté de ti… Y era complicado explicarte que si no iba más a tu casa no era por miedo a que tú me pegases algo, era el de que fuese yo la que te pegase algo a ti… Me vine a este piso con la alegría de tenerte más cerca y… Las circunstancias me hicieron estar tan lejos…

 Para muchos puede sonar egoísta, abuela, lo sé, yo era una privilegiada, lo sé... Pero… En septiembre se marchó mi amiga y… Ya sabes que es algo que también me cuesta asumir y digerir. Viví con el que fuese mi marido la pérdida de su padre, la marcha de seres queridos de mis amigos, pero… Que quieres que te diga, tu marcha es distinta, aunque sepa que fue ley de vida, pero… Abuela, es que… Dejé de ser niña, no sé cómo explicarlo, ni yo me entiendo, el vacío es tan inmenso…

 Te fallé, es lo que siento, no puedo evitarlo… Siento que no fui la nieta que querías que fuera y el problema es que aun así creo que fui como tenía que ser, yo no podía ser distinta… No, yo no te di bisnietos, ni era esa mujer de mi casa, es que yo de alguna forma me críe y crecí entre lo que soy, en lo que tú me inculcabas y en lo que me educó mi madre, ahí radicaba el problema, elegí seguir mis propios pasos y… A ti siento que te fallé… Aun así sé que te sentías orgullosa de mí, que en el fondo te divertía esa nieta rebelde y deslenguada que te soltaba “barbaridades” y a la que tú le soltabas las tuyas… Soy una mezcla de todo eso que mamé, pero en mi generación… Pero no dejo de sentir que te fallé, porque me hubiese gustado darte ese bisnieto, tener esa pareja… No dependía solo de mí, abuela, o sí, pero era eso, yo no estaba dispuesta a ciertas cosas… Y quiero creer que preferías verme feliz y sola que…

 Cinco meses, abuela, no me acostumbro, yo que decía que nos acostumbramos a todo y… No sé cuándo llegará el día en que no verte y no oír tú voz sea eso, costumbre o yo que sé, pero lo veo lejano, imposible… Te echo de menos cada día, cada domingo... Cada vez que agarro tu cadena e intento entender que ahora soy yo la que la lleva y no tú…

 

Esto lo escribí para ti hace años, pero es que siempre me pareció cutre y nunca te lo leí, es que me pusiste el listón muy alto Mariquilla… Que idiota soy, abuela, si siempre estuve y estaré en tus brazos…

 

Mi Mariquilla… Me hace mucha gracia oírte decir eso de que eres manchega cuando tienes un acento tan jerezano... Es que tú eres una jerezana de la Mancha…

Sin mucho esfuerzo, al cerrar los ojos, me veo de pie en el baño, mientras me preparas para ir al colegio y me cantas eso de “En el ojo del culo y olé, tengo un piojo, cada vez que me tiro un peo y olé, le salto un ojo”. Esa eres tú, MI ABUELA. La que me hace reír, la que dice palabrotas y me pasa dinero a hurtadillas. No eras una abuela al uso, no lo eres, ni lo vas a ser nunca. Recuerdo que me decías que cuando fueras viejita yo te cuidaría, y yo te decía que sí, que lo haría. Pero te miraba y me costaba pensar en que ese momento llegase y es que tú, María, mi abuela, eras una mujer de armas tomar, con carácter, de las que nos gritabas si nos retrasábamos a la hora de comer, alegando que el arroz se iba a poner para pegar carteles. La que los domingos empezabas a cortar la barra de helado, entre carcajadas, a sabiendas de que el que parte y comparte se lleva la mejor parte, yo también sonreía, porque de sobra sabía que la otra mejor parte sería para mí. Fui la que te hizo abuela, demasiado joven, eso sí, y también durante muchos años fui la única niña, y eso pues era algo que, sin quererlo, me hizo ser especial, no es que tuvieses favoritos, pero… Tú lo sabes y yo lo sé.

Recuerdo las broncas de mis padres, el hacerme prometer que no te iba a pedir nada, pero después, como bien dice mi madre, ambas nos saltábamos las normas. Me bastaba con un, abuela he visto, para que una moneda se deslizase en mi bolsillo, me bastaba decir yo quiero ir, para estar allí. Me malcriabas, que se dice, Pero a la vez, te salía la vena abuela y me decías eso de te voy a lavar la boca con lejía o eres mocita ten cuidado. En ti siempre vi una cómplice de “fechorías”, un refugio, una mujer a la que querer y admirar. Sí, siempre han dicho que tenías debilidad por mí, pero yo por ti también.

Me gustaba oírte cantar eso de “Pisa morena, pisa con garbo”, me gustaba ver contigo las películas de tú época, mientras tú utilizabas el Semana como “papelera” para las cascaras de pipas. Me gustaba irme contigo a la tienda, verte despachar a las clientas y saber que mirabas para otro lado cuando mis manos se deslizaban hacia las chucherías. Me gustaba jugar contigo al Cinquillo, al Ramy, a la Brisca, ver la cara de pícara que ponías cuando sabías de sobra que una vez más ibas a ganar la partida. Me gustaba oír tus historias de cuando vivías en la calle Lecheras, como esa de que al Juanillo del Cristo lo metían en el Tabanco para cantarle. Cada año, cuando veo a ese gitano navegar por las calles de Jerez le pido que no se olvide de ti y que te acune en su Valle. Recuerdo cuando los miércoles íbamos tú, mi madre y yo a San Judas, la risa que te entraba cuando te piropeaban por la calle, y es que tú siempre has llamado la atención. Recuerdo aquellos viernes cuando me iba contigo a la peluquería de Emilia, eres una presumida de cuidado, siempre con tu espejo y tu barra de labios, con tu permanente perfecta y tu espalda recta. En eso, ni mi madre ni mis tías ni yo, hemos salido a ti, eres una señorona, de pies a cabeza. Muchas veces te digo que echo de menos cuando hacías natillas en Semana Santa, también echo de menos esas tortillas que me hacías cuando volvía del instituto

No, nunca has sido una abuela típica, a ratos quizá. Yo siempre te he visto como una mujer fuerte, decidida, con coraje, con carácter. Y a veces te cabreas cuando te digo que el abuelo tiene más mérito que tú al estar contigo, porque con ese genio que gastas… Pero te lo digo desde el cariño y desde la admiración. Lo sé, sé que conmigo has sido distinta en muchas cosas, por eso yo también siento que para mí lo eres, después de mi madre eres la persona más importante de mi vida, es así, así lo siento.

Me río cuando me dices que por las noches rezas para que me salga un buen novio, sé que te hubiese gustado que así fuese, pero… Quizás tú y el abuelo me habéis hecho poner el listón muy alto y de ahí que no lo encuentre. Me hubiese gustado darte un bisnieto mío, pero lamento decirte que no será así, pero oye, que mis bichitos son adorables y a mí me hacen feliz y a mí con eso me basta y espero que a ti también…

No, no eres una abuela como las demás, pero es que yo tampoco querría una abuela así, es más divertido poderte soltar las cosas que te suelto, “escandalizarte” de vez en cuando, reírme y decirte que dejes de tomar coñac por las mañanas, verte poner esa sonrisa de medio lado… Eres mi cómplice de “fechorías” y me encanta picarte, buscarte las cosquillas, ver que te encelas si le escribo al abuelo y no a ti.

Pero es que ya te conozco Mariquilla y también me conozco a mí. Y para escribir de ti me harían falta siete vidas, porque es eso, para mí, eres una pieza fundamental de mi vida y te quiero con locura. Aún hoy, con tus ochenta y cinco años a cuestas, que sé que te pesan, yo te sigo viendo como a esa señorona que me decía que tendría que cuidarla cuando fuese viejita y yo le decía que sí, aunque me costaba imaginarlo porque era yo la que por aquel entonces dependía de ti. Pero ya ves, han pasado treinta y muchos años y ahora, ya no soy esa niña que se reía contigo antes de ir al colegio, a la que preparabas una lata con cola cao porque no le gustaba la leche sola que le daban en clase. Ya no soy esa adolescente que se quedaba charlando en la puerta de casa mientras el arroz se enfriaba, ni la mocita que debía cuidarse. Hoy soy una mujer, que trata de ser como tú en algunas cosas, ahora soy yo la que te riñe a veces, la que trata de cuidarte cuando lo necesitas… Ahora, empiezo a entender aquello que me decías y que yo prometí hacer sin saber lo que significaba. Y lo único que espero es no fallarte, como tú no me fallaste a mí, saber devolverte todo el cariño que me has dado, esa complicidad, esas fechorías… Sencillamente, cumplir mi promesa. 





 

1 de octubre de 2020

Restos...

 



Tenía las manos resecas víctimas del hidrogel, llevaba días lidiando con algo parecido a un barillo que se había instalado en su barbilla, seguramente producto del tiempo que pasaba con la mascarilla puesta, en su frente brillaba, según la luz, un destello fruto del  desgaste del tinte y sus ojos, esos, de alguna forma reflejaban lo que desde hacia veinte días arrugaba su alma. Seguía sin entender, sin digerir, por mucho que le dijesen ella no lograba encontrar el por qué, estaba claro que esta vida no era justa y le asqueaba ese estúpido consuelo del lugar mejor que vendían como panacea. Un lugar mejor, los cojones. Para morirse solo hace falta estar vivo, así de simple, de sencillo, de un minuto a otro pasar de estar a no estar… Y ya no estaba… Su voz se había ido diluyendo, los primeros días la acompañaba a cada rato, al igual que su sonrisa, su dulzura… Tú eres de las que tiene un duro y das dos… Y ella se reía porque sabía que, en su caso, daría cuatro; ella siempre estaría en desventaja.  

Todo ahora era raro, ni sus manos agrietadas ni el llevar mascarilla, no, el virus, la pandemia, el confinamiento, nada de eso la haría decir que ese año había sido nefasto, egoístamente hablando lo único jodido de ese año, lo único que jamás olvidaría y lo marcaría sería su marcha, porque ese doce de septiembre fue cuando sintió que todo perdía el sentido.  Se podría decir que para ella era una pérdida “menor”, que no afectaba de lleno, ni pleno, a su vida, ella seguiría con sus cosas, su trabajo, su piso nuevo, sus gatos… Ella seguía ahí, pero cómo, por cuánto tiempo… Con qué sentido y misión. Y no podía evitar sentir que de alguna forma todo tendría más sentido o hubiese sido más justo o equilibrado o vete a saber qué, si le hubiese tocado a ella, todo sería más sencillo, menos cruel…

Llevaba días dándole vueltas a la cabeza, replanteándose cada decisión tomada, cada fallo cometido, cada oportunidad perdida… Durante los días de encierro ella fue feliz, desde que cambió de casa se sentía así, había logrado quererse, encontrarse, ser lo más parecido a lo que siempre quiso ser, perdido miedos… Ahora todo estaba difuso, carente de sentido y realidad. Y en un ataque de filosofía barata su cabeza mantenía una constante disputa con su corazón y su razón. Creemos tener tiempo y no, estaba claro que el tiempo es efímero, la juventud no siempre es sinónimo del mismo. No, nosotros no disponemos de tiempo, el dispone de nosotros y aún así nos empeñamos en perderlo y en creer que… Mejor mañana.  Ocultamos, engañamos y postergamos sin darnos cuenta de que ese refrán existe por algo y que no, no debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Ella, claro ejemplo de la procrastinación, vivía, o presumía vivir, por encima del bien y del mal, con su pose de pasota y de no sentir ni querer hacerlo. Lo cierto es que se engañaba y no era capaz de reconocerlo, se conformaba, tan simple y llano como eso, se había acostumbrado a vivir con lo fácil, con un trabajo que no le llenaba, con un continuo rechazo a sus virtudes, con una soledad que amaba pero que deseaba compartir.  Sí, era feliz, lo era, era ella, sí lo era, pero también sabía que de irse su tiempo…  Ella, la cobarde seguía aquí, quizá esa era la tarea, aprender a ser valiente… Como la recordaba, como fue, como de alguna forma seguiría siendo y a ella le constaba que era así, porque sí, porque luchó, lo hizo y tuvo la vida que siempre quiso, al menos la más parecida, ella aprovechó su tiempo y no se conformó, pero el tiempo se empeñó en escaparse de su historia demasiado pronto, pero fue Feliiiizzzz!!!!!( como su estado del wass decía).  

No, a ella no le gusta llamarse cobarde, se engaña y se dice valiente a toro pasado… Ella siempre va a quitarle importancia a todo y a conformarse, es más fácil vivir así, de esa forma ha llegado a ser feliz, pero sabe que le falta algo, que de alguna manera se hace vieja por momentos y que añora cosas que dice no querer. Es más sencillo bromear y quitar hierro, ese es su escudo y su coraza. Ahora es consciente de que se miente, de que por mucho que diga no, hay un sí latente en su interior, pero le falta valor, aún se queda al filo del abismo, a un paso de andar el camino de baldosas amarillas, en el fondo se pierde en la ruta que marca el camino a Oz y se escuda en tiempos de segundas estrellas a la derecha.

Me has dejado un enorme vacío... 

Y miles de dudas...

Y te lo agradezco…

AMIGA



10 de agosto de 2020

Confiamando/Nueva normalidad (Historia en dos momentos)

 



El primer día desayunaron en la cama e hicieron tiempo hasta las 12, cuando decidieron levantarse.

Él se había presentado en su puerta, sin avisar, la noche antes. Una maleta, una mochila con libros, la guitarra y la cámara de fotos colgada al cuello. Si hemos de estar en cuarentena quiero que sea contigo, le había dicho. Ella, en su infinita estupidez, se quedó sin palabras, incapaz de reaccionar. Antes de ese momento los separaban 120 kilómetros y era ahí cuando ella tenía siempre la frase exacta que decirle, la conversación necesaria, la palabra precisa, que decía aquella canción. Ahora estaba detrás de la reja y no, su mente no era capaz de conjugar un verbo ni construir una frase. Tuvo que ser él el que le pidiese que abriese la jaula en la que ahora ella parecía estar metida.  Una hora después ella seguía dándole vueltas a la cabeza, tendría que haberle dicho algo, abrir la puerta, tirarse a sus brazos, pero no, no fue eso lo que dijo ni lo que hizo, simplemente dio la vuelta de llave, lo ayudó entrar, apartó al gato y …

Piensas que el mundo se acaba, por eso estás aquí. Le dijo medio incrédula, medio en tono de reproche, una vez cerró la puerta tras de sí. El ignoró sus palabras, lo mejor que pudo hacer, aunque no se lo hubiese dicho nunca, sabía que ella siempre estaba a la defensiva, en el fondo no podía acusarla, en el fondo él tenía parte de culpa y en el fondo también le daba igual, porque contaban con aquellos días para poner en orden el desorden, para equilibrar lo desequilibrado, para decirse de una puta vez todo aquello que antes no se habían dicho. Porque no, el mundo no se iba a acabar, ni después de aquello los hijos de puta iban a dejar de serlo, no, después de aquello la humanidad seguiría siendo igual de inhumana, no, él para nada era de la teoría de los que pensaban que todo aquello haría de la gente una bella persona. Una vez todo pasase, una vez ese virus se “largara” todo volvería a ser igual. Es más, incluso peor, mucha gente quedaría afectada psicológicamente, muchos no volverían a encontrar trabajo, los fachas seguirían siendo fachas y los de izquierda a esos… A esos les tocaba ser los culpables de todo… Cuñaos, viejas del visillo, youtubers oportunistas, seres recién especializados en epidemiologia, miedo le daba esa avalancha de entendidos plagando las redes sociales y los grupos de whatsapp de mensajes sin sentido, alarmistas y carentes de base científica o jurídica…

Todo daba igual si estaba allí con ella, daba lo mismo que llevasen dos años juagando al gato y al ratón, daba igual, tenía que darle igual. El mundo no cambiaría, pero al menos tenían la oportunidad de cambiarse ellos.

No me extraña que te enamorases de este piso, le dijo mientras su vista se iba clavando en cada uno de los rincones de la estancia. Ella volvía a no decir nada, se limitó a coger un par de cervezas de la nevera. En su cabeza iba recomponiendo sus escasas conversaciones, en qué momento ella le contó eso, puede que sí, que en alguno de sus encuentros ella mostrase efusividad o felicidad, pero enamoramiento, no eso no, a él no le había hablado de eso. Cierto era también que los últimos meses estaban algo borrosos, el pasado año había sido crudo de más, jodido de más, tenía nebulosas, días indeterminados, conversaciones licuadas, a medias, respuestas sin sentido, ataques de ansiedad, insomnio, despertares prematuros… No, ese año fue un quedarse sin aire, un cúmulo de desastres, de desilusiones… Pero entonces llegó la venta y llegó el enamoramiento… Y al fin, tras nueve años, estaba donde quería estar, libre y liberada, volviendo a reconocerse en el espejo y buscando en lo profundo para sacar de una vez por todas a esa mujer que siempre quiso ser, que siempre supo ser y que el miedo había enterrado.

Él estaba ahí, es su guarida, ese lugar donde al fin encontraba un nido confortable y vacio de recuerdos y fantasmas. Ella, no sabía muy bien cómo actuar, como terminar de quitarse la coraza, sí, se había perdido el miedo, sí, empezaba a ser ella, pero había una parte que por mucho que quisiera no había logrado recuperar. Hubo un tiempo, años atrás, en la que ella era distinta, mucho, una chica a la que le gustaba abrazar, achuchar, apapachar, ella fue una persona cariñosa, en el fondo no sabía cuando paso a ser ese cactus, que muy probablemente usaría ese virus que pululaba en el ambiente como excusa para no demostrar nada, para impedir dar dos besos o dar una caricia… Quizá llevaba demasiados años sola, quizá la habían jodido demasiado… Vete a saber… Lo cierto es que era una parte que no había recuperado y que, siendo sincera, echaba de menos… Y a él, con él siempre trato de estar a la defensiva, de regalarle las menos sonrisas posibles y de disimular, de poner cara de ni te acerques, porque en el fondo sabía que él, sin querer, la dañaba, porque seguía sin poder evitar pensar lo que siempre sintió el día en que lo conoció, cuando era un perfecto desconocido que su corazón tuvo la osadía de querer reconocer, de querer creer y querer….

Y bueno, hace un año o así, ella inventó una cita, hoy reinventa e inventa una historia que pudo pasar y no pasó, porque el confinamiento pasó, aunque no sabe si volverá, porque esos días los pasó sola y, a pesar de todo, fue feliz e incluso añora muchos momentos, muchos días,  porque es eso, ella hoy es feliz, porque aquellos días le sirvieron para terminar de encontrar la paz, para saber lo que quería para su vida, para tomar la opción de no volver a tratar de cambiar lo que no podía y aceptar las cosas tal como viniesen, a ocuparse y no preocuparse, a ponerse guapa para ella, a quererse a ELLA… Y lo había logrado, ella lo sabía, quizá los demás no, pero con saberlo ella lo demás sobraba, pero también sabía que seguía echando de menos a una de esas mujeres que en ella habitaban, a la valiente en el amor, a la que regalaba abrazos y caricias, quería recuperarla y estaba siendo sincera… Y soñaba con volver a querer, con volver a enamorarse, porque ella ya se quería, porque ella ya estaba enamorada de cuatro paredes, porque había logrado dejar aquella maleta en el andén, porque sí, al fin estaba en SU TREN, pero deseaba encontrar a ese otro pasajero con el que sentarse sin distancias de seguridad y sí, podría haber sido él, pero… Estaba claro que solo compartían gustos, más de lo que él era consciente, ella sí, porque su gen cotilla seguía presente, pero no sentimientos y bueno, era eso, en esos días confinada había aprendido a dejar al corazón libre y a su cabeza centrada, a que él no afectase y a aceptar que su corazón se equivocó, aunque su amor fuese verdad… Seguiría recorriendo vagones, parando en estaciones, tarde o temprano esa mujer que ella fue regresaría y tarde o temprano ese amor le cedería el asiento contiguo…




20 de mayo de 2020

TIME II (The other side)...



Hace casi dos años que llegué a este lugar, ni confirmo ni desmiento que esto sea el cielo, es un lugar que mola muy mucho, eso sí… El día que seguí la luz y aterricé en este sitio pues fue así como raro, la verdad, aún tenía el sentimiento de echar de menos, la tristeza de haber dejado a los míos… En un principio anduve días como perdida, pero con el tiempo todo eso se pasa, dejas como de sentir, algo raro, como si vivieses en una tajada guay permanente…Y entonces comencé  a descubrir rincones, lugares, vamos que aquí también hay bares, cerveza y tapitas ricas… Y lo mejor, como ya estás en otra fase pues, no hay resacas, ni borracheras ni nada de eso que hacía que te arrepintieses de darle a tu cuerpo alegría Macarena. Esto es primo hermano a lo de allí pero sin peligros, vamos que a veces pienso que el autobús pudo pillarme antes… Además yo cuento aun con más ventaja, tengo a mi lado a la mejor de las compañías, a Clío, sí, la mosca se vino conmigo. Su vida en la tierra se hubiese reducido a días, pero ella fue lista y se pegó a mí y de esa forma logró la eternidad. Juntas seguimos cantando, bailando y riendo, ya os digo, nos hemos adaptado bien,  son casi dos años los que llevamos aquí. Y la verdad es que, es eso,  salvo casos que nos chocan, porque siempre hay muertes que, en fin… Guerras, hambre… Al llegar aquí todo es distinto, aquí todo es como si viviésemos en una viñeta de Mr. Wonderful, pero menos cursi. Los que por aquí pululamos no nos hacemos “ni puto caso”, vamos que no nos rallamos los unos a los otros, porque no estamos rallados ni nosotros. Nos contamos el cómo llegamos y poco más, ya os digo, aquí nada duele y se agradece. Lo que si os digo es que, aunque, obvio, no conozco a todos, hay muchas caras que no he visto por estos lares, cosa que gusta, no sé dónde los mandan, sé de buena tinta que no hay infierno, pero igual otro distrito… Y es eso, aunque aquí no hay clases, ni nada parecido, no me hubiese molado compartir terraza con ciertos señores bajitos de bigotes perfilados.
Pues eso,  qué queréis que os diga,  que mola eso de tener una tarde de poesía con Lorca, Salinas, Garcilaso, Hernández, Lope de Vega, ahí todos juntos; mezclando estilos y épocas,  o que de buenas a primeras se unan, en riguroso directo, Cohen, Bowie, Mercury, Morrison, Cobain… O ver a mi adorada Audrey en pleno rodaje… Porque sí, aquí seguimos conservando nuestras habilidades, dones, hobbies… Os podéis imaginar que podría pasarme horas contado la cantidad de cosas chulas que aquí se ven y se viven…  Pero no voy a ser tan puñetera…

Bueno, ahora que os he puesto en situación, voy al grano y os contaré lo que estamos viviendo aquí, ahora, porque si, aquí también hemos notado los efectos de esa pandemia que os azota allí abajo, aquí también están siendo unos días raros, duros, los que llegan pues… Sí para mí ya os dije que al principio fue complicado, para los que están viniendo pues… Yo, que tanto me quejé de aquella sala del tanatorio… Ahora lo veo de otro modo… La parte buena es eso, que a los pocos días empiezan a sentir los efectos de este “paraíso”…  Aun así, muchos, observan desde aquí arriba, La Tierra, con la mirada perdida y… Es duro, mucho, hasta para los que ya habíamos aprendido a “no sentir”.
Pero bueno, los que me conocéis ya sabéis que a mí siempre me ha gustado tomarme las cosas con un poco de humor, porque no sé, era mi forma de sobrellevar la vida, la mortal y esta de ahora.  Y la verdad es que hay cosas que vistas desde aquí pues… Lo primero que me llamó la atención fue como de pronto los balcones de la gente empezaron a soltar ruido, y no, no me refiero a los aplausos, esos eran bonitos, era lo que venía después… Vamos Clío, si tú me llegas a torturar a mí de esa forma, te aseguro que aquí no estás… Anda la que dieron con el Resistiré, que eso, en un primer momento moló e incluso aquí mi amiga la mosca empezó a silbarla,  pero a la tercera vez, del palpi que le di, ni la primera nota volvió a soltar… Pues eso, que pesadilla acabó siendo la canción, venga versiones, que no han cobrado los del Dúo Dinámico más derechos de autor en toda su carrera, eso fijo… Continuó la historia con el Sobreviviré, la que no hubiese sobrevivido hubiese sido yo, vamos clarísimo lo tengo… Bueno y ya lo de las discotecas balcón, la hostia, pero vamos a ver, hombres de dios, no tiene la gente suficiente con estar metida en casa, para que llegues tú a dar por culo con Juan Magán y Cia, pero qué es eso, una pandemia de covid o un congreso de DJs frustrados… Bueno y lo del papel higiénico, eso, eso fue la leche, ver los supermercados abarrotados y la gente saliendo con diez paquetes de doce rollos. Señores, un poquito de por favor. Clío me miraba en busca de alguna explicación, yo no encontraba ninguna, sigo sin hacerlo en serio (ahora es cuando os vais a ir por patas al tratar de entrar en la ropa de verano)… Lo que sí pensaba es que, con el paso de los años, algún abuelo le contaría a su nieto… Yo, yo sí que luché, yo sobreviví a la pandemia del 2020 con cinco rollos y no sabes cómo fue aquello. No sabes nada de la vida, ni toallitas húmedas necesité, con sólo cinco rollos vencí al bicho. Hubo muchos con mejores armas, mejor equipados, con las despensas llenas, pero tú abuelo fue la resistencia… Y hablando de “resistencia”  ¡¡ay, madre!! Lo del himno, el crespón y las banderitas, joder, eso ya no sabemos por dónde cogerlo, hasta Clío se pone a tararear el Bella ciao y La internacional para evitar el vomito que nos produce ese otro ruido… Y mira que nosotras seguimos comiendo lo normal, no cómo allí abajo, que se ve que del aburrimiento pues ale, todos a zampar como si no hubiese un mañana, que vale que igual no, pero… Y si no hemos hecho la compra, ale, a hacer bizcochos y pan, ahora todo el mundo tiene complejo de pastelero y panadero… Y mira, es que se ve cada cosa que… Criatura esa miga no esponja ni con tres litros de salsa marinera, no vayas a morderlo que los dentistas están cerrados y el empaste no te va a aguantar, que te lo digo yo… Y a los que les ha dado por buscar nuevos hobbies, a ver chiquillo, tú no has dibujado bien en tu vida, qué piensas, que a ti en vez de tos, como síntoma, lo que te va a dar es la mano de Picasso, claro, claro y a esa otra la voz de la Jurado… Si es de cajón, de primero de pandemia, vamos… Anda y dejad de dar por culo, que es eso, la gente está metida en casa y tú la guitarra en tres días no vas a aprender a tocarla ni de coña… Aunque en realidad como la otra inmensa mayoría ha decidió pintar paredes, hacer reformas o limpiar pues… Vamos me pilla a mí una de esas y me voy a poner yo a eso, a hacer el tonto y cansarme, LOS COJONES…  Dormir, comer, series, libros… Porque de lo otro, de haber podido, también, pero… Mucho me temo que me hubiese pillado sola… Pero vamos que no hubiese ganado para pilas o hubiese quemado el cargador… Yo de seguro hubiese adoptado la vida de mis gatos… Pero bueno, allá cada uno con su confinamiento… Yo lo de limpiar lo hubiese dejado para la fase uno u dos, que si no me equivoco en esas ya pueden venir a tu casa, ese es el momento de fingir y limpiar… Lo de moldear o mezclar harinas, ni por esas…

Hablando de fases, la mañana en que se levantó el veto, y ya os dejaron salir a la calle, Clío y yo pillamos varios paquetes de patatas, aceitunas, chicharrones y cerveza… Joder, que risas al ver a tanta peña oxidada, ya no solo por la cuarentena, sino porque en su puñetera vida había hecho deporte y, ahí estaban, queriendo fingir ser corredores de fondo… Venga, todos en mallas fosforito a hacer el gamba… O los de, yo no sé ni pedalear, pero este año entreno para el Tour… Se agotó el papel higiénico, la levadura, las mascarillas… Farmacias del mundo, haced acopio de Voltarén y Réflex, en serio os lo digo… De haber estado yo ahí, de milagro hubiese salido a pasear un día… Lo reconozco, yo creo que lo hubiese llevado bien, hubiese echado de menos a los míos, pero lo de no salir, estar a mi bola, la soledad… La verdad, yo lo veo… Ventajas de haber sido un poco rarita de siempre. A mí me hubiese costado lo otro, lo de volver a “la nueva normalidad”, que la llaman. Vamos, si aquí estoy más o menos así y estoy en la gloria… Porque además yo lo de tener que llevar mascarilla, pufff, con las gafas… A ver cómo… Que seguro sacaban mil trucos, pero… Yo me imagino y… Por la calle, sin las gafas, yo con el tapabocas, mi caraja, mi despiste, la gente con medía cara oculta, así como la luna… Si ya no os veía antes, con ese panorama…  Vamos que me hubiese cruzado con el amor de mi vida y ni llevando el luminoso de Tío Pepe en el pecho me cosco… Pero vamos, que yo lo de ligar y tal ya lo llevaba regular de antes… Ahora ya me contaréis vosotros… Como van diciendo, ni el lenguaje de los abanicos supera al de la mascarilla, la pantalla y los guantes… Si tienes que mantener distancia de seguridad con la gente que no convives, cuéntame cómo vas a follar a dos metros de otro, que igual ni conoces o te topaste con él anteayer por Tinder… Cuanto nude suelto, cuanta muñeca dislocada… Es que se os complica la cosa ennn, el que avisa…  Eso sí, igual los ha habido que en esta cuarentena han echado de menos a esa personita e incluso han pensado: Debí haber actuado, la vida nos ha demostrado que… A esos, a esos les digo que corran, que ahora ya en fase 1 podéis visitar, que no tengáis miedo, que llaméis a la puerta de esa persona, que seguro estará en casa (o ya sería mala suerte) y sin miedo le cantéis: Contamíname… Sí, sigo siendo una moñas, es lo que hay…  Sí, después del coñazo del Resistiré tienen que venir los Contamíname, es lo suyo… O el Dame veneno o el Poison… Hay canciones de todos los géneros que seguro os ayudan a declamar vuestro amor en estos tiempos, el amor en los tiempos del coronavirus… Y juntos, pues como en Casablanca, el mundo se derrumbará y vosotros igual os contagiáis, pero también os enamoraréis… Ainsss, yo lo veo, de punta tengo los vellos…

En fin que, a pesar de lo jodido, el veros salvar el mundo tirados en el sofá, en pijama, sin peinar y comiendo pistachos y chocolate ha sido curioso… Ahora parece que el bicho va reculando, pero os queda un arduo trabajo, no lo tiréis por el sumidero del lavabo, seguid siendo conscientes de que habéis ganado una batalla, que no la guerra… Os lo digo en serio, a los de aquí no nos gustaría volver a tener esa triste llegada de nuevos compañeros, es muy posible que a esos que ahora han descubierto los productos de Magefesa no los veamos por aquí, pero, es eso, ahora no sólo es el amor el que está en el aire y… Esto sí es realmente letal y no entiende… Y ese garbanzo negro, con su ollita y su cuchara de plata, jode el potaje… Aquí no pasarán, pero vosotros me entendéis, a las barricadas, a seguir luchando… No bajéis la guardia, que es trabajo de todos, no sólo de los de arriba… Nosotros no, ennn, me refiero a esos de los sillones, no liaros…

Clío y yo os seguiremos vigilando desde aquí… Resistiréis…