25 de febrero de 2021

Memories...

(Sevilla 23 de febrero de 1995)




Así, a modo de advertencia…. Me hallo en una lucha encarnizada con las hormonas, no es cuestión de hacerme mucho caso…

 

En fin, en vista de que el virus este que está circulando por aquí me tiene atrofiado el coco y no soy capaz de juntar letras desde hace yo qué sé cuánto, hoy rescato algo que escribí hace casi nueve años y que menciona algo que sucedió hace veintiséis años hoy. Y es que aquel 95 sigue siendo un año especial para mí, de esos que marca un antes y un después, mis 16 años (casi 17) que se me tatuaron en el alma… Y es que éramos tan jóvenes, es que dolía casi todo… Y ahora que ya sobrepaso los cuarenta, ahora que me doy cuenta de que era joven cuando quería ser madura y que soy madura queriendo ser joven, pues… Escribí sobre aquel año hace nueve, vuelvo a recordarlo hoy y no sé, quizá dentro de veinte años me sorprenda diciendo: Ostras es 24 de febrero o 20 de abril o 9 de mayo… Dicen que el primer amor nunca se olvida, se deja de querer, pero no, no se olvida y tampoco se borra de la memoria (supongo) todo lo que lo rodeó… Pues eso, que aquel curso no solo le desquició la cabeza a mis padres, también me la desquició a mí, de muy distinto modo, eso sí…

Del 95…

 Hoy es un día en que a muchos se nos viene una canción a la cabeza nada más mirar el calendario, 20 de Abril, una de las mas cantadas de Celtas Cortos. 

Una carta que se escribe después de muchos años, carta que seguramente no se llegue a mandar, puede que sea algo así como algo que anotas a modo de recuerdo… A veces buceamos en nuestra memoria y recordamos momentos del ayer, nos preguntamos que fue de esas personas que salieron de nuestras vidas sin un motivo aparente, simplemente dejaron de estar… A veces el destino o las nuevas tecnologías te vuelven a reunir con ellas, de otras no vuelves a saber, o te las cruzas de vez en cuando por la calle e intercambias un simple hola o un gesto con la cabeza.

 Yo, hoy, me paré a recordar un 20 de Abril, el del 95, quizás porque sea del que mejores recuerdos guardo en mí.

 Mi época en el instituto seguramente fue como la de mayoría, “la mejor”, en pleno apogeo de una adolescencia en la que crees que te comes el mundo…Es el periodo de las primeras cosas…La primera borrachera, el primer morreo, la primera base, los primeros cigarros, las primeras broncas gordas por la hora de llegada, el primer amor, la primera decepción…La primera colonia que no es Chispas xD… Miro atrás y fue sin duda genial, pero sin duda tampoco volvería a ella; puede que si por un instante, un momento, pero nada más.

 Yo no fui la típica alumna de buenas notas, no, yo en el insti entre siendo una pava que pensaba que no encajaba allí y, como siempre me dice mi madre, de no acostumbrarme, pasé a acostúmbrame demasiado… Pronto me dejé arrastrar por el lado oscuro de las escapadas, el no estudiar y el pensar en musarañas todo el santo día…Adoraba ir a clase, pero para liarla y estar con mis amigas…Hice tres veces segundo de BUP, el primero asumo que no hice nada, bueno si, comer Triskis en la plazoleta de al lado…Después las Mates y la Física y Química me jodieron la existencia; soy de letras, los notables de Latín y Literatura se enfrentaban a los muy deficientes de la parte de Ciencias.

 El curso 94/95 fue sin duda mi año, aquella clase de 2ºE la recordaré toda mi vida. Cuando, alguna vez, hablo con compañeros de entonces todos tienen algún recuerdo y es que fuimos un curso piña, donde iba uno, íbamos el resto detrás y por más que trataron de silenciarnos, no hubo profesor que no acabará desquiciado ante nosotros. Recuerdo medidas desesperadas del tutor cambiándonos de sitio y de compañero, daba igual, allí todos hablábamos y conspirábamos con todos, obvio que había ese típico grupo de las “empollonas excluidas”, que obviamente tuvieron hasta su sevillana dedicada en la Feria. Aun me rio recordando a todo el grupo, de los no empollones, por el Real, cantando a golpe de tambor…

 Recuerdo el día de las notas de primer trimestre: la lluvia de nieve en botes de spray, las cervezas en la Tasca San Pablo… El día en que la clase ganó la medalla de oro en baloncesto, durante la semana cultural; la fiesta del 24 de Febrero en Jerez Central, la excursión a Sevilla, el día en la feria, las quedadas tras los exámenes finales y en especial aquel 20 de Abril, en que fuimos de excursión a las ruinas romanas de Bolonia, con  posterior estancia en la playa…Toda una clase de “adultos” frente a unas botellas de tinto con limón… Risas, chistes, canciones y todos jugando al conejo de la suerte, dios las cosas que se vieron allí… Aún recuerdo lo que sentí cuando tras ese “que te guste más” estaba la figura de mi nº13, aún se me pone cara de idiota al recordar que la elegida fui yo… Me acuerdo como si fuese ayer de uno de mis compis, con más tintos de la cuenta, cantando por la chirigota de Los Lacios, a toda nuestra clase jaleando, en lo alto de la duna, “Que le pida salir” y a mí buscando la manera de enterrarme en arena…

 Aquel día fue demasiado especial… Ese curso fue especial… Recuerdo conversaciones, días completos, momentos como aquel en que, de la nada, una canción de Nirvana fue interpretada para mí, a poco más de las 8 y media de la mañana; Yo era el nº12, el intérprete el que le seguía… Miro atrás y pienso en aquella clase de desdoble de Inglés en que vimos Aladdin (en inglés) y el profesor acabó dejándonos por imposible a los dos: Tú siéntete ahí... Y allá que iba el otro con la silla detrás a sentarse a su lado y así hasta que se dio por vencido…

 Hoy por hoy no es que me sienta orgullosa de haber malgastado mi tiempo como lo hice en aquel momento, simplemente es que no veía que lo estuviese haciendo, yo quería vivir e ir contracorriente y eso hice… No presumo de tripitir curso, ni de los disgustos que le di a mi madre, fui una digamos “Rebelde sin causa” y cuando quise sentar cabeza mi tren ya se había marchado. Puede que de no haber pasado tanto de todo hoy sería una Licenciada en Filología Hispánica o en Historia del Arte, pero yo decidí libremente ir por otros caminos. No me arrepiento de lo que hice, pero si de lo que no hice.

 No, no volvería a ser adolescente, ni en broma, quizás, como mucho, en sueños, pero nada más, a pesar de guardar recuerdos increíbles, no, no quiero volver a tener 16, ni 17, ni mucho menos 15. Prefiero eso, mirar de vez en cuando las agendas, los diarios, las cartas y las fotos de aquellos años, sonreír al ver ese Natalia x X en algún libro de texto, esa marca en la obra de teatro de Lope de Vega, en la que me tocó ser Casilda y pronunciar aquello de “No tengo señor mas que a Pedro” ante el cachondeo generalizado de toda la clase y mí posterior tierra trágame. No, no quiero volver, me basta con eso, con los recuerdos que siguen amontonados en el cajón de mi memoria y que en días como hoy los saco a pasear.

No voy a poner una canción de aquellos años, sino una de ahora… Muchos nos creímos los reyes del mundo.

Me quedo con lo bueno y aprendí de lo malo.