-Me voy sola.
Y sabía que era la decisión
correcta, el momento preciso… MI MOMENTO.
La necesidad del reencuentro, del
recuerdo, del perdón y la expiación, de la reconciliación, me llevaron a elegir
tus calles, esas calles de las que me enamoré ocho años atrás, que como una
droga me engancharon. Y no puedo explicarlo, el amor no se explica, se siente o
no se siente, el amor surge y ya, y es eso, yo me enamoré de ti, de esa hermana
fea, como me gusta llamarte, de esa desconocida por tantos, que la miran de
pasada y marchan a ciudades cercanas guiados por una fama, merecida sí, pero…
Tú sabías, como lo sabía yo, que teníamos
una conversación pendiente, momentos que vivir y esta vez teníamos que ser tú y
yo, porque sí, viajaba sola, pero lo hacía a ti… Te acuerdas de aquella Natalia
que llegó allí cual turista idiota y se limitó a pillar un taxi para ir a la
Piazza… ¿La recuerdas? Yo sí y sé que tú, a tu manera también, porque esa misma
después se negó a tomar otro taxi de vuelta a la estación, muy a pesar de la
persona que la acompañaba… Pero es eso, algo le dijo que su amor, al menos el
que la acompañaría en los siguientes años, estaba allí, en esas calles, en esos
colores que contempló al atardecer, en aquella plaza Garibaldi… Apenas tardé
dos meses en volver, ya con la sombra de la separación soplándome en la oreja,
con el principio de un final, con las primeras frases de una crónica de la
muerte, anunciada… Y allí, al amparo de
tus calles iluminadas por el tímido titilar de las velas me dejaste claro que
tú y yo seriamos dos amantes para siempre…
Y sí, volví al año siguiente y todo lo anterior ya era un hecho y
aquella Natalia iba perdida, tan perdida… Y sí, fingí que no era así, te conté
que estaba enamorada, que aquel amor pues… Te conté tantas cosas y te oculté
tantas otras… No quería lastimarte, lo nuestro no debía ser manchado, pero yo,
en el fondo, sabía que aquello era otro final, pero te reconoceré que no sabía
que sería el principio de esa Natalia que ahora me llevó de nuevo a tus calles.
Y te lo debía, tenía que volver y contarte quien soy, en que me convertí y lo
que todos estos años han dejado en mí. Necesitaba ese momento, era egoísmo,
puede, pero… Quería que lo vieses, que me vieses de nuevo sentada a las orillas
del Arno, con otra cerveza, con otro cigarro, pero tan distinta, tan en paz,
tan YO, por fin… Y ahora ya sé que podré volver a ti serena, que desde este día
siempre te daré lo mejor de mí, porque es eso, esto no es más que otro
comienzo, una nueva etapa que está por llegar, el principio de la mitad de una
vida…
Me he traído un pedacito de lo mejor de
ti y te he dejado uno de lo mejor de mí, en estos días que hemos compartido he
crecido, me has devuelto esa confianza perdida en el último año, me has hecho
renacer y al oído sé que me has susurrado que lo hemos conseguido, que ahí
estábamos tú y yo, con el equilibro desequilibrado de tu Torre y mi vida, pero
en armonía… Fuertes y preparadas para afrontar el paso del tiempo…Los 40…
No puedo más que darte las gracias por
empujarme hasta ti, por hacerme tomar una de las mejores decisiones de mi vida,
por regalarme ese concierto casual la primera noche, por esas patatines mientras contemplaba el
atardecer de la última noche, por ese helado que me refrescó el paseo, por el
repicar de campanas en la mañana, por esa visita al Palazzo Blu, por dejarme
jugar en el Orto, por cada paso dado
en tus calles, por los guiños y la complicidad… Por las lágrimas contenidas y por
las derramadas, ocultas tras mi Ray-ban. Gracias por escucharme de nuevo, por
aceptar mis disculpas… Gracias porque ahora somos tú y yo y nuestros recuerdos…
Gracias por ser esa desconocida que un
día me silbó que debía conocer…
PD: Y perdóname que sea tan escueta, con
lo moñas que yo soy y lo sabes, pero es eso, es difícil explicar el amor… Lo
principal, lo vivido y lo soñado, está en mí y volveré para contártelo, a viva
voz, con otra Moretti a orillas del Arno…
PROMESSO
