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17 de julio de 2018

La necesidad del recuerdo, del reencuentro... Pisa II




-Me voy sola. 

Y sabía que era la decisión correcta, el momento preciso… MI MOMENTO.

La necesidad del reencuentro, del recuerdo, del perdón y la expiación, de la reconciliación, me llevaron a elegir tus calles, esas calles de las que me enamoré ocho años atrás, que como una droga me engancharon. Y no puedo explicarlo, el amor no se explica, se siente o no se siente, el amor surge y ya, y es eso, yo me enamoré de ti, de esa hermana fea, como me gusta llamarte, de esa desconocida por tantos, que la miran de pasada y marchan a ciudades cercanas guiados por una fama, merecida sí, pero…
Tú sabías, como lo sabía yo, que teníamos una conversación pendiente, momentos que vivir y esta vez teníamos que ser tú y yo, porque sí, viajaba sola, pero lo hacía a ti… Te acuerdas de aquella Natalia que llegó allí cual turista idiota y se limitó a pillar un taxi para ir a la Piazza… ¿La recuerdas? Yo sí y sé que tú, a tu manera también, porque esa misma después se negó a tomar otro taxi de vuelta a la estación, muy a pesar de la persona que la acompañaba… Pero es eso, algo le dijo que su amor, al menos el que la acompañaría en los siguientes años, estaba allí, en esas calles, en esos colores que contempló al atardecer, en aquella plaza Garibaldi… Apenas tardé dos meses en volver, ya con la sombra de la separación soplándome en la oreja, con el principio de un final, con las primeras frases de una crónica de la muerte, anunciada…  Y allí, al amparo de tus calles iluminadas por el tímido titilar de las velas me dejaste claro que tú y yo seriamos dos amantes para siempre…  Y sí, volví al año siguiente y todo lo anterior ya era un hecho y aquella Natalia iba perdida, tan perdida… Y sí, fingí que no era así, te conté que estaba enamorada, que aquel amor pues… Te conté tantas cosas y te oculté tantas otras… No quería lastimarte, lo nuestro no debía ser manchado, pero yo, en el fondo, sabía que aquello era otro final, pero te reconoceré que no sabía que sería el principio de esa Natalia que ahora me llevó de nuevo a tus calles. Y te lo debía, tenía que volver y contarte quien soy, en que me convertí y lo que todos estos años han dejado en mí. Necesitaba ese momento, era egoísmo, puede, pero… Quería que lo vieses, que me vieses de nuevo sentada a las orillas del Arno, con otra cerveza, con otro cigarro, pero tan distinta, tan en paz, tan YO, por fin… Y ahora ya sé que podré volver a ti serena, que desde este día siempre te daré lo mejor de mí, porque es eso, esto no es más que otro comienzo, una nueva etapa que está por llegar, el principio de la mitad de una vida…
Me he traído un pedacito de lo mejor de ti y te he dejado uno de lo mejor de mí, en estos días que hemos compartido he crecido, me has devuelto esa confianza perdida en el último año, me has hecho renacer y al oído sé que me has susurrado que lo hemos conseguido, que ahí estábamos tú y yo, con el equilibro desequilibrado de tu Torre y mi vida, pero en armonía… Fuertes y preparadas para afrontar el paso del tiempo…Los 40…
No puedo más que darte las gracias por empujarme hasta ti, por hacerme tomar una de las mejores decisiones de mi vida, por regalarme ese concierto casual la primera noche, por esas patatines mientras contemplaba el atardecer de la última noche, por ese helado que me refrescó el paseo, por el repicar de campanas en la mañana, por esa visita al Palazzo Blu,  por dejarme jugar en el Orto, por cada paso dado en tus calles, por los guiños y la complicidad… Por las lágrimas contenidas y por las derramadas, ocultas tras mi Ray-ban. Gracias por escucharme de nuevo, por aceptar mis disculpas… Gracias porque ahora somos tú y yo y nuestros recuerdos…

Gracias por ser esa desconocida que un día me silbó que debía conocer…

PD: Y perdóname que sea tan escueta, con lo moñas que yo soy y lo sabes, pero es eso, es difícil explicar el amor… Lo principal, lo vivido y lo soñado, está en mí y volveré para contártelo, a viva voz, con otra Moretti a orillas del Arno…

PROMESSO



22 de mayo de 2016

Pisa I...


Te echo de menos. Echo de menos tus calles, tus colores y tus olores. Echo de menos pasear a la orilla del Arno, ver al sol arrancar los tonos de las fachadas al atardecer. Echo de menos pasear por tus rincones, perderme en tu silencio cargado de ruido. Te echo de menos Pisa, echo de menos los paisajes de la Toscana. Echo de menos tus verdes, los sentimientos que me robabas. Volver, hoy, ahora, deseo volver y perderme en ti. Te regalé un corazón dividido, trozos que se reparten entre calles de Granada, Praga y las tuyas, tres ciudades que sacaron lo mejor de mí, que me describen y reflejan lo que soy. Tres ríos que recogen mis suspiros, mis deseos y anhelos. Pero hoy es a ti a quien necesito, ansío volver a oír tus acentos, ese amore, ese bacio, esa alora… Quiero, necesito volver, acunarme entre tus piedras que tantas historias guardan, leyendas que se hicieron ciertas. Quiero volver a inclinarme con tu torre, ambas con un equilibro desequilibrado. Ay, hermana fea!! Que tan bella te hiciste ante mis ojos, que tantos tesoros guardas. Pisa, mi Pisa, tan chiquita como grande, tan bonita como desconocida. Hoy, ahora, te echo tanto, pero tanto de menos, quiero perder en ti mi rumbo, desaparecer en ti. Mimetizarme contigo, ser una de esas velas que en unos días te iluminaran y te harán aún más bella.
Un lustro, cinco años, demasiado tiempo, que pesa… Eres especial, al menos para mí, sí, lo eres, volvería contigo a cada rato, a cada momento, siempre vuelvo a la vista atrás y ahí estás… Siempre estás… Y escribo sobre ti y me invento historias en tus calles y sueño con el día en que me robes por siempre y me aprisiones en ti y sea del todo tuya, por siempre descansar bajo el sol de la Tosacana. Tuyo será el otoño de mi vida, tuyo tiene que ser… Porque no veo lugar mejor donde dejarme ir, donde dar descanso a esta extraña vida que me tocó vivir…
Quiero irme, quiero estar allí, quiero sentarme bajo los pies de Garibaldi, saborear un helado, pedirle un deseo al último anillo de la torre, tomarme un mojito a orillas del Arno, recorrer Santa María, ver la iglesia de la espina una vez más. Contemplar al sol esconderse en el horizonte desde uno de los puentes, qué más da cual, todos me valen, contigo todo vale.

Mañana no lo sé, pero hoy, ahora, en este preciso instante, me muero por volver…