Te echo de menos. Echo de menos tus
calles, tus colores y tus olores. Echo de menos pasear a la orilla del Arno,
ver al sol arrancar los tonos de las fachadas al atardecer. Echo de menos
pasear por tus rincones, perderme en tu silencio cargado de ruido. Te echo de
menos Pisa, echo de menos los paisajes de la Toscana. Echo de menos tus verdes,
los sentimientos que me robabas. Volver, hoy, ahora, deseo volver y perderme en
ti. Te regalé un corazón dividido, trozos que se reparten entre calles de
Granada, Praga y las tuyas, tres ciudades que sacaron lo mejor de mí, que me describen
y reflejan lo que soy. Tres ríos que recogen mis suspiros, mis deseos y
anhelos. Pero hoy es a ti a quien necesito, ansío volver a oír tus acentos, ese
amore, ese bacio, esa alora… Quiero,
necesito volver, acunarme entre tus piedras que tantas historias guardan, leyendas
que se hicieron ciertas. Quiero volver a inclinarme con tu torre, ambas con un
equilibro desequilibrado. Ay, hermana fea!! Que tan bella te hiciste ante mis
ojos, que tantos tesoros guardas. Pisa, mi Pisa, tan chiquita como grande, tan
bonita como desconocida. Hoy, ahora, te echo tanto, pero tanto de menos, quiero
perder en ti mi rumbo, desaparecer en ti. Mimetizarme contigo, ser una de esas
velas que en unos días te iluminaran y te harán aún más bella.
Un lustro, cinco años, demasiado
tiempo, que pesa… Eres especial, al menos para mí, sí, lo eres, volvería
contigo a cada rato, a cada momento, siempre vuelvo a la vista atrás y ahí
estás… Siempre estás… Y escribo sobre ti y me invento historias en tus calles y
sueño con el día en que me robes por siempre y me aprisiones en ti y sea del
todo tuya, por siempre descansar bajo el sol de la Tosacana. Tuyo será el otoño
de mi vida, tuyo tiene que ser… Porque no veo lugar mejor donde dejarme ir,
donde dar descanso a esta extraña vida que me tocó vivir…
Quiero irme, quiero estar allí,
quiero sentarme bajo los pies de Garibaldi, saborear un helado, pedirle un
deseo al último anillo de la torre, tomarme un mojito a orillas del Arno,
recorrer Santa María, ver la iglesia de la espina una vez más. Contemplar al sol
esconderse en el horizonte desde uno de los puentes, qué más da cual, todos me
valen, contigo todo vale.
Mañana no lo sé, pero hoy, ahora, en
este preciso instante, me muero por volver…
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