Hoy es un día especial, hoy hace 5
años que me tatué, que esa estrella que tanto significa para mí se quedó
impresa en mi piel para siempre, para estar a mi lado cada día y protegerme,
por eso, porque aquello digamos que fue mi primer paso dentro de mi nueva
libertad, decidí que hoy también sería la fecha elegida para ir al registro y
hacer estas paredes que me cobijan solo mías, he tenido que esperar cinco años
para poder hacerlo, pero todo llega.
Y es que es eso, todo llega cuando
tiene que llegar y hace unos días comencé a leer un libro de esos que tenía en
pendientes desde hace mucho, hay otros, pero casualmente elegí ese y bueno,
como me pasase con De Profundis de O. Wilde, siento que me ha atrapado desde el
primer minuto. Según me voy adentrando en él más me convence de que ha llegado
en el momento preciso, quizás de haberlo leído antes no hubiese escocido como
lo hace. He llorado leyendo muchos libros, pero por su historia en sí, este me
hace llorar por lo cierto, porque me reconozco a ratos, porque me hace entender
muchas cosas que siento y pienso, esto, hasta hoy, sólo me ha pasado con estos
dos libros y estoy convencida de que es por algo. De profundis fue una bofetada
de realidad y me ayudó a librarme en cierta forma de la presión del momento, de
ese extraño amor que resquebrajó mi mundo, este, bueno… cuando lo terminé lo
sabré, pero algo voy intuyendo…
Aquí dejo un fragmento, uno de tantos que me dejó fascinada y me fascinaran...
“Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus
pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. Y esto ocurría también
al lobo estepario. Por lo general era muy desgraciado, eso no puede negarse, y
también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los amaba y ellos a
él. Pues todos los que le tomaban cariño, no veían nunca en él más que uno de
los dos lados. Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y
original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en
él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo,
ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante
aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero
también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo
espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les
producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y
perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y
de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de
humanidad. Singularmente éstos eran, por lo general, los más decepcionados e
irritados, y de este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad y
discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía
en contacto.”