De camino a aquella presentación sonaban
Los Rodríguez, era una extraña tarde de un verano que se resistía a llegar,
como ya lo hiciese la primavera. La voz de Calamaro retumbaba en sus oídos y
ella, no podía evitar tararear en voz baja, poco importaba la imagen que diese,
aquella canción era una de esas que, bueno, era para siempre, porque hablaba de
amor, del miedo a recorrer las calles, del miedo a ver, esa canción que no
quería deber pero que debía, aunque no le importase, ella era muy Lannister,
muy de pagar deudas. Cierto era que él no era el primero al que aquella canción
le recordaba, su ciudad había sido una trampa en otras ocasiones, pero… No, era obvio que ella se había enamorado
antes, que le habían roto el corazón antes, que había caminado por esas calles
tomada de otras manos y había besado en muchos rincones, sería absurdo obviar
esas cosas, todos tenemos un pasado… Pero sabes, aunque tú no lo sepas, a sus
años también podría decirte que no, que a pesar de todo, hay cosas nuevas, que
no siempre fue igual…
Esa tarde, con el poniente ganando la
partida, mientras cerraba los ojos por la calle Naranjas, Santa María, Larga, recordaba
otros veranos, esos en los que huía de los libros y el estudio, a pesar de
haberle quedado tres para septiembre, aquellos veranos de adolescencia, en los
que empezó a descubrir los placeres de estar en casa sola, a su bola… En los
que empezó a amar la soledad de forma consciente y a pesar de eso, corría de
forma descontrolada en busca del amor.
Poseía un corazón helado empeñado en sudar.
Ella se había pasado años viviendo en
estaciones de paso, enamorada del amor, que decían, sin ver más allá, perdida y
descontrolada. Quería querer querer, quería enamorarse, que se enamoraran de
ella, que la quisieran y sí, puede que de una forma u otra aquello pasó, pero
no… Le había costado mucho, a pesar de las sospechas, de las certezas, asumir o
asimilar que ella, era una enamorada del amor, pero que ese amor solo se lo
había despertado de forma plena la libertad de la soledad, ahora era consciente
de que buscaba un amor diferente… Y
ahora asimilaba que quizá esa forma de amar la relegarían a una soledad, pero…
Cuando uno tras otro sus
compañeros/amigos le fueron preguntando en aquella tarde como le había ido el
viaje, ella sólo era capaz de esbozar una sonrisa…
-¿Cómo te fue en Pisa?
-…..
-¿Ha sonreído? Le preguntó aquella
compañera a la amiga.
Tenía que darle la razón, a veces se le
olvidaba que no la veía…
Y es que era eso, no terminaba de
encontrar la forma de contar, describir… ese viaje, lo que había supuesto en su
vida, las sensaciones vividas… No, no era capaz y mira que ella hablaba, pero…
No, todo aquello era tan suyo que…
Pero aunque tú no lo sepas, tú estabas
allí y no te va a contar nada, porque para qué y porque no. Y es que, aunque tú
no lo sepas jamás has sido igual a nada ni nadie, por más que le pese y por más
que tampoco sepa cómo explicarlo. Porque tú para ella eres como Pisa, algo(alguien) que
un día la enamoró y… No hay más.
Que sí, que a ella le flipa Praga,
Cracovia, Roma, Brujas, Londres, pero…. Estaciones de paso, sólo eso… Lugares a
los que volvería, sí, pero… Tú, desde aquella tarde en que apareciste en
aquella librería fuiste diferente, no le preguntes, no sabrá darte la
respuesta, sólo será capaz de esbozar una sonrisa. Fuiste eso, Pisa, Granada,
Cáceres, lugares que le despertaron la curiosidad, el amor, las ganas de
conocer, de aprender, de recorrer, de perderse entre calles y plazas… Aunque tú
no le sepas. Y es eso, ella está dispuesta a conocer nuevas ciudades, nuevos
rincones, otras tierras, pero a día de hoy sabe que irremediablemente de una
forma u otra, algo le dirá que vuelva al punto de partida. A ella no le asustan
las estaciones de paso, ni viajar sola en vagones con destinos inciertos, pero
sabe dónde encuentra la paz, aunque no sepa cómo explicarlo, aunque muchos no
la entiendan y digan que hay sitios mejores y que tampoco es para tanto; el
amor no se explica, esa es la única verdad. Y no, apenas sabe nada de ti,
apenas conoce nada, como tampoco sabe de ellas, pero si sabe que estaría
dispuesta a conocer, a recorrer recovecos, a disentir en mil cosas… Esas
ciudades tampoco son perfectas, pero se enamoró de ellas… Muchos incluso ni se
paran a conocerlas… Con ella también pasa, ella también es estación de paso
para muchos, ciudad dormitorio para otros…
Ahora sonríe, porque ha aprendido a
viajar sola, un paso más en la soledad, ahora sabe que podrá volver a ellas cuando
quiera, aunque no sea de forma definitiva. Ha aprendido a despedirse, a
decirles adiós, sin dolor, solo esbozando la sonrisa de quien sabe que nunca
más los aires difíciles arrastraran un corazón helado…
Y aunque tú no lo sepas, contigo le pasó
lo mismo… La enseñaste a amar en la distancia y el desconocimiento, en el
desconcierto, en el rechazo, en los mensajes sin respuesta, en las miradas que
se evitan y aún así, ella regresa, ella está y estará… Aunque pase por mil
estaciones, siempre estará de paso, en brazos de una soledad a la que también
aprendió a amar.
Porque el amor no se explica.

