31 de julio de 2018

Estaciones de paso...



De camino a aquella presentación sonaban Los Rodríguez, era una extraña tarde de un verano que se resistía a llegar, como ya lo hiciese la primavera. La voz de Calamaro retumbaba en sus oídos y ella, no podía evitar tararear en voz baja, poco importaba la imagen que diese, aquella canción era una de esas que, bueno, era para siempre, porque hablaba de amor, del miedo a recorrer las calles, del miedo a ver, esa canción que no quería deber pero que debía, aunque no le importase, ella era muy Lannister, muy de pagar deudas. Cierto era que él no era el primero al que aquella canción le recordaba, su ciudad había sido una trampa en otras ocasiones, pero…  No, era obvio que ella se había enamorado antes, que le habían roto el corazón antes, que había caminado por esas calles tomada de otras manos y había besado en muchos rincones, sería absurdo obviar esas cosas, todos tenemos un pasado… Pero sabes, aunque tú no lo sepas, a sus años también podría decirte que no, que a pesar de todo, hay cosas nuevas, que no siempre fue igual…
Esa tarde, con el poniente ganando la partida, mientras cerraba los ojos por la calle Naranjas, Santa María, Larga, recordaba otros veranos, esos en los que huía de los libros y el estudio, a pesar de haberle quedado tres para septiembre, aquellos veranos de adolescencia, en los que empezó a descubrir los placeres de estar en casa sola, a su bola… En los que empezó a amar la soledad de forma consciente y a pesar de eso, corría de forma descontrolada en busca del amor.  Poseía un corazón helado empeñado en sudar.
Ella se había pasado años viviendo en estaciones de paso, enamorada del amor, que decían, sin ver más allá, perdida y descontrolada. Quería querer querer, quería enamorarse, que se enamoraran de ella, que la quisieran y sí, puede que de una forma u otra aquello pasó, pero no… Le había costado mucho, a pesar de las sospechas, de las certezas, asumir o asimilar que ella, era una enamorada del amor, pero que ese amor solo se lo había despertado de forma plena la libertad de la soledad, ahora era consciente de que buscaba un amor diferente…  Y ahora asimilaba que quizá esa forma de amar la relegarían a una soledad, pero…
Cuando uno tras otro sus compañeros/amigos le fueron preguntando en aquella tarde como le había ido el viaje, ella sólo era capaz de esbozar una sonrisa…
-¿Cómo te fue en Pisa?
-…..
-¿Ha sonreído? Le preguntó aquella compañera a la amiga.
Tenía que darle la razón, a veces se le olvidaba que no la veía…
Y es que era eso, no terminaba de encontrar la forma de contar, describir… ese viaje, lo que había supuesto en su vida, las sensaciones vividas… No, no era capaz y mira que ella hablaba, pero… No, todo aquello era tan suyo que…
Pero aunque tú no lo sepas, tú estabas allí y no te va a contar nada, porque para qué y porque no. Y es que, aunque tú no lo sepas jamás has sido igual a nada ni nadie, por más que le pese y por más que tampoco sepa cómo explicarlo. Porque tú para ella eres como Pisa, algo(alguien) que un día la enamoró y… No hay más.
Que sí, que a ella le flipa Praga, Cracovia, Roma, Brujas, Londres, pero…. Estaciones de paso, sólo eso… Lugares a los que volvería, sí, pero… Tú, desde aquella tarde en que apareciste en aquella librería fuiste diferente, no le preguntes, no sabrá darte la respuesta, sólo será capaz de esbozar una sonrisa. Fuiste eso, Pisa, Granada, Cáceres, lugares que le despertaron la curiosidad, el amor, las ganas de conocer, de aprender, de recorrer, de perderse entre calles y plazas… Aunque tú no le sepas. Y es eso, ella está dispuesta a conocer nuevas ciudades, nuevos rincones, otras tierras, pero a día de hoy sabe que irremediablemente de una forma u otra, algo le dirá que vuelva al punto de partida. A ella no le asustan las estaciones de paso, ni viajar sola en vagones con destinos inciertos, pero sabe dónde encuentra la paz, aunque no sepa cómo explicarlo, aunque muchos no la entiendan y digan que hay sitios mejores y que tampoco es para tanto; el amor no se explica, esa es la única verdad. Y no, apenas sabe nada de ti, apenas conoce nada, como tampoco sabe de ellas, pero si sabe que estaría dispuesta a conocer, a recorrer recovecos, a disentir en mil cosas… Esas ciudades tampoco son perfectas, pero se enamoró de ellas… Muchos incluso ni se paran a conocerlas… Con ella también pasa, ella también es estación de paso para muchos, ciudad dormitorio para otros…
Ahora sonríe, porque ha aprendido a viajar sola, un paso más en la soledad, ahora sabe que podrá volver a ellas cuando quiera, aunque no sea de forma definitiva. Ha aprendido a despedirse, a decirles adiós, sin dolor, solo esbozando la sonrisa de quien sabe que nunca más los aires difíciles arrastraran un corazón helado…  
Y aunque tú no lo sepas, contigo le pasó lo mismo… La enseñaste a amar en la distancia y el desconocimiento, en el desconcierto, en el rechazo, en los mensajes sin respuesta, en las miradas que se evitan y aún así, ella regresa, ella está y estará… Aunque pase por mil estaciones, siempre estará de paso, en brazos de una soledad a la que también aprendió a amar.
Porque el amor no se explica.



17 de julio de 2018

La necesidad del recuerdo, del reencuentro... Pisa II




-Me voy sola. 

Y sabía que era la decisión correcta, el momento preciso… MI MOMENTO.

La necesidad del reencuentro, del recuerdo, del perdón y la expiación, de la reconciliación, me llevaron a elegir tus calles, esas calles de las que me enamoré ocho años atrás, que como una droga me engancharon. Y no puedo explicarlo, el amor no se explica, se siente o no se siente, el amor surge y ya, y es eso, yo me enamoré de ti, de esa hermana fea, como me gusta llamarte, de esa desconocida por tantos, que la miran de pasada y marchan a ciudades cercanas guiados por una fama, merecida sí, pero…
Tú sabías, como lo sabía yo, que teníamos una conversación pendiente, momentos que vivir y esta vez teníamos que ser tú y yo, porque sí, viajaba sola, pero lo hacía a ti… Te acuerdas de aquella Natalia que llegó allí cual turista idiota y se limitó a pillar un taxi para ir a la Piazza… ¿La recuerdas? Yo sí y sé que tú, a tu manera también, porque esa misma después se negó a tomar otro taxi de vuelta a la estación, muy a pesar de la persona que la acompañaba… Pero es eso, algo le dijo que su amor, al menos el que la acompañaría en los siguientes años, estaba allí, en esas calles, en esos colores que contempló al atardecer, en aquella plaza Garibaldi… Apenas tardé dos meses en volver, ya con la sombra de la separación soplándome en la oreja, con el principio de un final, con las primeras frases de una crónica de la muerte, anunciada…  Y allí, al amparo de tus calles iluminadas por el tímido titilar de las velas me dejaste claro que tú y yo seriamos dos amantes para siempre…  Y sí, volví al año siguiente y todo lo anterior ya era un hecho y aquella Natalia iba perdida, tan perdida… Y sí, fingí que no era así, te conté que estaba enamorada, que aquel amor pues… Te conté tantas cosas y te oculté tantas otras… No quería lastimarte, lo nuestro no debía ser manchado, pero yo, en el fondo, sabía que aquello era otro final, pero te reconoceré que no sabía que sería el principio de esa Natalia que ahora me llevó de nuevo a tus calles. Y te lo debía, tenía que volver y contarte quien soy, en que me convertí y lo que todos estos años han dejado en mí. Necesitaba ese momento, era egoísmo, puede, pero… Quería que lo vieses, que me vieses de nuevo sentada a las orillas del Arno, con otra cerveza, con otro cigarro, pero tan distinta, tan en paz, tan YO, por fin… Y ahora ya sé que podré volver a ti serena, que desde este día siempre te daré lo mejor de mí, porque es eso, esto no es más que otro comienzo, una nueva etapa que está por llegar, el principio de la mitad de una vida…
Me he traído un pedacito de lo mejor de ti y te he dejado uno de lo mejor de mí, en estos días que hemos compartido he crecido, me has devuelto esa confianza perdida en el último año, me has hecho renacer y al oído sé que me has susurrado que lo hemos conseguido, que ahí estábamos tú y yo, con el equilibro desequilibrado de tu Torre y mi vida, pero en armonía… Fuertes y preparadas para afrontar el paso del tiempo…Los 40…
No puedo más que darte las gracias por empujarme hasta ti, por hacerme tomar una de las mejores decisiones de mi vida, por regalarme ese concierto casual la primera noche, por esas patatines mientras contemplaba el atardecer de la última noche, por ese helado que me refrescó el paseo, por el repicar de campanas en la mañana, por esa visita al Palazzo Blu,  por dejarme jugar en el Orto, por cada paso dado en tus calles, por los guiños y la complicidad… Por las lágrimas contenidas y por las derramadas, ocultas tras mi Ray-ban. Gracias por escucharme de nuevo, por aceptar mis disculpas… Gracias porque ahora somos tú y yo y nuestros recuerdos…

Gracias por ser esa desconocida que un día me silbó que debía conocer…

PD: Y perdóname que sea tan escueta, con lo moñas que yo soy y lo sabes, pero es eso, es difícil explicar el amor… Lo principal, lo vivido y lo soñado, está en mí y volveré para contártelo, a viva voz, con otra Moretti a orillas del Arno…

PROMESSO



8 de julio de 2018

Time o Cínicamente muerta...




Escuché el zumbido de una mosca al morirme y lo que más me dolía era, como ya dijese aquel, que no moría de amor. No, tampoco podían echarle la culpa al tabaco y el alcohol, ni siquiera a esos grasientos chicharrones que me comía en el tabanco de la esquina. Puta vida, yo, que jamás me cuidé ni llevé una dieta sana y saludable, como los médicos me pedían, al final había muerto de la forma más estúpida posible. Con aquel insoportable insecto susurrándome al oído y, como última imagen, la cara de espanto del conductor de la línea 13, que no fue capaz de frenar a tiempo.

Aquella mañana me levanté pasadas las diez, me miré al espejo, descubrí un par de canas nuevas y una espinilla junto al labio. Eres anormal, me dije a mi misma, a ver si te aclaras, eres viejoven o jovieja. Yo, que no padecí de aquellos horrores en mi adolescencia, me veía ahora lidiando con esas cosas, lo dicho, era anormal. Mi gato hizo acto de presencia en el baño y me bronqueó de forma poco sutil, desvié mi mirada hacía él y me desafió; el muy cabrón sabia de sobra que siempre ganaba. Lo seguí en silencio hasta la cocina, agarré, casi por inercia, el tarro de la comida y le rellené el cuenco. Su estómago primero, el mío después, eso era así. Hora y cuarto después, con sus dos cafés de por medio, mi mente empezaba a despertar, eso también era así, una cosa era tener los ojos abiertos y otra muy distinta estar despierta. Volví al cuarto, me vestí, mi gato volvió a aparecer y, obvio, lo hacía rajando. Esta vez lo ignoré, no tenía ganas de salir pero, ellos, siempre ellos; me tocaba comprar arena y comida.
Bajé a la calle con mis cascos puestos, la mente en las nubes, la bolsa del Mercadona al hombro y mis gafas de sol. Esa era yo, en estado puro, alguien que cuando camina por las aceras está en su mundo y se puede cruzar con su propio padre que no se coscará. -Tía que el otro día te vi y pasaste. -No jodas, ¿Yo? Pues eso, que no puedo culpar a ese pobre conductor, porque sí él no me vio, juro que yo a él tampoco y allá que crucé la avenida, como la que pasea por los jardines del retiro, al calor de un cálido sol de Abril. Y claro, pasó lo que tenía que pasar.

Ahora no sabía dónde narices me hallaba, si eso era el cielo, la cosa pintaba bastante aburrida, yo siempre me pedí infierno, lo veía como más divertido, no sé. Por otro lado me preocupaba la imagen que tenía, como quedaría en la foto del periódico, con aquellas dos nuevas canas y la espinilla, es que lo mío era eso, anormal, no pude escoger otro día para morirme, desde luego esa no sería de las fotos que subiría a Instagram, por lo obvio.  Eso sí, igual no estaba del todo muerta, porque podía asegurar que mi vida no había pasado ni por delante ni por detrás ni por ningún otro lado. Cosa que en el fondo agradecía, que llevaba meses luchando con no volver la vista al pasado, para que ahora viniese la puñetera muerte a joder mis progresos.  Muerta, ostras, que estaba muerta, yo que llevaba como tres años hablando de cuando me cayesen los cuarenta y tenía la puntería de morirme a escasos días de cumplirlos. A ver cómo me las ingeniaba ahora, para explicar la supuesta crisis, se me estaba poniendo la cosa más negra que aquella mosca, que ahora parecía entonar el réquiem de Mozart. Lacrimosa retumbando en mis tímpanos, mientras alguien grita: Mírala, si se le ha desviado la vista al cielo… - No señora, es que yo desde siempre he mirado para arriba. Mirada espiritual la llamo. –Esta blanca y fría.- Joder, otra con la novedad, es que ni muerta me voy a librar de las mismas cantinelas. Como alguien diga que soy buena persona me levanto y le doy de hostias, que hay cosas por la que no pienso pasar, ni muerta.
Oí sirenas de fondo, la mosca ahora entonaba algo más alegre, tenía suerte, me había tocado una mosca con buen criterio musical. Traté de guiñarle un ojo y seguirla en el estribillo, pero en ese momento me taparon la cara y claro, yo es que he tenido claustrofobia de siempre y aquello me hizo perder el ritmo. Lo siento amiga, como compensación te pondré un nombre, que yo soy muy de olvidarlos, pero de darlos también, Inesita ¿te vale? Uf, por tu cara diría que no, bueno, pues a ver yo que sé, que estoy muerta, se un poco benevolente conmigo. Eh eh eh, si me zumbas el despacito, no, ahí ya perdemos las amistades. Yo que sé, pues mira, te llamo Clío, como a la musa. Claramente distingo Flor venenosa… Ves, si yo sabía que acabaríamos por entendernos. Me centré en los cantos de Clío y perdí la noción del tiempo…
Para cuando regresé de mi letargo ya estaba en aquella fría sala del Tanatorio, y mira que dije veces que yo de aquellas cosas pasaba, pues nada, se lo pasaron por el forro. Al menos aquel insecto permanecía a mi lado, me hacía sentir menos sola. Me compungía ver las caras de dolor en los míos, me hervía ver aparecer a algún que otro elemento subversivo, pero nada podía hacer desde aquel ataúd. – ¡Ay Clío! si en vez de ser mosca, hubieses sido mosquito… O avispa. Pero bueno, no me voy a quejar, que después dicen de mí que siempre ando haciéndolo. Anda, acaríciame un rato con esas patitas tuyas, tan suaves, que tienes. No, por el cuello no que me pierdo, no me seas. Oye, y qué te parece si nos marcamos, así el plan coña, un dúo y sorprendemos aquí a la peña, yo lo veo. Creo que el The final countdown podría estar bien o el Show must go on. Si el cementerio de Mecano no era serio y los zombies de Michael Jackson la liaron, qué me impide hacerlo a mí, estoy muerta joder, es hora de que haga lo que me de la real gana. Tú da paso al bajo que ya entro yo con la guitarra. Ya, ya sé que a lo más que llego es a la intro del Nothing else matters, pero va, no van a venir a quejarse y joder la memoria de una muerta, digo yo. Tengo a Clio medio convencida pero, de pronto, han cerrado la cortinilla y un señor comienza a colocar coronitas a mí alrededor, empiezo a estornudar. -Vamos, no me jodas, que va a resultar que ahora soy alérgica a las flores. Clio me abandona y se pira a posarse sobre un lirio. Yo miro a los lados y trato de alcanzar parte de esa sábana que me cubre y así sonarme la nariz. Es que esto es de chiste: Las dos canas, la espinilla y ahora una vela de mocos… El premio al cadáver más ridículo del mundo es para…
Clio continúa su periplo y va de clavel en clavel, para continuar hasta una rosa y terminar espatarrada sobre un crisantemo, mientras va silbando Trash; en serio, como agradezco que me haya tocado esa mosca y no una criada oyendo los cuarenta principales o el canal fiesta. Vuelvo a sentir un sopor, sé que en algún momento debo partir… Pero, pero, pero… Es carne mechada lo que huelo, en serio, así no hay manera de que una descanse en paz, ahora qué, también traeréis unos percebes y un pulpo a la gallega… Eso, y brindar con una sidra, un albariño o una copita de palo cortao. Iros todos a tomar por culo, como dijo el Robe.
 –Clio, deja de ir de flor en flor y madura ya, que tu muerta soy yo, dame el gusto de entonar para mí el Highway to hell. ¿Estás de coña, no? Que a mí me encanta Led zeppelín, pero ya te he dicho que el cielo me aburre, así que deja ya el Stairway to heaven. Anda ven aquí, pósate así, con cuidadito, no vas a encontrar una muerta mejor que yo, ni en tanatinder ni en ningún sitio. Clio y yo nos acurrucamos, de veras, necesito despejar mi mente, que no para quieta ni en estas circunstancias. Inspira, espira… Expirar yo lo hiciste… Oscuridad, paz, sosiego. Suena macabro, lo sé, pero Wish you were here… Sí, aquí, conmigo, de camino a los Puertos Grises…

Ahora vuelvo a no saber dónde cojones estoy, ya no hace fresquito, pero tampoco calor, así que aún no he debido de entrar al horno, pero creo distinguir algo de evangelio y no sé qué de la resurrección y tres días, yo lo único que recuerdo que dure ese tiempo eran mis últimas resacas, ya se sabe, la edad que no perdona, o perdonaba, que a veces se me olvida el hecho de que estoy muerta. De buena gana volvería a protestar, que vale que lo de Bon Jovi tocando el I´ll sleep when I dead estaba difícil, pero un responso, hostias, no, familia, no, que algunos tocáis la guitarra y en fin, os lo podíais haber currado… Que ni muerta le hacen caso a una, hombre ya. El señor ese vestido de blanco me riega cual ficus. La caja donde estoy metida, que por cierto me huele a aglomerado y no a pino, se dirige irremediablemente a la sala de incineraciones, al menos en este punto si han cumplido mis últimas voluntades… Y lo sé, ahora sí que sí, This the end, my only friend, the end  Clio se acomoda bajo mi brazo, lo nuestro ha durado eso, lo que dura la vida en las moscas, pero ha sido bonito, sí, lo ha sido…
-En fin amiga, creo que deberíamos de pensar en irnos, que yo siempre he sido de cerrar bares, pero el de aquí tiene turno de veinticuatro horas y… Pues nada, que encantada, nos vamos cantando bajito… The time is gone, the song is over… No hay nada más que decir…

Al fin… Ahí está la luz… -Pero Clio, serás cabrona, no me toques las palmas que me conozco…