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30 de julio de 2019

Con viento de levante...




El hada Chalada alzó la vara sagrada, a la par que estornudaba un par de veces.

Chiflada comenzó a cantar, Colgada tocó palmas y Pirada hizo sonar su guitarra.

Olía a hierba, de esa que te hace soñar o reír de más…

El momento de invocar al Dios de la Locura había llegado, provocarían un tornado y miles de pesadillas esa noche.

Cantaron y cantaron…Sueño contigo, qué me has dado... Las hojas de suelo se empezaron a agitar…

La vara centelleó...

A unos 15 kilómetros, dentro de una caravana, la colega de La Toto fue la primera víctima de aquel maligno ritual.



Objetivo 24: Utiliza una de estás dos imágenes
Objeto 17: Un tornado

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Y enlaza con el de @RJRandom_ que es muy genial y que puedes leer aquí

PEGATINA









  • 31 de mayo de 2019

    Máxima audiencia...



    Laura apretó los puños. Un sudor frió recorría su espalda, contenía la respiración. Notaba el aliento del peso de la ley sobre la nuca. Sabía lo que iba a ocurrir y todo por una maldita foto. No, lo realmente maldito era ese mundo en que vivía. Estaba cansada de ver, como si de anuncios publicitarios se tratase, la vida de todos sus convecinos. Esa podrida sociedad los impulsaba a mostrar al detalle cada uno sus movimientos. Solo ella y los de su asociación luchaban contra esas normas que se habían establecido en la era de La Vida Escaparate.

    — ¿Qué pretendías hacer con esta foto? —Preguntó el miembro del Consejo de Publicaciones.
    —Es un recuerdo, algo personal, la tomé con mi vieja Polaroid.

    Esa hija de puta la había vendido, esa que cada tarde, a través de su canal de YouTube, le mostraba al mundo su aparente vida feliz.

    Laura fue condenada al exilio, una cámara vigilaba cada uno de sus pasos y retransmitía sus miserias al País. Ese tipo de programas eran de máxima audiencia.




    Objetivo 8: Escribe un relato distópico

    Objeto 23: Una vieja foto o Polaroid.

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    PEGATINA 


    29 de abril de 2019

    Paradisso





    Llevo ocho años en este lugar, Paraíso lo llaman, yo no termino de ver la diferencia con lo que tenía ahí abajo. Los lunes juego a la petanca, los martes al cinquillo, los miércoles al dominó, vamos, más de lo mismo. Bueno, miento, sí que hay una diferencia, me faltan muchos, como sé que yo les falto a ellos, a veces los veo llorar y me gustaría bajar, decirles que estén tranquilos, que tarde o temprano nos encontraremos y aquí, ya sí, será eterno. Pero las normas son las normas y no podemos desvelar que hay un más allá; así se dediquen a invocarnos con vasitos, tablas de ouija y otros rituales. No, no podemos contar nada.

    Hace semanas que la veo con ella, me gustaría contarle que no me importa, que si ella es feliz, yo también lo soy, esa mujer la quiere y calmará la soledad que le dejó mi marcha. Ya cuando llegue aquí veremos qué hacer…

    Lo único que me quita el sueño es esa "dejadez" de mi nieta y su marido !A ver cuándo le compran al crío el puñetero disfraz de jirafa!



    Objetivo 7: Escribe un relato que no suceda en la tierra.  

    Objeto 2: Un disfraz de jirafa.

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    PEGATINA








    28 de marzo de 2019

    Sed gris



    La sala es gris y oscura, la luz apenas se palpa. Yo permanezco inmóvil en mi lugar, junto a una lata de sardinas caducada que en algún momento tratará de saciar un hambre acumulada. Mi único consuelo es saber que ellas precisan de mí para aliviar su sed.

    Noto el miedo en la madre, la incertidumbre, la nostalgia y el anhelo en la hija, como esa mujer trata de forma insistente calmar a su pequeña. Es consciente del peligro, de lo que las acecha. Pero no quiere perder la esperanza, no a ojos de su niña.

    Noto el temblor y el estruendo, ya vienen, todo se tambalea, la cría entona la cuenta atrás... La puerta se quiebra y ellos entran.

    Caigo de la estantería y me rompo en mil pedazos, cubriendo el suelo de agua.

    Me ahogo en mi mismo, extraño final para un botijo… Y para el mundo.


    Objetivo 1: Haz que el protagonista sea un botijo o un objeto maldito. 

    Objetos 9: Una lata de conservas caducada. 

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    27 de febrero de 2019

    Soledades...



    Llego a casa, saco la llave, se atasca. La noche ha sido agotadora. Me tumbo, solo me cubre el encaje de mi ropa interior. Y como flashes aquellas imágenes vuelven. Terciopelo, el crujir de unas medias. Y dejo que mis manos empiecen a dibujar mi cuerpo y noto mis pezones endurecerse y mi sexo se humedece con tan solo evocar. Soy la cuarta pieza de un puzle. Deslizo mi mano hacia el interior y creo que es él quien lo lame y siento la primera oleada de placer, de mi boca se escapa un suspiro. Y voy acrecentando el ritmo, para parar después y apretar los muslos y jadeo y pienso y vuelvo a dejar que me guíen.

    Me imagino cabalgando sobre Miguel, ellas miran. Mis piernas se quiebran, hundo los dedos, me dejo ir... Él me sujeta por las caderas, obligándome a profundizar, y noto que me derramo una vez más y otra, hasta que me vencen las fuerzas. Mi garganta se quiebra y caigo sobre las sábanas empapadas, mientras noto latir todo mi ser.

    Y todo se esfuma y cierro mis ojos y lloro en silencio...


    Objetivo 13: Escribe un relato erótico.
    Objeto 30: Una llave

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    14 de enero de 2019

    Rebelión en el baño



    — ¡Al menos tú te quedas en su piel durante horas!—Exclamó el cepillo.

    — Pero tuya es la suerte de acariciar su pelo—respondió airada la crema hidratante.

    — Peor es lo mío, que no sé qué pinto aquí—bufó una jeringuilla sin aguja.

    — Yo aún recuerdo mis tiempos bajo el mar junto a Attina­—suspiró triste una caracola, que adornaba el rincón de la bañera.

    Llevaban horas de disputa en aquellos cinco metros cuadrados. Todos y cada uno de los productos de ese baño, abarrotado de tarritos, hebillas, gomillas, peines, cepillos, esponjas, cuchillas... Andaban a la gresca. La mayoría de las veces permanecían en silencio, pero ese día Marte estaba retrógrado y ya se sabe, batalla asegurada. Los gritos cada vez eran más altos, la jauría cada vez era mayor. Incluso los azulejos empezaron a desprenderse de las paredes y la cortina de la ducha lloraba hecha un ovillo.

    Tan sólo el papel higiénico permanecía en silencio y cabizbajo en su portarrollos.


    Objetivo 6: Escribe un relato en el que no aparezcan seres vivos.
    Objeto: Una jeringuilla 

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    Aquí mis marcadores de enero.



    31 de enero de 2016

    Exmorfosis...

    Recordó la mañana en que sintió los rayos de sol acariciando su cuerpo, aquella transformación debía de ser algo importante, sin duda, cambiaría su vida. Se lanzó a la calle segura de si misma, confiada, sin miedos. Vio su reflejo en un charco del parque, era hermosa y así lo sentía. Había resultado ser un camino difícil, tuvo que pasar por varias etapas de incertidumbre, pero ya nada la volvería a hacer caer. La vida le sonreiría esta vez, sí, lo haría. Al fin había terminado lo de andar rozando el suelo, ahora tenía la capacidad de ir donde quisiera, le habían crecido alas y deseaba marcharse lejos, dejar atrás los malos momentos, desbrozar sus anhelos y convertirlos en esperanzas.
    Puso rumbo al sur, tras horas de viaje divisó el mar a lo lejos. Allí, encontró a semejantes, los saludó efusiva, les regalo sonrisas, les mostró su mejor parte. Al principio todos la agasajaban, hasta que un buen día sintió que estaba atrapada en una fina tela y aquel ser que se llamó amiga ahora se disponía a cazarla. Huyó esta vez al norte, atravesó montañas, caminos empedrados, de nuevo sola, pero no decayó, el algún lugar debía estar ese mundo que siempre quiso. Llegó a una aldea, hizo nido en una pequeña casa de piedra y en ese lugar, a pocos metros conoció a un grupo alegre y divertido, cargado de luz. Por las noches salían juntos y bailan al son de la música que se desprendían de los árboles y libaban de las flores. Fue en vano, pronto se repitió la historia y sintió un aguijonazo en el alma. Pero ella no perdió la esperanza, fue al este, al oeste, pero por más que buscó no halló, aquel mundo era distinto, no era lo que soñó, no era el suyo. Miró sus alas y estas estaban perdiendo el brillo… No merecía la pena, nada de aquello merecía la pena…

      Y cansada de volar la mariposa decidió volver a ser oruga…

    15 de diciembre de 2015

    Posada realidad...

    Noche de sábado, un bar con música ambiente, mesas acariciadas por luces tenues que resaltan el color cálido de la madera. Huele a barniz mezclado con perfume. En un rincón, ellos. La muchacha lleva un traje de la última colección de primavera de una tienda de moda, los ojos ahumados y lápiz de labios rojo. Él, camisa a rayas negras, pantalón vaquero y zapatos deportivos. Ella mira a un punto indefinido de la sala, mientras imagina un vestidor de puerta doble, un viaje a Roma y un concierto de Pablo Alborán, en el que desatar su histeria. Él juguetea con un trozo de servilleta, en su cabeza el último partido de su equipo, la victoria de Jorge Lorenzo en moto GP y las delicadas medias negras que lucía su compañera de trabajo el pasado jueves. El camarero deposita un par de copas sobre la mesa, ambos asienten y dan las gracias, para acto seguido dar un sorbo. Ella observa el líquido y siente que se sumerge en el mar, mientras él viene y la abraza por la espalda. Se sonroja y mira hacia a su chico, que en ese momento tiene desviada la atención en la pantalla del televisor. Se relaja al pensar que no ha notado su azoramiento, demasiada manía le tiene ya a su vecino. Las horas transcurren, al menos eso creen, lo cierto es que solo han pasado veinte minutos.  Ella va al baño, frente al espejo se retoca el maquillaje, ensaya una sonrisa y vuelve con su pareja.
                    Ambos miran sonrientes a la cámara, abren muchos los ojos tratando de evitar el destello del flash. El vuelve a dirigir la vista hacia el televisor, ella teclea con rapidez.

    “Con mi chico, en una romántica velada” #Felices #LaVidaesBella (Instagram 00:30)

    1 de diciembre de 2015

    Rutinas de media tarde...

         Doña fina se sentaba cada día junto a la ventana. Allí, oculta tras los visillos, oía la plática de sus vecinas, todas señoras de alta alcurnia, que aprovechaban la hora del aperitivo para despellejar a las queridísimas hijas de sus queridísimas amigas. Doña Engracia relataba con gran detalle cómo la otra noche Pilita, la hija de Doña Encarnación, volvió pasadas las nueve con un muchacho desconocido y que según decían las malas lenguas, el joven era hijo de un zapatero. Válgame dios, masculló, tanto criticar cuando la hija de ella se las pasaba pelando la pava en la esquina de la iglesia con el sobrino del boticario. Menuda cuadrilla de lagartas están hechas están vecinas mías, panda de chismosas, no tendrán más cosas que hacer que despellejar al prójimo. No como Doña fina, a la que allí sentada le daban más de las dos, apartada y ajena de cada uno de los sucesos de ese Madrid que cada vez más se alejaba de los buenos principios.

    15 de noviembre de 2015

    Cada media hora...

    Y allí, a solas, volvía a recordar una y otra vez aquella conversación vacía. Tuvo el valor de preguntarme qué había sido de mi vida. Iluso, de mi vida, decía. De buena gana le dije que en mi vida pasaron otoños e inviernos. Palabras que nunca llegaron. Ausencias y retrasos. Noches en vela. Pero él no quería escuchar nada de eso, aquella cadena de lamentos. No, él me miraba con las prisas del compromiso, soltando una perorata de estupideces sin mucho fundamento. Desvió la conversación a tierras más cálidas. Hasta que en un arranque de valentía me contó que se había casado con aquella chica, no quiso entrar en detalles, pero capté el mensaje: Pasó tu tren.

    Y ahora es aquí donde me doy cuenta del significado de todo esto. Quizá debí decirle que en todo ese tiempo me pasaron tantas cosas que en el fondo fue como si no hubiese vivido nada. Y sí, aquel tren pasó, pero hay autobuses cada media hora y con destinos más felices. 

    13 de noviembre de 2015

    A sus pies...

    Cada mañana, a las nueve menos cinco, ella lo observaba desde su ventana. Él siempre seguía el mismo ritual mientras esperaba el autobús: mirada distraída a la izquierda, mano al bolsillo, cigarro en la comisura de los labios y los cascos retumbando en sus oídos. Allí, oculta tras un visillo, con el corazón desbocado en su pecho, a tres pisos de altura, ella imaginaba que le sonreía. En su mente, lo tomaba de la mano y juntos e invencibles, echaban a correr rumbo a un destino incierto. Fue una lluviosa mañana de octubre, que ella, esperanzada, decidió confesarle su amor. Pasaban las nueve cuando, desesperada y abatida, se lanzó sin arnés, cayendo al vacío. Él llegaba tarde. Ella le puso el alma a sus pies. 

    9 de noviembre de 2015

    La buena vida...

        Aquella mañana me sentía como el día, nublado. Di varias vueltas por la casa. Me tumbé sobre la cama y dejé que la brisa fresca que entraba por la ventana acariciara mi cuerpo. Mi vida era fácil. No tenía sobre mí el peso de una hipoteca, ni recibos por pagar ni una nevera que llenar. Todo eso lo hacía alguien por mí. Eso me complacía. Había nacido señorito; son cosas que pasan. Y encima tuve la inmensa suerte de caer en la familia adecuada. Supe elegir bien. Podía permitirme el lujo de dedicarme a la vida contemplativa.

        Ella aún dormía y yo me sentía tentado de despertarla. Me aburría. Fui hasta la cocina y llené mi estomagó con los restos que quedaron en el plato la noche anterior. Volví a recorrer el piso. Me tumbé panza arriba en el sofá. Contemplé el mecer de las palmeras al otro lado del cristal. Traté de cazar una mosca al vuelo. Se escapó. 

        Hastiado volví al dormitorio. ¡Al fin! Ella estaba en el baño. Esperé ansioso tras la puerta. Cuando salió le di los buenos días.

        Adoptar a aquella humana había sido, sin duda, la mejor decisión de mis siete vidas.

    4 de noviembre de 2015

    La cuestión...

    Medio llena. Medio vacía. Ella no era capaz de dilucidar tal difícil respuesta. Inclinó la cabeza. Medio torcida. La enderezó un poco. Medio derecha. La vida dependía del cristal con el que se miraba. Aquel era de un tono marrón anaranjado. Puede que quizá fuese anaranjado tirando a marrón. Era como cuando el aíre se mezclaba con el humo. Turbio. Puede que subiéndose a la silla lograse hallar respuesta. No, ni por esas.

    La vida, ¿era complicada o simple? ¿Nos la complicábamos o nos la simplificábamos? ¿Vivíamos para vivir o vivíamos por vivir? En un momento de lucidez pensó que había dos tipos de personas: las que nos jodían porque querían y las que nos jodían porque podían. Entiéndase en el amplio sentido…. En ambos casos éramos nosotros los culpables. Los que querían y lo hacían, tenían nuestro permiso, los otros también. Ojo, eres tu dueño. Coño, elige bien, deja que te jodan, sí, pero que merezca siempre la pena. Que acabes jodido pero con sus frutos. Créeme, que te jodan puede ser bueno también. Sobre todo en los amplios sentidos…

    Cansada de divagar dejó el botellín sobre la mesa. Se secó el ojo.

    Estaba medio llena.