31 de enero de 2016

Exmorfosis...

Recordó la mañana en que sintió los rayos de sol acariciando su cuerpo, aquella transformación debía de ser algo importante, sin duda, cambiaría su vida. Se lanzó a la calle segura de si misma, confiada, sin miedos. Vio su reflejo en un charco del parque, era hermosa y así lo sentía. Había resultado ser un camino difícil, tuvo que pasar por varias etapas de incertidumbre, pero ya nada la volvería a hacer caer. La vida le sonreiría esta vez, sí, lo haría. Al fin había terminado lo de andar rozando el suelo, ahora tenía la capacidad de ir donde quisiera, le habían crecido alas y deseaba marcharse lejos, dejar atrás los malos momentos, desbrozar sus anhelos y convertirlos en esperanzas.
Puso rumbo al sur, tras horas de viaje divisó el mar a lo lejos. Allí, encontró a semejantes, los saludó efusiva, les regalo sonrisas, les mostró su mejor parte. Al principio todos la agasajaban, hasta que un buen día sintió que estaba atrapada en una fina tela y aquel ser que se llamó amiga ahora se disponía a cazarla. Huyó esta vez al norte, atravesó montañas, caminos empedrados, de nuevo sola, pero no decayó, el algún lugar debía estar ese mundo que siempre quiso. Llegó a una aldea, hizo nido en una pequeña casa de piedra y en ese lugar, a pocos metros conoció a un grupo alegre y divertido, cargado de luz. Por las noches salían juntos y bailan al son de la música que se desprendían de los árboles y libaban de las flores. Fue en vano, pronto se repitió la historia y sintió un aguijonazo en el alma. Pero ella no perdió la esperanza, fue al este, al oeste, pero por más que buscó no halló, aquel mundo era distinto, no era lo que soñó, no era el suyo. Miró sus alas y estas estaban perdiendo el brillo… No merecía la pena, nada de aquello merecía la pena…

  Y cansada de volar la mariposa decidió volver a ser oruga…

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