Un nuevo febrero, de nuevo tocaba cubrir su rostro tras una máscara de carnaval… Era algo tan normal que ya se había hecho rutina, lo normal, lo de siempre, al menos esta vez no venia huyendo de una puto mes de enero, quizá esta vez debió quedarse ahí, en ese que a la mayoría se les hacía eterno, cuesta arriba… Para ella, sin embargo ese enero había sido distinto, nuevo, especial, inesperado, pero… Ahí estaba de nuevo febrero, que aunque había querido empezar bien pronto la hizo volver a colocarse esa puta máscara.
Era aquella la puta gota que venía a colmar el vaso, ese vaso que ya creía que había rebosado el marzo pasado. Qué cojones, más, necesitaba, ¿qué?
La vida le había demostrado que era mejor permanecer en su caparazón, es su rincón de paz, debería haber hibernado, como siempre dijo, no salir de la madriguera y ocultarse lejos del mundo, donde nada, ni nadie, pudiese herirla. Era como era, no había más.
Cansada de más, era eso, estaba cansada de más y por muchas sesiones de psicóloga que llevase a sus espaladas, lo cierto es que, nada había cambiado. Ella seguía siendo aquella niña perdida, esa mujer perdida. que buscaba refugio bajo las sábanas de aquel ciruelo.
Debía aprender a brillar con luz propia, a no esperar halagos, porque al igual que las mofas, estos venían con doble intención. Unos venían a joder su ego y los otros a engañarlo, tenía que aprender a quererse de verdad a no buscar nada más allá de ella misma.
Si jugaba a ser perfecta mal, si se mostraba a corazón abierto peor. Era tan transparente que…
Como decía aquella canción, siempre era la misma función…
Pero aprendería, claro que lo haría, ya se había superado con aquellos cuatro sobresalientes, sus mejores notas desde la EGB y lo había hecho ella solita y solita también tendría los ovarios para hacer de aquel 2023 ese año distinto que llevaba años soñando…
Yo me mí conmigo…
