Medio llena. Medio vacía. Ella no era
capaz de dilucidar tal difícil respuesta. Inclinó la cabeza. Medio torcida. La
enderezó un poco. Medio derecha. La vida dependía del cristal con el que se
miraba. Aquel era de un tono marrón anaranjado. Puede que quizá fuese
anaranjado tirando a marrón. Era como cuando el aíre se mezclaba con el humo.
Turbio. Puede que subiéndose a la silla lograse hallar respuesta. No, ni por
esas.
La vida, ¿era complicada o simple? ¿Nos
la complicábamos o nos la simplificábamos? ¿Vivíamos para vivir o vivíamos por
vivir? En un momento de lucidez pensó que había dos tipos de personas: las que
nos jodían porque querían y las que nos jodían porque podían. Entiéndase en el
amplio sentido…. En ambos casos éramos nosotros los culpables. Los que querían
y lo hacían, tenían nuestro permiso, los otros también. Ojo, eres tu dueño.
Coño, elige bien, deja que te jodan, sí, pero que merezca siempre la pena. Que
acabes jodido pero con sus frutos. Créeme, que te jodan puede ser bueno
también. Sobre todo en los amplios sentidos…
Cansada de divagar dejó el botellín
sobre la mesa. Se secó el ojo.
Estaba medio llena.
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