4 de noviembre de 2015

La cuestión...

Medio llena. Medio vacía. Ella no era capaz de dilucidar tal difícil respuesta. Inclinó la cabeza. Medio torcida. La enderezó un poco. Medio derecha. La vida dependía del cristal con el que se miraba. Aquel era de un tono marrón anaranjado. Puede que quizá fuese anaranjado tirando a marrón. Era como cuando el aíre se mezclaba con el humo. Turbio. Puede que subiéndose a la silla lograse hallar respuesta. No, ni por esas.

La vida, ¿era complicada o simple? ¿Nos la complicábamos o nos la simplificábamos? ¿Vivíamos para vivir o vivíamos por vivir? En un momento de lucidez pensó que había dos tipos de personas: las que nos jodían porque querían y las que nos jodían porque podían. Entiéndase en el amplio sentido…. En ambos casos éramos nosotros los culpables. Los que querían y lo hacían, tenían nuestro permiso, los otros también. Ojo, eres tu dueño. Coño, elige bien, deja que te jodan, sí, pero que merezca siempre la pena. Que acabes jodido pero con sus frutos. Créeme, que te jodan puede ser bueno también. Sobre todo en los amplios sentidos…

Cansada de divagar dejó el botellín sobre la mesa. Se secó el ojo.

Estaba medio llena. 

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