17 de noviembre de 2015

Declaración Universal de Sentimientos Humanos (Risto Mejide)

Hoy estreno el rincón de las palabras robadas con un texto de Risto Mejide.
Lo cierto es que lo conocí en su faceta de crítico en la época de OT y desde el primer momento me gustó, como cierto es que cuando empezó a escribir en un principio no lo seguía, hasta que fui descubriendo artículos y posteriormente un libro suyo y... me encandiló del todo. Me gusta su forma directa de decir las cosas, su sentimiento y como bajo capas de lo que parece "Chulería" se esconde todo un romántico.   
Esta fue la intro del capítulo XVII de su programa Al rincón de pensar... en el que nos muestra una forma distinta de hacer entrevistas. Siempre termina llevando a los invitados a su terreno y suelen ser charlas maravillosas. Os recomiendo su visión, es de lo poco salvable en esta nuestra televisión.
Este es uno de los muchos, pero que sonase de fondo la BSO de Cinema Paradiso lo hizo aún más especial.


Yo, como cualquier aspirante a convertirse en bonito recuerdo, declaro…

Primero. Tengo derecho a amar y a ser amado. Esta cláusula deberá ser respetada incluso por quien no me quiera a mí. Da igual. Como cantó el maestro, fue siempre más feliz quien más amó.
Segundo. Tengo derecho a enamorarme incluso de quien yo no haya decidido. Sobre todo de quien yo no haya decidido. Enamorarse jamás fue una decisión. Ser feliz, sí.
Tercero. Tengo derecho a que nadie, y cuando digo nadie me refiero ni siquiera a mí mismo, esté legitimado para juzgar mi relación. Por encima de raza, edad, sexo o religión, si dos personas han decidido quererse, quién eres tú para juzgarles.
Cuarto. Tengo derecho a buscar ya no buenas parejas, sino buenas ex. Y a sentir lo que no haya sentido jamás. Y tengo derecho a sentirlo de primera mano cada vez que lo haga. Porque puede que el corazón no envejezca. Pero la mirada sí.
Quinto. Tengo derecho a perdonar y a ser perdonado. Jamás por partes iguales, esto no es una ecuación, y si lo fuera, sería incapaz de despejarme yo.
Sexto. Tengo derecho a llorar cuantas veces quiera por todo aquello que dejé o me ha dejado. Por todo lo que jamás entenderé. Por todo lo que se me quedó en el tintero. Tengo derecho a echar de menos todo lo que jamás me ocurrió. Y tengo derecho a remover mi pasado a las tres de la mañana, aunque todos sepamos de antemano que siempre será un error.
Séptimo. Tengo derecho a abrazar como si no hubiese un mañana. Porque algún día sé que tendré razón. Y ese día será demasiado tarde.
Octavo. Tengo derecho a querer a quien no conozco pero sé que sufre. Sobre todo si sé que sufre. Esto último, más que un derecho, es una obligación.
Noveno. Tengo derecho a quererme a mí lo justo para poder empezar a querer a los demás.
Y décimo. Igual que tengo derechos, también tengo una obligación y sólo una: la de seguir los dictámenes de mi corazón por encima de todo lo que pase e intentar siempre dar más de lo que reciba.

Así lo firmo a día de hoy, desde este lugar del planeta, con todos y cada uno de mis latidos.

Risto Mejide


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