Si es que no deseas hallar
respuestas, es mejor que no lo hagas. Vive en el desconocimiento y el
desconcierto de no saber.
Ayer me dio por leer de nuevo las
palabras de un ilustre sevillano, el romántico, el que tantos suspiros me
arrancó en la adolescencia. Será que últimamente me siento así, como una
quinceañera, asustada y enamorada… Y todo porque hay un grupo de golondrinas
que han hecho nido en mis ventanas y se las pasan jugando contra mis cristales….
Pero aquellas que aprendieron nuestros nombres, no han vuelto… De Bécquer adoré
su poesía, esas rimas que se paseaban entre las páginas de mis libros y
cuadernos, pero amé aún más sus leyendas… Mi favorita es el Monte de las
Ánimas, pero ayer descubrí subrayado este fragmento de la Ajorca de oro…
“-No me preguntes por qué lloro, no
me lo preguntes, pues ni yo sabré contestarte ni tú comprenderme. Hay deseos
que se ahogan en nuestra alma de mujer, sin que los revele más que un suspiro;
ideas locas que cruzan por nuestra imaginación, sin que ose formularlas el
labio, fenómenos incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, que el
hombre no puede ni aun concebir. Te lo ruego, no me preguntes la causa de mi
dolor; si te la revelase, acaso te arrancaría una carcajada.”
Yo, que me considero llorona de
nacimiento, a mí, que con demasiada frecuencia se me mete un poco de arena en
los ojos… Es eso, mejor no preguntes, porque de seguro no me entenderías, yo
soy así…
“Pero no me preguntes, no me
preguntes nada
de por qué lloré tanto en la noche
pasada;
las mujeres lloramos sin saber,
porque sí.
Es esto de los llantos pasaje baladí.
Bien se ve que tenemos adentro un mar
oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente estulto,
que se asoma a los ojos con bastante
frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil
ciencia.”
Alfonsina Storni (Fragmento de
Capricho (El dulce Daño))

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