Así, a modo de advertencia…. Me hallo en una
lucha encarnizada con las hormonas, no es cuestión de hacerme mucho caso…
En fin, en vista de que el virus este que está
circulando por aquí me tiene atrofiado el coco y no soy capaz de juntar letras
desde hace yo qué sé cuánto, hoy rescato algo que escribí hace casi nueve años
y que menciona algo que sucedió hace veintiséis años hoy. Y es que aquel 95
sigue siendo un año especial para mí, de esos que marca un antes y un después,
mis 16 años (casi 17) que se me tatuaron en el alma… Y es que éramos tan
jóvenes, es que dolía casi todo… Y ahora que ya sobrepaso los cuarenta, ahora
que me doy cuenta de que era joven cuando quería ser madura y que soy madura
queriendo ser joven, pues… Escribí sobre aquel año hace nueve, vuelvo a
recordarlo hoy y no sé, quizá dentro de veinte años me sorprenda diciendo:
Ostras es 24 de febrero o 20 de abril o 9 de mayo… Dicen que el primer amor
nunca se olvida, se deja de querer, pero no, no se olvida y tampoco se borra de
la memoria (supongo) todo lo que lo rodeó… Pues eso, que aquel curso no solo le
desquició la cabeza a mis padres, también me la desquició a mí, de muy distinto
modo, eso sí…
Del 95…
Hoy
es un día en que a muchos se nos viene una canción a la cabeza nada más mirar
el calendario, 20 de Abril, una de las mas cantadas de Celtas Cortos.
Una carta
que se escribe después de muchos años, carta que seguramente no se llegue a
mandar, puede que sea algo así como algo que anotas a modo de recuerdo… A veces
buceamos en nuestra memoria y recordamos momentos del ayer, nos preguntamos que
fue de esas personas que salieron de nuestras vidas sin un motivo aparente, simplemente
dejaron de estar… A veces el destino o las nuevas tecnologías te vuelven a
reunir con ellas, de otras no vuelves a saber, o te las cruzas de vez en cuando
por la calle e intercambias un simple hola o un gesto con la cabeza.
Yo,
hoy, me paré a recordar un 20 de Abril, el del 95, quizás porque sea del que
mejores recuerdos guardo en mí.
Mi
época en el instituto seguramente fue como la de mayoría, “la mejor”, en pleno
apogeo de una adolescencia en la que crees que te comes el mundo…Es el periodo
de las primeras cosas…La primera borrachera, el primer morreo, la primera base,
los primeros cigarros, las primeras broncas gordas por la hora de llegada, el
primer amor, la primera decepción…La primera colonia que no es Chispas xD… Miro
atrás y fue sin duda genial, pero sin duda tampoco volvería a ella; puede que
si por un instante, un momento, pero nada más.
Yo
no fui la típica alumna de buenas notas, no, yo en el insti entre siendo una
pava que pensaba que no encajaba allí y, como siempre me dice mi madre, de no
acostumbrarme, pasé a acostúmbrame demasiado… Pronto me dejé arrastrar por el
lado oscuro de las escapadas, el no estudiar y el pensar en musarañas todo el
santo día…Adoraba ir a clase, pero para liarla y estar con mis amigas…Hice tres
veces segundo de BUP, el primero asumo que no hice nada, bueno si, comer Triskis
en la plazoleta de al lado…Después las Mates y la Física y Química me jodieron
la existencia; soy de letras, los notables de Latín y Literatura se enfrentaban
a los muy deficientes de la parte de Ciencias.
El
curso 94/95 fue sin duda mi año, aquella clase de 2ºE la recordaré toda mi
vida. Cuando, alguna vez, hablo con compañeros de entonces todos tienen algún
recuerdo y es que fuimos un curso piña, donde iba uno, íbamos el resto detrás y
por más que trataron de silenciarnos, no hubo profesor que no acabará
desquiciado ante nosotros. Recuerdo medidas desesperadas del tutor cambiándonos
de sitio y de compañero, daba igual, allí todos hablábamos y conspirábamos con
todos, obvio que había ese típico grupo de las “empollonas excluidas”, que
obviamente tuvieron hasta su sevillana dedicada en la Feria. Aun me rio
recordando a todo el grupo, de los no empollones, por el Real, cantando a golpe
de tambor…
Recuerdo
el día de las notas de primer trimestre: la lluvia de nieve en botes de spray,
las cervezas en la Tasca San Pablo… El día en que la clase ganó la medalla de
oro en baloncesto, durante la semana cultural; la fiesta del 24 de Febrero en
Jerez Central, la excursión a Sevilla, el día en la feria, las quedadas tras
los exámenes finales y en especial aquel 20 de Abril, en que fuimos de
excursión a las ruinas romanas de Bolonia, con
posterior estancia en la playa…Toda una clase de “adultos” frente a unas
botellas de tinto con limón… Risas, chistes, canciones y todos jugando al
conejo de la suerte, dios las cosas que se vieron allí… Aún recuerdo lo que
sentí cuando tras ese “que te guste más” estaba la figura de mi nº13, aún se me
pone cara de idiota al recordar que la elegida fui yo… Me acuerdo como si fuese
ayer de uno de mis compis, con más tintos de la cuenta, cantando por la chirigota
de Los Lacios, a toda nuestra clase jaleando, en lo alto de la duna, “Que le
pida salir” y a mí buscando la manera de enterrarme en arena…
Aquel
día fue demasiado especial… Ese curso fue especial… Recuerdo conversaciones,
días completos, momentos como aquel en que, de la nada, una canción de Nirvana
fue interpretada para mí, a poco más de las 8 y media de la mañana; Yo era el
nº12, el intérprete el que le seguía… Miro atrás y pienso en aquella clase de
desdoble de Inglés en que vimos Aladdin (en inglés) y el profesor acabó dejándonos
por imposible a los dos: Tú siéntete ahí... Y allá que iba el otro con la silla
detrás a sentarse a su lado y así hasta que se dio por vencido…
Hoy
por hoy no es que me sienta orgullosa de haber malgastado mi tiempo como lo
hice en aquel momento, simplemente es que no veía que lo estuviese haciendo, yo
quería vivir e ir contracorriente y eso hice… No presumo de tripitir curso, ni
de los disgustos que le di a mi madre, fui una digamos “Rebelde sin causa” y
cuando quise sentar cabeza mi tren ya se había marchado. Puede que de no haber
pasado tanto de todo hoy sería una Licenciada en Filología Hispánica o en Historia
del Arte, pero yo decidí libremente ir por otros caminos. No me arrepiento de
lo que hice, pero si de lo que no hice.
No,
no volvería a ser adolescente, ni en broma, quizás, como mucho, en sueños, pero
nada más, a pesar de guardar recuerdos increíbles, no, no quiero volver a tener
16, ni 17, ni mucho menos 15. Prefiero eso, mirar de vez en cuando las agendas,
los diarios, las cartas y las fotos de aquellos años, sonreír al ver ese
Natalia x X en algún libro de texto, esa marca en la obra de teatro de Lope de
Vega, en la que me tocó ser Casilda y pronunciar aquello de “No tengo señor mas
que a Pedro” ante el cachondeo generalizado de toda la clase y mí posterior
tierra trágame. No, no quiero volver, me basta con eso, con los recuerdos que
siguen amontonados en el cajón de mi memoria y que en días como hoy los saco a
pasear.
No voy a
poner una canción de aquellos años, sino una de ahora… Muchos nos creímos los
reyes del mundo.
Me quedo
con lo bueno y aprendí de lo malo.

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