Tenía las manos resecas víctimas del hidrogel, llevaba días lidiando con algo parecido a un barillo que se había instalado en su barbilla, seguramente producto del tiempo que pasaba con la mascarilla puesta, en su frente brillaba, según la luz, un destello fruto del desgaste del tinte y sus ojos, esos, de alguna forma reflejaban lo que desde hacia veinte días arrugaba su alma. Seguía sin entender, sin digerir, por mucho que le dijesen ella no lograba encontrar el por qué, estaba claro que esta vida no era justa y le asqueaba ese estúpido consuelo del lugar mejor que vendían como panacea. Un lugar mejor, los cojones. Para morirse solo hace falta estar vivo, así de simple, de sencillo, de un minuto a otro pasar de estar a no estar… Y ya no estaba… Su voz se había ido diluyendo, los primeros días la acompañaba a cada rato, al igual que su sonrisa, su dulzura… Tú eres de las que tiene un duro y das dos… Y ella se reía porque sabía que, en su caso, daría cuatro; ella siempre estaría en desventaja.
Todo ahora era raro, ni sus manos agrietadas ni el llevar mascarilla, no, el virus, la pandemia, el confinamiento, nada de eso la haría decir que ese año había sido nefasto, egoístamente hablando lo único jodido de ese año, lo único que jamás olvidaría y lo marcaría sería su marcha, porque ese doce de septiembre fue cuando sintió que todo perdía el sentido. Se podría decir que para ella era una pérdida “menor”, que no afectaba de lleno, ni pleno, a su vida, ella seguiría con sus cosas, su trabajo, su piso nuevo, sus gatos… Ella seguía ahí, pero cómo, por cuánto tiempo… Con qué sentido y misión. Y no podía evitar sentir que de alguna forma todo tendría más sentido o hubiese sido más justo o equilibrado o vete a saber qué, si le hubiese tocado a ella, todo sería más sencillo, menos cruel…
Llevaba días dándole vueltas a la cabeza, replanteándose cada decisión tomada, cada fallo cometido, cada oportunidad perdida… Durante los días de encierro ella fue feliz, desde que cambió de casa se sentía así, había logrado quererse, encontrarse, ser lo más parecido a lo que siempre quiso ser, perdido miedos… Ahora todo estaba difuso, carente de sentido y realidad. Y en un ataque de filosofía barata su cabeza mantenía una constante disputa con su corazón y su razón. Creemos tener tiempo y no, estaba claro que el tiempo es efímero, la juventud no siempre es sinónimo del mismo. No, nosotros no disponemos de tiempo, el dispone de nosotros y aún así nos empeñamos en perderlo y en creer que… Mejor mañana. Ocultamos, engañamos y postergamos sin darnos cuenta de que ese refrán existe por algo y que no, no debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Ella, claro ejemplo de la procrastinación, vivía, o presumía vivir, por encima del bien y del mal, con su pose de pasota y de no sentir ni querer hacerlo. Lo cierto es que se engañaba y no era capaz de reconocerlo, se conformaba, tan simple y llano como eso, se había acostumbrado a vivir con lo fácil, con un trabajo que no le llenaba, con un continuo rechazo a sus virtudes, con una soledad que amaba pero que deseaba compartir. Sí, era feliz, lo era, era ella, sí lo era, pero también sabía que de irse su tiempo… Ella, la cobarde seguía aquí, quizá esa era la tarea, aprender a ser valiente… Como la recordaba, como fue, como de alguna forma seguiría siendo y a ella le constaba que era así, porque sí, porque luchó, lo hizo y tuvo la vida que siempre quiso, al menos la más parecida, ella aprovechó su tiempo y no se conformó, pero el tiempo se empeñó en escaparse de su historia demasiado pronto, pero fue Feliiiizzzz!!!!!( como su estado del wass decía).
No, a ella no le gusta llamarse cobarde, se engaña y se dice valiente a toro pasado… Ella siempre va a quitarle importancia a todo y a conformarse, es más fácil vivir así, de esa forma ha llegado a ser feliz, pero sabe que le falta algo, que de alguna manera se hace vieja por momentos y que añora cosas que dice no querer. Es más sencillo bromear y quitar hierro, ese es su escudo y su coraza. Ahora es consciente de que se miente, de que por mucho que diga no, hay un sí latente en su interior, pero le falta valor, aún se queda al filo del abismo, a un paso de andar el camino de baldosas amarillas, en el fondo se pierde en la ruta que marca el camino a Oz y se escuda en tiempos de segundas estrellas a la derecha.
Me has dejado un enorme vacío...
Y miles de dudas...
Y te lo agradezco…
AMIGA
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