26 de mayo de 2019

A mi luna...



Hoy cumples tu primera década, a veces te cuento que llegaste al mundo por cesárea, porque tu mamá gatuna, Micaela, estaba enferma, así que necesitó la ayuda de Rafa, el que sigue siendo tu veterinario; y al que sé que le tienes manía. Tu mamá Micaela era increíble, a pesar de todo ella supo cuidaros a ti y a tus hermanas, incluso un día os salvó del ataque de otro gato. Aún la recuerdo, cargando contigo y con Lola, era preciosa. A tu hermana Kitty solo la he visto en fotos, se parece a ti, a Lola la veo cada vez que voy a casa de la tita Natalia, ella se parece más a mamá Micaela, tú y Kitty a papá, uno de los gatos de Andrés. Hace diez años, cuando naciste, yo estaba a escasos días de operarme de la espalda, te han tocado dos mamás con taras, pero tú lograste que las dos sacásemos fuerzas, a Micaela para criarte y a mí para llegar a dónde estoy hoy.

No fue hasta el 4 de julio que te conocí, en ese tiempo, pues eso, me operaron, me “recuperé" y cumplí los 31. Aún recuerdo aquella tarde, hacía un calor de mil demonios, llegué a casa de la tita Natalia y allí estabais las tres. Ya te escribí hace algunos años que, aunque amante de los animales, no me terminaba de convencer el hecho de tener un gato, pero también te escribí que lo nuestro fue un amor a primera vista. Desde el primer momento en que te vi supe que teníamos que estar juntas, obvio que no me imaginaba todo lo de después, pero quizá tú instinto felino si supo verlo y por eso te acercaste a mí. Me costó, eso también te lo escribí, pero logré convencer a Migue para traerte a casa, igual yo también intuía algo y no lo sabía… Fue el 7 de julio el día elegido, te recuerdo perdida por la casa, asustada, escondida debajo del sofá… El día en que no encontraste la arena y… Tu agobio, tus maullidos… Aquel tubo de cartón que te encantaba, la primera siesta juntas, las noches en que me despertaba sobresaltada y salía a buscarte pensando en que te podía haber pasado algo… Las tardes en que te acurrucabas debajo de la bandeja del portátil y te dormías en mi falda. La primera noche que Migue y yo no pasamos en casa y que tú nos recriminaste a base de maullidos a la vuelta, por no hablar del primer viaje… Te pasaste horas sin mirarme… Y jamás olvidaré aquel día en que la pesadilla volvió y tú te subiste a la silla y, de la nada, me empezaste a acariciar la cicatriz.

Recuerdo aquel febrero, poco más de año y medio después de tu llegada, cuando nos quedamos las dos solas… Tú me ayudaste a seguir, a levantarme cada día, ya lo habías hecho durante la eterna baja, cuando la incapacidad, cuando el desamor… Tú fuiste la pieza clave en esos años, lo sigues siendo… Aquella noche dejé la puerta del cuarto abierta y tú te viniste a dormir conmigo… Me conoces, sabes que no me acostumbro a dormir sola… Y sabes también que te extraño cuando no vienes, pero que te respeto… Porque tú me has enseñado eso, a amar y querer sin depender, respetando espacios, bueno, quizá más que enseñar me diste la razón, yo no estoy hecha para otro tipo de amores, tú viniste a abrirme los ojos…  Yo quiero querer y que me quieran como a los gatos… Y por eso tú y yo nos entendemos y por eso Leo, a ratos, nos desquicia, porque él es medio perro xD. 

Tú y yo conectamos desde el primer momento, sé que nos reconocimos, somos difíciles las dos, ariscas, nos mostramos desconfiadas, pero si nos conquistan, si pasan el filtro, somos amor… Tú eres así, te cuesta acercarte a la gente, pero una vez te ganan es para siempre… La única diferencia es que tú cada vez eres más sociable y yo no, quizás tenga que fijarme más en ti, pero me cuesta, mucho, cada día un poco más…

Luna, son diez años de tu vida, casi diez en esta casa, diez años que hemos compartido. Han sido diez años difíciles, mucho, con muchas subidas y bajadas; incluso tú has pasado por malos momentos y ahora, como yo, tienes heridas de guerra… Y te puedo decir que, de esos diez años, ha sido de las peores semanas que he pasado y mira que… Pero el hecho de perderte me daba pánico, porque no sé qué sería de mí sin ti… Y sé que… Pero… No era el momento, no lo era y no lo fue… Ahora ya eso pasó, como pasó aquella primera pelea con Leo y como pasó la segunda, menos mal… Y es que, por mucho que tú seas mi ojito derecho, él es único y… Os necesito a los dos. Tú eres la paz y la sonrisa y él la risa y la “desesperación”…  El yin y el yang.

Una década mi bichina, una cuarta parte de mi vida, pero sin duda los años que más me han enseñado y más me han cambiado… Y tú has estado ahí, tú has sido mi compañera, mi luz, mi apoyo… Te debo tanto… Y lo importante es que sé que me quieres, que a pesar de todo, de los malos ratos, de las subidas y bajadas, tú no sientes que contigo haya fallado, porque me lo dicen tus miradas, me lo dice esa patita que se aferra mi mano, esos ojos que me buscan cuando despierto…

Gracias Luna, gracias, tú supiste verme, yo supe verte… Juntas llegaremos a ser nuestra mejor versión.  

Que, como a mí, tu nana siempre te acompañe. Te quiero mi pequeña. 




2 comentarios:

  1. ¡Muchas felicidades, Luna! No he tenido el placer de conocerte en persona, pero de tanto de que oído hablar de ti, casi siento que seamos amigas. Espero que sigas siempre igual de bien con Nata, tu humana adoptada, y que cumplas muchos más.

    Un besazo a las dos ♥

    ResponderEliminar
  2. Felices 10 años Luna!!
    Qué palabras tan bonitas te ha escrito tu mami... y es que muchos humanos todavía no entienden que una relación con un animal no es menos valiosa, a veces es incluso más.
    A seguir siendo feliz con tu mami y con tu hermano :)

    ResponderEliminar