4 de agosto de 2019

Salitre...





Había pasado un año desde que por fin diese el paso, no había dejado que llegase el aniversario sin lanzarse a volver a hacerlo, esta vez solo daba para irse a unos cuantos kilómetros de su ciudad, pero eso bastaba. El mar, las puestas de sol, las risas, los desayunos con vistas, las cervezas con olor a sal, merecía la pena, claro que la merecía y cumplían sus funciones, hacerla olvidar y desconectar, renovarse o morir… Y es que como decía la canción: En la orilla del mar es más fácil soñar…
Lo había conocido allí, en Conil de la Frontera, una noche, de esas que no esperas mucho, la última que pasaría allí. La tercera, la vencida…  La cola del servicio tuvo la culpa, el descaro de su amiga, la extraña timidez de ella… Y él parecía normal, así lo creyó Antía.

—Tía, que mucho tatuaje del principito y lo que quieras pero… Que si las canciones, que si aquella peli que me dejó cogida, era eso, parecía normal, es más, si me apuras pensé que era aún más moñas que yo.

—Ya, si es que, yo también lo creí, lo mío no es hacer de Celestina, cada vez lo tengo más claro. No doy una.

—Que tú no das una, la que no da una soy yo, que llevo dos en un año, por no hablar del de siempre, en serio, con lo tranquila que yo vivía cuando iba a mi bola. Estoy aburrida, es que cada vez tengo más claro que no merece la pena.

—A mí me lo vas a contar, que mira mi última historia.

—Sí, ahí la trotaconventos fui yo y vaya que también me lucí.

—Ya, pero si el problema es ese, que de primeras parecen normales, es con el paso de los días que te das cuenta de que están fritos de la cabeza.

—Y no eso, encima con complejo de microondas, que mucho calentar pero… Es que mi cara al ver la foto, con destello de estrellas incluido, osea, pero chaval qué me estás contando,  que tenemos edad suficiente como para follar sin compromiso, no para hacer el imbécil por whatsapp. Y encima me pide una foto mía… En serio…

—Se la quería machacar a tu costa.

—Encima, y va y me lo da a entender… Perdona, mira haz lo que te de la gana, pero a mí no me lo cuentes, no, si no me vas a implicar del todo, a ver cómo te explico que yo soy de una tierra en la que se dice que si no se toca no se ve… Y que estamos solo a 60 kilómetros, chaval.

—Ya, es que, qué te digo, si vamos de una en otra, el más pintao te la da y cuánta más cara de tonto, peor… Se te quitan las ganas, yo ahora mismo mi vida, mi curro y a la mierda todo.

—Ya, si es que… Pero es triste, mucho, ver a lo que han relegado las historias, yo sigo pensando que me quedé anclada en otra época… Y a ver, que llevo el tiempo suficiente sola como para saber que mejor así que mal acompañada, pero, no sé, alguna parte estúpida de mí quería seguir confiando en que algún día encontraría a un ser semejante.

—Yo he tirado la toalla, la verdad, como que paso… Él que no se acojona frente a un compromiso, es todo lo contrario y cuando te das cuenta hasta pretende prohibirte que hagas topless en la playa… Y encima el problema eres tú, mucho decir que quieren mujeres con carácter y al final, todos buscan una mala versión de la sumisa Eva. En el fondo yo creo que se acojonan ante tías como nosotras.

—Pues mira, yo es que no pienso cambiar y menos a estas alturas de mi vida, que me basto y me sobro, que por bonito que fuese tener un cuerpo al que abrazar, una ya sabe lamer sus propias heridas… Cosas como estas lo único que hacen es que me den ganas de volver a cerrar las puertas, volver a aquello de A fuego…  Y en el fondo, sé que, inconscientemente, lo he hecho…

—Pues sí, a disfrutar a nuestra manera y mira, que como dices, que mejor sola, que total, el mercado está fatal y para ir dando bandazos y alimentando decepciones pues… Amazon ofrece una gran variedad de amigos a los que no hay que dar explicaciones y solo te producen alegrías, y también hay muchas ofertas de pilas…

—Me lo dices o me lo cuentas, la mejor de mis inversiones en los últimos tiempos… Pero, aún así, me duele haber llegado este punto, pero he dejado de sentir, en serio, yo ya no tengo ilusiones, y da miedo y es extraño, como dice la canción… No hay más miedo del que se siente cuando ya no sientes nada… Y como dice otra canción, No hay un corazón que valga la pena… Y sinceramente creo que ya ni el mío…


Antia se creyó de nuevo aquello de que igual había encontrado a un raro, que aquellas dos semanas de conversaciones eran el preludio de algo, creyó que se estaban molestando en conocerla, pero… No, todo resultó como con el del portazo…  Una falacia, otra más… Y obvio, cada vez dolía menos, en este caso porque él además era casi un desconocido y no un supuesto amigo de años… Pero, de alguna forma era eso, otro arañazo… Nunca fue demasiado confiada, o quizá sí, pero ya no, ahora eso de confiar era para ella casi un imposible, por mucho que necesitase hacerlo, pero…  Ese cactus cada vez tenía menos flores y más espinas…





No hay comentarios:

Publicar un comentario