Aquel
lugar olía a jazmín, al fondo, se podía ver como este trepaba presuroso por la
pared, como tratando de alcanzar el cielo, parecía un lugar custodiado por las
hadas, por eso lo había elegido. Celine había cumplido con su parte, no se había
disfrazado para la ocasión. Estaba nerviosa, hacía años que no tenía una cita,
había perdido la sana costumbre de enamorarse, estaba asalvajada, así se
definía. Pero estaba dispuesta a arriesgarse, a contarle toda esa vida que había
llevado junto a sus pensamientos, la que había fabricado para los dos, que a
ratos no era del todo perfecta, porque ella ya tenía claro que no todo eran
rosas, así que añadió alguna que otra espina y creó algo que se ajustase a la
realidad, a lo poco que se conocían y a lo mucho que se desconocían. No, no había
querido idealizarlo, eso hubiera sido torpe por su parte, ya había cometido ese
error muchas veces.
Apenas
cuatro mesas estaban ocupadas, ella se sentó junto a la fuente, el ruido del
agua apaciguaría su ansiedad, el tic tac del reloj de quien espera. Se encendió
un cigarro y pidió una cerveza al camarero. Había acudido medía hora antes, por
saltarse su propia norma de la que siempre llega tarde, en ese tiempo lograría
montarse su discurso, aún no tenía muy claro por dónde empezaría, ni tampoco
como encajaría él todas esas fantasías de quinceañera que en alguna ocasión
también se había permitido tener. Sí, a veces estaba un poco loca, contaba con
que él supiese eso, su tornillo fugado era algo que no podía esconder, pero aún
así ella sabía que merecía la pena, lo suyo a veces era pura fachada, una
coraza que se había fabricado con los años. Él decía ser un erizo, ella se
definía como cactus, pero había llegado el momento de florecer, de mostrarse
libre y sin máscaras, tenía que jugársela, porque no quería perder, esta vez
no, ya estaba cansada de hacerlo. Resoplaba, mientras mil frases volaban de una
punta a otra de su cabeza, no había reproches, no podía haberlos, no sería
justo para ninguno de los dos. Sí, habían pasado más de tres años desde que
ella se quedase colgada de su mirada, de aquella extraña tarde en que él
irrumpió en aquella librería, con esa pose de casando y perdido. Ese era el
tiempo que ella llevaba montándose historias en su cabeza llena de pajaritos.
En el fondo no sabía que es lo que se le hacía tan difícil, solo tenía que ser
sincera, asumir que sí, que a veces pues la había sacado de sus casillas, que
odiaba esa manía suya de no contestar, de no decir, de no aparecer… Pero no, es
que no iba a hacer eso, porque era absurdo, todos tenemos una forma de ser y
hacer y ella era a la primera que le molestaba infinitamente que le dijesen
como pensar y actuar. La certeza de que él la comprendería quería adueñarse de
su cuerpo, tenía que dejarla entrar. Al fin y al cabo él era otro junta letras
como ella, aunque sus estilos fuesen tan diferentes. Debía de reconocer que su
forma de escribir la había eclipsado, fue una de las razones que la hicieron
perder el norte, eso, y que tocase la guitarra, aunque él dijese que lo hacía
fatal, aún así, quería que tocara para ella, solo para ella… Tendría que frenar
su humor, su ironía y su sarcasmo, sabía que todo aquello podría confundirlo,
mil veces le pasaba que la malinterpretaban y no podía permitirse el lujo de
que eso pasara, no esa tarde, no cuando por fin la vida le daba la oportunidad
de expresar lo que durante tanto tiempo había callado. Aunque en el fondo
llevaba tres años gritando a los cuatro vientos que estaba algo más que pillada
de él. Incluso una noche se lo dijo a él, así, a bocajarro, porque a veces
soltaba las cosas sin pensar, él se había quedado callado, qué podía decirle. Hablaba
de más, lo sabía, muchas veces era una bocazas, pero, es que la descolocaba, lo
hacía, siempre que lo veía su mundo se ponía del revés y ella tenía que frenar
el impulso de colgarse de su cuello, de su vida. Y es que era raro, porque a la
vez él le daba una extraña calma, al tenerlo al lado sentía como si estuviese
dónde tenía que estar, con quién tenía que estar, como si él siempre hubiese
estado ahí, de alguna forma. Era eso, eso fue lo que ocurrió aquella tarde de febrero,
que creyó reconocer en él lo que siempre había buscado, aún si haber escuchado
su voz. Que era otra de las cosas que le gustaban de él, cuántas noches
recordando a oscuras su voz… Su acento.
Sí,
él había tardado tres años en aceptar aquella invitación, pero eso qué más
daba, hay veces en que tenemos la vida desordenada y ya se sabe, nadie quiere
que vean sus rincones oscuros, a ratos todos desaparecemos y estamos en otro
momento y ella lo sabía porque también lo había vivido, y quizá perdió algunos
trenes, pero quizás esos trenes no eran el adecuado y la vida le hizo el favor
de no desviarla de su trayectoria. Este tren había llegado con el retraso que
exige el reordenar la vida, a ella le había pillado en una estación de paso,
curiosamente, pero todo daba igual, tomaría su mano y volvería al vagón que le
correspondía. El que les correspondía, quería viajar con él, dejarse llevar,
eso sonaba bien, demasiado bien… Pero lo harían, correrían el riesgo, ya sabían
viajar solos, habían aprendido a hacerlo. Era capaz de recrear escenas, ahí
estaban los dos, en las idas y las vueltas, enganchados a sus libros, ajenos al
mundo, cada uno en un lugar, pero juntos, caminando en paralelo. Sabía que
tenían gustos parecidos, música, libros, arte… Ella se sabía muy pez en muchos
temas, pero para ella el saber no ocupaba lugar, quería que él le contase historias,
que le descubriese cosas nuevas, confiaba en que ella también pudiese aportarle
cosas a él. El amor para ella era un poco así, un hacerse mejores personas el
uno al otro, respetar espacios, manías… La había jodido muchas veces, sí, lo
había hecho, pero para algo le servían los años, muchos, pocos, los que tenía…
La vida consiste en no hacer a los demás lo que uno no quiere para sí mismo. El
amor es la libertad de ser dos, sin dejar de ser uno… Que decía una frase
manida, pero cierta. Le diría eso, que serían libres…Juntos, pero libres. Sin
querer cambiar esencias...
Estaban a punto de dar las 7 en el reloj, hacía
calor, pero corría un suave viento de poniente que lo aliviaba. Resopló,
inspiró, acarició aquella alpha tatuada en su muñeca, él sería su omega. Aparecería,
como ya lo hizo aquella tarde en que no confirmó y aún así apareció, y ella en
uno de sus impulsos irracionales le puso los cascos y entonces hizo suya esa
canción y cada vez que la oía le recordaba a él… Esa que dice que tú y yo pudimos
ser… Ahora seríamos, sí, ahora que todo fluye… Ahora era el momento, ese día
había llegado, ese café, esa cita pospuesta tres años atrás, ahora empezarían a
conocerse más y a desconocerse menos. Tenía esa esperanza… Miraba de soslayo a
la puerta, él tampoco se habría disfrazado para la ocasión…
Llamó
al camarero, pidió la cuenta, le dejó un euro de propina en el plato, apagó el
cigarro con fuerza y abandonó el local al filo de las siete y cinco… Aunque él
no lo supiese, ella seguía inventando citas, momentos, recuerdos… Mientras,
seguiría esperando en sus estaciones de paso…
Objetos 7 y 4: Una letra del alfabeto griego y una criatura mitológica.
Este relato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí

¡Hola, Nata!
ResponderEliminarGenial el relato, muy en tu línea. La verdad es que combinar espinas, ya sean de rosas, de erizos o de cactus, me parece una idea muy poética y muy bonita, aunque le hayas dado ese toque de realismo soñador muy tuyo.
Lo he vuelto a buscar y no encuentro la criatura mitológica, la verdad, jajaja. Y antes de que me vaya, quizá para próximos relatos augmentar el espacio entre párrafos haría la lectura más fluída, porque me he leído toda la parte central del tirón y mi cerebro se ha quedado sin aire xD
¡Muchos besos, guapa!
Noooooo!!! Por qué? Ahora quiero leer una cita con el final feliz xD. En serio, muy bonito el relato. Describes amor sin resultar empalagoso ni pesado, sólo como una forma de compartir la vida.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo linda :)
Vaya! Ha sido inesperado, pero ha valido la pena. Tiene ese toque poético que lo hace tan bonito. Ha sido bastante creativo.
ResponderEliminarSaludos😊💕