25 de julio de 2019

Tenía que decírtelo...




Aquel lugar olía a jazmín, al fondo, se podía ver como este trepaba presuroso por la pared, como tratando de alcanzar el cielo, parecía un lugar custodiado por las hadas, por eso lo había elegido. Celine había cumplido con su parte, no se había disfrazado para la ocasión. Estaba nerviosa, hacía años que no tenía una cita, había perdido la sana costumbre de enamorarse, estaba asalvajada, así se definía. Pero estaba dispuesta a arriesgarse, a contarle toda esa vida que había llevado junto a sus pensamientos, la que había fabricado para los dos, que a ratos no era del todo perfecta, porque ella ya tenía claro que no todo eran rosas, así que añadió alguna que otra espina y creó algo que se ajustase a la realidad, a lo poco que se conocían y a lo mucho que se desconocían. No, no había querido idealizarlo, eso hubiera sido torpe por su parte, ya había cometido ese error muchas veces.
Apenas cuatro mesas estaban ocupadas, ella se sentó junto a la fuente, el ruido del agua apaciguaría su ansiedad, el tic tac del reloj de quien espera. Se encendió un cigarro y pidió una cerveza al camarero. Había acudido medía hora antes, por saltarse su propia norma de la que siempre llega tarde, en ese tiempo lograría montarse su discurso, aún no tenía muy claro por dónde empezaría, ni tampoco como encajaría él todas esas fantasías de quinceañera que en alguna ocasión también se había permitido tener. Sí, a veces estaba un poco loca, contaba con que él supiese eso, su tornillo fugado era algo que no podía esconder, pero aún así ella sabía que merecía la pena, lo suyo a veces era pura fachada, una coraza que se había fabricado con los años. Él decía ser un erizo, ella se definía como cactus, pero había llegado el momento de florecer, de mostrarse libre y sin máscaras, tenía que jugársela, porque no quería perder, esta vez no, ya estaba cansada de hacerlo. Resoplaba, mientras mil frases volaban de una punta a otra de su cabeza, no había reproches, no podía haberlos, no sería justo para ninguno de los dos. Sí, habían pasado más de tres años desde que ella se quedase colgada de su mirada, de aquella extraña tarde en que él irrumpió en aquella librería, con esa pose de casando y perdido. Ese era el tiempo que ella llevaba montándose historias en su cabeza llena de pajaritos. En el fondo no sabía que es lo que se le hacía tan difícil, solo tenía que ser sincera, asumir que sí, que a veces pues la había sacado de sus casillas, que odiaba esa manía suya de no contestar, de no decir, de no aparecer… Pero no, es que no iba a hacer eso, porque era absurdo, todos tenemos una forma de ser y hacer y ella era a la primera que le molestaba infinitamente que le dijesen como pensar y actuar. La certeza de que él la comprendería quería adueñarse de su cuerpo, tenía que dejarla entrar. Al fin y al cabo él era otro junta letras como ella, aunque sus estilos fuesen tan diferentes. Debía de reconocer que su forma de escribir la había eclipsado, fue una de las razones que la hicieron perder el norte, eso, y que tocase la guitarra, aunque él dijese que lo hacía fatal, aún así, quería que tocara para ella, solo para ella… Tendría que frenar su humor, su ironía y su sarcasmo, sabía que todo aquello podría confundirlo, mil veces le pasaba que la malinterpretaban y no podía permitirse el lujo de que eso pasara, no esa tarde, no cuando por fin la vida le daba la oportunidad de expresar lo que durante tanto tiempo había callado. Aunque en el fondo llevaba tres años gritando a los cuatro vientos que estaba algo más que pillada de él. Incluso una noche se lo dijo a él, así, a bocajarro, porque a veces soltaba las cosas sin pensar, él se había quedado callado, qué podía decirle. Hablaba de más, lo sabía, muchas veces era una bocazas, pero, es que la descolocaba, lo hacía, siempre que lo veía su mundo se ponía del revés y ella tenía que frenar el impulso de colgarse de su cuello, de su vida. Y es que era raro, porque a la vez él le daba una extraña calma, al tenerlo al lado sentía como si estuviese dónde tenía que estar, con quién tenía que estar, como si él siempre hubiese estado ahí, de alguna forma. Era eso, eso fue lo que ocurrió aquella tarde de febrero, que creyó reconocer en él lo que siempre había buscado, aún si haber escuchado su voz. Que era otra de las cosas que le gustaban de él, cuántas noches recordando a oscuras su voz… Su acento.
Sí, él había tardado tres años en aceptar aquella invitación, pero eso qué más daba, hay veces en que tenemos la vida desordenada y ya se sabe, nadie quiere que vean sus rincones oscuros, a ratos todos desaparecemos y estamos en otro momento y ella lo sabía porque también lo había vivido, y quizá perdió algunos trenes, pero quizás esos trenes no eran el adecuado y la vida le hizo el favor de no desviarla de su trayectoria. Este tren había llegado con el retraso que exige el reordenar la vida, a ella le había pillado en una estación de paso, curiosamente, pero todo daba igual, tomaría su mano y volvería al vagón que le correspondía. El que les correspondía, quería viajar con él, dejarse llevar, eso sonaba bien, demasiado bien… Pero lo harían, correrían el riesgo, ya sabían viajar solos, habían aprendido a hacerlo. Era capaz de recrear escenas, ahí estaban los dos, en las idas y las vueltas, enganchados a sus libros, ajenos al mundo, cada uno en un lugar, pero juntos, caminando en paralelo. Sabía que tenían gustos parecidos, música, libros, arte… Ella se sabía muy pez en muchos temas, pero para ella el saber no ocupaba lugar, quería que él le contase historias, que le descubriese cosas nuevas, confiaba en que ella también pudiese aportarle cosas a él. El amor para ella era un poco así, un hacerse mejores personas el uno al otro, respetar espacios, manías… La había jodido muchas veces, sí, lo había hecho, pero para algo le servían los años, muchos, pocos, los que tenía… La vida consiste en no hacer a los demás lo que uno no quiere para sí mismo. El amor es la libertad de ser dos, sin dejar de ser uno… Que decía una frase manida, pero cierta. Le diría eso, que serían libres…Juntos, pero libres. Sin querer cambiar esencias...
Estaban a punto de dar las 7 en el reloj, hacía calor, pero corría un suave viento de poniente que lo aliviaba. Resopló, inspiró, acarició aquella alpha tatuada en su muñeca, él sería su omega. Aparecería, como ya lo hizo aquella tarde en que no confirmó y aún así apareció, y ella en uno de sus impulsos irracionales le puso los cascos y entonces hizo suya esa canción y cada vez que la oía le recordaba a él… Esa que dice que tú y yo pudimos ser… Ahora seríamos, sí, ahora que todo fluye… Ahora era el momento, ese día había llegado, ese café, esa cita pospuesta tres años atrás, ahora empezarían a conocerse más y a desconocerse menos. Tenía esa esperanza… Miraba de soslayo a la puerta, él tampoco se habría disfrazado para la ocasión…

Llamó al camarero, pidió la cuenta, le dejó un euro de propina en el plato, apagó el cigarro con fuerza y abandonó el local al filo de las siete y cinco… Aunque él no lo supiese, ella seguía inventando citas, momentos, recuerdos… Mientras, seguiría esperando en sus estaciones de paso…



Objetivo 20: Haz un escrito sobre una cita que sea un desastre.

Objetos 7 y 4: Una letra del alfabeto griego y una criatura mitológica.

Este relato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí

3 comentarios:

  1. ¡Hola, Nata!

    Genial el relato, muy en tu línea. La verdad es que combinar espinas, ya sean de rosas, de erizos o de cactus, me parece una idea muy poética y muy bonita, aunque le hayas dado ese toque de realismo soñador muy tuyo.

    Lo he vuelto a buscar y no encuentro la criatura mitológica, la verdad, jajaja. Y antes de que me vaya, quizá para próximos relatos augmentar el espacio entre párrafos haría la lectura más fluída, porque me he leído toda la parte central del tirón y mi cerebro se ha quedado sin aire xD

    ¡Muchos besos, guapa!

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  2. Noooooo!!! Por qué? Ahora quiero leer una cita con el final feliz xD. En serio, muy bonito el relato. Describes amor sin resultar empalagoso ni pesado, sólo como una forma de compartir la vida.
    Un fuerte abrazo linda :)

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  3. Vaya! Ha sido inesperado, pero ha valido la pena. Tiene ese toque poético que lo hace tan bonito. Ha sido bastante creativo.

    Saludos😊💕

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