12 de julio de 2016

El cielo sobre Jerez...


Lo bueno de escribir para una misma, es que puedes hacerlo cómo, cuándo y dónde te dé la gana… sin dar explicaciones, sin pararte a pensar a si este o aquel le gustará o no, o pensará esto o lo de más allá.  Posiblemente esta sea la única entrada de este verano, mis neuronas se atrofian con el calor, doy para poco o para casi nada. No, no me gusta el verano, he repetido hasta la saciedad ser hija de otoños, de mantas en el sofá y tazas de té bien caliente… 
Lo bueno de no ser de mente cerrada o de gustos cerrados, es que igual me trago una peli moñas, así tipo comedia romántica, que una de dibujos animados que otra de pensar y comerme el coco. Me pasa menos en otros campos, pero… Una de las cosas que más disfruto desde que estoy sola es que me puedo dedicar a hacer lo que me da la gana y a ver lo que me da la gana, sin que haya una mosca cojonera por detrás diciéndome que por qué escucho, leo o veo eso… Estar sola me ha hecho conocerme y conocer, es algo que necesitaba y, aunque lo he sabido siempre, quizás necesité madurar para no sólo reivindicarlo, sino para actuar en consecuencia. Yo decidí estar sola, yo quería estar sola y aunque eso desestabilizó mi “acomodada” vida, aposté por mí y aunque a ratos, muy estúpidos ratos, pienso que quizá hubiese sido mejor continuar con esa vida impuesta por el modelo convencional, al final sé que hice lo correcto, que mejor es contar euros y hacer el pino para llegar a fin de mes, que ser un ser enjaulado infeliz y haciendo infeliz. Hay muchos que prefieren lo otro, yo no. Hay muchos que, a día de hoy, me siguen diciendo que porque dejé a esa persona, que era bueno, amable y me quería, es algo que nunca he negado, pero por eso mismo se merecía alguien que lo quisiera por encima de todo y yo, yo me merecía poder ser yo… y sí, espero también que algún día quieran a ese yo que soy. Sé que la mayor parte de la culpa siempre ha sido mía, fui yo la que quiso cambiarse, en la mayoría de los casos, y no, soy lo que soy y como soy y puede que algún día encuentre a alguien así de “raro”, mientras tanto seguiré sola, he aprendido a estar sola y disfruto estando sola. No volveré a intentar cambiarme. Nunca más.
Y bueno, como he dicho, veo muchas películas, muchas series, leo libros, escribo y siempre suele sonar música en casa… Eso soy yo, es lo que me gusta. Y eso, veo pelis de todo tipo, pero obvio que algunas me marcan más que otras y pasan a formar parte de mi videoteca (aún pequeña, pero va creciendo). Una de ellas es El cielo sobre Berlín, hace poco también me hice con la novela gráfica, que es una pasada. Esa película forma parte de mi top 3, fuera de los clásicos (vamos de las que si hicieron ya conmigo en el mundo, más o menos xD) y las de adolescente/joven... La primera es Grandes Esperanzas… la segunda Antes del Amanecer y esta, pues eso, la tercera… Obvio que quizás por mi circunstancia me sienta así un poco identificada con la protagonista, en este momento de mi vida más que nunca, más que cuando la vi por primera o segunda, x vez… Es eso, la vida, las vivencias, la experiencia, el conjunto del todo, es lo que te va haciendo, forjando, cambiando… En algunas cosas para bien, en otras… Cierto que la película refleja muchísimas otras cosas, pero en este momento es eso, me siento como ella… Cuando habla (en off/de pensamiento) siento que de alguna u otra manera yo me he contado eso a mí misma y bueno, después está la parte boba, que espera que al igual que ella, algún día pueda soltar ese discurso final… Supongo que todo llega para el que sabe esperar…sino desespera antes. Bueno, si después de seis años se supone que en mes y medio volveré a trabajar, por qué no creer que ese ser extraño, como yo, existe para mí… cosas más raras se han visto ;).



20 de junio de 2016

Impar...


Se había convertido en el número impar, cuando ella estaba las cuentas no cuadraban, no había pares. Era el nones de la situación, de la reunión, del momento…
La mayor parte del tiempo era un 1, en contadas ocasiones un 3, a ratos era el 5, otra veces el 7 o quizás el 9… Pero hacía mucho que no era 2. Y, a ratos,  pesaba y se sentía como pez fuera del agua. Ella, durante años fue par y se acostumbró a ello. Ahora eran 5 años los que le repetían que aquello había dejado de ser así…
A veces trataba de imaginar cómo sería volver a ser una cifra par… Le costaba hacerlo… Pero también lo echaba de menos… ¿Pero tú estás bien? Le preguntaron. Y sí, lo estaba, pero posiblemente también estaría bien de hallar esa otra parte que la complementase. Otro número impar con ganas de ser par. Un ser diferente e igual, distinto pero parecido a ella. Esa persona que sacase su mejor parte y de la que sacar su mejor parte, con la que construir sueños conjuntos y no individuales.

Un impar, eso es lo que era, un número impar… Ella, que siempre fue de cosas pares…



16 de junio de 2016

Anhelo de recuerdo...




Alicia lo miraba de soslayo. En él creía ver la luz que, poco antes, habían teñido de colores el cielo de aquella ciudad Toscana. Miraba sin que se notase, pero cargada de intenciones, aún sin sospechar que horas después los fuegos artificiales tendrían lugar entre cuatro paredes. Sin presagiar que contemplaría el amanecer junto a él, mientras un cigarro volaba de mano en mano dejando al humo a su libre albedrío. Lo miraba, claro que lo miraba y sabía que él también lo hacía, ambos eran conscientes de aquel cruce de palabras no pronunciadas. Aquella noche la magia era dueña y señora de las calles, de cada rincón, de cada esquina… Y en un conocido truco ambos acabaron enredados en colores rojos.
Hoy Alicia mira el pasado, el trascurrir de cinco años vacios de caricias, de palabras, de tactos. Nada en aquel tiempo hacía presagiar el futuro, el suyo, el que en el fondo ella había elegido. A él no lo echaba de menos, fue lo que tenía que ser, como tuvo que ser… Durante algún tiempo tampoco pesó lo demás… Pero en esa noche, en esta noche, ese lustro se había transformado en una absurda, pero pesada losa… Anhelaba volver a sentir, pero sentir de verdad. Extrañaba la palabra y el sentimiento. Ansiaba derramar todo aquello que sus manos guardaban, ese fuego que amenazaba con extinguirse…
Volvía a ser noche de Luminara. Pisa se haría aún más bella en apenas 15 minutos y ella, ella se marchitaría, un poco más,  en algo más de 10 días.





31 de mayo de 2016

No preguntes...


Si es que no deseas hallar respuestas, es mejor que no lo hagas. Vive en el desconocimiento y el desconcierto de no saber.
Ayer me dio por leer de nuevo las palabras de un ilustre sevillano, el romántico, el que tantos suspiros me arrancó en la adolescencia. Será que últimamente me siento así, como una quinceañera, asustada y enamorada… Y todo porque hay un grupo de golondrinas que han hecho nido en mis ventanas y se las pasan jugando contra mis cristales…. Pero aquellas que aprendieron nuestros nombres, no han vuelto… De Bécquer adoré su poesía, esas rimas que se paseaban entre las páginas de mis libros y cuadernos, pero amé aún más sus leyendas… Mi favorita es el Monte de las Ánimas, pero ayer descubrí subrayado este fragmento de la Ajorca de oro

“-No me preguntes por qué lloro, no me lo preguntes, pues ni yo sabré contestarte ni tú comprenderme. Hay deseos que se ahogan en nuestra alma de mujer, sin que los revele más que un suspiro; ideas locas que cruzan por nuestra imaginación, sin que ose formularlas el labio, fenómenos incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, que el hombre no puede ni aun concebir. Te lo ruego, no me preguntes la causa de mi dolor; si te la revelase, acaso te arrancaría una carcajada.”

Yo, que me considero llorona de nacimiento, a mí, que con demasiada frecuencia se me mete un poco de arena en los ojos… Es eso, mejor no preguntes, porque de seguro no me entenderías, yo soy así…


“Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de por qué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí.
Es esto de los llantos pasaje baladí.
Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente estulto,
que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.”

Alfonsina Storni (Fragmento de Capricho (El dulce Daño))