Hace
unos meses que decidí hacer con la lectura lo mismo que con la música,
atreverme a conocer cosas nuevas. Siempre me he movido en el mismo círculo, compraba
sobre seguro, y la pocas veces que compraba por comprar pues… Pero estaba
cansada, así que opté por seguir las recomendaciones literarias del que fuese
mi profesor de literatura, en mis años de instituto, así como autores que
hubiese oído pero no leído. He de decir que este libro lo compré por el nombre
de la autora y por la portada, además se anunciaba como ilustrado y eso me
llamó aún más la atención. Es un libro de relatos, escritos entre los años
cuarenta y sesenta, con la segunda guerra mundial como trasfondo en algunos de
ellos. La autora es italiana, mi bella Italia…Y su primer marido fue profesor ... Y de signo, Cáncer xD. Me faltan por leer un par de ellos, será esta noche…
Este
en cuestión habla de su oficio, ella siempre tuvo claro que escribir era eso,
su oficio. En dicho relato he encontrado muchas de las sensaciones que he
tenido a la hora de escribir, yo no creo que mi oficio sea este, o sí, no lo
sé, sólo sé que escribir siempre ha sido para mí una necesidad, más allá de
hacerlo mejor o peor, bien o mal. El relato entero es una delicia, aquí sólo
dejo un pequeño fragmento, pero invito a su lectura completa, los demás también
lo son.
El
libro se llama Las pequeñas virtudes
y ella Natalia Ginzburg (compartimos iniciales xD)
" Y he descubierto que uno se cansa cuando escribe algo en serio. Es mala señal si uno no se cansa. Uno no puede esperar escribir algo en serio así a la ligera, como con una mano solo, alegremente, sin molestarse apenas. No se puede salir del paso como si tal cosa. Uno, cuando escribe algo serio, se mete dentro de ello, se hunde en ello hasta los ojos; y si tiene sentimientos muy fuertes que inquietan su corazón, si es muy feliz o muy infeliz por alguna razón, digamos terrestre, que no tiene nada que ver con lo que está escribiendo, entonces, si lo que escribe vale y es digno de vivir, cualquier otro sentimiento se adormece en él. No puede esperar conservar intacta y fresca su cara felicidad, o su cara infelicidad; todo se aleja y se desvanece, y se queda sólo con su página, ninguna felicidad y ninguna infelicidad puede subsistir en él que no esté estrictamente ligada con esta página suya: no posee otra cosa y no pertenece a nada más, y si no le sucede así, entonces es señal de que su página no vale nada."
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