Amanda cerró el libro. Había tardado años en leerlo, a pesar de ser una de esas historias conocidas y de renombre. Pero ella era de las que pensaba que a cada libro y cada cosa le llega su momento y fue a sus casi treinta y ocho años y medio que al fin conoció la historia de El Perfume. Y le resultó curioso que ese mes, precisamente, el tema fuese olores. Tan ligado a esa obra.
Ella, desde niña, siempre se sintió distinta, un poco solitaria y complicada, no, nada tenía que ver con la historia de ese personaje, no era eso a lo que se refería, pero sí compartían algo; el amor por los olores. Amanda, desde siempre, asociaba sus momentos a canciones u aromas. Los sábados por la mañana, en su niñez, eran los de la sintonía de su programa favorito, mezclado con el olor a pan tostado. La primavera en su tierra era la de los olores a azahar e incienso. El verano al del sonido de las olas y el salitre que se adhería a su piel. Recordaba a ese primer amor por su fragancia; aquella colonia de moda en la época, de la que ella buscaba el tarro de muestra en la tienda para evocar su presencia. Y así sucedía con todo, recordaba su viaje a Brujas por el olor a chocolate. El de Londres por el de la lluvia fina. Las calles de Granada por su mezcla de tés. Uno de sus mayores placeres era el de entrar en una librería y dejarse impregnar por el olor de todas esas grandes historia que allí se daban cita. Reconocía el olor de cada casa, de cada persona y, a veces, al pasear por las calles algo le decía, este olor me recuerda a…
Sus olores favoritos eran el del chocolate, la tierra mojada, los libros viejos, el regaliz, el de la flor del naranjo, el de la ropa limpia, el de los días de lluvia, el del mar… Sin embargo, había uno, el más querido, el que ella denominaba el perfume de los sueños, el que perseguía. Y no, no era un olor especial, vamos, que era común, al alcance de cualquiera, pero era el suyo, el que más amaba. Era eso, el perfume que evocaba su todo, su presente, su pasado y su futuro…
Amanada, si pudiese, haría que todo siempre oliese a Jazmín…

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