Y es
que acaso no lo ves, no debiste ir por ese camino sola, con esa ropa, con esas
pintas… Ahora de qué te quejas, si la culpa es tuya, en serio no te das cuenta.
No me seas ilusa, que llevabas puesta esa falda corta y las cachas al aire, no
vengas a quejarte porque no llevas razón. La culpa es tuya y solo tuya, de
nadie más, de veras esperabas que él se controlase, si se lo pusiste a huevo
hija… Y mira que te lo he dicho veces, que mejor dar un rodeo y tardar media hora
más que acortar camino por ese sendero. Pero no es algo evidente, alma de cántaro, que
quien evita el riesgo evita el peligro, que debes controlar cada paso que das y
por cada sitio que caminas, a quién se le ocurre ir sola, a ti, solo a ti, mira
que te lo tengo dicho…
Si es
que no os dais cuenta, pero vais provocando: que si el maquillaje, que si
medias de rejilla, que si ombligo al aire, que si melena suelta y taconazo, ahora
querrás que ellos controlen su lengua y sus instintos, claro, de esa guisa a
ver cómo, es que es obvio que no hay manera. Vas pidiendo a gritos que te
suelten cuatro borderías, que se te arrimen y te susurren al oído que estás para
follarte. ¿No lo ves? ¿De verdad qué no? Pues bonita, tienes un verdadero
problema, te lo digo en serio. Mientras no te comportes no pidas respeto, no me
seas hipócrita. Anda que no os mola que el jefe, el compañero de trabajo o el
albañil de turno os diga lo buenas y apetecibles que estáis, anda que no, como a
gallinas os pone…
A mí
es que me hacéis mucha gracia, en serio os lo digo. A ver, dime qué mujer que
camina sola a las once de la noche, con un pantalón ajustado y un top, no va
pidiendo a gritos que le den caña… O esas que salen a correr con sus leggins y
su camisetita bien pegada al cuerpo no esperan desesperadas un buen revolcón. Ahora
tendréis la poca vergüenza de decir que son ellos, unos machos de pies a cabeza,
los culpables de vuestras provocaciones, si es que… La cara como el cemento
armado… Y ya cuando ponéis como excusa que sois lesbianas, venga ya, eso no os
lo creéis ni vosotras, una buena polla es lo que necesitáis, frígidas de
mierda, que no tenéis ni puta idea de lo que es un polvo, un señor polvo.
Anda
y dejaos ya de feminismos, de consignas baratas, de decir que, #NiUnaMenos, si ellos
saben de sobra que en el fondo lo estáis deseando, que ni a base de hostias os
enteráis, que la culpa es vuestra, desde los tiempos de Eva. No hay más que
veros, muchas os hacéis las valientes, con la llaves en la mano, como si eso os
fuese a servir de algo, a excusar de nada, al final las cosas son como tienen
que ser; y oye, que si se le va la mano, te lo has buscado por hacerte la digna,
calladita y con las piernas abiertas estás más guapas y todos salimos ganando,
si sabes que en el fondo en lo que deseas, para qué te haces la dura, mira por
donde te ha salido el tiro al final, ahora encima le vas a buscar la ruina a
ese muchacho, menos mal que la justicia está de su parte y sabrá discernir que, visto lo visto, no era más que un abuso, porque una violación, venga ya, si ibas
de cervezas hasta la cejas y te sentaste con él en ese banco alejado de todo y
de todos… Si es que, como se decía antes, eres una cualquiera, es lo que hay y
todo lo que pase a ti (a las de tu calaña) siempre será por tu culpa, por tu
culpa, por tu gran culpa…
Recuerdas aquella mañana, era uno de
enero, te despertaste con un dolor agudo en la pierna y le echaste la culpa a
los tacones de la noche anterior, nada te hacía pensar que aquel era el
principio de un dolor que acabaría formando parte de tu vida. Apenas tenías
treinta años, te acababas de casar y estabas en esa ardua tarea de querer ser
madre. Recuerdas como el día dos
madrugaste porque te tocaba montar rebajas en el trabajo, como el dolor era
mayor, pero apenas te parabas a pensar en ello. Recuerdas aquella cabalgata en
que te costaba estar de pie, se pasará, pensabas. Recuerdas aquel viernes en
que casi ibas a rastras por la tienda y como tu jefa de departamento te decía
que te fueses a casa. Recuerdas como a la mañana siguiente fuiste incapaz de
incorporarte en la cama. Recuerdas el primer diagnóstico, el que no te pudiesen
recetar pastillas hasta saber si estabas o no embarazada. Como aguantabas los
días entre sofá y cama, como te las pasabas leyendo, nunca has leído tanto como
cuando te viste (te has visto) postrada. Recuerdas los meses a base de
pastillas, como te hincharon y como notabas que el pelo se te caía a manojos.
Recuerdas el día en que te dijeron que la única solución era un quirófano, el
miedo a las pruebas, a los goteros, a todo. Recuerdas el viaje a Sevilla, la
clínica donde te operaste, aquella noche el Betis bajó a segunda y se lio. Recuerdas
el momento en que te viste en la camilla, camino de la sala, cuando te dijeron
aquello de empieza a contar. Recuerdas cuando despertaste, como tu obsesión era
ver si estabas o no sondada, aquel comentario aún medio dormida que hizo
estallar en carcajadas al equipo médico, enfermeras y algún que otro a medio
despertar, como tú. Recuerdas cuando te
pusiste de pie otra vez y creías que el dolor había desaparecido. Recuerdas los
días de calor, el día que tu tía pudo lavarte la cabeza, el día que te quitaron
las grapas y se te bajó la tensión. Recuerdas la ilusión por volver a
incorporarte a trabajar, aquel viaje a Londres, el volver a intentar ser madre…
Y obvio recuerdas aquel día en que el dolor volvió de nuevo. Tuvieron que
recogerte del trabajo, como tu gata se acurrucó a tu espalda y comenzó a
acariciar aquella cicatriz… Y volvieron
los médicos, las pastillas, las pruebas y finalmente acabaste con una
incapacidad de oficio y unas secuelas que te harían entender el dolor como algo
innato en ti.
Recuerdas como empezaste a asimilar que
no ibas a ser madre, que a tu pareja era lo único que parecía importarle, como
aquella cicatriz no solo quebró tu espalda,
también tu vida. Como tuviste que aprender a lidiar con días cargados de
monotonía y soledad no pedida. Como de inútil te comenzaste a sentir, como
cambió tu humor, tu risa y tu mirada. Como un día decidiste que aquello no era
lo que tú querías, ni soñabas, que aunque fuese más difícil era mejor continuar
sola.
Recuerdas esos años en la montaña rusa,
perdida, sintiéndote nada, una carga, convencida de que no volverías a trabajar
y mucho menos a encontrar pareja. Recuerdas el miedo en aquellos meses de
primavera/verano de 2014, donde de nuevo te viste impedida y volviste a leer
más que nunca. Recuerdas como poco a poco fuiste saliendo de todo aquello, como
aprendiste a ignorar el dolor, a sentirte fuerte otra vez, como volviste a
sonreír y a sacar ese humor negro que siempre tuviste. Recuerdas todo aquello
como tu transformación, dejaste de ser oruga… Y después todo empezó a ser
diferente, todo aquello había ayudado a que llegaras a ser como siempre
quisiste ser, a que perdieses miedos, a que amases esa soledad que esta vez tú
buscabas. Recuerdas cuando al fin alguien te dio la oportunidad y volviste a
trabajar y a sentirte útil y capaz. Y recuerdas de nuevo el pánico que sentiste
hace dos años cuando de nuevo el dolor se coló en tu vida a golpe y porrazo y
esta vez te dejó aún más postrada, ni leer podías ni dormir ni andar, incluso
tuviste que irte a casa de tu madre… Y fue duro ver que tras aquello una nueva
secuela pareció instalarse en tu vida, pero confiabas en que no fuese así,
querías creer que pasaría, pero no pasó…
Y hace dos días, cuando, al fin, tras dos
años, has logrado que te vea un especialista, respiras al saber que no, que por
ahora no vas a volver a operarte, pero que, como bien sospechabas, ese pie
seguirá así para siempre… Y entonces piensas en que apenas tienes 40 años y
que… Y te caes y te hundes y te agobias pensando en el futuro y en que ahora
empiezas a asimilar que no vas a volver a tener pareja, como ya asumiste que no
ibas a ser madre y de nuevo pierdes la sonrisa, pero finges que no es así y
utilizas de nuevo tu humor negro, porque al mal tiempo buena cara… Porque si
algo recuerdas es que debes seguir siendo fuerte, porque ya lo fuiste y porque
quieres seguir siéndolo. Y sí, sabes que sería bonito tener a alguien que te abrace
en el sofá, pero sabes que en el fondo no te hace falta, ya vives con un dolor,
para qué jugársela, para que volver a sentir una soledad sin tenerla. Recuerdas
que para él fuiste una carga y recuerdas como te sentías, no quieres volver a
sentirte así… Y te duele, porque sabes que tienes mucho que dar, pero esa es tu
vida y tu no historia… No vas a buscar y lo sabes, vas a olvidarte y a seguir
con tu vida, porque recuerdas que en diez años has conseguido muchas cosas y
aún te quedan más por lograr y esa no historia, que sientes vivir, quizás en
otros diez años sea solo un recuerdo y una nueva enseñanza.
Alba abrió aquella
caja de viejos escritos, a veces le gustaba escarbar en el pasado, ver en las
cosas que había cambiado, los sentimientos que en otro tiempo la hacían
temblar, llorar o reír. Buscaba uno en particular, aquello que escribió al
volver de Praga, aquel viaje que marcó un antes y un después y que fue la
primera señal de su escapada en solitario de ese verano. Iba releyendo escritos
y…
Mario había vuelto
apenas un mes antes, el día que vio aquella foto en insta… En un primer momento
quiso pensar que era una nueva visita fugaz, después supo que no. Días después
sucedió, en su bar de siempre, en el que lo conociese siete años atrás, allí
estaba, solo, y ella siguió el impulso y atravesó el patio como alma que la
lleva el diablo. Solo le daría dos besos, le preguntaría por esa inesperada
vuelta y volvería con su amiga, pero no. –Te invito a una cerveza y te cuento.
Y de la nada el pasado se coló en el presente. Pero Alba ya no era la misma de
hacía cinco años, no, ya no y eso él no lo sabía. Alba le había llorado durante
mucho tiempo, aquella noche le soltó a bocajarro que tras su marcha le había
dejado el corazón partido. La cara de Mario pues… Pero allí no había reproche,
todo aquello pasó, ahora se alegraba de veras de tenerlo de vuelta, de que él
le diese su teléfono y la invitara a llamarlo. Él conservaba el suyo y a ella
ver su nombre en la pantalla pues…
Alba decía de él que
era su kriptonita, si, lo había sido siempre, en aquellos años del bar, cuando
él estaba tras la barra y ella llegaba con el ceño fruncido y la vista clavada en el suelo, pidiendo
un tercio para huir rápido a la terraza… Lo recordaba allí, tarareando canciones,
poniendo Bon Jovi si ella aparecía. Fue él, durante tanto tiempo, y lo seguiría
siendo, porque él a su manera fue el primero, sí, el primero de aquella Alba
libre.
Pero no todo lo que
leía le hacía evocar buenos tiempos, no, su marcha la dejó jodida, muy jodida y
aún más aquella última vez que se vieron, aquella noche Alba tocó fondo y supo
que no más, que su corazón quedaba cerrado por derribo. Y así estuvo mucho
tiempo, hasta que un erizo se coló en una librería… Pero el tiempo había
pasado, hacía casi cuatro años desde aquella noche en el limbo y ahora él estaba
de vuelta y ya no había dolor, ni rencor ni reproches.
Y allí estaban, en ese
bar, y él volvía a ser kriptonita, su cicatriz volvía a recordar su tacto, esa
voz susurrada volvía a engatusar sus oídos… Y no, mejor que no, por eso tenía
que leer, para recordar el pasado, para no estar condenada a repetirlo, quería
ver a Mario como un colega, solo eso, pero…
De entre todos los
escritos, eligió uno, ese que escribiese semanas antes de su marcha, antes de
que ella supiese que ya no iba a ser un Stand by. Justo cuando Alba empezaba a
ser un poco valiente, Mario se fue… Sí, casi cinco años después había vuelto y
eso la había hecho flaquear, pero…
No quería pensar,
estaba en un buen momento, donde todo empezaba a fluir… No, no quería pensar,
pero tenía que dejarlo por escrito…
Y aquí están aquellas
palabras del pasado encadenadas a estas, las del presente… Ya veremos en un
futuro…
Tú…
Te veo ahí, en tu alter reflejado en la luna, eso eres,
una sombra que se cuela, que se filtra en mis pensamientos y te revelas como
nueva figura, como ser de luz que hace bombear la sangre a otra velocidad.
Pasan demasiados días sin ti, sin esa voz que se pierde
en los sentidos, esa misma voz que me preguntó aquello de “Estás bien”,
mientras mis puños se aferraban al volante y mi nada viajaba desbocada al
llanto… Verte marchar, huir a mi cama fría y sola, con la rabia y el dolor, con
el desconcierto y la duda, con la culpa y el fracaso, verte marchar en la
noche, sin poder ser yo la que te invitase a perderte en mis sabanas, como
antaño yo me perdiese en las tuyas.
Tú llegaste demasiado pronto y yo voy llegando demasiado
tarde, nos encontramos antes de tiempo, en el momento no preciso, y ahora
escupo al maldito destino por no dejarme la oportunidad de devorarte. De
tatuarte en mi cicatriz, tu punto de recreo, mi principio de los miedos.
Estas ahí, plasmado en una foto distorsionada en blanco
negro, recuerdo de aquella noche en la que yo jugaba con pétalos de rosa y tú
jugaste a embaucar a aquella ingenua; esas son tus palabras,“eres muy
ingenua”, si, puede que lo sea, esa ingenua que aún pide deseos a las estrellas
y le habla a la luna llena, que se duerme con sus pensamientos mágicos y te
convierte en sueño.
No, no te quiero, no, esto no es amor, quizás ahora me
quede muy grande esa palabra sin el sabor de un beso y el calor de un cuerpo.
Cuerpo que evocó en mi memoria, de forma difusa, un algo pasado que se
materializa en el ahora y que vuelvo a desear, ahora sí, de forma libre.
Maldita cicatriz que tatuaste en las yemas de tus dedos,
maldita esa cicatriz que te hizo recuerdo, maldita las casualidades y la
serendipia, que te hicieron mío aquella noche de comienzos de primavera, en los
que no supe entender ni ver, en la que no hice e hice tanto, como dice la
canción
“De haberlo sabido”. Pensé que no volvería a verte, que todo sería algo
fugaz, algo que olvidaría, una mancha de expediente y…
Tú, renegué tanto de aquello, de aquel miedo que dejaste,
de esas ganas de libertad.
Y ahora te busco a tientas en los reflejos de la ciudad,
en los bares de noche, con ese temor ardiendo en mis venas, con un desdén
fingido que disfrazase de estúpido orgullo, ocultar para no ser descubierta por
esos ojos que, quizás me equivoqué, alguna vez también miran sin que se note.
Me contradigo, salgo con las mismas ansias de verte y no
verte, en continua disputa al 50%, con el corazón y la coraza, con la valentía
y el miedo, todo junto, de la mano, en un caos que no se define.
Y como dice la canción “Comienzo a escribir palabras, sin
saber siquiera si te las leeré”, pero te sueño aquí, junto a mí, celebrando los
próximos cincuenta 28 de junio, entonando una felicitación acompasada,
reflejando sombras en la luna, esa que tú y yo plasmamos en fotografías de
Instagram, esa que nos rige, que nos hacer subir y bajar…danzar en sus mareas.
Surgiste de la nada y en tu nada me he enredado, tu pelo
de cerveza, mi cuerpo de espuma. Y aquí me hallo, en un continuo Stand By sin
saber si llegará el momento de pulsar ese botón que haga que todo esto suene,
que deje de ser sueño y se plasme en realidad. Con el ansia de degustar de
nuevo un sabor que de tan amargo se me hizo dulce con el tiempo, con las
palabras y lo fortuito.
Y se me vienen a la cabeza miles de frases y canciones… Y
te quiero aquí “mirando por encima de mi hombro lo que escribo”, varado conmigo
“a la orilla de la chimenea”… Y te espero aquí, en las noches que pasamos en
vela, esperando ese timbre que anuncie que te has cansado de amores baratos y
vienes a buscarme… Y te sueño aquí, en
brazos de un colchón maltratado por la escarcha, que espera ser derretido…
Que mediocre suena todo esto, que vulgar, que estúpido,
pero no conozco otra forma, sólo las palabras, que seguramente tú, me digas que
no controlo con demasiada maestría… Pero no sé hacerlo mejor, soy esto, sólo
esto, un puto desastre que se columpia es sus pensamientos de soñadora
compulsiva.
No sé cómo hacerlo, como de un tú y yo crear un nosotros,
ni siquiera sé si lo conseguiré, si todo esto tiene sentido, mi optimismo y mi pesimismo también se
balancean en un 50%, pero como me enseñó Ismael, culpar al destino es de
cobardes, todo esto depende de mí…
Hoy tengo un No, quizás nunca consiga el Si, pero esta
vez quiero vencer a mi otra mitad, a ese 50% que me impide tener valor, quien
no arriesga no gana y vivir en la incertidumbre en el fondo siempre he sabido
que no es para mí…
Hoy “cumplo” 41 años….
Hoy toca recuperar algo que escribí hace cinco años, otro cuatro de octubre. Hoy ya sé que Alicia…
Yo, tuve un sueño…
Hoy “cumplo” 35 años…
Alicia vivía en los sueños, en la imaginación, Alicia tuvo un
jazmín, un cuarto pintado de malva y unas cortinas con estrellas…
Alicia puede que nunca llegue, que siempre esté varada en el
pensamiento y la ilusión, en una meta que no llegue nunca a alcanzar…Alicia es
hoy un imposible, una canción de cuna que nunca se cantó…Alicia tiene una mirada curiosa, juega con la
luna, se cuelga de las estrellas.
Quizás Alicia continúa en un país de maravillas o se escapó a
Nunca Jamás, quizás espera a que Wendy termine con su traición y regrese a por
ella…
Alicia es tan breve que ya ha terminado, como dice la
canción…
Alicia, tan mía y tan libre, tan hecha en la nada y en el
todo…
Puede que nunca escuche tu risa, tu llanto en la noche, que
nunca despierte asustada y contemple tu respirar sereno, que nunca sostenga tu
mano, ni te acune en mis brazos, que nunca oiga un balbuceo, ni te ayude a dar
tus primeros pasos en la vida…
Alicia es sólo un sueño, mi sueño, quizás el más puro, por el
que más años he esperado…
Y la quiero mía sí, pero libre, sobre todo libre, fuerte y
valiente, decidida, para que nunca el mundo la devore…Y si algún día lo hace yo estaré aquí para
defenderla…
Alicia, es un nombré que “robé”, una promesa que me duele no
cumplir…
Alicia siempre fue Alicia, desde siempre, desde antes de
todo… como ese Always…
Hoy “cumplo” 35 años, un día como hoy yo dejé de ser el sueño
de alguien y me convertí en parte de su ser, me instalé en su vida y después
ella me la dio a mi… me hice un nido en su vientre y allí me acomodé…
Un día, quizás, tú hagas nido en mi… yo aún te espero.