18 de diciembre de 2018

Por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa...




Y es que acaso no lo ves, no debiste ir por ese camino sola, con esa ropa, con esas pintas… Ahora de qué te quejas, si la culpa es tuya, en serio no te das cuenta. No me seas ilusa, que llevabas puesta esa falda corta y las cachas al aire, no vengas a quejarte porque no llevas razón. La culpa es tuya y solo tuya, de nadie más, de veras esperabas que él se controlase, si se lo pusiste a huevo hija… Y mira que te lo he dicho veces, que mejor dar un rodeo y tardar media hora más que acortar camino por ese sendero.  Pero no es algo evidente, alma de cántaro, que quien evita el riesgo evita el peligro, que debes controlar cada paso que das y por cada sitio que caminas, a quién se le ocurre ir sola, a ti, solo a ti, mira que te lo tengo dicho…
Si es que no os dais cuenta, pero vais provocando: que si el maquillaje, que si medias de rejilla, que si ombligo al aire, que si melena suelta y taconazo, ahora querrás que ellos controlen su lengua y sus instintos, claro, de esa guisa a ver cómo, es que es obvio que no hay manera. Vas pidiendo a gritos que te suelten cuatro borderías, que se te arrimen y te susurren al oído que estás para follarte. ¿No lo ves? ¿De verdad qué no? Pues bonita, tienes un verdadero problema, te lo digo en serio. Mientras no te comportes no pidas respeto, no me seas hipócrita. Anda que no os mola que el jefe, el compañero de trabajo o el albañil de turno os diga lo buenas y apetecibles que estáis, anda que no, como a gallinas os pone…
A mí es que me hacéis mucha gracia, en serio os lo digo. A ver, dime qué mujer que camina sola a las once de la noche, con un pantalón ajustado y un top, no va pidiendo a gritos que le den caña… O esas que salen a correr con sus leggins y su camisetita bien pegada al cuerpo no esperan desesperadas un buen revolcón. Ahora tendréis la poca vergüenza de decir que son ellos, unos machos de pies a cabeza, los culpables de vuestras provocaciones, si es que… La cara como el cemento armado… Y ya cuando ponéis como excusa que sois lesbianas, venga ya, eso no os lo creéis ni vosotras, una buena polla es lo que necesitáis, frígidas de mierda, que no tenéis ni puta idea de lo que es un polvo, un señor polvo.
Anda y dejaos ya de feminismos, de consignas baratas, de decir que, #NiUnaMenos, si ellos saben de sobra que en el fondo lo estáis deseando, que ni a base de hostias os enteráis, que la culpa es vuestra, desde los tiempos de Eva. No hay más que veros, muchas os hacéis las valientes, con la llaves en la mano, como si eso os fuese a servir de algo, a excusar de nada, al final las cosas son como tienen que ser; y oye, que si se le va la mano, te lo has buscado por hacerte la digna, calladita y con las piernas abiertas estás más guapas y todos salimos ganando, si sabes que en el fondo en lo que deseas, para qué te haces la dura, mira por donde te ha salido el tiro al final, ahora encima le vas a buscar la ruina a ese muchacho, menos mal que la justicia está de su parte y sabrá discernir que, visto lo visto, no era más que un abuso, porque una violación, venga ya, si ibas de cervezas hasta la cejas y te sentaste con él en ese banco alejado de todo y de todos… Si es que, como se decía antes, eres una cualquiera, es lo que hay y todo lo que pase a ti (a las de tu calaña) siempre será por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa…





7 de noviembre de 2018

En silencio...




Recuerdas aquella mañana, era uno de enero, te despertaste con un dolor agudo en la pierna y le echaste la culpa a los tacones de la noche anterior, nada te hacía pensar que aquel era el principio de un dolor que acabaría formando parte de tu vida. Apenas tenías treinta años, te acababas de casar y estabas en esa ardua tarea de querer ser madre.  Recuerdas como el día dos madrugaste porque te tocaba montar rebajas en el trabajo, como el dolor era mayor, pero apenas te parabas a pensar en ello. Recuerdas aquella cabalgata en que te costaba estar de pie, se pasará, pensabas. Recuerdas aquel viernes en que casi ibas a rastras por la tienda y como tu jefa de departamento te decía que te fueses a casa. Recuerdas como a la mañana siguiente fuiste incapaz de incorporarte en la cama. Recuerdas el primer diagnóstico, el que no te pudiesen recetar pastillas hasta saber si estabas o no embarazada. Como aguantabas los días entre sofá y cama, como te las pasabas leyendo, nunca has leído tanto como cuando te viste (te has visto) postrada. Recuerdas los meses a base de pastillas, como te hincharon y como notabas que el pelo se te caía a manojos. Recuerdas el día en que te dijeron que la única solución era un quirófano, el miedo a las pruebas, a los goteros, a todo. Recuerdas el viaje a Sevilla, la clínica donde te operaste, aquella noche el Betis bajó a segunda y se lio. Recuerdas el momento en que te viste en la camilla, camino de la sala, cuando te dijeron aquello de empieza a contar. Recuerdas cuando despertaste, como tu obsesión era ver si estabas o no sondada, aquel comentario aún medio dormida que hizo estallar en carcajadas al equipo médico, enfermeras y algún que otro a medio despertar, como tú.  Recuerdas cuando te pusiste de pie otra vez y creías que el dolor había desaparecido. Recuerdas los días de calor, el día que tu tía pudo lavarte la cabeza, el día que te quitaron las grapas y se te bajó la tensión. Recuerdas la ilusión por volver a incorporarte a trabajar, aquel viaje a Londres, el volver a intentar ser madre… Y obvio recuerdas aquel día en que el dolor volvió de nuevo. Tuvieron que recogerte del trabajo, como tu gata se acurrucó a tu espalda y comenzó a acariciar aquella cicatriz…  Y volvieron los médicos, las pastillas, las pruebas y finalmente acabaste con una incapacidad de oficio y unas secuelas que te harían entender el dolor como algo innato en ti.
Recuerdas como empezaste a asimilar que no ibas a ser madre, que a tu pareja era lo único que parecía importarle, como aquella cicatriz no solo quebró tu espalda,  también tu vida. Como tuviste que aprender a lidiar con días cargados de monotonía y soledad no pedida. Como de inútil te comenzaste a sentir, como cambió tu humor, tu risa y tu mirada. Como un día decidiste que aquello no era lo que tú querías, ni soñabas, que aunque fuese más difícil era mejor continuar sola.
Recuerdas esos años en la montaña rusa, perdida, sintiéndote nada, una carga, convencida de que no volverías a trabajar y mucho menos a encontrar pareja. Recuerdas el miedo en aquellos meses de primavera/verano de 2014, donde de nuevo te viste impedida y volviste a leer más que nunca. Recuerdas como poco a poco fuiste saliendo de todo aquello, como aprendiste a ignorar el dolor, a sentirte fuerte otra vez, como volviste a sonreír y a sacar ese humor negro que siempre tuviste. Recuerdas todo aquello como tu transformación, dejaste de ser oruga… Y después todo empezó a ser diferente, todo aquello había ayudado a que llegaras a ser como siempre quisiste ser, a que perdieses miedos, a que amases esa soledad que esta vez tú buscabas. Recuerdas cuando al fin alguien te dio la oportunidad y volviste a trabajar y a sentirte útil y capaz. Y recuerdas de nuevo el pánico que sentiste hace dos años cuando de nuevo el dolor se coló en tu vida a golpe y porrazo y esta vez te dejó aún más postrada, ni leer podías ni dormir ni andar, incluso tuviste que irte a casa de tu madre… Y fue duro ver que tras aquello una nueva secuela pareció instalarse en tu vida, pero confiabas en que no fuese así, querías creer que pasaría, pero no pasó…

Y hace dos días, cuando, al fin, tras dos años, has logrado que te vea un especialista, respiras al saber que no, que por ahora no vas a volver a operarte, pero que, como bien sospechabas, ese pie seguirá así para siempre… Y entonces piensas en que apenas tienes 40 años y que… Y te caes y te hundes y te agobias pensando en el futuro y en que ahora empiezas a asimilar que no vas a volver a tener pareja, como ya asumiste que no ibas a ser madre y de nuevo pierdes la sonrisa, pero finges que no es así y utilizas de nuevo tu humor negro, porque al mal tiempo buena cara… Porque si algo recuerdas es que debes seguir siendo fuerte, porque ya lo fuiste y porque quieres seguir siéndolo. Y sí, sabes que sería bonito tener a alguien que te abrace en el sofá, pero sabes que en el fondo no te hace falta, ya vives con un dolor, para qué jugársela, para que volver a sentir una soledad sin tenerla. Recuerdas que para él fuiste una carga y recuerdas como te sentías, no quieres volver a sentirte así… Y te duele, porque sabes que tienes mucho que dar, pero esa es tu vida y tu no historia… No vas a buscar y lo sabes, vas a olvidarte y a seguir con tu vida, porque recuerdas que en diez años has conseguido muchas cosas y aún te quedan más por lograr y esa no historia, que sientes vivir, quizás en otros diez años sea solo un recuerdo y una nueva enseñanza. 




8 de octubre de 2018

Inesperadamente...




Alba abrió aquella caja de viejos escritos, a veces le gustaba escarbar en el pasado, ver en las cosas que había cambiado, los sentimientos que en otro tiempo la hacían temblar, llorar o reír. Buscaba uno en particular, aquello que escribió al volver de Praga, aquel viaje que marcó un antes y un después y que fue la primera señal de su escapada en solitario de ese verano. Iba releyendo escritos y…
Mario había vuelto apenas un mes antes, el día que vio aquella foto en insta… En un primer momento quiso pensar que era una nueva visita fugaz, después supo que no. Días después sucedió, en su bar de siempre, en el que lo conociese siete años atrás, allí estaba, solo, y ella siguió el impulso y atravesó el patio como alma que la lleva el diablo. Solo le daría dos besos, le preguntaría por esa inesperada vuelta y volvería con su amiga, pero no. –Te invito a una cerveza y te cuento. Y de la nada el pasado se coló en el presente. Pero Alba ya no era la misma de hacía cinco años, no, ya no y eso él no lo sabía. Alba le había llorado durante mucho tiempo, aquella noche le soltó a bocajarro que tras su marcha le había dejado el corazón partido. La cara de Mario pues… Pero allí no había reproche, todo aquello pasó, ahora se alegraba de veras de tenerlo de vuelta, de que él le diese su teléfono y la invitara a llamarlo. Él conservaba el suyo y a ella ver su nombre en la pantalla pues…
Alba decía de él que era su kriptonita, si, lo había sido siempre, en aquellos años del bar, cuando él estaba tras la barra y ella llegaba con el ceño fruncido y la vista clavada en el suelo, pidiendo un tercio para huir rápido a la terraza… Lo recordaba allí, tarareando canciones, poniendo Bon Jovi si ella aparecía. Fue él, durante tanto tiempo, y lo seguiría siendo, porque él a su manera fue el primero, sí, el primero de aquella Alba libre.
Pero no todo lo que leía le hacía evocar buenos tiempos, no, su marcha la dejó jodida, muy jodida y aún más aquella última vez que se vieron, aquella noche Alba tocó fondo y supo que no más, que su corazón quedaba cerrado por derribo. Y así estuvo mucho tiempo, hasta que un erizo se coló en una librería… Pero el tiempo había pasado, hacía casi cuatro años desde aquella noche en el limbo y ahora él estaba de vuelta y ya no había dolor, ni rencor ni reproches.
Y allí estaban, en ese bar, y él volvía a ser kriptonita, su cicatriz volvía a recordar su tacto, esa voz susurrada volvía a engatusar sus oídos… Y no, mejor que no, por eso tenía que leer, para recordar el pasado, para no estar condenada a repetirlo, quería ver a Mario como un colega, solo eso, pero…
De entre todos los escritos, eligió uno, ese que escribiese semanas antes de su marcha, antes de que ella supiese que ya no iba a ser un Stand by. Justo cuando Alba empezaba a ser un poco valiente, Mario se fue… Sí, casi cinco años después había vuelto y eso la había hecho flaquear, pero…
No quería pensar, estaba en un buen momento, donde todo empezaba a fluir… No, no quería pensar, pero tenía que dejarlo por escrito…

Y aquí están aquellas palabras del pasado encadenadas a estas, las del presente… Ya veremos en un futuro…

Tú…


Te veo ahí, en tu alter reflejado en la luna, eso eres, una sombra que se cuela, que se filtra en mis pensamientos y te revelas como nueva figura, como ser de luz que hace bombear la sangre a otra velocidad.
Pasan demasiados días sin ti, sin esa voz que se pierde en los sentidos, esa misma voz que me preguntó aquello de “Estás bien”, mientras mis puños se aferraban al volante y mi nada viajaba desbocada al llanto… Verte marchar, huir a mi cama fría y sola, con la rabia y el dolor, con el desconcierto y la duda, con la culpa y el fracaso, verte marchar en la noche, sin poder ser yo la que te invitase a perderte en mis sabanas, como antaño yo me perdiese en las tuyas.
Tú llegaste demasiado pronto y yo voy llegando demasiado tarde, nos encontramos antes de tiempo, en el momento no preciso, y ahora escupo al maldito destino por no dejarme la oportunidad de devorarte. De tatuarte en mi cicatriz, tu punto de recreo, mi principio de los miedos.
Estas ahí, plasmado en una foto distorsionada en blanco negro, recuerdo de aquella noche en la que yo jugaba con pétalos de rosa y tú jugaste a embaucar a aquella ingenua; esas son tus palabras,“eres muy ingenua”, si, puede que lo sea, esa ingenua que aún pide deseos a las estrellas y le habla a la luna llena, que se duerme con sus pensamientos mágicos y te convierte en sueño.
No, no te quiero, no, esto no es amor, quizás ahora me quede muy grande esa palabra sin el sabor de un beso y el calor de un cuerpo. Cuerpo que evocó en mi memoria, de forma difusa, un algo pasado que se materializa en el ahora y que vuelvo a desear, ahora sí, de forma libre.
Maldita cicatriz que tatuaste en las yemas de tus dedos, maldita esa cicatriz que te hizo recuerdo, maldita las casualidades y la serendipia, que te hicieron mío aquella noche de comienzos de primavera, en los que no supe entender ni ver, en la que no hice e hice tanto, como dice la canción
“De haberlo sabido”. Pensé que no volvería a verte, que todo sería algo fugaz, algo que olvidaría, una mancha de expediente y…
Tú, renegué tanto de aquello, de aquel miedo que dejaste, de esas ganas de libertad.
Y ahora te busco a tientas en los reflejos de la ciudad, en los bares de noche, con ese temor ardiendo en mis venas, con un desdén fingido que disfrazase de estúpido orgullo, ocultar para no ser descubierta por esos ojos que, quizás me equivoqué, alguna vez también miran sin que se note.
Me contradigo, salgo con las mismas ansias de verte y no verte, en continua disputa al 50%, con el corazón y la coraza, con la valentía y el miedo, todo junto, de la mano, en un caos que no se define.
Y como dice la canción “Comienzo a escribir palabras, sin saber siquiera si te las leeré”, pero te sueño aquí, junto a mí, celebrando los próximos cincuenta 28 de junio, entonando una felicitación acompasada, reflejando sombras en la luna, esa que tú y yo plasmamos en fotografías de Instagram, esa que nos rige, que nos hacer subir y bajar…danzar en sus mareas.
Surgiste de la nada y en tu nada me he enredado, tu pelo de cerveza, mi cuerpo de espuma. Y aquí me hallo, en un continuo Stand By sin saber si llegará el momento de pulsar ese botón que haga que todo esto suene, que deje de ser sueño y se plasme en realidad. Con el ansia de degustar de nuevo un sabor que de tan amargo se me hizo dulce con el tiempo, con las palabras y lo fortuito.
Y se me vienen a la cabeza miles de frases y canciones… Y te quiero aquí “mirando por encima de mi hombro lo que escribo”, varado conmigo “a la orilla de la chimenea”… Y te espero aquí, en las noches que pasamos en vela, esperando ese timbre que anuncie que te has cansado de amores baratos y vienes a buscarme…  Y te sueño aquí, en brazos de un colchón maltratado por la escarcha, que espera ser derretido…
Que mediocre suena todo esto, que vulgar, que estúpido, pero no conozco otra forma, sólo las palabras, que seguramente tú, me digas que no controlo con demasiada maestría… Pero no sé hacerlo mejor, soy esto, sólo esto, un puto desastre que se columpia es sus pensamientos de soñadora compulsiva.
No sé cómo hacerlo, como de un tú y yo crear un nosotros, ni siquiera sé si lo conseguiré, si todo esto tiene sentido,  mi optimismo y mi pesimismo también se balancean en un 50%, pero como me enseñó Ismael, culpar al destino es de cobardes, todo esto depende de mí…
Hoy tengo un No, quizás nunca consiga el Si, pero esta vez quiero vencer a mi otra mitad, a ese 50% que me impide tener valor, quien no arriesga no gana y vivir en la incertidumbre en el fondo siempre he sabido que no es para mí… 

Todavía te debo una canción de amor…

Rubito... 







4 de octubre de 2018

Pre cumple...


Hoy “cumplo” 41 años…. Hoy toca recuperar algo que escribí hace cinco años, otro cuatro de octubre. Hoy ya sé que Alicia…

Yo, tuve un sueño…

Hoy “cumplo” 35 años…
Alicia vivía en los sueños, en la imaginación, Alicia tuvo un jazmín, un cuarto pintado de malva y unas cortinas con estrellas…
Alicia puede que nunca llegue, que siempre esté varada en el pensamiento y la ilusión, en una meta que no llegue nunca a alcanzar…Alicia es hoy un imposible, una canción de cuna que nunca se cantó…  Alicia tiene una mirada curiosa, juega con la luna, se cuelga de las estrellas.
Quizás Alicia continúa en un país de maravillas o se escapó a Nunca Jamás, quizás espera a que Wendy termine con su traición y regrese a por ella…
Alicia es tan breve que ya ha terminado, como dice la canción…
Alicia, tan mía y tan libre, tan hecha en la nada y en el todo…
Puede que nunca escuche tu risa, tu llanto en la noche, que nunca despierte asustada y contemple tu respirar sereno, que nunca sostenga tu mano, ni te acune en mis brazos, que nunca oiga un balbuceo, ni te ayude a dar tus primeros pasos en la vida…
Alicia es sólo un sueño, mi sueño, quizás el más puro, por el que más años he esperado…
Y la quiero mía sí, pero libre, sobre todo libre, fuerte y valiente, decidida, para que nunca el mundo la devore…  Y si algún día lo hace yo estaré aquí para defenderla…
Alicia, es un nombré que “robé”, una promesa que me duele no cumplir…
Alicia siempre fue Alicia, desde siempre, desde antes de todo… como ese Always…
Hoy “cumplo” 35 años, un día como hoy yo dejé de ser el sueño de alguien y me convertí en parte de su ser, me instalé en su vida y después ella me la dio a mi… me hice un nido en su vientre y allí me acomodé…
Un día, quizás, tú hagas nido en mi… yo aún te espero.
Mi Alicia.