8 de octubre de 2018

Inesperadamente...




Alba abrió aquella caja de viejos escritos, a veces le gustaba escarbar en el pasado, ver en las cosas que había cambiado, los sentimientos que en otro tiempo la hacían temblar, llorar o reír. Buscaba uno en particular, aquello que escribió al volver de Praga, aquel viaje que marcó un antes y un después y que fue la primera señal de su escapada en solitario de ese verano. Iba releyendo escritos y…
Mario había vuelto apenas un mes antes, el día que vio aquella foto en insta… En un primer momento quiso pensar que era una nueva visita fugaz, después supo que no. Días después sucedió, en su bar de siempre, en el que lo conociese siete años atrás, allí estaba, solo, y ella siguió el impulso y atravesó el patio como alma que la lleva el diablo. Solo le daría dos besos, le preguntaría por esa inesperada vuelta y volvería con su amiga, pero no. –Te invito a una cerveza y te cuento. Y de la nada el pasado se coló en el presente. Pero Alba ya no era la misma de hacía cinco años, no, ya no y eso él no lo sabía. Alba le había llorado durante mucho tiempo, aquella noche le soltó a bocajarro que tras su marcha le había dejado el corazón partido. La cara de Mario pues… Pero allí no había reproche, todo aquello pasó, ahora se alegraba de veras de tenerlo de vuelta, de que él le diese su teléfono y la invitara a llamarlo. Él conservaba el suyo y a ella ver su nombre en la pantalla pues…
Alba decía de él que era su kriptonita, si, lo había sido siempre, en aquellos años del bar, cuando él estaba tras la barra y ella llegaba con el ceño fruncido y la vista clavada en el suelo, pidiendo un tercio para huir rápido a la terraza… Lo recordaba allí, tarareando canciones, poniendo Bon Jovi si ella aparecía. Fue él, durante tanto tiempo, y lo seguiría siendo, porque él a su manera fue el primero, sí, el primero de aquella Alba libre.
Pero no todo lo que leía le hacía evocar buenos tiempos, no, su marcha la dejó jodida, muy jodida y aún más aquella última vez que se vieron, aquella noche Alba tocó fondo y supo que no más, que su corazón quedaba cerrado por derribo. Y así estuvo mucho tiempo, hasta que un erizo se coló en una librería… Pero el tiempo había pasado, hacía casi cuatro años desde aquella noche en el limbo y ahora él estaba de vuelta y ya no había dolor, ni rencor ni reproches.
Y allí estaban, en ese bar, y él volvía a ser kriptonita, su cicatriz volvía a recordar su tacto, esa voz susurrada volvía a engatusar sus oídos… Y no, mejor que no, por eso tenía que leer, para recordar el pasado, para no estar condenada a repetirlo, quería ver a Mario como un colega, solo eso, pero…
De entre todos los escritos, eligió uno, ese que escribiese semanas antes de su marcha, antes de que ella supiese que ya no iba a ser un Stand by. Justo cuando Alba empezaba a ser un poco valiente, Mario se fue… Sí, casi cinco años después había vuelto y eso la había hecho flaquear, pero…
No quería pensar, estaba en un buen momento, donde todo empezaba a fluir… No, no quería pensar, pero tenía que dejarlo por escrito…

Y aquí están aquellas palabras del pasado encadenadas a estas, las del presente… Ya veremos en un futuro…

Tú…


Te veo ahí, en tu alter reflejado en la luna, eso eres, una sombra que se cuela, que se filtra en mis pensamientos y te revelas como nueva figura, como ser de luz que hace bombear la sangre a otra velocidad.
Pasan demasiados días sin ti, sin esa voz que se pierde en los sentidos, esa misma voz que me preguntó aquello de “Estás bien”, mientras mis puños se aferraban al volante y mi nada viajaba desbocada al llanto… Verte marchar, huir a mi cama fría y sola, con la rabia y el dolor, con el desconcierto y la duda, con la culpa y el fracaso, verte marchar en la noche, sin poder ser yo la que te invitase a perderte en mis sabanas, como antaño yo me perdiese en las tuyas.
Tú llegaste demasiado pronto y yo voy llegando demasiado tarde, nos encontramos antes de tiempo, en el momento no preciso, y ahora escupo al maldito destino por no dejarme la oportunidad de devorarte. De tatuarte en mi cicatriz, tu punto de recreo, mi principio de los miedos.
Estas ahí, plasmado en una foto distorsionada en blanco negro, recuerdo de aquella noche en la que yo jugaba con pétalos de rosa y tú jugaste a embaucar a aquella ingenua; esas son tus palabras,“eres muy ingenua”, si, puede que lo sea, esa ingenua que aún pide deseos a las estrellas y le habla a la luna llena, que se duerme con sus pensamientos mágicos y te convierte en sueño.
No, no te quiero, no, esto no es amor, quizás ahora me quede muy grande esa palabra sin el sabor de un beso y el calor de un cuerpo. Cuerpo que evocó en mi memoria, de forma difusa, un algo pasado que se materializa en el ahora y que vuelvo a desear, ahora sí, de forma libre.
Maldita cicatriz que tatuaste en las yemas de tus dedos, maldita esa cicatriz que te hizo recuerdo, maldita las casualidades y la serendipia, que te hicieron mío aquella noche de comienzos de primavera, en los que no supe entender ni ver, en la que no hice e hice tanto, como dice la canción
“De haberlo sabido”. Pensé que no volvería a verte, que todo sería algo fugaz, algo que olvidaría, una mancha de expediente y…
Tú, renegué tanto de aquello, de aquel miedo que dejaste, de esas ganas de libertad.
Y ahora te busco a tientas en los reflejos de la ciudad, en los bares de noche, con ese temor ardiendo en mis venas, con un desdén fingido que disfrazase de estúpido orgullo, ocultar para no ser descubierta por esos ojos que, quizás me equivoqué, alguna vez también miran sin que se note.
Me contradigo, salgo con las mismas ansias de verte y no verte, en continua disputa al 50%, con el corazón y la coraza, con la valentía y el miedo, todo junto, de la mano, en un caos que no se define.
Y como dice la canción “Comienzo a escribir palabras, sin saber siquiera si te las leeré”, pero te sueño aquí, junto a mí, celebrando los próximos cincuenta 28 de junio, entonando una felicitación acompasada, reflejando sombras en la luna, esa que tú y yo plasmamos en fotografías de Instagram, esa que nos rige, que nos hacer subir y bajar…danzar en sus mareas.
Surgiste de la nada y en tu nada me he enredado, tu pelo de cerveza, mi cuerpo de espuma. Y aquí me hallo, en un continuo Stand By sin saber si llegará el momento de pulsar ese botón que haga que todo esto suene, que deje de ser sueño y se plasme en realidad. Con el ansia de degustar de nuevo un sabor que de tan amargo se me hizo dulce con el tiempo, con las palabras y lo fortuito.
Y se me vienen a la cabeza miles de frases y canciones… Y te quiero aquí “mirando por encima de mi hombro lo que escribo”, varado conmigo “a la orilla de la chimenea”… Y te espero aquí, en las noches que pasamos en vela, esperando ese timbre que anuncie que te has cansado de amores baratos y vienes a buscarme…  Y te sueño aquí, en brazos de un colchón maltratado por la escarcha, que espera ser derretido…
Que mediocre suena todo esto, que vulgar, que estúpido, pero no conozco otra forma, sólo las palabras, que seguramente tú, me digas que no controlo con demasiada maestría… Pero no sé hacerlo mejor, soy esto, sólo esto, un puto desastre que se columpia es sus pensamientos de soñadora compulsiva.
No sé cómo hacerlo, como de un tú y yo crear un nosotros, ni siquiera sé si lo conseguiré, si todo esto tiene sentido,  mi optimismo y mi pesimismo también se balancean en un 50%, pero como me enseñó Ismael, culpar al destino es de cobardes, todo esto depende de mí…
Hoy tengo un No, quizás nunca consiga el Si, pero esta vez quiero vencer a mi otra mitad, a ese 50% que me impide tener valor, quien no arriesga no gana y vivir en la incertidumbre en el fondo siempre he sabido que no es para mí… 

Todavía te debo una canción de amor…

Rubito... 







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