Ella siempre dijo que no tenía grises, era de blancos y
negros, de morados, verdes y a ratos algo de azul, pero grises no. No le iban
los términos medios, saltaba de un extremo a otro, así llevaba funcionando
desde siempre, desde que se recordaba.
Pero aquella tarde era gris, lo era, y allí, en otra ciudad
del viento, esta vez de poniente, fumaba, bebía y tomaba fotografías de aquel paisaje, cargado de veleros. Su deseo, escapar en uno de ellos. Perderse,
alejarse, no mirar atrás, olvidar, dejar anclado solo el pasado, ese que no
terminaba de soltar. Pero todo era gris, el día era gris y ningún rayo de sol
venía a calentarla. Se sentía fuera de lugar, extraña, como un pulpo en un
garaje, le dijo a sus amigas. Sola, hacía mucho que no se sentía así de sola,
de perdida. Llevaba meses a la deriva y lo sabía, el hecho de estar allí,
frente a un mar enjaulado entre pantalanes, como lo estaba ella, sirvió para
acrecentar esa sensación de vacío, de desgaste, de cansancio, de días vacios y
de su no historia, de una vida que de alguna forma no sentía como suya.
Y podía parecer egoísta, quién no lo es, tenía el mismo
derecho que cualquiera a quejarse, estaba cansada de escuchar eso de hay quien
está peor, sí, cierto, pero también los había que estaban mejor. Ella estaba
ahí, en una zona gris, donde no quería estar, sintiéndose ese ser que va a un
evento solo y todos tratan de hacer que encaje con otro ser solo, como si eso
fuese a arreglar algo, como si eso fuese algo relevante. Ella necesitaba
bastante más en común que el simple hecho de que fueran los solteros de un
lugar.
Y quizás fuese el hecho de que su mente y su cuerpo así de
golpe no tuviesen nada en que pensar, nada que hacer, llevaba meses, semanas
acumulando stress, cosas pendientes y ahora de pronto el trabajo estaba hecho y
de nuevo se enfrentaba a la realidad sin excusas. Y la realidad es que estaba
allí, sintiéndose muy lejos de todo, sin nadie que agarrase su cintura, ni sus
hombros, alguien que la ayudase a no colapsar. Ella sola se sobraba y se bastaba,
pero aquella tarde, gris, no, a esa hora y en ese lugar no y echó de menos
aquello que la vida le obligaba a olvidar.
Y a su mente venía alguien que días antes también había
decidido ser gris, porque era gris y no verde, un gris que ella tampoco tendría.
Ese gris que se sentaba a su lado pero que estaba tan lejos. Y no quería
pensar, pero pensaba y llevaba meses queriendo olvidar pero no olvidaba. Y de
alguna forma recordó aquella noche, en aquella casa de la sierra, casi seis
años atrás, donde se dejó ir, donde tocó fondo y de alguna forma había
cambiado, sí, lo había hecho, pero tenía la misma necesidad de dejarse ir, pero
no podía, ni debía y tampoco estaba su otro Enrique sonando por el MP3 y susurrando
“Desde el rompeolas me acuerdo de ti”… No
era el momento ni el lugar, pero quería soltar, dejar de sentirse vacía, dejar
de sentir que no sentía nada.
Llevaba años sabiendo que ese día iba a llegar y lo había
hecho, era una caja de fósforos empapada, sin remedio… Fuerte sí, hecha a la
soledad también, pero también fría, incrédula, acorazada… Y era una parte de
ella con la que no terminaba de encajar. No, ella nunca fue un ser social, ni
la típica chica agradable, sí, siempre fue cactus, pero no siempre mostró como
carta de presentación sus espinas, no siempre atacó antes, no siempre le costó
el dar un beso o un abrazo… Ahora le costaba, mucho, demasiado, cada vez
aguantaba menos que la rozasen… Pero a la vez anhelaba un abrazo gris, un beso
gris… Ahora era del todo un equilibrio desequilibrado.
Hilvanaba un día tras otro, pero como tales, esos hilvanes
no cumplían la función de dejar nada perfectamente cosido a su vida. Un
destello, nimio aunque fuese, de felicidad, algún tipo de estabilidad dentro de
toda esa maraña. Salud, dinero, amor… Todo iba del revés… Y por fuerte que era,
por amante de la soledad que fuese, algo echaba en falta… Se hacía vieja de repente…
Y podía teñir sus canas, maquillar sus arrugas y pintarse una sonrisa, pero
nada lograba recomponer ese gris que no quería y que la mantenía rota por
dentro.No era el gris que soñaba, no,
su gris estaba frente a ella, en aquel cuadro, junto a ella en esas fotos… Tan
cerca y tan lejos… Y no podía negar que sentía toda aquella historia como algo
injusto y cada vez entendía menos las cosas, pero era difícil de explicar,
mucho… Y como una idiota volvía a mirar aquella imagen y volvía a perderse… Era
como si siguiese teniendo quince putos años… Igual de torpe, de tímida y tonta…
Anclada en un historia que no era tal… Pero en algo había cambiado, un año
atrás si tuvo valor para decir: Me gustas… Y un gris silencio es lo que obtuvo
por respuesta.
Se recompondría, sabía que lo lograría y olvidaría y
lograría verlo como lo que era, pero ella siempre necesitó tiempo, era lenta,
se tarda en llegar de un extremo al otro, cuesta atravesar los grises…
Como gris era esa tarde, ese cielo y ese nombre que en un susurro pronunció frente a ese mar, cargado de veleros, que la estaban
llevando a otro tiempo y a otra ciudad…
Llevo ocho años en este lugar, Paraíso lo llaman, yo no
termino de ver la diferencia con lo que tenía ahí abajo. Los lunes juego a la
petanca, los martes al cinquillo, los miércoles al dominó, vamos, más de lo
mismo. Bueno, miento, sí que hay una diferencia, me faltan muchos, como sé que
yo les falto a ellos, a veces los veo llorar y me gustaría bajar, decirles que
estén tranquilos, que tarde o temprano nos encontraremos y aquí, ya sí, será
eterno. Pero las normas son las normas y no podemos desvelar que hay un más
allá; así se dediquen a invocarnos con vasitos, tablas de ouija y otros rituales.
No, no podemos contar nada.
Hace semanas que la veo con ella, me gustaría contarle que
no me importa, que si ella es feliz, yo también lo soy, esa mujer la quiere y
calmará la soledad que le dejó mi marcha. Ya cuando llegue aquí veremos qué
hacer…
Lo único que me quita el sueño es esa "dejadez" de
mi nieta y su marido !A ver cuándo le compran al crío el puñetero disfraz de
jirafa!
Objetivo 7: Escribe un relato que no suceda en la tierra.
Objeto 2: Un disfraz de jirafa.
Este microrrelato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí
Clara permanecía en su cuna, siempre
bufando, según contaba su madre, sin conciliar el sueño, quizá ya andaba
enfadada con la vida, tenía el pañal sucio o su estómago pedía comida, no podía
recordarlo. Lo cierto es que desde la insulsa visión que le ofrecía esa
perspectiva ella no se sentía cómoda. Optaba por los quejidos, por esa retahíla
de jumm, jummm, jummm que taladraba el oído de su progenitora. Quería salir de
ahí, ver el mundo, descubrir rincones con la mirada, era una niña curiosa e
inquieta, no soportaba esa calma. Desconocía que ya desde ese momento se estaba
fraguando su personalidad, que esa faceta de inconformista la iba a acompañar
toda su vida y que a ojos de los demás siempre parecería estar quejándose. Pero
no era del todo así, aquellas palabras que su madre le recitaba, hacían ya
mella en su cabecita y solo así se calmaba.
Cuando su madre la arrullaba contra el
pecho y ella sentía el latir de su corazón, el calor de su cuerpo, hallaba paz
y entonces esta comenzaba a cantar y Clara abría mucho esos ojillos marrones y
sonreía. Apretaba esas desnudas encías y sabía que pronto serían esa arma de la
que mamá le hablaba, esa que describió el poeta y que musicalizó el cantante… Aquella
nana, aquella cinta, aquellos versos la acompañarían toda su vida y la
confortarían en muchas noches de soledad, en la que desde su cama quizá
sintiese el peso de los barrotes de aquella cuna, de la vida, que no la dejaban
descubrir el mundo.
Su nana era una nana de versos cálidos y
desesperados que un poeta escribió desde su fría celda.
“Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.”
RE
Paula miraba a través de la ventana, se
veía el mar, apenas tenía siete años y ya para ella la soledad, la música y ese
azul de fondo eran el todo en su vida. Sobre aquella colcha de muñecos reposaba
su radiocasete mono, con grabadora y su correspondiente asa para poder transportarlo,
sonaba Parchis. Hacía viento, por eso sus padres aún no habían decido bajar a
la playa, pero a ella poco le importaba, era feliz así. A ratos su hermano
pequeño irrumpía en la habitación, ella le ordenaba marcharse, era su momento.
Rebobinaba una y otra vez un par de
canciones, le recordaban a ese compañero de colegio que había despertado en
ella ¿el amor? A qué se le llama amor con esa edad. Lo cierto y verdadero es
que llevaba todo el verano pensando en él y temía que al terminar este y volver
a la escuela él se hubiese olvidado de ella.
A él también le gustaba Paula, los niños
se lo habían contado durante uno de los recreos y cuando ella sonrió y confesó,
se hicieron novios. Un novio a los siete años… Qué cosas. A partir de entonces,
cuando durante un partido de fútbol él marcaba un gol se lo dedicaba, le prestaba
sus lápices de colores y otras veces le traía una flor salvaje que había
arrancado del patio. Ella se sonrojaba y se dejaba coger de la mano, incluso
una vez, jugando al conejo de la suerte él le dio un beso en la mejilla y ella,
de vergüenza, sintió arder el cachete.
Qué largos se hacían los veranos en la
infancia, el tiempo parecía no pasar…
Su madre tocó la puerta y la avisó de que
su amiga la buscaba para salir a jugar. Paula pausó la cinta, le dijo que salía
en tres minutos, dio al play, una vez más, y cantó…
“De recuerdo me quedan
sus colores
Las hojas del cuaderno
Dice amor entre
borrones”
MI
Al filo de las siete de la tarde, cuando
el calor comenzaba a remitir, Inma y Natalia se reunían en la plazoleta y
comenzaban a soñar. El resto de la pandilla jugaba a Marca, Pies quietos o
Beso, verdad y atrevimiento. Ellas no, con aquel casete al que le fallaba la
pletina, se montaban su propia historia e imaginaban que David, Rafa, Dani y
Javi estaban allí, en un improvisado escenario detrás del kiosco. Y cantaban
para las dos, mientras ellas lucían esas camisetas, a juego, que se habían
comprado unas semanas atrás. Inma siempre se pedía estar a los pies de David,
justo debajo del micro, Natalia, a su derecha, prefería contemplar a Rafa, que
tenía pinta de malote y además tocaba la guitarra, instrumento que la perdía y
que algún día aprendería a tocar (no lo hizo).
En plena adolescencia las canciones de
aquellos cuatro chicos eran todo para ellas, se sabían cada una de las letras y
se desgañitaban cantándolas a viva voz, sentadas en aquellos escalones de su
barrio. Un concierto, real, juntas, eso era lo que más ansiaban aquellas dos
chicas. Natalia había tenido la suerte de verlos el pasado septiembre, pero
Inma no y era de ley que su deseo se cumpliese, nada las hacía sospechar que lo
haría, aunque más de veinte años después.
Pero tenían aquellas tardes de verano para vivir y pasarlo bien, para
dedicarle, de soslayo, una mirada al chico que les gustaba y susurrar eso de:
“Siempre que abras tus
libros viejos del colegio
Y veas mi nombre
escrito en aquella página,
Que no recuerdas cual
es.
Sonreirás y a la media
hora te darás cuenta
De que has pensado
tanto
Que no recuerdas ni
qué día es…”
FA
Sofía dio un portazo y se encerró en su
habitación, estaba harta, siempre la misma cantinela, las mismas historias,
estaba harta de su madre, de los estudios, de los castigos, de que él no la
llamase. Era rebelde, lo sabía, pero que otra cosa se puede ser a esa edad, con
diecisiete años tienes que querer comerte el mundo y creer que estás en
posesión de la verdad todo el tiempo, eso era así o al menos así lo sentía
ella.
El concierto era en apenas unas horas y
llevaba semanas con la entrada comprada, estaba todo planeado, al fin iba a ver
a su cantante favorito en concierto, ya se quedó con las ganas un par de años
atrás, esta vez se negaba a que fuese así. Además presentaba su nuevo disco, el
3, su favorito, el que contenía aquella canción que de alguna forma estaba
viviendo y cuyo título era el sello de sus escritos.
Tenía que idear el plan, ablandar el
corazón de su madre, pero en ese momento solo podía sentir rabia y llorar. Y
todo por no haber sacado la basura, si es que tenía narices la cosa.
Miraba aquella camisa negra que su tía le
había hecho, la iba a estrenar ese día, se negaba a que no fuese así. Su amiga
no tenía porque pagar por ella, su madre tenía que entender eso.
Entonces se tragó las lágrimas, e hizo lo
más complicado pero lo más conveniente dadas las circunstancias, engullir
también su orgullo.
Al filo de las nueve, con su camisa negra
y el paquete de Chester en el bolsillo trasero del vaquero, su amiga y ella
corrían por la pista. Nunca se cansarían de vivir deprisa y de cantar a pleno
pulmón.
“Ven te daré todos mis sueños
Que vivo de ilusiones
Y así no sé vivir
Si aunque no quiera pienso en ti
Y el fuego en que me quemo
Quiero morir en tu veneno
Beberlo de tu piel y mi piel.”
SOL
Sábado por la noche, cuatro amigas, en
PK2, su bar de siempre, cuatro chupitos para empezar y el DJ, que las conoce,
pincha a Alanis. Cristina se queja de sus notas en matemáticas, está cansada de
hacer números que nunca le cuadran y bajan su nota media, es la rarita del
grupo, la empollona, la que pasa de historias y aún no se ha lanzado al vicio
del tabaco. Para ella su canción es Ironic
y cuando suena se abstrae del mundo. Miriam se queja de que ese vaquero le
aprieta, está harta de hacer dietas y salivar cuando sus amigas se comen por
pares los paquetes de patatas en los descansos del instituto. Le agobia el
hecho de que el pelo se le rice y se le rompan las uñas, ella es la típica
chica mona que siempre quiere ir perfecta, no le gusta esa música, pero la
aguanta por sus amigas. Carmen es la que no se entera de nada y vive en una
extraña inocencia, suspira por ese chico del equipo de voleibol, pero como no
le hace caso se ha liado con su amigo para darle celos. Aún luce un el
bronceado de su veraneo en la playa y sabe que eso, junto a su bonita figura,
la hace estar en ventaja frente a sus amigas, cosa que no confiesa pero que le
agrada, su canción, Forgiven.
Alicia pide el segundo chupito de la
noche, quiere olvidar, está jodida, tiene el corazón partido, sus sospechas
fueron ciertas, él la dejó poco después de volver aquel verano. En sus adentros
se formula una promesa, ha sido el primero en dejarla y será el último, desde
ese momento ella se les adelantará. Cuando suena You Oughta Know se desata, contiene las lágrimas y alza la voz, su
canción.
“And I'm here to
remind you
Of the mess you left
when you went away
It's not fair to deny
me
Of the cross I bear
that you gave to me
You
you you oughta know.”
LA
Aquel año Blanca cruzaba por primera vez
el charco, volaba junto a su amiga para cumplir uno de sus más queridos sueños,
asistir a un concierto de Bon Jovi en su tierra natal, Nueva Jersey. Desde que
se conocieran, años atrás, se las habían pasado planeando aquella escapada y finalmente
había llegado el momento de hacer realidad lo que parecía tan lejano.
Allí, en una de las últimas gradas,
arriba, mucho, Blanca se olvidó durante más de tres horas de su vértigo y lloró
de emoción, de satisfacción… El estar allí le hacía mantener la fe… Hay sueños
que tardan un poco más, pero acaban por cumplirse…
“Stick to your guns
Ain't nobody gonna
hurt you, baby
You can go for the
trigger
But only if you have
to
Aim from the heart
Some will love and
some will curse you, baby”
SI
Aquella noche María se situó al fondo de
la sala, lo cierto es que siempre solía hacerlo en los conciertos a los que
acudía. Tenía sus motivos, el sonido, las luces, la gente, cada vez soportaba
menos el hecho de sentirse entre la multitud y aunque aquel grupo no abarrotaba
estadios, lo cierto es que se alegraba al ver que habían llenado el local. Esa
noche además llevaba la premisa de no querer ser descubierta, por eso había
acudido sola, ni siquiera sus amigas sabían que estaba allí. Se las ingenió
para llegar con los componentes ya en el escenario y se marcharía justo antes
de que estos bajasen, quería ser como la espectadora fantasma… En el fondo era una estupidez, una de las
muchas que cometía, tampoco tenía sentido el mantenerse oculta, si él no iba a
reparar en ella, no lo hacía de normal, mucho menos estado encima de un
escenario tocando la guitarra. Ella quería creer que sí, que de alguna forma él
esperaba su presencia y que ella en su, también estúpido, orgullo fingiría no
haber estado. A la edad que se gastaba y
aún no había dejado de engañarse por amor.
Llevaba tres años esperando que él tocase para ella… Su otra estupidez,
que soñar es gratis… Y agazapada detrás de una columna lo observaba, a veces el
gesto serio, reconocía que adoraba verlo así, entre perdido y concentrado. Y
entonces de la nada sonreía y ella lo hacía también. Al igual que él, trataba de
seguir el ritmo con el pie, volaba en cada acorde… Cerraba los ojos y sí,
tocaba para ella, solo para ella…
Does that make me
crazy?
Does that make me
crazy?
Does that make me
crazy?
Possibly
Objetivo 3: Escribe un relato en el que la música tenga un lugar importante.
Objetos 10 y 11: Un instrumento musical y lápices de colores
Este relato participa en el #OrigiReto2019 creado por @Musajue pincha aquí @Stiby2 pincha aquí
Aquel
portazo también fue un signo de interrogación.
Y
allí estaba Natalia, aún buscando la respuesta a la pregunta que jamás había
formulado.
Si
hacía memoria, cosa que solía ser frecuente, en aquella parte de la ciudad se
habían desarrollado muchos principios y muchos finales en su vida. Entre esos
dos parques comenzaron sus grandes historias de amor, no era algo del todo
casual, en aquellos años en los que el amor llamaba a su puerta, y ella lo
dejaba pasar, los bares de moda estaban allí. Aquellos parques, esa plaza, esos
soportales, seguramente fueron testigo de muchas otras historias, de muchos
principios y finales. No, no es que ella tuviese la exclusiva pero, de alguna
forma, esos lugares tenían algo de ella, de su vida, de sus recuerdos…
No,
no era el primer chico al que besaba frente a ese portal, tampoco era el
primero que la dejaba en ese lado de la calle. Sin embargo, a todo lo pasado le
había encontrado la solución, con todos, el amor fue eterno mientras duró y con
todos creyó morir al perderlos. Eran cosas de la edad, al final había terminado
por reírse de todo, de una forma u otra. Pero habían pasado veintitrés años
desde aquella primera declaración, otros veintitantos desde aquel adiós. Su
buena memoria era en muchas ocasiones un arma de doble filo, pero debía de
reconocer que era un buen instrumento para no cometer errores o al menos para
intentar no hacerlo.
Pero
lo había hecho, al final allí estaba, muchos años después, en ese mismo punto,
donde antes la besaron, donde ya la habían dejado, con ese portazo retumbando
en sus oídos.
+++++++++
2 de
abril de 2019
Querría
sentirme mal por las risas, por las carcajadas, por esa paz que siento, pero no
puedo, sinceramente no puedo… Me hiciste daño, quizá he tardado mucho en
admitirlo, pero sí, me dañaste y me devolviste miedos y volví a sentirme nadie
y sin darme cuenta volví a cerrar la puerta y a crear barreras.
Creí
en ti, lo hice, pensé que debía darnos la oportunidad y cerré los ojos y me
atreví a volver a besar y a sentir, te
creí, creí que eras mi amigo, que íbamos a ser algo más y sin embargo…
Aquella
noche aún no sé cómo llegué a casa, atravesé media ciudad conteniendo lágrimas,
ansiedad… Caí, lo sé, como mujer y como persona, me llevaste abajo y fue por
eso, porque te creí como amiga… Me llamaste amiga y me engañaste como tal, me
utilizaste como mujer… Tuviste la poca clase de decirme que necesitabas darme
una explicación…. Nunca llegó, ya ni falta hace… Hoy el portazo te lo has
llevado tú, literal, ha sonado en todo el local, a ti te afecta verme, a los
hechos me remito, a mí, hoy, de alguna forma el universo, o lo que coño sea, me
ha dado una señal… Tú me diste un portazo sinsentido, sin explicación… Sí, tú
cerraste la puerta del coche sin mirar atrás, pero la puerta hoy, te ha
golpeado a ti… Yo no soy de venganzas, ni de rencores, pero oye, como literata,
adoro lo de la JUSTICIA POÉTICA… Hoy sé que aquella noche, inconscientemente,
me llené, me llenaste, de miedos y que he estado huyendo, lo de hoy me lo tomo como la cura
de la herida, he sanado y nunca más… Mis puertas están abiertas, él que las cierre
ya se dará con ellas y será su problema… YO ME PIDO VIDA, YO ME PIDO SENTIR…
Gracias
por la bolsa olvidada… Igual es señal de que también debo olvidar ese vicio…
Yo
soy muy llorar, aquella noche lo hice, mucho… Pero soy más de risas y…