25 de abril de 2018
Aquel
portazo también fue un signo de interrogación.
Y
allí estaba Natalia, aún buscando la respuesta a la pregunta que jamás había
formulado.
Si
hacía memoria, cosa que solía ser frecuente, en aquella parte de la ciudad se
habían desarrollado muchos principios y muchos finales en su vida. Entre esos
dos parques comenzaron sus grandes historias de amor, no era algo del todo
casual, en aquellos años en los que el amor llamaba a su puerta, y ella lo
dejaba pasar, los bares de moda estaban allí. Aquellos parques, esa plaza, esos
soportales, seguramente fueron testigo de muchas otras historias, de muchos
principios y finales. No, no es que ella tuviese la exclusiva pero, de alguna
forma, esos lugares tenían algo de ella, de su vida, de sus recuerdos…
No,
no era el primer chico al que besaba frente a ese portal, tampoco era el
primero que la dejaba en ese lado de la calle. Sin embargo, a todo lo pasado le
había encontrado la solución, con todos, el amor fue eterno mientras duró y con
todos creyó morir al perderlos. Eran cosas de la edad, al final había terminado
por reírse de todo, de una forma u otra. Pero habían pasado veintitrés años
desde aquella primera declaración, otros veintitantos desde aquel adiós. Su
buena memoria era en muchas ocasiones un arma de doble filo, pero debía de
reconocer que era un buen instrumento para no cometer errores o al menos para
intentar no hacerlo.
Pero
lo había hecho, al final allí estaba, muchos años después, en ese mismo punto,
donde antes la besaron, donde ya la habían dejado, con ese portazo retumbando
en sus oídos.
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2 de
abril de 2019
Querría
sentirme mal por las risas, por las carcajadas, por esa paz que siento, pero no
puedo, sinceramente no puedo… Me hiciste daño, quizá he tardado mucho en
admitirlo, pero sí, me dañaste y me devolviste miedos y volví a sentirme nadie
y sin darme cuenta volví a cerrar la puerta y a crear barreras.
Creí
en ti, lo hice, pensé que debía darnos la oportunidad y cerré los ojos y me
atreví a volver a besar y a sentir, te
creí, creí que eras mi amigo, que íbamos a ser algo más y sin embargo…
Aquella
noche aún no sé cómo llegué a casa, atravesé media ciudad conteniendo lágrimas,
ansiedad… Caí, lo sé, como mujer y como persona, me llevaste abajo y fue por
eso, porque te creí como amiga… Me llamaste amiga y me engañaste como tal, me
utilizaste como mujer… Tuviste la poca clase de decirme que necesitabas darme
una explicación…. Nunca llegó, ya ni falta hace… Hoy el portazo te lo has
llevado tú, literal, ha sonado en todo el local, a ti te afecta verme, a los
hechos me remito, a mí, hoy, de alguna forma el universo, o lo que coño sea, me
ha dado una señal… Tú me diste un portazo sinsentido, sin explicación… Sí, tú
cerraste la puerta del coche sin mirar atrás, pero la puerta hoy, te ha
golpeado a ti… Yo no soy de venganzas, ni de rencores, pero oye, como literata,
adoro lo de la JUSTICIA POÉTICA… Hoy sé que aquella noche, inconscientemente,
me llené, me llenaste, de miedos y que he estado huyendo, lo de hoy me lo tomo como la cura
de la herida, he sanado y nunca más… Mis puertas están abiertas, él que las cierre
ya se dará con ellas y será su problema… YO ME PIDO VIDA, YO ME PIDO SENTIR…
Gracias
por la bolsa olvidada… Igual es señal de que también debo olvidar ese vicio…
Yo
soy muy llorar, aquella noche lo hice, mucho… Pero soy más de risas y…
Omnia vincit amor, et nos cedamus
amori

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