Tenía
las caderas algo anchas en comparación con el resto del cuerpo, pero su figura
era armónica, aquello, sin duda, la dotaba de una sensualidad añadida. Caminaba
despacio por la casa, siempre con algún mechón rebelde, desprendido de su moño,
cubriendo el tatuaje que meses atrás se había hecho en la nuca. A mí me gustaba
contemplarla mientras se arreglaba para salir, cada movimiento, cada acción,
siempre acorde. Era su ritual, nunca se saltaba ningún paso. Clara siempre lucía perfecta, como sacada de
la portada del Vogue. Era ligera y delicada como una pluma, alegre, fuerte y
decidida. Una mujer de bandera, mi mujer.
Teníamos
un pequeño apartamento en el centro de la ciudad, apenas cuarenta metros eran
testigos de aquel amor que nos regalábamos a cada rato, sin fisuras, sin
reproches… Clara se había encargado de decorar cada rincón, yo apenas había
dado mi opinión en nada, salvo en el tipo de encimera que pusimos en la cocina.
Aquella fue nuestra gran disputa, no había manera de hacerla entrar en razón y yo
tampoco estaba dispuesta a ceder. Al fin y al cabo era a mí a la que le tocaba
cocinar, ella siempre sonreía divertida y proclamaba a los cuatro vientos la
relación hostil que existía entre ella y la vitrocerámica. Aún así ganó ella,
siempre lo hacía.
Clara
y yo nos conocimos en el trabajo. Aún recuerdo aquel septiembre, cuando la vi
entrar en la sala de profesores, cargada de papeles y algo perdida. Fue eso que
llaman amor a primera vista. Al ver la reacción del profesor de educación
física supe que no había sido la única víctima de aquel embrujo. Pero me
adelanté a los pasos de Jose y corrí hacía ella; apenas pude pronunciar
palabra, ella me sonrío y yo quedé idiotizada de por vida. Aquellos primeros
días de curso, aún sin la presencia de los alumnos, me las ingenié para acercarme a ella de forma
sutil. Me ofrecí a enseñarle la ciudad,
presentarle a gente, conocer los mejores bares, las buenas tapas y nuestro
maravilloso vino. Yo, como antigua
interina, tenía experiencia en eso de llegar de nuevas a un instituto plagado
de titulares asentados y endiosados. Para Clara era su primer destino a curso
completo, llevaba dos años dando tumbos por distintos centros de la comunidad y,
bueno, resultó que estaba más espabilada de lo que yo pensaba. Así que mi táctica
de salvadora de vidas no obtuvo los frutos esperados. Pero no me rendí, de
alguna forma tenía que llegar hasta ella. Tres días antes de dar el pistoletazo
de salida a las clases, me la encontré en una librería cercana a mi antigua
casa. Ella estaba al fondo, ojeando una antología de Bukowski, a mí los vellos
se me pusieron de punta, aquella chica me gustaba, ¡Joder! Y tanto que me
gustaba. Me atusé los rizos y me fui directa hacía ella. Mi intención era
obvia, quería terminar la tarde recitándole versos en la cama. Una vez más me
di un hostiazo de órdago.
Clara
me lo puso difícil, mucho. Soporté todo el primer trimestre a su lado, al menos
no compartíamos departamento, tampoco me hubiese gustado ser su jefa. Algunas
mañanas, durante los descansos, me la encontraba estudiando por los rincones,
ese año volvía a presentarse a las oposiciones y estaba convencida de que
sacaría plaza. Huelga decir que también me ofrecí a ayudarla en ese tema, pero
una vez más fue en vano. —Enrique me ayudará con la programación, gracias de
todas formas—me dijo. Recuerdo que miré al susodicho y… Pero claro, Enrique era
el jefe del departamento de Historia, la asignatura que ella impartía. Todo el
mundo comentaba el buen rollo que había entre ellos, por los pasillos corría
imparable el rumor de que estaban liados. A mí me comían los celos. Aquel tío
era aburrido, se veía a leguas, Clara era como un colibrí y él un puñetero
erizo, siempre en su mundo, hablando de grupos infumables, de sus viajes, de
arte, de política… Bueno, reconozcamos que el colega era muy interesante, de
los que cualquier mujer acabaría pillada, menos yo, por dos claros motivos; no
me atraían los hombres y además era mi rival.
No
fue hasta marzo, ya sumergidos en el segundo, e interminable, trimestre, que el destino se puso de mi parte. Como
tutoras de 4º de la ESO fuimos las elegidas para acompañar a los alumnos
durante el viaje de fin de curso. Juntas nos tocaría lidiar con aquella panda
de hormonas en efervescencia, y por una vez no hablo de las mías. ¡Chúpate esa, Espinete! Pensé al ver la
cara de desilusión de mi archienemigo. Con la excusa de elaborar un programa
interesante de actividades donde se mezclase lo cultural y el ocio, la
contratación de las visitas, hoteles y demás, logré que Clara y yo pasásemos
más horas juntas. Ahí empecé a conquistar terreno y a enseñar mi lado más
seductor. Aquella excursión a tierras del norte supuso un antes y un después en
nuestra historia. Yo no soy del todo creyente, pero la magia de Covadonga me
obró el milagro.
Y
ahí estábamos, Clara y yo, tres años después de todo aquello, ella en el
Alventus y yo como directora del Puerta del Sur. Era mejor así, cada una en un
centro, lo decidimos de mutuo acuerdo cuando aquel verano ella aprobó, con una
de las notas más altas, el examen de oposición. Esa mañana estaba más guapa que
nunca y yo la miraba desde la cama, embelesada, mientras se maquillaba, ya he comentado que me encanta hacerlo. Se
pintó la raya del ojo, después un poco de sombra para ahumar, un poco de
colorete, rímel transparente, brillo de labios y lista. Yo aquel día me peiné
diferente, había cambiado de perfume. Clara no reparó en nada de eso, le daba
igual, ella no tenía esa manía mía de estudiar rutinas, yo sí me había
percatado de que de su cajón de ropa interior faltaba la más sexy. Aquel día le
dije que tenía claustro, ella sabía que dichas reuniones se alargaban hasta el
infinito en muchos casos, y ella tres tutorías con padres, así que ambas teníamos una buena coartada. Vi
a Clara alejarse con su bicicleta calle abajo, yo arranqué el coche y puse
rumbo al instituto.
A
las siete en punto estaba en mi destino, era consciente de que todo aquello no
estaba bien. Había conducido durante cuarenta minutos para llegar hasta allí,
pero no podía arriesgarme a ser descubierta, no sabía cómo explicar aquel, a
mis ojos, inocente engaño. Me desvestí y me dejé hacer, aquellas manos me
llevaban lejos, muy lejos… Después me di una ducha rápida para borrar huellas y
me puse el bañador, que estratégicamente había escondido días atrás en el
maletero. Lo normal era primero pasar por los baños y después el masaje, pero
la recepcionista del spa me había informado de que no quedaban horas
disponibles. Así que invertí el orden, el resultado era el mismo al fin y al
cabo. Nadé feliz por la piscina templada, para pasar por la fría y relajarme
del todo en la caliente. Una parte de mí se sentía culpable, pero era eso, una
escapada carente de malicia, de vez en cuando me gustaba hacer cosas así a
espaldas de Clara.
Me
encontraba sumida en un semi sueño cuando oí unas voces que me resultaron familiares,
apenas eran un murmullo, pero distinguía claramente aquel tono, ese acento, era
él sin duda. Ya comenté que poseía encantos suficientes para camelarse a
cualquiera, su voz era uno de ellos. A él siempre le encantó contar que a su
flamante esposa la había conquistado así, a través de susurros y canciones
cantadas al oído. Clara me confesó que ella también sucumbió de la misma forma,
pero que, finamente, tras varios encuentros, cortó con él, ella no estaba hecha
para ser la otra; y mucho menos la otra de la otra y de otra más. Abrí los ojos, me deslicé con sigilo y allí,
al fondo de la otra sala lo vi todo, ahí estaban Espinete, perdón, Enrique, el
flamante jefe de departamento de Historia, con Paula, la tímida, y recién
llegada, profesora de matemáticas.
¡Maldito
cabrón! Es que siempre tenía que llegar antes que yo.
Objetivo 14: Escribe sobre una infidelidad
Objetos: Una pluma y una bicicleta
Objetivo 14: Escribe sobre una infidelidad
Objetos: Una pluma y una bicicleta
Este relato participa en el #Origireto2019 creado por @Musajue pincha aquí y por @Stiby2 pincha aquí

Alitana, éste es para mí uno de los mejores relatos leídos hasta ahora en esta edición de enero. Y eso que los hay muy buenos. Se aprecian detalles de buen gusto en cada palabra, medida a la perfección. Eso sí cuando dices que ambas eran tutoras de cuarto curso de la ESO, deberías rectificar, la "a" tras el número, por la "o". Por otra parte, alguna frase que manifiesta los pensamientos o conversaciones con otros de los personajes, convendría que los delimitases con comillas.
ResponderEliminarPor lo demás... ¡Me ha gustado muchíiiiiiiiiiiiiiiisimo! Un abrazo.
Muchísimas gracias por tus palabras, me sacas los colores jeje, Y upss, la "a" se coló y ni yo ni mi querida Kam, que me corrigió, nos hemos percatado, ya está editada... Y sí, lo de las comillas sí que me lo dijo, pero es una manía que prometo solventar en próximas entregas, de verdad de la buena... Gracias. Un abrazo para ti también.
ResponderEliminarMuy buenas!
ResponderEliminarMe ha encantado cómo has escrito este relato, es muy íntimo y se nota que la redacción está muy cuidada. Me he enamorado en concreto de esta frase: "ella me sonrío y yo quedé idiotizada de por vida."
Sin embargo hacia el final (en el párrafo sobre el masaje) me he perdido. ¿La narradora es siempre la misma persona? Porque entendía que era la pareja de Clara, ambas profesoras y que vivían juntas. Pero en la parte en la que la protagonista va a la piscina/masaje me he perdido, no sé si cambias de narradora o qué,... parece que están bien juntas ¿pero luego ambas están interesadas por Enrique? ¿El masaje no es realmente un masaje, no? Según lo he entendido, ¿Paula es la persona de la que habla todo el relato? ¡¡ay madre!! debe ser que estoy un poco dormida, perdona.
Un detalle, cuando pones el diálogo este: " —Enrique me ayudará con la programación, gracias de todas formas—me dijo. Recuerdo que miré al susodicho y… " deberías poner un enter, en lugar de ponerlo a continuación de la frase de la narradora, porque si no parece que sea una acotación (como un paréntesis). Y faltaría un espacio entre "formas" y "me dijo".
A pesar de que me he perdido un poco al final :/ me ha gustado mucho tu estilo y me ha mantenido pegada a la pantalla :D
Hola, gracias de nuevo !! Te explico, sí, la narradora es siempre la misma, la pareja de Clara, pero su nombre no aparece. Y sí, el masaje es un masaje, se ha largado a un spa a espaldas de la otra, cosa inocente... Y Clara sí, en su momento se lió con Enrique, pero nada más... Se supone que el infiel es solo él, pero... En el detalle de la ropa interior de Clara se puede suponer que ella ese día no tiene reunión con los padres... Y la narradora al final se queja de que Enrique se las levanta a todas, con lo cual también podemos pensar que ella también se la quiere ligar... A ver, el infiel reconocido es él... Que ahora esta con otra profesora. Ellas pues... Cada mente que piense lo que quiera... Digamos que soy de las que piensan que muchas veces no todo es lo que parece... El texto es ambiguo y está hecho así queriendo. Si te he dejado igual lo siento jejeje.
ResponderEliminarEl tema de puntuación y tal se irá corrigiendo, sorry.
Hola nena, una infidelidad contada de forma elegante :) Vaya un capullo Enrique xD
ResponderEliminarMe encanta, cuenta sin desvelar todo. Tienes una sensibilidad escribiendo...
Gracias mi niña, tú es que me lees con buenos ojos, jeje. Ainss Enrique, si es que... (se me ve el plumero). Besitos preciosa mía.
EliminarMe encanta, cielo! Me encanta eso que haces de decir una cosa y dejar muchas al aire a la vez, es maravilloso *_*
ResponderEliminarY no sé qué decirte que no te comentara ya por privado, jajaja, pero eso cielo, lo acabo de releer y es maravilloso, me encanta!
Gracias mi nena!! Tú me has leído siempre con buenos ojos. Y ahora me corriges con los mejores tb. Muacks
EliminarHola! Vaya un relato estupendo. Se ve muy personal, se siente muy emotivo y realista y te interesa cada cosa que te cuenta la protagonista, es una muy buena narración por cierto, te crees todo lo que te cuenta y se siente como que todo tiene su importancia, mantiene el interés. Tampoco supe de que objetivo se trataba hasta prácticamente el final y me ha hecho mucha gracia lo de Espinete jajaja.
ResponderEliminarMe hubiera gustado que saliera bien, una pena... pero el relato genial xD
.KATTY.
@Musajue
Perdón por el retraso. Muchas gracias. No creas, igual sale bien jajaja. Ay! Espinete jaja.
EliminarCreo que ya te han dicho todo lo que había que decir.
ResponderEliminarGood job!
Muchas gracias!!!
EliminarPues que quieres que te diga Nata, que tienes una forma de escribir maravillosa. Y al principio la narradora misteriosa me caía bien, pero al final estoy dudando mucho de ella... ¬¬ Y bueno la ropa chechi de Clara puede ser para dar una sorpresa a su chica, o por darse un plus de animitos xDDD Tengamos un poco de fe
ResponderEliminarAy, Espinete... xDDDD