21 de febrero de 2018

Amigo mío...

-Sabía que no tardarías en venir. Es más, mucho habías tardado-Dijo Iratxe al abrir la puerta.

Anda, pasa, siéntate, no hace falta que digas nada. Sé perfectamente que te ha hecho volver, no me coge por sorpresa. Bueno, un poco sí, para qué te voy a mentir, ya sabes que no me gusta hacerlo. Era cuestión de días que de nuevo tú y yo nos enfrentáramos. Te noto cambiado, no creas, algo distinto, como si fueses otro, pero en el fondo continúas despertando en mí recuerdos pasados. Me sigues resultando familiar, formas parte de mi vida y lo sabes, eres consciente de que por más que trato de evitarte siempre vuelves y cada vez es peor, cada vez me lo pones más difícil. Lo intento, juro que intento dejarte en el pasado, superarte, hacer que no existes, pero… Es demasiado tiempo el que hemos compartido, siempre has sido protagonista de mis días, bueno, miento, no siempre. Recuerdo mi infancia, ahí era libre, sí, puede que ya te presintiese, pero eras algo pasajero, algo que a veces aparecía y se esfumaba con un reto. No, en aquellos días si que eras como un extraño, una normalidad que no hundía sino que ahuyentaba de aquello que quizá podía herirme. Pero crecí y tú te empeñaste en seguir conmigo, aquella valentía que despertabas en mí acabó por ser cobardía. Sí, puede que también me enseñaras a protegerme, pero también a desconfiar, a crear barreras, a mirar la vida desde el otro lado. No ayudan, los años no ayudan en todo esto. Cada día, al despertar, trato de inventar sueños nuevos, ilusiones, metas, pero… Después los golpes de realidad vuelven con su zarpazo y… Te vuelves a adueñar del momento. Si es que no aprendo, sí sé que la culpa es mía, pero es que desde pequeña he tenido demasiada imaginación, me niego a aceptar que las cosas son así, no quiero admitir que los mundos color violeta no existen, que las cosas son lo que son y que no van a cambiar. Yo quiero vivir una utopía y tú me das la cruz de la cara que quiero conseguir.  Te haces cada vez más grande, quizá por eso luzcas ahora diferente. Me das cada vez más miedo… Sí, ríete de la redundancia. Pero no creas, voy a seguir luchando contra ti, no quiero que termines por ganar del todo la partida, ya te vencí en otras batallas, ya me venciste en mil más, pero no, no te dejaré ganar esta maldita guerra que nos mantiene cara a cara. Eres sólo una maleta más del equipaje, sí, la que está más llena, para que discutírtelo…Si llevas razón. Aún así quiero seguir creyendo que un día dejarás de llamar a mi puerta y que, si lo haces, yo no abriré y te invitaré a sentarte. No volveré a permitir que te instales y ocupes mi mente. Aunque los demás no ayuden, por mucho que se empeñen en darte la razón, yo no lo haré. Sé que lo haré.

Hoy no, hoy voy a escucharte, hoy voy a invitarte a café y a contarte porque estás aquí de nuevo, distinto pero igual…  En el fondo no dejo de ser un ser contradictorio y es que, quizá, también tengo miedo de perderte. Sí, ríete de la redundancia.



No hay comentarios:

Publicar un comentario