20 de agosto de 2022

En la mente de un gato...

 



Acabo de ver el documental de Netflix En la mente de un gato, en el se trata de explicar lo que pasa por la mente de estos seres que se cuelan en nuestra vida, a pesar de todo, como con la personas, nadie nunca sabrá a ciencia cierta lo que pasa por ninguna cabeza, yo solo sé lo que estos pequeñajos peludos han aportado a mi vida y lo que espero haber aportado a la suya... Recomiendo el reportaje, pero sobre todo recomiendo que, si eres amante de los animales y estás dispuesto a tener un peludo en casa, le des una oportunidad a estos "extraños" seres... De las mejores cosas que he hecho en mi vida fue incluir a un gato, ahora 3 (eran 4) en mi día a día...

Estas palabras se las dediqué a Luna hace mucho, eran tres, ya tiene 13...

Y el de la foto es mi Otis, mi pequeño gato con alas, que se me fue demasiado pronto y del que siempre diré que era noble y bueno y que me enseñó realmente lo que era un gato... Para quedarte...


3 Años conversando con Luna…

Un día como hoy (7 de julio de 2009 llegó), hace tres años, llegó a mi casa un nuevo ser, era pequeña, traviesa y muy coscona, me enamoró desde el principio…

Siempre me han gustado los animales pero los gatos no me eran muy simpáticos, tenía un concepto de ellos bastante chungo, los tenía como seres fríos, infieles, no sé, prefería a los perros… Estaba a acostumbrada a ellos, mi tía siempre ha tenido gatos en su casa, incluso cuando vivía con mis abuelos, recordaba a Mozart, Caruso y posteriormente a Maga I y II, a Bruja y por último a Micaela, una gata especial, que llegó muy enferma y que padecía una enfermedad neurológica.  Es ella la madre de mi pequeña Luna…

Pues eso, estaba acostumbrada a tratar con las gatos/as de mi tía, había visto nacer a muchas camadas, pero jamás ninguno llamó mi atención, hasta que un día de verano llegué a su casa y conocí a mi gorda. La conexión fue mutua, desde el principio nos caímos bien la una a la otra y hoy por hoy sé que fue un flechazo por ambas partes. Micaela acababa de tener tres gatitas, una de parto natural y las otras dos por cesárea, como he dicho ella estaba enferma y el veterinario no confiaba mucho en que fuese capaz de sacar a sus crías adelante, pero lo hizo, vaya que si lo hizo, era increíble verla cargando con sus cachorras cuando apenas podía con su propio cuerpo, pero he ahí el instinto animal. Cuando vi a Luna, apenas tenía un mes de vida, ya era como es ahora, un poco suya, arisca, según muchos, pero conmigo no, ya siendo una bebita se pegaba a mí, me lamía la mano y me dejaba achucharla, cierto era que su hermana era mucho más amigable, más bonita, pero fue ella la que me conquistó y tras mucho convencimiento a mi ex, logré que me dejara traerla a casa.

Así fue como empezó mi experiencia gatuna, como nació mi amor por los gatos y cambió mi concepto sobre ellos. Luna se convirtió en lo más parecido a un hijo que he tenido, ella dependía de mí y yo llegué a depender de ella. Puede que la persona que no tenga animales no pueda comprender el cariño que se les puede llegar a tener y el que ellos te pueden ofrecer. Luna sabe cuando estoy triste, feliz, enferma o alterada, cuando me enfado con ella y cuando la estoy vacilando, sabe hacerme la pelota y sabe lo que tiene que hacer para sacarme de mis casillas, yo pensaba que los gatos eran infieles, pasotas y buaaa. cuánto me equivocaba. Es cierto que son más independientes. o fingen serlo, en el fondo se pasan el tiempo pendientes de lo que haces y te persiguen por toda la casa, están contigo mientras haces la comida, te duchas, duermes, aparecen en el momento justo en que derramas una lágrima, es así, como por arte de magia.

Luna vino a mi vida como caída del cielo, sé que me libró de tener una depresión de órdago, ha sido la razón por la que me he levantado muchas mañanas, la razón por la que quizás no he cometido más de una estupidez, ella depende de mí, yo la alimento, la cuido, le limpio su arena y la mimo. Es cierto que ella no es muy sociable, que es arisca con la gente, pero sin embargo conmigo tiene delirio, al igual que yo con ella, a veces parece que me habla con su mirada, la echo de menos en las noches que no se viene a dormir conmigo y se pega a mí, con su patita por encima, la echo de menos cuando estoy lejos de mi casa, a veces me agobia pensar que un día le pueda pasar algo. Ella no es de darse a nadie, pero conmigo sí, es más, se encela cuando juego con Leo o con Frodi, sé que “soy suya” y ella es la niña de mis ojos. A veces me agarra el dedo con su patita o se abraza a mí, me mira y yo sé que me quiere, que me ve como su madre y la achucho y le digo bajito que es mi princesa gatuna o la agarro y nos ponemos a bailar alguna canción y otras veces la cojo en brazos y juntas miramos por la ventana, muchas noches le enseño la luna y le digo que por ella lleva su nombre.

Lleva tres años conmigo y no sé si en este tiempo le he enseñado yo más a ella o ella a mí.

Y bueno, cierto es que también tenemos al pequeño Leo, al que también adoro y quiero con locura y ella también, aunque la vuelva loca, ninguna de las dos podríamos pasar sin él, lo sabemos. Pero Luna es especial, puede que este feo que lo diga, pero mi gatuna es mi perdición, hemos vivido mucho juntas, mucho, para ambas fue duro quedarnos solitas, pero juntas logramos salir a flote de nuevo, de no haberla tenido sé que todo hubiese sido mucho más complicado, es un rayito de luz en mi vida y su maullido y su ronroneo me son casi tan necesarios como el aire.

Un día, espero que no lejano, cuando tenga pelas, me tatuaré su huella y la de Leo, para tenerlos siempre en mí, ellos son dos seres muy importantes en mi vida y me han dado mas cariño y mas consuelo que muchas personas. Me alegro de haber tenido la oportunidad de conocerlos, de cambiar mi opinión sobre los gatos, de pasar mis días con ellos, de tenerlos en casa, así me rompan mil cosas, muerdan mis chanclas o me lo pongan todo lleno de mierda, no los cambio por nada, son una compañía irremplazable y única.

En estos momentos tengo a Leo en mi falda, a Luna observando desde el pasillo y a Frodi, nuestra colega conejo (que se fue en enero de 2020), durmiendo en la jaula… no puedo estar mejor…

Todos para quedaros, TÚ SIEMPRE... 




 


12 de agosto de 2022

Esta soy yo...


 En mi último escrito hablaba de que hacía 4 meses que me había petado el coco, ya van para casi 5, pero aquí estoy, mi explicación para las personas que me quieren es que esto no es como hace 11 años. Yo hace 11 años  ”estaba” en mitad del mar (y nado fatal) y mi intención era echarme piedras y hundirme, yo ahora "estoy", otra vez, en mitad de ese mar pero buscando flotadores, manguitos, chalecos salvavidas, no, no estoy bien, pero quiero estarlo, porque a día de hoy me quiero y sé quien me quiere y por mí y por ellos yo voy a salir de esto.

Soy muy consciente de lo que me pasa y sé en lo que fallo, no es un error de ahora, no, no lo es, yo he utilizado el alcohol como vía de escape desde que lo descubrí. Mi hermano os puede contar aquel día en que yo me aferré a un botella de Whisky y… Nunca más lo he vuelto a probar, sé que tengo ese problema y sé dónde me puede conducir y no, no me voy a dejar, esta vez no, porque tengo muy claro que quiero seguir flotando, aunque yo adoré el mar y le tengo mucho respeto, me hicieron tenerle miedo, y…

Está costando, me está costando y más cuando hay gente que me dice, pues yo te veo muy morena, tú no paras, que “buenas vacaciones”, en serio, yo el año que viene les hago un TODO INCLUIDO, como los de la paguita por la pierna, lo invisible es eso, invisible, pero hay ojos que… Y a esos ojos que saben ver que yo no estoy de vacaciones, que yo no tengo una super paguita, para esos VOY A ESTAR, aunque sobre todo estoy POR MÍ.

Ayer la psicóloga me felicitó, después de muchas sesiones, me voy superando, claro que estoy mejor, pero… Sí, me sigue doliendo que las personas a las que quiero me juzguen, a eso todavía no he aprendido, a la gente que me critica, a esas me las paso por el Arc del triomf y ya está, pero, sí, necesito alguna palmada en la espalda.

Llevo sin fumar desde el domingo, ya de antes me estuve educando, estoy mal, pero es algo que tengo que hacer y que para mí ahora mismo es como llegar a la luna, lo demás, poco a poco, no me puedo forzar, esto es una carrera de fondo…

Y eso, es un día más, pero un día menos…

GRACIAS A LA VIDA Y GRACIAS A LOS QUE SÓIS Y ESTÁIS…

(Esta canción es de hace muchos años este grupo no era de los “míos” pero la canción sí)

TODO LO QUE FUI ES LO QUE SOY (EN ESENCIA) y ESTA SOY YO…



16 de julio de 2022

Wonder Woman...


 

Hoy hace 4 meses que me dieron oficialmente la baja, que me petó la cabeza, que mi cuerpo dijo: Basta. Hoy hace 4 meses que me enfrente a la realidad de que no soy una heroína de DC, no, yo no soy Wonder Woman, solo tengo a mi Wonder, un gato tan guapo como cabrón…

Hoy me he cansado un poco de más de todo, estoy un poco hasta el moño (por no se basta) de esas puñeteras series, pelis, etc de diversas plataformas que te venden que el gran reto de la vida sucede a los 30 (o y pocos). Yo a los 30 me casé, tenía un piso de 70m (útiles), trabajo fijo, etc… Ohhh, qué ideal, qué bonito!! Ya, vale…  Hoy tengo 44 años, un piso de 50m (útiles), una baja laboral por depresión, una incapacidad y un divorcio a mis espaldas, pero, sinceramente, me quedo como estoy… Sí, esa vida que me vendieron, que se suponía la ideal, lo era?? Cierto es que en muchos momentos me siento sola, pero 11 años después prefiero sentirme sola estando sola, que hacerlo estando acompañada… No, el amor no me ha sonreído, no sé si lo hará, llevo 11 años sin echar un buen polvo (se te nota en la cara (es posible)), pero mira es que soy una gilipollas romántica y no me va el Tinder, ni el follar por follar, me apaño como puedo, que además ya hay cosas que van por usb y no se gasta ni en pilas… Mira, es que estoy harta de clichés, estoy harta, pero muy harta, es que me arreglaré si me da la gana, me peinaré si me da la gana y seré delicada si me da la gana… Y sí, puede que me haya acostumbrado a mi zona de confort, que sea una puta cobarde, pero??? Llevo 4 meses asistiendo a una psicóloga y cada vez tengo más claro lo que quiero y lo que quiero es ser yo, no el yo que fui, o el que seré, sino el que soy ahora, en este momento, con mis claros y mis oscuros, quiero ver que me supero cada día, que lo que hace 4 meses era un mundo ahora empieza a ser un continente y pronto será un país, quiero vivir el momento, este momento y aprender, lo que no quiero es volver a arrastrar, lo que no quiero es seguir cargando con un equipaje que a día de hoy me ha demostrado que termina pasando factura, quiero dejar de seguir callando, quiero llamar a las cosas por su nombre, quiero reivindicar mi sitio y sobre todo quiero que a todos los que salpique, para bien o para mal, me den su punto de vista, con posibilidad de réplica y viceversa. Yo quiero ser libre y quiero ser yo y dar lo mejor de mí. No, no quiero a mi lado a gente que saquen mi peor versión, porque obvio que está ahí, pero ni me gusta, ni quiero avivarla… Si hay piezas que no encajamos no encajamos y ya, sin acritud, la vida ya es complicada, no la compliquemos más, a veces con un hola y adiós basta.

Hoy hace 4 meses que dejé de reconocer a la persona que tenía frente al espejo, que vi al brillo de mis ojos apagarse, muchos no lo notan, pero yo lo sé y lo siento, nací inconformista, para bien o mal y no, no voy a descansar hasta volver a ser esa persona que sé que soy, que fui y que seré, más sabía, más vieja, pero yo, con defectos y virtudes, con claros y oscuros, pero YO y está vez es por mí primero y después por todos mis compañeros, esta vez me pongo YO por delante y no, no me olvido de nadie, no me voy a olvidar de nadie, de ninguna de esas personas que me están haciendo este camino más fácil, de las que están a mi lado, compartamos sangre o no, sé quién está y quién no,al final de este camino, al final de la “escapada”, brindaremos con una cerveza (que no sea 0,0).

Hoy es un día más en este extraño pozo, que pocos entienden, pero también es un día menos…




5 de junio de 2022

Entre fronteras...

 


Hace un mes y poco me atreví  a mandar un escrito a un concurso, no tenía esperanzas ni de ganar ni de quedar entre los 48 finalistas, simplemente me apunté a ese reto como un reto a mí misma… Llevaba demasiado tiempo sin escribir nada, mi cabeza estaba, y en parte está, bloqueada, hace tiempo, sin darme cuenta, empecé a abandonar los hábitos que me rescataban del mundo y… No era consciente de que mi cabeza me estaba dando una señal de alarma y… Ahora es mi psicóloga la que me pide que escriba y yo le digo que no, que no me gusta lo que escribo, lo que pienso, lo que siento, pero debo hacerlo… Sé que voy  salir de este pozo, que muchos no conocen ni entienden, es lo que tienen las enfermedades invisibles, pero no me voy a parar a pensar en eso, yo me quedo con esas personas que están, por las que merece la pena estar aquí, aunque yo ahora no le vea mucho sentido a nada, pero es eso, por mí y por ellos me agarro a la vida… Aquella noche me reté, me sentí orgullosa de mí, fui capaz de escribir algo y además me tuve que ceñir a un número de palabras, yo hubiese escrito más, mucho más… Y no, no he vuelto a escribir desde entonces, pero este escrito me sirvió para saber que aunque ahora no me guste lo que veo en el espejo, aunque ahora siento que soy yo sin serlo, que me asusta lo que escribo, sé que más tarde o más temprano volveré, mis ojos volverán a sonreír y me reconoceré frente al cristal….

Dejo aquí ese escrito que para mí sin ganar nada fue todo un premio… Y eso, para mí hubiese dado para más…Quizá algún día me documente a conciencia y…


ENTRE FRONTERAS

 

Apenas 48 horas antes de la que sería conocida como la operación Sonderaktion Krakau, un joven Klaus Paulsen conversaba con su mentor y profesor de literatura, el señor Chrzanowski; en los pasillos de la Universidad Jaguelónica.  Nada hacía presagiar todo lo que tras aquel golpe acontecería en la vida del muchacho.

Klaus viajó a Cracovia en la primavera de 1937, con un pasaporte falso, dos mudas, algunos billetes y dos libros. Sus padres, comerciantes de origen judío; alertados por amigos y confidentes, se las arreglaron para que su hijo cruzara la frontera y se labrase un porvenir lejos de esa Alemania, estos fueron arrestados por la Gestapo apenas unos meses después. Su hijo no volvió a saber de ellos.

Klaus llegó a su pequeño apartamento pasadas las 8 de la tarde, era noche cerrada, hacía frío, pero aún así sudaba y su respiración era agitada. Greta se lanzó a sus brazos y lo cobijó en su pecho. Toda la ciudad era consciente de aquel brutal acto que unas horas antes se había llevado a cabo en la Universidad. Lo había visto todo, se había librado por apenas minutos, algunos de sus compañeros no habían corrido la misma suerte. Klaus lloró durante más de 48 minutos sobre el cálido regazo de Greta.

Greta y Klaus se conocieron a principios de 1938, en las inmediaciones del Castillo de Wawel, ella corría apresurada por la calle cuando tropezó contra un bordillo, fue la mano de Klaus la que impidió que cayese al suelo. Si lo hizo su carpeta, que portaba algunos de sus bocetos. Klaus se agachó a recogerlos y se los entregó. Fue un roce a primera vista, una caricia a primera mirada. Ambos olvidaron sus tareas pendientes, a dónde se dirigían, sin más comenzaron a caminar, hasta llegar a los márgenes del Vístula; tomados de la mano. Meses más tarde Greta dibujaría aquel primer beso junto al río. 48 días después de darse el sí quiero, estallaría la guerra.

Tras la ocupación de Cracovia, las carreras de Klaus y Greta se vieron truncadas, él comenzó a trabajar en un quiosco de prensa y ella, ejercía de criada de una influyente familia de alemanes que se había instalado en la ciudad. Ambos siguieron luchando contra el régimen, eran miembros de grupos en la sombra que ansiaban la liberación del yugo Nazi. Pasaban los días fingiendo ser leales a esas personas que les había robado la libertad, debían tratar de pasar desapercibidos, sobrevivir. Por las noches se organizaban en grupos para tratar de sacar a amigos y conocidos de la ciudad, aquellos que habían sido marcados con una estrella, aquellos que, al contrario que ellos; no habían negado sus raíces. Greta contenía las lágrimas mientras le servía el té a Frau Möller, al entrar al salón la había oído comentar con Frau Haas, como su esposo había dado orden de arrestar a un vecino del barrio de Stare Miasto, un pobre tendero del que otro vecino había hecho correr la voz de su pertenecía a la resistencia. Al escuchar el nombre, Greta tuvo la sensación de que su corazón se paraba. Dyzek era un buen hombre, alguien que jamás haría daño a nadie, ella misma le compraba el pan cada mañana, sabía que no estaba metido en nada, su único pecado era tener una hija a la que protegía y de la que un mal hombre se había encaprichado.

Greta se acurrucó en el sofá al llegar a casa, aquella noche no tuvo fuerzas de acudir a la reunión, el miedo invadía su cuerpo, la angustia y la ansiedad eran cada vez mayor. Llegaban noticias de cómo miles de judíos eran trasladados a campos de concentración, se empezaba a hablar de exterminios, de columnas de humo que se alzaban a pocos kilómetros de distancia, chimeneas que esparcían al cielo las cenizas de tantos y tantos inocentes. Apretó los puños, lloró hasta quedarse dormida, no oyó a Klaus llegar.

Klaus la toma de la mano, ella lleva un vestido rojo con pequeñas flores blancas y una rebeca de hilo, hace una temperatura anormal para esa época del año y el cielo está de un azul radiante. Llevan saliendo seis meses, sus padres aprueban la relación, Klaus es buen estudiante, le queda poco para graduarse como profesor de Literatura, se gana la vida dando clases a chicos por las tardes, tiene dinero ahorrado y la hace feliz. Ella empieza a temblar cuando ve que su rodilla se posa sobre la hierba, de su bolsillo saca una pequeña caja de madera. La respuesta es sí. Aquel recuerdo vuelve a su cabeza aquella noche en forma de sueño. Greta sonríe al despertar, esa mañana el cielo está igual de azul que aquella tarde, Klaus aún duerme. Ella se levanta sigilosa y prepara café. Klaus la abraza por la espalda y besa su mejilla. —Han arrestado a señor Dyzek, tú y yo sabemos que él no estaba metido en nada, la cosa se está poniendo fea, Klaus, mucho peor de lo que creemos, no sabes las cosas que se oyen en casa de los Möller. Tenemos que irnos Klaus, a saber si no seremos los siguientes, no podemos tener la certeza de que no terminaran delatándonos, tengo miedo —.  Aquel día Klaus debió hacer caso a las palabras de su mujer.

En 1942 Klaus ingresó en la universidad, erigida de forma clandestina a espaldas del régimen, concluyó sus estudios y se licenció finalmente como profesor, pasando a formar parte del claustro de la misma. Greta había renunciado a su trabajo en casa de los Möller, estaba embarazada de 4 meses. Cada noche esperaba a Klaus escondida tras las cortinas, temía el día en que no lo viese doblar la esquina de la calle. Los meses pasaban y la guerra seguía. Se acariciaba el vientre y soñaba que todo terminaba, que su hijo crecería en un lugar de paz, lejos de la muerte, lejos de las nubes de polvo gris.

El pequeño Paulsen nació a los 48 días de morir su padre. En un pequeño apartamento al oeste de Berlín. Su madre le puso Edel, que significa noble. Pesó 3,200 Kg y midió 48 cm.

 

***

 

En junio de 1961 Edel terminaba los estudios superiores, iba a cumplir 18 años y su madre estaba orgullosa de él. Decían que se parecía mucho a su padre, aunque tenía los ojos negros de su madre. Era un chico despierto, respetuoso, no recordaba nada de la guerra, su madre tampoco le hablaba de ello, lo único que le repetía una y otra vez era que no se metiese en líos de política. La tensión entre las dos alemanias era palpable, él no compartía abiertamente ninguno de los ideales, en eso hacía caso a su madre. Seguían viviendo en el mismo apartamento en el que nació. Sabía por Mina que su padre había muerto en un campo de concentración, que fue descubierto una noche en una reunión ilegal y que su madre logró escapar escondida en el furgón de un vecino; en un pequeño cubículo de apenas metro y medio, oculto bajo el asiento trasero, cruzó la frontera. Mina los había acogido y dado un hogar. Mina era hermana de una compañera de trabajo de su madre en casa de los Möller.

A mediados de mes, Edel volvió a casa, iba acompañado de Elba, su novia desde hacía un año. Se conocieron en la escuela superior, ella cursaba su primer curso y Edel acababa de comenzar el último. Ella corría alegre por los pasillos, acompañada de sus amigas, cuando se topó de frente con aquellos ojos negros, tan oscuros como la noche, tanto que ella, creyó incluso, ver alguna estrella. Edel la agarró por los hombros y la miró de forma seria, le ponían nervioso aquellas chiquillas alocadas, no soportaba esa bobería que caracterizaba a las novatas. Pero entonces unos ojos azules, como el mar, lo hicieron naufragar. Fue un roce a primera vista, una caricia a primera mirada. Desde aquel día no se separaron, él la ayudaba con los deberes, le daba clases de matemáticas, que a Elba se le habían atragantado; a pesar de la notoria diferencia de edad, Edel descubrió en ella a una chica madura, con grandes valores, fuerte y con carácter, la mujer con la que deseaba casarse y tener hijos en un futuro. Greta adoraba a su nuera, muchas tardes hacían juntas un bizcocho, mientras Edel jugaba al fútbol con sus amigos. En otras ocasiones acudían juntas a clases de pintura o al club de lectura, su hijo refunfuñaba entre dientes, exigiendo su compañía. Elba era, como su nombre decía, una pequeña duendecilla alegre que se había colado en el hogar de los Paulsen para llenarlo de vida y alegría. Greta tenía en ella esa hija que tanto deseó tener con Klaus. Esa tarde, al llegar a casa, ambos encontraron a Greta muy seria, miraba al televisor y suspiraba. Los rumores de una frontera de hormigón resonaban en el aire.

El 8 de julio Edel llega a casa de los Weber con un gran regalo, su chica cumple 15 años. Una llorosa Elba lo recibe en la puerta, se lanza a sus brazos y él deja caer el paquete al suelo. La noticia lo deja noqueado, incapaz de reaccionar, ella llora desconsolada, ambos son incapaces de entender lo que sucederá, tienen miedo, no pueden separarlos, no pueden estar lejos el uno del otro, Edel necesita el mar, Elba ama la noche. El 13 de julio los Weber se mudan a su casa de Berlín este, a escasos metros de los abuelos y tíos de Elda. La tensión entre los gobernantes es palpable, son muchos los que huyen de la zona oriental, salvo ellos, que regresan a su origen, a su parte de la ciudad. Klaus llegó a casa borracho, corrió las cortinas y se dejó ir entre las sabanas.

La mañana del 13 de agosto, Greta abrió la ventana, a escasos 100 metros un muro separaba a Alemania en dos, un muro que llenaba de orgullo a los que gobernaban al otro lado de la frontera y de vergüenza a personas como ella, que siempre lucharon por la libertad. Greta murió 48 meses antes del 9 de noviembre de 1989.

 

***

Edel escribió en la pizarra un poema de Wislawa Szymborska, una poeta polaca que a su padre le hubiese gustado conocer y de la que él admiraba su obra. Ese poema lo ayudaba a evocar el recuerdo de Elba, aquel Amor a primera vista[i], un amor que estaba destinado a suceder, que embarcaría a dos desconocidos en una historia eterna, como debió ser la de él y ella. El timbré hizo volver a Edel al presente, a esa mañana fría de noviembre; le dijo a sus alumnos que hicieran un comentario de texto para la próxima clase. Edel abandonó el edificio y se dirigió a su coche, estaba nervioso, soplaban vientos de cambio, todo hacía presagiar que pronto aquella frontera, que partía en dos su vida, iba a caer. Con las manos en los bolsillos anduvo hasta el aparcamiento, se metió en el coche y encendió la radio, sonaba Where the Streets Have No Name de U2, aquella canción se decía hablaba de Belfast, para Edel, esas calles sin nombre eran las que ocultaban el paradero de Elba. Arrancó el coche y puso rumbo a su casa, un luminoso apartamento en la novena planta de un moderno edificio, lejos del muro, lejos de la frontera, lejos de la casa que lo vio nacer y lo viese “morir” aquella mañana en que ella se fue.

Edel se sirvió una cerveza, se encendió un cigarro y apartó el plato con los restos de la cena, de lejos se oían murmullos, revuelo en las calles, hizo oídos sordos, el día estaba cerca, pero no tenía porque ser esa noche, precisamente esa. A sus 46 años se sentía viejo, sí, había logrado llegar alto en su vida, ser ese hombre de provecho que su madre deseaba, había tenido algún que otro escarceo con mujeres, pero permanecía soltero, a la espera; cuando la gente comenzó a huir del Berlín este meses atrás, cuando aquella frontera con los países vecinos había sido mancillada, él espero durante días su vuelta. Una anciana Mina estaba alertada por sí una bella mujer de ojos color mar iba a aquel viejo apartamento a buscarlo, pero eso no había sucedido. Edel tenía fama de huraño, de ermitaño, durante 28 años su vida entera había estado al otro lado de ese muro de hormigón. Encendió la televisión, una imagen impactó de lleno en sus pupilas, cambio varias veces de canal, todos lo mismo.

Edel cruzó Berlín oeste en cuestión de 20 minutos, según se acercaba al muro la gente aumentaba, gritos de euforia, lluvia de champán y rosas, una frontera hecha escombros, gente cruzando, abrazos, besos, reencuentros. Y a escasos 100 metros unos ojos color mar.

El pequeño Paulsen fue concebido 48 días después de la caída del muro.

 

***

Edel lleva 48 días ingresado en el hospital, a sus 77 años su vida vuelve a estar condicionada por las fronteras. Después de dos meses de confinamiento, vinieron los meses de hospital, apenas si se aguanta en pie, pero ya ha pasado lo peor, según dicen los médicos, aunque también le repiten que no debe confiarse, que el virus es traicionero. Él no se resigna a marcharse de este mundo encerrado entre cuatro paredes frías y sin gracia. Elde está dispuesto a luchar. Son las seis, se asoma a la ventana y allí están, puntuales a su cita. Elba, sus ojos destacan por encima de la mascarilla, siguen invitándole a naufragar en ellos. Su hijo Klaus y Heidi, su nuera, que está embarazada de ocho meses. Se saludan, se mandan besos, se gritan pero no se oyen, una frontera de cristal silencia los te quiero, pero los sienten, los palpan. 

La pequeña Greta Paulsen nació 48 días después de que su abuelo venciera al covid.



[i] El poema al que me refiero fue publicado en 1993, el adelantarlo en el tiempo es una licencia que me he permitido para explicar la historia de Edel y Elba.