Tumbadas
en aquellas hamacas ambas miraban las estrellas en busca de destellos fugaces
de felicidad, de alguna manera ellas pensaban que por una vez todo parecía irse
poniendo en su lugar y que después de ocho años al fin les tocaba ver deseos
cumplidos, lo peor de sus vidas había pasado y era el momento de encontrar
respuesta, consuelo y recompensa por aquel pasado que finalmente empezaba a
quedar atrás. Con su vista clavada en el cielo formulaban deseos y pedían
respuestas, un resplandor las hacía estallar en carcajadas, y si realmente era
cierto que de una vez las cosas les iban a salir como querían, como merecían,
porque las dos tenían claro que sí, que de todo se aprende, que de no haber
pasado por todo aquello no serían las mujeres que eran, pero era eso, estaban
cansadas de aprender a base de palos, sus espaladas estaban los suficientemente
machacadas ya… Ocho años y medio compartiendo viaje en distinto vagón pero en
un mismo tren, seis pared con pared, como decían, ambas saboreando sinsabores,
recomponiendo el corazón, pero juntas, con esas vidas paralelas… Y bromeaban
con eso de que sí, de que por fin parecía que todo iba encajando, que al fin
veían luz al final del túnel. Y sí era verdad de que ese año al fin iba a ser
su año… Les costaba creerlo, pero querían hacerlo, porque por una vez después
de tanto tiempo el cielo les gritaba que sí, aunque fuese en esperanzas en
forma de estrella fugaz. Y por eso,
porque ya le tocaba desvelarse con risas y no con llantos, aunque nunca
hubiesen perdido el sentido del humor… Ellas habían compartido muchas noches de
desahogo, de miradas perdidas, de preguntas sin respuesta… Y entre risas se
consolaban diciendo aquello de que el día que todo fuese bien no se lo iban a
creer… Y recordaban momentos, días, sucesos, años… Cada una en sus zapatos sí,
pero…
Aquellas
horas, algo más de cuarenta y ocho, dos días… Habían sido el principio del comienzo,
para una porque al fin se había atrevido a hacer una escapada sola, para la
otra porque, de rebote, después de tanto al fin iba poder empezar de cero en
otro punto de la ciudad. Sí, nada más llegar a aquel pequeño paraíso, tan lejos
y tan cerca de sus rutinas, había llegado la noticia y aún andaba asimilando
eso que ya parecía ser un hecho. Mirando las estrellas era fácil soñar… Y por una vez esos sueños parecían hacerse realidad.
El
último día habían planeado ir más allá, una semana antes una de ellas se había
quedado con las ganas de meterse en aquel río en el que de niña tanto disfrutó,
al que tanto cariño le tenía, todo lo que le devolviese a su infancia era especial
y aquellas frías y cristalinas aguas lo eran.
Y en su orilla, decretaron que de
una vez todo lo anterior quedaba allí, que ahora tocaba mirar al frente y dejar
ir, que todo lo fluiría como discurrían aquellas aguas y que estas arrastraban
finalmente los miedos… Aquel baño llegaba cuando tenía que llegar y con quien
tenía que llegar, ellas lo sabían, ellas se entendían…
Y sí, tocaba volver al punto de partida, pero
eso, volvían renovadas… Para una que aquella mochila se rompiese, justo al
dejar aquel rinconcito que habían hecho suyo, fue de alguna manera otra señal,
era de lo poco, quizá lo único, que conservaba de él y era eso, había llegado
el momento de dejar atrás, ya no solo pesados equipajes, también livianas
mochilas… Y aunque ella no lo supiese alguien más estaba haciendo aquel viaje,
alguien con quién se encontraría poco después, alguien que ella después
llevaría a su punto de partida… Alguien con el que deseaba recorrer mil y un
caminos, de ida de vuelta, aunque él no lo supiese… Pero ese alguien le contó
que tenía otros lugares a los que ir y otras cosas con las que encontrarse… Y de
alguna forma volvió a no entender las jugadas del destino…
Tendría
que volver a la orilla del río…
Y esta va por ellas...

