24 de enero de 2016

24 de Enero...


Al ver la fecha en el calendario retrocedió a aquel extraño momento de su vida. El destino le había regalado veinte años, que se dicen pronto, que no se olvidan fácil. El de ese año estaba siendo un raro invierno, con sol y calor, con las calles oliendo a azahar, con añoranza en el corazón. Sentimientos que se habían esfumado, sensaciones que ya había olvidado. Pero aquel invierno, ese que ya pasó, fue aún más raro, más duro, más amargo. Jodido primer amor que marca, jodido último amor que no se conoce, que no llega,  que no cuaja… Veinte años, eso le había regalado el destino, la vida, el karma, el sinsentido… Esa noche contaba estrellas en su pecho, las constelaciones la arropaban, el viento golpeaba los cristales y el recuerdo se marchitaba… Aquello pá ti se quedó, esto en mi se queda… Es una noche rara, confusa… El veinticuatro de enero, para muchos ajeno, para ella un despertar quebrado, una arcada, una cama de hospital… Aún hoy no halla respuestas, aún hoy no encuentra motivos, aún hoy sigue sin tener sentido…Por qué cojones me quedé?? A qué cojones he venido??... Veinte años, que se dicen pronto… En aquel momento los diecisiete pesaban tanto… Hoy se acerca peligrosamente a los cuarenta, se mira al espejo libre, a solas se quita la careta. Sigue llenando sus huecos con humo y cerveza, sigue soñando con un amor que no existe, que no llega… El humo hace que el color de la habitación se haga turbio, como lo es el pasado, como lo es su imagen, como tal vez lo sea el futuro… Y encadena sus manos al presente, al ahora, que como dijo el poeta es toda la vida, AHORA.
El alcohol adormece sus sentidos, difumina el deseo, acrecienta la sensación de soledad, pero acaso no es lo que siempre ha buscado, a lo que siempre le ha escrito… a loco confundiendo… Se niega el derecho al llanto, evita la rabieta, la pataleta, acaso no es eso lo que ella se dedica a difundir que necesita, joder, es que ni en eso se aclara… ya no quiere es cierto, pero cierto es que anhela y quiere creer, pero no cree.
Puto sábado noche, que el calendario escupe miserias pasadas, trenes que se fueron, plazas que le fueron regaladas… Viaja quizás en el vagón equivocado. Velas, altares y peticiones… Cruces que se cargan a la espalda y la quiebran. Cicatrices que quedan, dedos que las recorren cargados de engaño y mentiras… La han querido?? Acaso alguien ha soñado con ella… quiere que sueñen con ella… quiero que sueñes conmigo… que sueñes conmigo…
Escribió, escribe y escribirá palabras sin sentido… que nadie leyó, que nadie lee, que nadie leerá… No la entendieron, no la entienden, no la entenderán… I´m complicated.. Si abriese su pecho, si abriesen su pecho, qué encontrarían?? Nada aprovechable, nada útil… Sentir nunca le sirvió de nada, querer no sirvió de nada… Y ahí continúa ilusa, pensando que algún día todo tendrá significado, la vida le concedió veinte años, por algo debió ser, si no qué sentido tenía que lo hubiese hecho.
Noche de luna llena vomitando palabras, ingiriendo el veneno de la oscuridad reinante, de la carencia y la incertidumbre, de un principio sin comienzo, de un final sin punto…

De qué sirve un primer amor si no se conoce al último… 

15 de diciembre de 2015

Posada realidad...

Noche de sábado, un bar con música ambiente, mesas acariciadas por luces tenues que resaltan el color cálido de la madera. Huele a barniz mezclado con perfume. En un rincón, ellos. La muchacha lleva un traje de la última colección de primavera de una tienda de moda, los ojos ahumados y lápiz de labios rojo. Él, camisa a rayas negras, pantalón vaquero y zapatos deportivos. Ella mira a un punto indefinido de la sala, mientras imagina un vestidor de puerta doble, un viaje a Roma y un concierto de Pablo Alborán, en el que desatar su histeria. Él juguetea con un trozo de servilleta, en su cabeza el último partido de su equipo, la victoria de Jorge Lorenzo en moto GP y las delicadas medias negras que lucía su compañera de trabajo el pasado jueves. El camarero deposita un par de copas sobre la mesa, ambos asienten y dan las gracias, para acto seguido dar un sorbo. Ella observa el líquido y siente que se sumerge en el mar, mientras él viene y la abraza por la espalda. Se sonroja y mira hacia a su chico, que en ese momento tiene desviada la atención en la pantalla del televisor. Se relaja al pensar que no ha notado su azoramiento, demasiada manía le tiene ya a su vecino. Las horas transcurren, al menos eso creen, lo cierto es que solo han pasado veinte minutos.  Ella va al baño, frente al espejo se retoca el maquillaje, ensaya una sonrisa y vuelve con su pareja.
                Ambos miran sonrientes a la cámara, abren muchos los ojos tratando de evitar el destello del flash. El vuelve a dirigir la vista hacia el televisor, ella teclea con rapidez.

“Con mi chico, en una romántica velada” #Felices #LaVidaesBella (Instagram 00:30)

11 de diciembre de 2015

La luna (Jaime Sabines)

   

     Hoy dejo un canto a la Luna, mi regente, a la que acudo tantas noches… 
     Conocí a Jaime Sabines de pura casualidad, a día de hoy todavía no me he hecho con ningún libro suyo, pero sé que más pronto que tarde lo haré. He leído cosas suyas por internet y la verdad es que me gusta y llama mi atención. Este poema en cuestión lo conocí a través de alguien que fue importante para mí y al que también lo rige la misma luna.


La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas. 
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo: 
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que nadie lo sepa 
y para alejar a los médicos y las clínicas. 
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido, 
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver. 
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna 
para cuando te ahogues, 
y dale la llave de la luna 
a los presos y a los desencantados. 
Para los condenados a muerte 
y para los condenados a vida 
no hay mejor estimulante que la luna 
en dosis precisas y controladas

1 de diciembre de 2015

Rutinas de media tarde...

     Doña fina se sentaba cada día junto a la ventana. Allí, oculta tras los visillos, oía la plática de sus vecinas, todas señoras de alta alcurnia, que aprovechaban la hora del aperitivo para despellejar a las queridísimas hijas de sus queridísimas amigas. Doña Engracia relataba con gran detalle cómo la otra noche Pilita, la hija de Doña Encarnación, volvió pasadas las nueve con un muchacho desconocido y que según decían las malas lenguas, el joven era hijo de un zapatero. Válgame dios, masculló, tanto criticar cuando la hija de ella se las pasaba pelando la pava en la esquina de la iglesia con el sobrino del boticario. Menuda cuadrilla de lagartas están hechas están vecinas mías, panda de chismosas, no tendrán más cosas que hacer que despellejar al prójimo. No como Doña fina, a la que allí sentada le daban más de las dos, apartada y ajena de cada uno de los sucesos de ese Madrid que cada vez más se alejaba de los buenos principios.