29 de abril… El reloj marcaría las doce y entonces Peter cumpliría
los cuarenta…
Días
antes de que Nunca Jamás cerrase fronteras y Wendy quedase confinada en casa, había
estado investigando aquella parte de su pasado, aquella traición que la hizo volar,
en un caluroso verano, muchos años atrás… Aquella historia la perseguiría siempre,
de alguna manera, la sombra de Peter era como la suya propia, pegada a ella, en
forma de recuerdo, de días que eso, voló, se dejó llevar, sin consciencia, sin
culpas…
Fue
una mañana de junio, Peter vestía de gris, cruzó la puerta de aquella tienda en
la que Wendy trabajaba y… Un invisible polvo de hadas lo inundó todo.
Wendy,
sentada en el banquillo siempre alegaría que no lo vio venir, que de un día
para otro se desconoció y se dejó llevar… Peter, por su parte, confesaría tiempo
después que se enamoró de ella, pero no fue el momento adecuado…
En
los días que vivieron todo fue un sin pensar, hubo madrugadas, amaneceres,
reproches, regalos, puestas de sol y regalos, apenas un mes de verano que nunca
nadie sabría la huella que dejó…
El
principio del final fue una tarde de julio, Wendy esperaba sentada en el
escalón de la puerta a que los jefes
hicieran caja, ella siempre huía fuera, la excusa del cigarro la libraba de la
charla estúpida del otro compañero. Peter llegó a lomos de su caballo de
hierro, vente, te quiero enseñar una cosa y ella, a la que siempre le gustó la
aventura, no dudó en aceptar la proposición, al fin y al cabo también él era un
compañero de trabajo… Peter la llevó a aquel carril de la Jara, el sol empezaba
a teñir de naranjas y violetas el coto… Wendy, a día de hoy, no recuerda un
atardecer más bonito… Ella, aferrada a su cintura, aún no era consciente de
nada, o si, pero simplemente no quería pensarlo… Fue en el momento en que él se
giró para mirarla en que se supo perdida, hay miradas que hablan, que besan y
aquella lo fue… Lo hizo… En los días siguientes ella trató de no pensar, de
evitar, pero el verlo cada día… La conocía, en tan poco tiempo la llegó a
conocer como ninguno lo había hecho ni lo haría… Le bastaba llegar y mirarla
para saber cómo estaba. No me gusta esa mirada, no quiero verte así, toma, te
compré este bolígrafo, pensé en ti… Nunca, nunca nadie la conoció como él, a
día de hoy, nadie… Y por eso Wendy aquella noche de primeros de agosto se
escapó a Nunca Jamás, la cameló, se la ganó y cuando quiso darse cuenta estaban
escribiendo una historia de noches y amaneceres entre sabanas gastadas… Un solo
roce y aquel mar, que tenían tan cerca, ardió sin vuelta atrás…
Y
empezaron los mensajes, lo celos, los no me hagas esto, las excusas, las
mentiras, el comodín de me quedo a comer con una amiga, pero estoy con él, con
Peter, ese que me quiere comprar la luna, porque sabe que me gustan las lunas,
porque se dio cuenta de que miré esa y él me la quiere dar… Aquel medio día, de almuerzo a los pies del
faro y las olas que salpican y ponen la banda sonora a un momento inolvidable, aquella sobremesa bañada en sudor, aquella ducha helada… Y
continuó aquel bucle, aquella espiral de la que no sabía salir, de la que no
quería salir…Y eran las charlas de madrugada, era un estoy sola, pues abre la
puerta, que ya estoy abajo… Era un disimula y coge por este otro camino, que no
nos vean, juntos… Fue una proposición de concierto, cena y noche de hotel, a pie
de playa, que tuvo que rechazar, que debía rechazar… Fue una noche de esto no
puede ser… Seguida de otra de confesión y vuelta al redil…Wendy
se impuso crecer, dejar Nunca Jamás y abandonar…
Poco después de todo aquello salió esa canción... Nunca...
Después
hubo dos noches, dos caídas, más reproches, más charlas, más mensajes ,
mentiras, engaños, deseo… Espaciadas en el tiempo y en los años… Y hubo otro
verano y otra charla… Esa que llegó tarde, mucho, esa en la que Peter trató de
convencerla de que había crecido, de que… Pero Wendy ya había bajado las
persianas y, a pesar de la luz, no podía mirar a aquella sombra que se
proyectaba y se empeñaba en entrar…En unos meses ella se vestiría de blanco.
Y
pasaron los años y… Una mañana de octubre, Peter volvió a llamar, sabía que
Wendy estaba sola, la echaba de menos… Pero todo había cambiado… Y no, ya no… Y
pasaron los meses y una modernizada Wendy, ahora de pelo corto se unía a las
nuevas tecnologías y un descarado Peter trató de volver a colar su sombra… Era
también una tarde de julio, de muchos veranos después, y sí, Wendy era libre,
pero había logrado borrar toda sombra del pasado… No, ya no lo volvería dejar
entrar, cerró con fuerza la ventana…
Es
la memoria a ratos un arma de doble filo, recordar de más a veces está de más,
Wendy lo sabe, ella es capaz de rememorar momentos del pasado como si los
estuviese viviendo en ese preciso instante, es capaz de recordar un olor, un
tacto, palabras, canciones, sensaciones y conversaciones… La sombra de Peter
siempre encuentra la forma de colarse, de hacerla mirar hacia atrás y replantearse
mil cosas… Han pasado muchos años desde aquel verano en Nunca Jamás, ha escrito
y reescrito esa historia mil y una veces, la ha mirado del derecho y del revés,
analizado hasta el último detalle y siempre llega a la misma conclusión, no se
arrepiente de nada.
Aún
así, Wendy hace tiempo que volvió a abrir las ventanas y a levantar las
persianas, esta vez no anhela una sombra, ni un Peter Pan inmaduro y
caprichoso. Wendy añora unos ojos que la miren como la miraron, alguien que la
conozca como la conocieron, unas manos que la vuelvan a tocar como la tocaron…
Y sueña y desea que esta vez si la quieran como nunca la quisieron.
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