9 de agosto de 2018

Un vaso... Es la vida, imbécil...



“Tengo la teoría de que cuando uno llora, nunca llora por lo que llora, sino por todas las cosas por las que no lloró en su debido momento”  M. Benedetti

Sí, estoy llorando porque se me ha roto un vaso, yo soy así, qué le vamos a hacer, pero es que no era un simple vaso, era O MEU VASO. Ese vaso llegó a mi vida en forma de regalo, sí, pertenecía a uno de mis lugares favoritos, por no decir el más favorito, de los bares/restaurantes que conozco y su dueña, una gallega majísima, muy gallega sí, muy de ese carácter que dicen tener, que igual es fama, como fama tenemos los andaluces, pero eso, majísima, y que siempre nos recibe con los brazos abiertos, me hizo. Yo, con apenas quince años (antes de ayer para entendernos) me auto-proclamé sapo, a lo largo de estos años pues… Tuve mil regalos en forma de sapo (rana), la gente me saludaba con –Hola sapo, y me escribían cartas a ese nombre. Con el paso del tiempo un día dije: Ya, se acabó el cupo, tenía más cosas de las que podía guardar, pero en el fondo sigo siendo Sapo.  Peus eso, un día, estando allí comiendo, dije, muero por este vaso y medio le contamos a la susodicha mi historia y encantada me lo regaló… Ese vaso, que es eso, no deja de ser un vaso, pasó a ser el favorito. El que conoce mis múltiples rarezas, manías etc… Sabe que, bueno, es eso, yo me encariño con algo y… Hace años, cuando vivía con mi madre, tuve un vaso de Coca Cola y bueno, cuando me independicé se vino conmigo… Ese murió a manos de mi ex y digamos que…. En fin… Soy maniática, lo reconozco, es así, para muchas cosas y los vasos, tazas son algunas de ellas; colecciono tazas, pero siempre uso las mismas, tengo treinta vasos, pero…
 Ese vaso llegó a mi vida en septiembre de 2015, en más de una ocasión he escrito, o dicho, que mis años empiezan en ese mes, supongo que me viene de los tiempos en la escuela/instituto. Es así, yo los comienzos los relaciono con ese mes y ese septiembre pues fue digamos el primero en que sentí que al fin me había encontrado y en el que después de mucho tiempo me sentía en paz.  En ese último año había comenzado mi experiencia de Ave Fénix y lo había conseguido, en ese 2015 perdí muchos miedos, gané mucha confianza en mí misma, aprendí a quererme, a asimilar que ciertas cosas no iban a ser, que otras serían, nacieron las primeras ganas de viajar sola, cosa que al fin he hecho, en ese año aprendí a enseñar a los demás lo que escribía, empecé a salir de mi zona de confort, maduré quizás lo que me había negado a madurar antes… Aquella persona de septiembre de 2015 era el principio de lo que siempre supe que era pero me había pasado toda la vida escondiendo, la que escribe ahora sigue siendo muy igual, pero aún más cercana a lo que espero sacar de mí. Pero hay cosas que son muy mías, mis manías, esas que ni quiero ni voy a cambiar, porque son Yo, forman parte de mi caos, de mi equilibrio desequilibrado, cosas que no dañan a nadie y sin las que no sería yo. Lloro por un vaso, sí, pero igual también, como dice la frase que encabeza este escrito, lloro por más cosas y no, no es un llanto triste, ni nada que se le parezca, no lloro por sentirme desdichada, sí, me ha jodido perder ese vaso, pero eso a su vez me ha traído tantos recuerdos, felices en su mayoría y si lloro, es por eso, porque miro atrás y veo que todo acaba por fluir y ponerse en su sitio. Y no, puede que las cosas no sean como un día pensamos que serían, pero lo importante es ser uno mismo, es estar en paz con lo que uno tiene y hace, a valorar lo sencillo y a disfrutar de ello. Y no, no soy fan de los libros de autoayuda, ni de las frases esas que pululan por todos sitios, yo me baso en mi experiencia (poca para muchos, mucha para otros), en cómo he ido evolucionando y en lo que me queda por evolucionar. La vida es la vida y simplemente hay que vivirla, con lo que traiga, nada es tan bueno ni nada es tan malo, todo depende de la perspectiva desde que se la mire (y al poner esto siempre recuerdo a Mí/Nuestro David montado en una silla).
 Va a hacer un mes desde que, después de mucho pensarlo, me atreví a viajar sola, mi madre no estaba muy de acuerdo, mis amigas acojonadas, en fin… En parte entendía su postura, yo estaba con una carga de stress muy gorda encima, de ahí mi madre, yo siempre he sido la rarita que se corta de pedir en bares, de ahí mis amigas (por poner ejemplos) Pero la que realmente se conoce soy yo, tenía muy claro el porqué de ese stress y el miedo de los bares lo perdí hace tiempo (a día de hoy me puede la flojera)… Sabía que había llegado el momento y no, no me equivoqué. Para mí ese viaje fue eso, ya lo dije, la guinda a estos años raros, fue la tercera mejor decisión de mi vida adulta. La primera fue comprar este piso, la segunda fue divorciarme, que sin saberlo dio paso a esta tercera… Y guardo para mí el porqué lo veo así y tengo muy claro que todo ha sucedido como tenía que pasar y que sin ellas (las decisiones) nada hubiese sido como tenía que ser… No, igual esta no es la vida que hace años creí que iba a llevar, pero si tengo muy claro que  soy (y seré) la persona que siempre soñé...

 Y para esto me da de sí un simple vaso (y para variar me he cortado de escribir) y sí, lloro por ese vaso y por todo lo que no lloré antes…  Este año septiembre volverá, como siempre, a buscarme, pero esta vez me sé la lección (igual aún me queda para el notable, pero me da para el bien)…



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