Cogió aguja e hilo, puntada tras puntada todo volvería a ser
igual.
Se sacudió
las rodillas, sonrió y volvió a andar.
Meneó la
cabeza, alejó el pensamiento y se dispuso a crear nuevos recuerdos.
Es lo que le
habían enseñado los años, que todo pasa, que todo se olvida, que todo se cura,
que el tiempo a veces pesa, pero siempre acaba siendo un buen aliado. Todo
volvería a partir de cero. Era octubre, su mes, su otoño, sus días de paz y reflexión
en casa. Era tiempo de volver a hibernar, olvidar lo que trajo la primavera y
volver a no sentir y no ver. Volverían a decirle aquello de que dejaba ganar a
sus miedos, pero se había demostrado a si misma que en sus espacios era más
feliz. No servía lo de hacer lo que ella no haría, porque nunca le conducía a
nada, salvo a eso… Aguja, hilo, rodillas magulladas y pensamientos que dolían.
Ahora
contaba con lo que tiempo atrás perdió, volvía a tener ese reconocimiento en su
trabajo, al fin y al cabo, en eso siempre fue buena, Y en eso se centraría. Llevaba
cinco años con el corazón guardado en un cajón, lo dejaría ahí, libre de
quebrantos. No volvería a darse la oportunidad de dejarlo volar, porque nunca
funcionaba. A ella, a lo que era, no la querían y punto. Tiempo atrás algunos
jugaron a hacerlo, pero cuando descubrían al lobo huían.
Su memoria
siempre le recordaría que en octubre, le partieron el corazón por primera vez,
aquella llamada seguía retumbando en sus oídos… Que en un día de hojas secas
ella bailo vestida de elfa y dio un sí eterno de dos años… Que una cálida noche
del décimo mes, él machacó lo poco que quedaba de ella en un par de minutos…
Qué en una mañana de ese mes, sintió un miedo extraño e irracional que
desembocó en un amor que jamás comprendió… Que en ese mes había visitado en
varias ocasiones su ciudad adoptiva, Granada, su Granada… Que ese mes le trajo
su primer contrato indefinido, que una espalda jodida truncó… Que fue en este
tiempo, dos años atrás, que se propuso recuperar su equilibro y agarrar a la
vida de la mano…Y por encima de todo, octubre, era el mes en que ella decidió
venir a este mundo y comenzó a fraguarse…llegó en octubre, vio la luz en junio…
Ahora, ella
tenía armas, tenía ganas, fuerza, valor, coraje y libertad y no entraba en sus
planes volverse a dejar caer, ni vencer ni machacar. No volverían a quitarle la
sonrisa, no, no estaba dispuesta… Ya nada era nuevo, ya no había primeras veces…
Y no habría últimos amores, ni más lagrimas. Ya no. En ese octubre ella volvería
a dejarse el corazón en casa, a mirar sin ver, a negarse cualquier posibilidad
de atropellos indebidos. Ella y su aliada, su gran amiga y amante, de nombre
soledad. Se ceñiría su manta al cuerpo, agarraría la taza de té y daría al play.
Y allí en su mundo sutil, su burbuja, respiraría y sonreiría.
NO VOLVERÍA
A BAJAR LAS ARMAS.

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